Filosofía en español 
Filosofía en español


Ramón Llull

Es el pensador más genial de la España medieval y uno de los más originales de toda nuestra historia del pensamiento. Viene a ser –hasta cierto punto– un producto típico del siglo XIII, en el que el afán evangelizador le hace aliarse con un cierto racionalismo, haciéndole creer que la verdadera religión puede ser demostrada por un procedimiento rigurosamente matemático. Poseemos, acerca de su vida, una narración escrita a instancias suyas por unos amigos; esta narración es casi autobiográfica, y permite conocer su vida hasta unos cinco años antes de su muerte: es la Vida coetánea, conocida también con el título de Vita Beati Raimundi Lulli. Además, existen en sus obras numerosos pasajes autobiográficos, singularmente en su Vida de contemplació en Deu, el Llibre de Meravelles y el Blanquerna. La vida del Beato Ramón Llull, terciario franciscano, tiene gran interés para la comprensión de su sistema doctrinal; es una vida novelesca, agitada e incansable. Parece ser que nació en 1233 y murió, acaso martirizado por los sarracenos, hacia 1315 o 1316. Llull es mallorquín: uno de los primeros cristianos que nacieron en Mallorca, toda vez que su padre acompañó a Jaime I en la conquista de la isla. El joven Llull, hijo único y tardío de un matrimonio ejemplar, recibió una excelente educación de tipo caballeresco: consistió en el estudio de la gramática (la latina), lógica, retórica, filosofía natural y medicina. A los 14 años entró al servicio del rey Jaime I, quien le destinó más tarde al servicio del príncipe Jaime, futuro rey de Mallorca, de quien llegó a ser senescal. Ramón Llull fue, pues, al principio, un hombre de corte: era, además, aficionado a galanteos y a la poesía profana o “art de trovar”. Casó con doña Blanca Picany, y de ella tuvo dos hijos; pero llevaba una vida disoluta. Una noche, mientras estaba componiendo una canción amorosa, se le apareció la imagen de Cristo Crucificado; la visión se repitió cuatro noches consecutivas, y esto le hizo cambiar completamente de vida; ésta, desde entonces, tuvo una triple finalidad: convertir a infieles, escribir libros para lograr esta conversión y crear colegios de misioneros. Para ello tenía que aprender mucho: la antigua educación estaba muy olvidada, y durante diez años se dedicó, en Mallorca, a estudiar intensamente; fue entonces cuando aprendió la lengua árabe. Más tarde tuvo una iluminación en el monte Randa, donde se había retirado a meditar. El “doctor iluminado” intuyó entonces todo el mecanismo de su Arte Magna, procedimiento infalible para la conversión de infieles. Para ello necesitaba también un centro de estudios: fue el Colegio de Miramar, que albergó a doce misioneros, y a cuyo frente estuvo el mismo Ramón Llull. Allí aprendían los futuros misioneros las lenguas de los infieles y la apologética según los cánones del Ars Magna. Esta institución tan ambiciosa fracasó, aun en vida del mismo Ramón Llull. Pero éste no se detuvo en su empeño: a partir del año 1280, aproximadamente a los 45 años de edad, emprende sus viajes (tres parece ser que efectuó), en los que recorrió todo el mundo conocido, desde España a Tierra Santa, y desde el centro de Europa a Egipto y acaso Abisinia. Varias veces había sido maltratado por la muchedumbre. Todavía tuvo tiempo de asistir al Concilio de Viena, en el que se acordó, a instancias suyas, incluir en los planes de estudio la enseñanza las lenguas orientales; Llull dejó una copiosísima producción escrita. La tradición afirma que murió martirizado en el norte de África; lo cierto es que en 1315 desaparece de la escena del mundo cristiano, embarcándose hacia Bujía; su rastro, que ha sido muy difícil de reconstruir, dada la extraordinaria movilidad, se pierde aquí. En Llull hay un fondo de indisciplina: no está contento con nada, y lo quiere activar todo; debemos ver en él un apóstol encendido, de incansable actividad. Apasionado, su rápida y violenta conversión será el modelo de todas sus actividades, a las que se dedicó con un celo y un fervor extraordinarios, y que le atrajeron bastantes enemistades.

Ramón Llull dejó una copiosísima y desigual producción escrita. Escribió en latín, catalán y árabe. De las tres lenguas, es dudoso su dominio del latín, por lo que es probable que las obras que conservamos en este idioma fueran traducciones hechas por encargo de las mismas obras escritas en árabe o en catalán. Es más: algunas obras las conservamos a doble texto. Habitualmente Llull escribió en catalán, siendo el primer filósofo que empleó una lengua vulgar para la filosofía. De su producción, de la que hay una gran parte inédita, van catalogados 243 artículos, cuyos manuscritos han sido encontrados en los lugares más diversos de Europa. He aquí clasificadas sus más importantes:

I. Grupo de obras lógicas, que giran en torno al Arte general: Art abreujada d'atrobar veritat. – Art demostrativa. Art inventiva.Taula general. – Ars Magna generalis et ultima, que es la forma definitiva del “Ars”. – Art breu (Ars brevis), compendio para la iniciación.

II. Enciclopedias, resultantes de la aplicación del “Ars”: Arbre de ciencia (Arbor scientiae).Doctrina pueril, dedicada a su hijo y que es un compendio para la iniciación de los estudios.

III. Obras claramente apologéticas: Libre del gentil e del tres savis, a doble texto. – Libre dels articles de la fe, también a doble texto. – Liber contra errores Boecii et Sigerii. Els cents noms de Deu.De Natali Parvuli Neri Pueri Jesu.

IV. Obras místicas: Libre de contemplació en Deu, escrito originariamente en árabe. – Liber de Amico et Amato, que constituye un fragmento del Blanquerna.

V. Obras literarias (prosa y poesía): Blanquerna, novela filosófica en prosa. – Felix de les meravelles del Mon. – Entre las poéticas: Rims, dedicados a la Virgen. – Cant de Ramon. –Desconhort.

Raimundo Lulio
Raimundo Llull (De un grabado antiguo).

Para un mayor análisis de la producción luliana hay que acudir a la obra de Joaquín y Tomás Carreras y Artau: La filosofía de los siglos XIII al XV, vol. I. – También puede acudirse a Carmelo Ottaviano: L'Ars compendiosa de Ramón Llull, en la que hay un intento de clasificación cronológica y temática de las obras. Por otra parte, del examen de la anterior clasificación se comprenderá que Llull es una personalidad enciclopédica, total, en la que hay que distinguir el literato, el filósofo, el científico y el místico. Además, en el siglo XV le fueron atribuidas una serie de obras de alquimia, muy celebradas por cierto. La crítica moderna ha demostrado que estas obras son apócrifas.

A lo largo de su vida Llull cultivó la poesía profana (”juglar mundanal”) y la religiosa (”juglar de Dios”). No conservamos nada del primer grupo de obras, y en el segundo hay que destacar su misticismo y su deseo de conversión a través de la palabra rimada. Llull es el primer clásico de la lengua catalana, utilizando la cobla monórrima alejandrina (Desconhort, Plant de Nostra Dona), formas trovadorescas y populares. El Cant de Ramón es un bello ejemplo de poesía. Este mismo carácter poético se observa en sus obras en prosa: Las tres más importantes, aparte de las estrictamente filosóficas, son el Libre dels gentils e dels tres savis, que es una investigación acerca de la verdad por el análisis de diversas creencias, el Félix de les Meravelles del Mon, que es una recopilación de las enseñanzas adquiridas por el protagonista, y principalmente el Blanquerna, de gran empuje psicológico, con reflejos de la organización social y en gran parte autobiográfica, que ha hecho que fuera muy estudiada por los biógrafos lulianos (Lorenzo Riber, por ejemplo).

La filosofía de Llull va íntimamente unida a la teología y a la fe. El “doctor iluminado”, cree en todo momento que ha recibido su doctrina por una revelación divina. Con ardor casi quimérico se dedica a propagarla a través de su arte. Concretamente, Llull lucha contra el averroísmo; éste había llegado a una separación completa entre fe y saber, entre filosofía y religión. A Llull esto le parece absurdo y absolutamente sin sentido. Por otra parte estaban los musulmanes. Unos y otro son en el fondo paganos. Además de misionero infatigable, Llull se apoya doctrinalmente en un sistema racional y global, único y de validez universal que permite la defensa y demostración de la fe cristiana, fe que engloba, por ser única, a la teología y a la filosofía. Este es el punto de partida y el plan del “Ars magna”. Toda vez que para los infieles los argumentos apoyados en la fe la autoridad no tenían de hecho validez alguna, había que buscar un nuevo camino. El sistema luliano es utópico y de combate; la prueba es racional (este racionalismo, que algunos ponen en duda, sería admirado siglos más tarde por Leibnitz) (V.). Hay que crear un sistema irrebatible de verdades primarias, de las que se pueda partir para demostrar la verdad de la religión y de la Revelación. Significativo es también el nombre, escogido por Llull: Arte Magna. Arte, en la Edad Media, quiere decir sistema de conocimientos: arte equivale, pues, a enciclopedia. Pero una enciclopedia firme y bien cimentada; por esto el Ars Magna es un intento de simplificación de la silogística tradicional, en la que se introducen procedimientos geométricos, esquemas y tablas auxiliares. En otro aspecto es también superior la lógica luliana a la aristotélica: mientras ésta es solamente lógica formal, el “doctor iluminado” intenta elaborar una lógica que conduzca al conocimiento de cosas. Una vez más, Filosofía se equiparará a “totalidad de saber”.

Llull parte de unos conceptos básicos, agrupados en seis clases de nueve conceptos cada una. Son estas clases: principios absolutos, principios relativos, cuestiones generales, sujetos, virtudes y vicios. Ante todo, hay nueve letras, desde la B a la K, con significado convencional; la letra A representa a Dios. Lo descrito hasta aquí constituye el llamado “alfabeto de arte”. Pero hay que buscar un procedimiento para el acoplamiento: este procedimiento lo dan las figuras, que en la forma más elaborada del Arte (Ars Magna generalis et ultima) se reducen a cuatro. Sigue a continuación una ligera exposición de ellas:

La primera figura es la de los principios absolutos, o propiedades generales que pueden decirse de todas las cosas. Son atributos divinos (bondad, grandeza, eternidad, poder, &c.), que al mismo tiempo representan ejemplaridades de las cosas sensibles. La figura consiste en un círculo dividido en nueve cámaras; en el centro, la letra A, es decir, Dios. La segunda figura corresponde a los principios relativos, por cuanto provocan el paso de unos conceptos a otros. En esta figura aparecen tres triángulos superpuestos, que representan tríadas de principios relativos (diferencia, concordancia, contrariedad. – Principio, medio fin. – Mayoridad, Igualdad, Minoridad). La tercera figura sirve para la utilización de las otras dos; está compuesta de 36 cámaras, que representan otras tantas combinaciones binarias de las letras del “alfabeto de arte”. Cada combinación representa juicios verdaderos por necesidad matemática. La cuarta figura consta de tres círculos concéntricos, de los que los dos interiores son giratorios. Esta figura enlaza las otras anteriores, y sirve para construir ordenadamente una tabla de combinaciones ternarias, que representan razonamientos.

El Arte Magna, a pesar de ser un intento de simplificación, es difícil. Durante 35 años aproximadamente, Llull trabajó en ella, corrigiéndola, perfeccionándola y simplificándola. De este esfuerzo surgieron las distintas Artes, catalogadas en el grupo I de obras lógicas (v. ut supra). A veces creó unas tablas auxiliares para el manejo (Taula general). La concepción es genial. La tradición afirma que en París Duns Escoto quedó admirado de la fecundidad del sistema luliano. En realidad causó impresión, y tanto los Papas como el rey de Mallorca apoyaron entusiásticamente a Llull. Pero éste se presentaba como un anti-aristotélico; esto hizo que se prohibieran sus enseñanzas y que en París se llegara a retirar sus libros de la biblioteca universitaria. El Renacimiento, con su matiz anti-aristotélico, rehabilitó, por una feliz coincidencia, al lulismo; y pensadores del tipo de Cusa, Jacques Léfèvre d'Étaples, Giordano Bruno y otros, conocen y admiran la obra del mallorquín del siglo XIII. Por otra parte, el deseo de síntesis influye sobre Leibnitz con su intento de Combinatoria Universal.

Todo lo descrito hasta aquí es, empero, el aspecto externo. Pero esta vestidura cubre una rica ideología. Llull pretende establecer una unidad entre el orden del ser y el del conocer, porque lo real corresponde exactamente a lo ideal. Las leyes del mundo real pueden explicarse por las del mundo ideal. Así, la lógica se convierte en ciencia fecunda, que conduce a un saber positivo. (La influencia sobre Hegel se hace patente). Llull admite las dos vías de conocimiento: la vía de ascenso, que llega a Dios partiendo de los datos de los sentidos, lo concreto y lo singular. Pero el conocimiento de Dios obtenido por la razón y la fe sirve de norma o criterio para el conocimiento de las criaturas; esta es la vía de descenso, en virtud de la cual nuestro conocimiento de lo concreto queda como clarificado y cimentado. No son difíciles de ver las trazas agustinianas de una tal filosofía (V. Agustín, San).

Lo más interesante de todo lo estudiado es la rica y fecunda personalidad del “doctor iluminado”; su educación es enteramente franciscana, con resabios platónicos, agustinianos y místicos. Gilson afirma que hay un paralelo entre Llull y Rogerio Bacon. Si bien es verdad que ambos cultivaron un mismo tipo de problemas y tuvieron unos objetivos comunes, convirtiendo la filosofía en apologética, sin embargo destaca Llull por su entusiasmo ardiente y activo. No en vano fue conocido con el nombre de “Trompeta de la fe”.

Bibliografía. Es muy extensa. Señalemos: Carmelo Ottaviano: L'ars compendiosa de R. Lulle (Etudes de Philosophie medievale, XII). Muy útil para ordenar la bibliografía luliana. –Lorenzo Riber, Raimundo Lulio, 1935, útil para la vida externa del beato. – Salvador Bové: Sistema científico luliano. Ars Magna, 1908. – Joaquín Carreras y Artau: De Ramón Llull a los modernos ensayos de formación de una lengua universal, 1946. – Tomás y Joaquín Carreras Artau: Historia de la Filosofía española: Filosofía cristiana de los siglos XIII al XV, 1939. – Miguel Batllori, S. I.: Introducción bibliográfica a los estudios lulianos, 1945. – Longpré, O. F. M. art. Lull, en Vacant, Dict. de Theol. cathol. — Francisco Sureda Blanes: El Beato Ramón Llull, 1934. – J. Xirau, Ramón Llull, México, 1947.

Ediciones principales de sus obras. Raimundi Lulli opera, Estrasburgo, 1598. – Beati Raimundi Lulli opera omnia, edición de Salzinger, Maguncia, 1721-1742. – Obras de Ramón Lull, editadas en Palma de Mallorca. La edición, en curso de publicación, contendrá 30 volúmenes y pretende ser la más completa. Existen infinidad de ediciones parciales, que omitimos citar aquí.