Enciclopedia de la Cultura Española
Editora Nacional, Madrid 1968
tomo 5
páginas 724-726

Xavier Zubiri

Xavier Zubiri Xavier Zubiri Apalategui nace en San Sebastián, en 1898. Se doctora en Madrid en 1921. Desde 1926 a 1936 es catedrático de Historia de la Filosofía en Madrid. Después, hasta el año 1954, y luego de un modo más irregular, pero constante, ha profesado públicamente, casi siempre en Madrid.

La vida de Zubiri está rodeada de una cierta aureola de misterio. Es sabido que fue sacerdote, para pasar más tarde a la vida secular. Sobre este punto –un tanto oscuro para el público medio– se han hecho multitud de conjeturas. Entiendo que la actitud más sensata a este respecto es la de abstenerse de hipótesis, mientras no se posea una versión directa del propio Zubiri, que, poco propenso a la autobiografía, no ha hecho. Al menos no tenemos conocimiento de ella. Lo que sí queda claro es que Zubiri continúa siendo católico, y que esta actitud [725] ha informado siempre, de modo radical, su vida y su filosofía.

Zubiri es, indiscutiblemente, una de las más altas cimas de la Filosofía española actual. De él ha dicho Joaquín Garrigues, según texto que cita E. Gómez Arboleya: «...año tras año, en trabajo constante y callado, Zubiri iba extendiendo su estudio a todos los campos del saber humano, empleando sus portentosas facultades para enterarse de aquellos problemas que todavía resisten a la investigación de los especialistas. Como Anaximandro, Zubiri es el tipo del gran pensador que se enfrenta con la totalidad del Universo. Si no sonase a paradoja, podríamos decir que Zubiri es un especialista universal.» Y continúa el propio Gómez Arboleya: «Por eso, en su conversación privada, desfilan a veces recuerdos personales de las grandes figuras rectoras de estos decisivos años: desde Einstein a Benveniste; de Ortega a Heidegger; de Schrödinger a De Broglie; de Labat a Spemann, &c. Zubiri, especialista en Filosofía, ha sido fiel a las exigencias de este saber universal que, queriendo dar cuenta de las últimas razones, ha de conocer las razones particulares de cada sector de la realidad.»

Zubiri, que conoce como un especialista la Física y la Biología actuales –es conocida su relación personal con el Premio Nobel doctor Severo Ochoa–, que posee rigurosos conocimientos lingüísticos y que, dentro ya de la estricta esfera filosófica, se ha adentrado en los clásicos con enorme rigor crítico, ha ido construyendo su propia concepción filosófica, a lo largo de su ya fecunda vida.

La Filosofía de Zubiri no está concluida. Aparte de sus cursos –el último, de 1965-66, versó sobre Filosofía de las religiones– Xavier Zubiri tiene publicados tres libros: Naturaleza, Historia, Dios (1944), que reúne una serie de estudios parciales, excepto Sobre el problema de la Filosofía y Ortega, maestro de filosofía. En este su primer libro hay que destacar sus estudios sobre Sócrates y la sabiduría griega, El acontecer humano: Grecia y la pervivencia del pasado filosófico y El ser sobrenatural: Dios y la deificación en la teología paulina, que, en opinión de Julián Marías, es «acaso el más iluminador y hondo de sus escritos».

Después de casi veinte años de silencio, Zubiri publica, en 1963, su libro Sobre la esencia. Su publicación constituyó un acontecimiento. No sólo el mundo filosófico, sino el para-filosófico y toda una masa de snobs y pseudointelectuales, se abalanzó ávidamente sobre el libro, esperando encontrar resueltos en él todos los problemas del universo. Pero Zubiri, que es un filósofo muy riguroso, y, por lo tanto, rigurosamente de minorías, no había escrito un libro fácil. En palabras de Julián Marías: «El libro Sobre la esencia ha sido preparado largamente por cursos en que Zubiri ha tratado diversos problemas de metafísica. Es un libro sumamente denso y técnico, que investiga con minuciosidad y profundidad una cuestión central de la filosofía.»

En 1963 aparece el libro Cinco lecciones de filosofía, que es la redacción de un cursillo, en el que estudia la idea que de la filosofía tienen Aristóteles, Kant, Comte, Bergson, Husserl, Dilthey y Heidegger.

Trataremos de dar una visión de conjunto de la problemática y soluciones de Zubiri, siquiera como orientación, ya que, por una parte, esta filosofía es sumamente densa y rigurosa, y, por otra, el hecho de que Zubiri haya sido muy parco en publicar, impide conocer su pensamiento exacto en muchos puntos, pese a que en sus cursos haya puntualizado ideas no publicadas. El mismo Zubiri, en su obra Sobre la esencia, remite en ocasiones al lector a determinados cursos suyos. Sin embargo, para todos los que no pudimos escucharle, esta remisión resulta perfectamente inútil. (Téngase en cuenta, por otra parte, que la obra de creación de Zubiri supera los 20.000 folios inéditos, según hace constar Alberto del Campo.)

El trabajo filosófico de Zubiri, disperso en apariencia sobre problemas particulares, tiene como último norte una Teoría de la Realidad, una filosofía integral. Quizá pudiéramos definir la actitud filosófica de Zubiri diciendo que consiste en una decidida vocación por no dejar de lado ningún dato. Zubiri es, además, profundamente realista. Y este realismo se basa, fundamentalmente, en su punto de partida gnoseológico: el sujeto de conocimiento no es la Conciencia, ni el Dasein, ni el Para sí, ni ninguna de las realidades «abstractas», más o menos descorporeizadas, de las filosofías actuales. El sujeto de conocimiento es el hombre, el compuesto psico-físico, dotado de cuerpo y metido de lleno en la realidad física, entre los demás cuerpos. Este sólido punto de partida –que puede parecer, quizá, un poco dogmático– le permite abordar, con enorme riqueza de análisis minuciosos, tanto el problema de la realidad del hombre como el fundamental de la realidad sin más.

El hombre, para Zubiri, es un «animal de realidades». Como el animal, está inmerso en un mundo zoológico; pero supera al animal porque no aprehende las cosas, como éste, en tanto que estímulos, sino en tanto que realidades. Pero estas realidades se le dan al hombre a través del medio físico de los sentidos a través del cuerpo. El hombre, que por captar realidades es animal con inteligencia, no es sólo inteligencia –como, en general, ha venido sosteniendo gran parte de la tradición postcartesiana–, sino una Inteligencia Sentiente. A. del Campo dice al respecto: «Si nos atenemos, pues, a nuestra experiencia directa, debemos reconocer que cuando aprehendemos el color blanco del papel no tenemos dos impresiones, sino una sola: la impresión de blanco real o de realidad blanca. Aprehendemos, pues, la realidad, en un sólo acto físico que es a la vez del sentir (impresión) y de inteligir (realidad), o sea, que la inteligencia es, ella misma, intelección sentiente.»

En su concepción del hombre, Zubiri discrepa profundamente de Ortega –más cercano al existencialismo europeo– y, en general, de todas las corrientes actuales. (Fenomenología, existencialismo, &c.). Ni el hombre es puro «quehacer», acontecimiento, drama, privado de naturaleza, como sostiene Ortega; ni tampoco un puro «Dasein», o Ser-para-sí, cuyo estar en el mundo, cuyo trato con las cosas es darles sentido, como sostiene, en general, la corriente fenomenológico-existencialista. Frente al haberse con las cosas como algo constituido por el hombre, cuyo ser es el sentido que en su vida tienen, Zubiri sostiene la sólida inserción del hombre en lo real y la captación de esta realidad. Las ideas básicas de su antropología las expuso Xavier Zubiri en un curso dado en 1953-54: El problema del hombre.

Ya en el estudio de este problema, Zubiri preludia y deja entrever lo que constituye su concepción de la sustancia. Dice el propio Zubiri: «El hombre está compuesto de innumerables elementos sustanciales materiales y de un elemento sustancial anímico. Pero el hombre no es sólo un compuesto de sustancias sino una realidad sustantiva. No es lo mismo sustancialidad y sustantividad. Mientras las sustancias pueden ser formalmente muchas, la sustantividad es formalmente una. Incluso en el caso en que no haya más que una sustancia, su momento de sustantividad no se identifica formalmente con el momento de sustancialidad.» [726]

Esta distinción entre sustancialidad y sustantividad es decisiva en Zubiri. La sustancia, sobre todo en la mente de Aristóteles y de la tradición escolástica, es un compuesto hilemórfico, en el que uno de los elementos se comporta pasivamente (la materia) y el otro de modo activo e informante (la forma). Estas sustancias, por otra parte, no tienen plena autonomía, puesto que muchos cuerpos materiales –como en el caso del hombre– están compuestos de sustancias que se descomponen, se renuevan, &c. Lo que permanece es la sustantividad, que es un momento más hondo, lo real primo et per se. La esencia de un ser es una estructura en donde todos sus momentos se «co-determinan» mutuamente. La esencia es el principio estructurante de la sustantividad. Esto, naturalmente, en el orden intramundano. En una realidad extramundana el concepto de esencia no es unívoco. Pero sólo podemos concebir cualquier esencia extramundana sobre la base de esta estructura, aunque «concentrando sus momentos por elevación hasta reducirlos en el límite a algo así como un simple punto». Sería la sustantividad plenaria.

La concepción zubiriana de la esencia, como momento constitutivo de la sustantividad, como algo «físico» –en un sentido más amplio y «metafísico» que el que tiene usualmente la palabra: tomando «físico» como «real»– tiene una profunda conexión con la biología. Zubiri trata de buscar una concepción de la esencia lo bastante amplia y comprensiva que quepan en ella incluso las llamadas realidades «artificiales». La frontera entre lo natural y lo artificial –tan clara en la época de Aristóteles– se le aparece confusa, puesto que hoy día el hombre hace ya realidades «naturales».

El problema de Dios se plantea también en Zubiri de modo rotundo. En este sentido dice el padre Martínez Gómez, S. J.: «la abertura a las cosas se cierra con una relación fundamental, religante, a Dios; «religación» que es una dimensión constitutiva de la existencia del hombre. Por esta vía analítica existencial se tiene una primera «visión de Dios» en el mundo, como fundamentalidad religante. Sobre este análisis inmediato, y exigida por él, se entablará después la propia demostración discursiva y explícita de la existencia de Dios, cuyos motivos estaban ya en algún modo embebidos en aquel análisis».

Nos encontramos, pues, ante un pensador singular, cuya obra, cuando vea la luz totalmente, parecerá más el fruto de un trabajo en equipo que una labor individual. Zubiri significa, dentro de su absoluta independencia, una perfecta síntesis de Filosofía y Ciencia, de Tradición y Modernidad.

Bibliografía: F. Conde, Introducción a la Antropología de Xavier Zubiri, en «Homenaje a Zubiri»; Alberto del Campo, En torno a la Filosofía de X. Zubiri; E. Gómez Arboleya, El magisterio de Zubiri. (Los dos últimos en «Índice», nº 120, diciembre 1958); Julián Marías, La Escuela de Madrid e Historia de la Filosofía, en «Revista de Occidente»; L. Martínez Gómez, S. J., Bosquejo de Historia de la Filosofía Española, en «Historia de la Filosofía» de J. Hirschberger.

José María Benavente Barreda
Catedrático del Instituto
de Enseñanza Media de Madrid.


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