Enciclopedia de la Cultura Española
Editora Nacional, Madrid 1967
tomo 4
páginas 519-520

Nominalismo

Este movimiento filosófico va unido desde sus comienzos en la Historia de la Filosofía a la polémica en torno a los universales. La posición nominalista sostiene que las especies y géneros no son realidades anteriores a las cosas –«esencias», capaces de ser conocidas por abstracción–, sino que se trata, simplemente, de nomina (nombres) o voces, que utilizamos para designar a grupos de individuos.

Es muy difícil caracterizar al nominalismo en general. Como todo movimiento doctrinal, alberga en su seno posturas individuales muy caracterizadas. Cuando se habla de nominalismo, no obstante, se tiene en mente de un modo unánime a Roscelino de Compiègne (siglo XII) y, sobre todo, a Guillermo de Ockham (siglo XIV). De hecho, es la obra de este último la que tuvo una real repercusión en la Filosofía europea.

Dejando aparte, pues no es éste el lugar, el problema, muy serio, que late en el fondo del nominalismo, no sólo por lo que toca a la dificultad de delimitar con rigor lo que por nominalismo debamos entender, sino por lo que se refiere a dejar sentada su importancia como postura filosófica, podemos decir, en lo que toca a nuestros fines actuales, que el nominalismo ockhamista se caracteriza por sostener la primacía de la sustancia individual –sustancia primera–, sobre la universal –sustancia segunda–, y, en consecuencia, por una primacía correspondiente en el orden gnoseológico de la intuición sobre la abstracción. Históricamente brota por un deseo de anteponer lo concreto a las abstracciones tomistas del siglo XIII y a las «formalidades» de Duns Escoto. Se trata, pues, de un movimiento de reacción contra los excesos abstraccionistas anteriores, contra las disputas interminables, formalísticas y puramente verbales de la Escolástica decadente.

En España el nominalismo no se conocía, pese a llevar dos siglos de vida en Europa. En París, durante el siglo XV, imperaba plenamente el nominalismo. Sin embargo, sólo a fines del siglo XV y principios del XVI empieza a penetrar en España este movimiento.

Por entonces existe en la Universidad de París una representación española de nominalistas bastante aceptable, que habrían de traer a España la corriente ideológica. Los principales componentes de este grupo parisiense son: Santiago o Jacobus Magnus, toledano, que fue predicador de la corte francesa. Junto a él encontramos un grupo reunido en torno al escocés Juan Mayr: Jerónimo Pardo, autor de Medulla dialectices (1505), los segovianos Antonio y Luis Núñez Coronel –autor este último de un Tractatus de formatione syllogismorum (1507)–, el aragonés Gaspar Lax, autor relativamente prolífico, a quien debemos Termini et exponibilia (1511), De oppositionibus propositionum cathegoricarum et de earum aequipollentis (1511), Insolubilia (1512), Summa syllogismorum (1514) y la Summulae et philosophia (1521). Merecen también mención el andaluz Agustín Pérez de Oliva, el vallisoletano Fernando de Enzinas, que escribió, entre otras, unas Oppositiones (1527), un Tractatus de verbo mentis et syncategorematicis (1521), un Tractatus summularum et syllogismorum (1526), &c.; el valenciano Juan de Celaya (o Salaya), que más tarde llegaría a ser rector de la Universidad de Valencia, y a quien debemos, aparte de unos comentarios a las Sumulas, de Pedro Hispano, unas Introductiones dialecticae (1516), In predicabilia porphyrii (1517), &c. Pertenece también al grupo parisiense Juan Dolz de Castellar, cuya obra fundamental de carácter lógico es Syllogismi et disceptationis de summulis (1511).

Menéndez y Pelayo incluye a este grupo entre los «escolásticos degenerados y recalcitrantes de los primeros años del siglo XVI». De ellos nos dice que «enseñaron en París con gran crédito de filósofos, el cual totalmente vino a tierra el día en que Luis Vives lanzó contra ellos su diatriba In pseudo-dialecticos».

Una de las razones principales para la implantación del nominalismo en España, aparte de que el público intelectual –al menos un sector joven– empezaba a cansarse de las polémicas abstractas de la Escolástica, y estaba propicio para aceptar doctrinas que renovaran el ambiente, hay que buscarla en el espíritu innovador de Cisneros. El cardenal deseaba hacer de la Universidad de Alcalá un fiel trasunto de la de París, y no sólo aceptó de buen grado, sino que alentó el logicismo nominalista en la recién creada Universidad. Es, pues, en la Universidad complutense en donde aparece por primera vez el nominalismo.

Aparte de los ya citados nominalistas, conviene anotar, entre los profesores de nominales de Alcalá, a Diego de Naveros, autor de una De dialectica y de una De philosophia, y a Juan de Naveros, a quien se deben Theoremata super universalia porphyrii y Expositio super duos libros Perihermeneias Aristotelis (1533).

La novedad de las doctrinas que se explicaban en la reciente Universidad –aunque no sólo por esto, pero sí fue un factor de suma importancia– determinó que muchos alumnos de Salamanca se trasladaran a Alcalá.

El ambiente salmantino no era propicio a las nuevas doctrinas que pugnaban con las ideas tradicionales impartidas en sus aulas. Sin embargo, y a pesar de la férrea oposición que se hizo a su entrada, fueron imponiéndose. Aparte de las razones de tipo cultural que ya hemos apuntado –cansancio por la Escolástica, deseo de novedad, &c.–, existía una razón de tipo casi administrativo: evitar a toda costa la peligrosa emigración de alumnos de Salamanca a Alcalá. El padre Vicente Muñoz Delgado, en su documentadísima obra La lógica nominalista en la Universidad de Salamanca (ver la «Bibliografía» de este artículo), nos muestra el forcejeo del claustro salmantino por no quedarse atrás respecto al complutense. El 2 de octubre de 1508, el claustro de Salamanca acuerda en acta: «Todos los dichos señores hablando en lo del dicho Colegio de Alcalá dijeron que dos cosas habían dado ocasión a que los lectores e estudiantes se fuesen de aquí al dicho Colegio. Una era por las mercedes que el Cardenal les prometía e fasia, e otra porque no había aquí quien leyese nominales y porque no los consentían leer e echaban e habían echado de aquí a los que habían venido algunas veces a los querer leer. E por tanto que se fisiesen cátedras de nominales y les diesen salario competente e buscasen buenos letores que el estudio no se desplobaría y no haría falta ni daño el de Alcalá...», &c. Y continúa el padre Muñoz: «Una vez decidida la creación de las nuevas cátedras se nombra una comisión que determina generosos salarios y se le encarga de buscar 'algunos hombres famosos' para regentar las nuevas cátedras. Acto seguido acordaron que el Maestro Ortega vaya a Alcalá donde dicen que está el Maestro Miguel Pardo, e a Zaragoza donde dicen que está Ciruelo, e vaya a costa de la Universidad y los procure traer... E que si no los pudiese traer por el dicho salario fasiendo en ello su posibilidad que les pueda prometer algo más... E que si nos los pudiera traer que busque otros que sean personas famosas e tales que fagan fructo en la Universidad».

Vemos, pues, a través de estos textos, que la implantación del nominalismo en Salamanca fue laboriosa y tuvo que luchar con serias dificultades. No fue la menor la oposición por parte de los dominicos. Habían luchado éstos desde el principio para evitar que tomaran carta de naturaleza en España –y muy especialmente en Salamanca– las doctrinas ockhamistas, que se oponían de un modo terminante a la filosofía de Santo Tomás. Consiguieron una carta del rey, fechada en Sevilla, a 12 de noviembre de 1508, prohibiendo las cátedras de nominales y declarándose en [520] favor del tomismo. A pesar de todo, en el período de 1508-1511 aparece el nominalismo en Salamanca.

Parece ser que el primer profesor de lógica nominal en Salamanca es Juan de Oria, posiblemente en el período 1509-1510. Es autor de unas Summulae, título genérico de un conjunto de tratados lógicos.

Después de Oria –aunque para algunos autores es anterior– explican nominales en Salamanca Martín Alfonso (o Alonso) de Córdoba, agustino, cuya principal obra se titula Principia dialectices in terminos, suppositiones, consequentias, parva exponibilia distincta, Salmanticae, anno XDXIX.

La dificultad de seguir las vicisitudes y nombres de las cátedras y profesores de nominales en Salamanca se debe, más que nada, a la falta de libros de cuentas y de claustros de estos años. No obstante, según el padre V. Beltrán de Heredia, parece ser que en el curso 1516-17, o a comienzos del siguiente, llegan a Salamanca, traídos por el doctor Honcala, dos nuevos profesores de nominales: Juan Martínez Siliceo (†1557) y Domingo de San Juan de Pie del Puerto (†1540). Es autor el primero de una Dialectica, extensa obra lógica en cuatro secciones, y de una Logica brevis, resumen de la anterior. La obra fundamental del segundo es un comentario a las Súmulas, de Pedro Hispano (Expositio in quartum tractatum magistri Petri Hispani..., &c.)(1521).

Entre los profesores nominalistas de Salamanca se pueden citar también a Pedro Margallo y Cristóbal de Medina.

Junto a este movimiento nominalista, Salamanca conserva, a pesar de todo, su línea tradicional, que en este caso adopta la forma de una reacción, fructífera en parte, porque aguzó el espíritu crítico no sólo por juzgar –aunque con cierto apasionamiento– las doctrinas nominalistas, sino también para aquilatar el propio pensamiento.

Los tomistas más caracterizados de esta época son Pedro Martínez de Osma, y su sucesor, Diego de Deza, dominico, arzobispo de Burgos, Sevilla y Toledo e inquisidor general, cargo éste en el que sucedió a Torquemada.

Diego de Deza llevó su lucha contra el nominalismo hasta el punto de prohibirlo en los estatutos de la Universidad de Sevilla, así como el lulismo, e implantó la filosofía de Santo Tomás. Aparte de estas medidas de tipo administrativo, en su obra Novae defensiones doctrinae Doctoris Angelici S. Thomae super quator libros Sententiarum (Sevilla 1517), se muestra como agudo crítico y con una clara mentalidad metafísica. Dos años antes, otro dominico, Juan Estanyol, había publicado la Opera logicalia secundum viam S. Thomae, en la que se opone, de modo igualmente taxativo, a la lógica terminista de la escuela de París.

Con posterioridad a los movimientos nominalistas reseñados, de Alcalá y Salamanca, el ockhamismo apenas sí va a aparecer, muy mitigado y mezclado con ideas tradicionales. Sin embargo, pese a lo relativamente efímero de su paso, el nominalismo no había de pasar totalmente inadvertido. Va a ser el jesuita Francisco Suárez el que, en su genial síntesis metafísica, amalgamará elementos tomistas, escotistas y ockhamistas, conservando y potenciando lo más noble de la postura nominalista. Atemperadas las exageraciones del nominalismo en la filosofía suareciana, lo que hay en él de positivo y fecundo pasará, a través de la obra de Suárez, a España, y también a Europa, transmitido a través de la filosofía racionalista, especialmente de Leibniz y Wolff.

Bibliografía: P. Vicente Muñoz Delgado, La lógica nominalista en la Universidad de Salamanca (1510-1530), Madrid 1964; P. V. Beltrán de Heredia, Accidentada y efímera aparición del nominalismo en Salamanca, en «Ciencia Tomista», 62-63, 1942; Cisneros, fundador de la Universidad de Alcalá, en «Ciencia Tomista», 16, 1917; Marcelino Menéndez Pelayo, La filosofía española, selección e introducción de Constantino Láscaris Conmeno, Madrid 1955; P. Martínez Gómez S.J., Bosquejo de historia de la filosofía española, apéndice a la «Historia de la Filosofía», de J. Hirschberger, Barcelona 1965.

José María Benavente Barreda
Catedrático del Instituto
de Enseñanza Media de Madrid.


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