Diccionario de filosofía contemporánea
Ediciones Sígueme · Salamanca 1976
página 477

Valor

Aparte de apreciar que las cosas existen, normalmente apreciamos también en ellas un valor. De ahí que, en el marco de un pensamiento metafísico (metafísica), se haya intentado con frecuencia mantener, al tiempo que una ontología, una axiología o teoría de los valores. Ahora bien, a diferencia de la ontología, que puede mantener la idea de la existencia de las cosas independientemente de cualquier conciencia, la axiología sólo puede dilucidar la idea de valor en relación a una conciencia o un sujeto para el que las cosas valen. Pretender realizar una teoría de los «valores en sí» es pues una forma de incurrir en el vicio metafísico de sustancializar las relaciones, una puerta abierta al idealismo y al dogmatismo.

Desde un punto de vista relacional el valor absoluto no existe. Ni existen tampoco diferencias radicales entre formas o tipos de valores (como, por ejemplo, los supuestos valores intrínsecos y extrínsecos de las cosas), sino tan sólo jerarquías de valores. Con esto, sin embargo, no queda zanjada toda la problemática filosófica de los valores, aunque sí abierto el camino para un enfoque más adecuado que el que es usual en el pensamiento metafísico.

Un aspecto importante de tal problemática es el de las relaciones entre los valores y los hechos (el deber y el ser), recogido en la filosofía analítica como problema de las relaciones lógicas entre lenguaje declarativo y lenguaje moral, normativo, evaluativo, &c. El principio de la falacia naturalista constituye en este terreno un dogma generalmente aceptado. Ahora bien, desde una posición relacional o relativista como la que hemos propuesto, y no necesariamente limitada al análisis del lenguaje evaluativo, no se puede olvidar, por una parte, que toda la realidad de los valores se agota en valoraciones llevadas a cabo por los sujetos y que tales valoraciones son también hechos. De ahí la posibilidad de una ciencia empírica que estudie los valores y las normas según los individuos, los grupos sociales, etcétera. Pero por otra parte –y esto quizá sea más importante– las actividades humanas –todas, incluso las cognoscitivas– están reguladas por normas y valores (la propia ciencia es un valor), y así hasta nuestro conocimiento de los hechos empíricos depende en buena medida de valoraciones.

Se explica entonces bastante bien por qué las filosofías que han llevado a cabo una crítica radical de los valores (Nietzsche) han abocado con frecuencia a una suerte de nihilismo. Desde la perspectiva del marxismo, sin embargo, se puede reconocer el carácter relativo (e incluso ideológico) de los valores (ideología) sin dejar por eso de mantener la necesidad de atenerse a uno u otro sistema de valores. Una de las principales tareas de la filosofía crítica consistirá precisamente en proponer un sistema de valores teniendo en cuenta el carácter histórico y contingente de los mismos.


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