La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Gómez Pereira

Teófilo González Vila
Noticia bio-bibliográfica sobre Gómez Pereira

III. Las obras


1. Datos

Las únicas obras publicadas por Pereira –únicas al menos de que tenemos noticias– cuyos títulos completos junto con el nombre del autor, lugar y fecha de publicación aparecen en sus respectivas portadas y/o colofones del modo que transcribimos, son:

El año 1749 aparece en Madrid la segunda y hasta ahora última edición de estas obras. No merece crédito en este caso el testimonio de Nicolás Antonio que menciona una edición hecha «Francofurti» el año 1610. {83} Los editores madrileños de 1749 tampoco la conocen y nos presentan la obra de Pereira como «nunc secundo in lucem editum et ex integro correctum». Las correcciones se reducen a modernizar la ortografía y suprimir erratas. La Antoniana Margarita y las Obiectiones Apologia constituyen en esta segunda edición el «tomus primus» de unas, diríamos, obras completas cuyo «tomus secimdus» está ocupado por la Novae veraeque Medicinae.{84} Esta última obra aparece en la primera edición (1558) –notémoslo– como «pars prima». Tenemos aquí una clara referencia a esas otras partes y obras que Pereira espera poder publicar en breve, sobre las más variadas cuestiones físico-filosóficas y médicas.{85} Ya sabemos del silencio que cae sobre Pereira y otras posibles obras suyas a partir de 1558. Es casi seguro que no pudo ver satisfechos sus deseos de seguir publicando. En el caso de que los escritos pereiranos hayan sido, como quiere Guardia, objeto de una sistemática persecución, cabría pensar que, aun habiendo de hecho publicado Pereira otras obras, los encargados de la «limpieza» fueron con ellas más «eficaces» que con la AM y la NVM (de las que algunos ejemplares logran sobrevivir). Que la explicación de la falta de noticias sobre otras obras pereiranas esté en esta presunta persecución nos parace más improbable que la persecución misma.{86} [115]

2. Algunas características de la Antoniana Margarita

Señalemos, siquiera tan brevemente como nos consienten los límites de espacio, algunas características de la Antoniana Margarita. El extraño título, inspirado por la piedad filial, es también, y ante todo, la solución que Pereira encuentra al problema que, según nos confiesa, le plantea la «originalidad» de una obra cuyo rico y heterogéneo contenido se resiste a una fácil acotación temática.{87} Es, pues, la peregrina «inscriptio» un modo de llamar la atención sobre el carácter extraordinario de la obra; e incluso, diríamos, un reclamo publicitario. No es ésta, con todo, la única sorpresa que aguarda al lector. El denso texto (denso no sólo tipográficamente) se nos presenta desprovisto de las usuales divisiones formales que pudieran dar algún informe sumario sobre su contenido. Para esto no basta el «índice» que Pereira le antepone.{88} Sólo algunas breves notas marginales proporcionan cierta orientación. Para descubrir los que podemos llamar «textos-enlace» en los que Pereira hace un alto para situarse y elaborar una especie de programa parcial, guía inmediata de su discurrir, es necesario estar ya de veras introducido en su lectura.{89} Si con esta presentación quería Pereira ahuyentar [116] a los curiosos precipitados, también –lamentablemente– logra desorientar a los lectores superficiales (que hasta ahora, desgraciadamente, por unas u otras razones, han sido todos). El innegable desorden, además, con el que las más varias cuestiones parecen allí simplemente hacinadas,{90} han hecho que se dé por supuesta e indiscutible una completa ausencia de plan expositivo en la redacción de la AM. Y, desde luego, ha impedido a quienes no supieron alcanzar la perspectiva adecuada no ya detectar, sino aun siquiera sospechar la contextura sistemática del discurso pereirano. Para que se hicieran patentes las articulaciones lógicas que lo vertebran, le dan unidad y confieren sentido, era necesario adoptar los criterios hermeneúticos que han presidido nuestra investigación.{91} Las fatigosas prolijidades, las numerosas digresiones, las farragosas cuestiones marginales (traídas por las más sorpresivas «asociaciones») no reflejan necesariamente un paralelo desorden y asistematismo internos. Obedecen, diremos, a un «estilo» marcado por la más cálida espontaneidad. Porque no quiere Pereira ofrecernos unos resultados finales fríamente pulidos, sino que quiere hacernos recorrer el azaroso proceso que él está viviendo mientras escribe.{92} No podemos tampoco dejar de reconocer que pese a la fatiga que producen largas discusiones marginales, el torrente de un ergotismo casuístico, la misma falta de tono académico y lo imprevisible siempre de un discurso que se desliza, se encrespa o se remansa, libre de las trabas de un programa riguroso, se mantiene en vilo la atención del lector que haya sabido hacer un esfuerzo inicial por insertarse en la trama. La letra de la AM, no refleja la estructura del sistema últimamente sedimentado. Ni la jerarquía expositiva que se concede a las diversas cuestiones traduce la jerarquía sistemática que a cada una corresponde.{93} Quien no advierta esta falta de correlación se cierra el [117] camino para la plena inteligencia del pensamiento pereirano. Como ocurre también a quien no tenga presente la constante y dinaminazadora tensión que lo sostiene. Esta tensión –entre positivismo y racionalismo– da lugar a una desorientadora fluctación terminológica. El estilo pereirano se caracteriza más por su calor polémico que por el rigor lingüístico. Según sea el polo de la tensión al que en cada momento cede se producen profundas alteraciones contextuales en el sentido de términos-clave cuyo uso debiera haber vigilado más seriamente. Será necesario –criterio hermenéutico elemental– interpretar lo esporádico por lo frecuente, lo secundario desde lo principal. Pereira habla el lenguaje de la Escuela. «Materia», «forma», «acto», «potencia», «educción», «generación», «corrupción», &c. son términos sin los cuales no sabría definirse; pero al hacerlo les dona sentido tan novedoso que pueden resultar equívocos.{94}


Notas

{80} La AM en esta edición comprende 416 páginas de texto, a dos columnas. La numeración, con algunos errores, corresponde a éstas (832). Antes del texto de la AM encontramos 16 hojas sin foliar (32 páginas). En estas hojas encontramos: –el ofrecimiento o dedicatoria principal a IESUS; –la dedicatoria (secundaria) al entonces Cardenal Siliceo; –diversas advertencias «al lector (De ratione inscriptionis operis huius, Ad lectorem scopus authoris in conficiendo opere, Cautio lectoribus observanda, breve nota introductoria a la fe de erratas y al índice de materias), –fe de erratas, –índice de materias. –Bella y cuidada la impresión. Vide Pérez Pastor Cristóbal, La impr0enta en Medina del Campo (Madrid, 1895) que puede satisfacer la curiosidad de los interesados en el tema. {volver}

{81} OMP-Apol comprende 18 hojas. Son cinco las «obiectiones» de Miguel de Palacios contra otras tantas «paradoxa» pereiranas. De cada una de éstas hace Pereira la correspondiente defensa («defensio»). Es extraño que los «precursoristas» no hayan subrayado el interesante precedente que esta moda de comercio intelectual constituye para las MEDITACIONES-RESPONSIONES cartesianas. [113] {volver}

{82} La NVM comprende en esta edición 456 páginas a dos columnas y con importantes errores en la numeración. El texto va precedido por el «elenchus» que anuncia la portada, –la dedicatoria u ofrecimiento a IESUS (como en la AM), –la dedicatoria al Piríncipe Carlos, la Ad lectorem y un –prohemium. La advertencia Ad lectorem de la NVM no puede quedar desatendida, por quien pretenda conocer al hombre Pereira. {volver}

{83} Nicolás Antonio, Bibliotheca Hispana Nova (Madrid, 1723) t. I. p. 541. El testimonio de Nicolás Antonio, contra el que está ya el hecho mismo de que no se conozca ningún ejemplar de la edición mencionada, pierde fiabilidad a la vista de los errores en que incurre cuando da cuenta del título de las obras de Pereira (y que obligan a pensar que no las tuvo presentes): en el de la AM suprime los términos «nempe» y «non minus... quam», en el de la NVM sustituye «verae» por «veteris» (grave alteración de sentido). {volver}

{84} La edición de 1794 «modifica la ortografía del apellido de nuestro autor a quien hace «Pereyra». Esta modificación para la que no creemos que haya fundamento alguno nos permilte pensar que quienes escriben «Pereyra» sólo han conocido la segunda edición. {volver}

{85} Cf. supra nota 78. {volver}

{86} La escasez de ejemplares tanto de la AM como de la NVM y tanto de [114] la primera como de la segunda edición aconseja –cualquiera haya de ser la explicación de este hecho– que recojamos aquí la referencia de aquellos de que hemos llegado a tener noticia (siquiera sólo por facilitar el acceso a ellos):

{87} «Nom parum anceps ac haesitabundus per aliquot dies fui, quam iis nostris lucubrationibus inscriptionem imponerem, cum scribendi modum hunc nostrum inusitatum ab omnibus censendum existimarem. Si enim Paradoxon inscriberem, etiam si non esset ab re, superbum Comentariis nostris indidisse nomen mihi videbar» (AM, De ratione inscriptionis operasi huius). No le desagradó –nos confiesa ha continuación– hallar un nombre que, sobre ser piadoso, resaltaba al mismo tiempo la especial condición de la obra. Y de la honra que hace a sus padres espera además el «interesado» Pereira la buena suerte de esta obra. {volver}

{88} Se trata de un índice alfabético de materias que comprende 9 hojas. Del limitado servicio que puede presentarnos nos damos cuenta enseguida: p. e., en el apartado correspondiente a la A se recogen lugares donde se nos habla de la «inteligencia», la «inmortalidad», o de la «fama» sólo porque las unas son del «anima» y la otra no debe apetecerla el «anima». Y así. {volver}

{89} Durante un largo número de columnas las breves notas marginales desaparecen con el confesado propósito «ut omnes cogantur legere universa quae de inmortalitate animae scripsimus» (AM 787 s. nota marginal). Como textos-enlace, aunque no todos sean «programáticos», citemos: 26,28 ss. y nota marginal; 66.6 ss. (importante); nota marginal de 70; 151,11 ss.; 190. 5-29 [116] (importante); 210,34 ss.: 242,8 ss.; 274,5 ss. 294,10 ss.; 489, 1-20; 497,1 ss. (comienzo de la «periphrasis» al De anima III aristotélico): 575,1 ss.: 609,1 ss. (comienzo del De immortalitate). {volver}

{90} No deja de sorprender que cuantos le reprochan tal desorden no hayan sido capaces de «superarlo» y se dejen invadir por el mismo en las exposiciones que nos ofrecen del contenido de la AM. {volver}

{91} «Ha sido la clave antropológica, esto es, el considerar la obra de Pereira como antropología fundamentalmente (contra quienes en ella sólo han visto la «extravagancia» de la tesis mecanicista o una amalgama «de omni re scibili»), la que se nos ha revelado sumamente eficaz: nos ha permitido abrir la puerta a cuyo través podemos penetrar en el espacio sistemático del pensamiento pereirano, recorrerlo por completo y trazar con claridad el plano de un edificio que en la consideración de muchos podría parecer únicamente torpe laberinto» (Teófilo González Vila, o.c., p. 13). {volver}

{92} Teófilo González Vila, o.c., p. 17. {volver}

{93} «Desde la perspectiva abierta por nuestra investigación, en el texto de la AM habría que discernir y jerarquizar así las diversas cuestiones: –a) [117] cuestiones principales: las antropológico-inmortalistas, incluída en este apartado, si se quiere, la del «mecanicismo» como «negativo» de aquéllas (podríamos también considerarla cuestión consecuencional); –b) cuestiones fundamentales: las ontológicas, generalmente tratadas «in obliquo», entre las que cabe destacar la teoría de los modos, la del universal, la critica del ultrarrealismo y algunas cosmológicas; –c) cuestiones marginales: las lógico-formales y las propiamente científicas o de filosofía natural; –d) cuestiones ornamentales: científicas de muy escasa conexión con el resto de la temática, p .e., la que se plantea sobre el continuo; las meramente eruditas, históricas, bibliográficas o incluso literarias» (Teófilo González Vila, o.c., p. 18). {volver}

{94} Especialmente llamativo es el caso de los términos «generación» y «corrupción» a los que hace incurrir en clara equivocidad (Cf. AM 310,2-7; 346, 23-27; Apol V 17,38 ss.; AM 306,24-27; 310, 17-20; 346,31-347,11.24-27; 348, 32-35; 346,4-30; Apol. V 18.8-10). Imposible recoger aquí un estudio de las inflexiones de sentido que sufren, manejados por Pereira, los térmicos mencionados en nuestro texto o, p. e., los de «sensación» e «intelección». {volver}


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