La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Gómez Pereira

Teófilo González Vila
Noticia bio-bibliográfica sobre Gómez Pereira

II. El hombre


1. Datos escuetos para una biografía de urgencia

Nace el año 1500 {7} en Medina del Campo, donde vive, ejerce la medicina, publica sus obras. Son datos firmemente asentados que dan a la expresión «nuestro Medina», empleada por Pereira, su sentido más pleno.{8} La hipótesis de su naturaleza gallega o portuguesa inspirada en el apellido, debe quedar excluida.{9} Otra es la cuestión de su ascendencia. Alguien [97] asegura que «no fue de familia medinense, porque el apellido, verdad es que a gallego suena, y en Medina no se hallan ecos de él».{10} Es muy probable, en efecto, que su familia, dedicada al comercio, no fuera de «las conocidas y solariegas»{11} y estuviera asentada en Medina desde hacía pocas generaciones. Nunca, además, Pereira blasona de nobleza y se tiene por mero «honestus vir».{12} Probables su ascendencia portuguesa (no gallega) y su condición de cristiano «nuevo».{13} Antonio Pereira y Margarita de Medina fueron sus padres. Honrar –inmortalizar– estos nombres quiso, entre otras cosas, con el título de su obra filosófica.{14} Cinco hijos se le conocen a los padres de Pereira: Francisco, el mayor, comerciante, que moriría poco después de 1515; nuestro Gómez; Juan, también comerciante; Gonzalo, boticario en Medina; y Ana.{15} Hacia 1515 (por las fechas en que, según nuestros cálculos, inicia Gómez sus estudios en Salamanca), muere Margarita, la madre; en 1533, o muy poco después, Antonio, el padre. Vivieron en la calle de Serranos.{16} La conocida prosperidad de Medina –famosas sus ferias– [98] por aquel entonces, pudo traducirse para estos avisados comerciantes «en muy saneadas ganancias».{17} ¿Cuándo comienza Pereira sus estudios superiores? Los de «artes» podían iniciarse en aquella época a los quince años si se estaba en posesión del latín suficiente para seguir con provecho las correspondientes enseñanzas.{18} Supongamos que Pereira «no pierde curso» en su preparación preuniversitaria y podemos tenerlo en Salamanca hacia 1515 ó 1516. Le toca, pues, vivir la «accidentada y efímera» aparición del nominalismo en aquella Universidad.{19} Ya en 1510 se encarga Juan de Oria de explicar lógica de «nominales».{20} Alonso de Córdobacubre el trienio 1510-13 con un contrato formal para leer asimismo lógica nominal;{21} y es probable que continuara en su enseñanza algunos años más.{22} Especial relive tiene en esta historia Martínez Siliceo. Procedente de París y precedido de grande fama y expectación{23} llega a Salamanca en 1517. En el curso 1518-19 figura también como titular de una cátedra de nominales. Para que el Siliceo haya sido su maestro «in physico negotio»,{24} no es necesario retener a Pereira en la Universidad hasta 1522 porque, si es verdad que hasta entonces no consta con seguridad que se le encomendara (a aquél) la cátedra de filosofía natural, es muy probable que la ocupara ya a partir del mismo curso 1518-19.{25} El año 1518 publica Juan de Oria en Salamanca un breve «tractatus de immortalitate».{26} El dato [99] no es aquí superfuo: según nuestra tesis, el tema que da sentido a todo el discurso filosófico pereirano es el de la demostrabilidad racional de la inmortalidad natural del alma humana.{27} Juan de Oria, convencido de esta demostrabilidad, intenta montar sus pruebas sobre los mismos supuestos dualistas que más tarde Pereira llevará a sus consecuencias más radicales. Es probable que –en Salamanca cuando aparece este tratadito– Pereira lo conociera; y, en tal caso, no es aventurado pensar que su lectura haya contribuido a suscitar o ahondar sus inquietudes inmortalistas. En el supuesto, con todo, de que se confirmara esta hipótesis, la independencia de Pereira respecto a Oria quedaría siempre a salvo: aparte las mayores pretensiones de la obra pereirana, las diferencias a favor de la «originalidad» de Pereira son ciertamente muy profundas.{28} No sabemos la fecha en que Pereira termina sus estudios, pero ya en los años veinte le tenemos en el ejercicio profesional de la medicina.{29} Poco después de la muerte de su padre (acaecida, dijimos, hacia 1533), Pereira se casa con Isabel Rodríguez. Y si les nacieron hijos, con seguridad hacia 1551 no les vivían.{30} De la tienda familiar se ha hecho cargo Luis Álvarez, cuñado de Pereira.{31} Con su mujer, su hermano Juna y la mujer de éste (sin hijos), Pereira se instala no en la calle Serranos, sino «en otras casas principales que poseían en la famosa Rúa».{32} Todo hace pensar hasta ahora que Pereira mantuvo siempre muy buenas relaciones con sus familiares más allegados. En sus obras, aparte sus padres, aparecen citados su mujer, su cuñada, un hermano que estuvo en Indias y algún [100] sobrino.{33} Fiel a la tradición familiar, Pereira no desdeña el comercio. Sabe cuidar de sus intereses y negocia los bienes heredados. Pero cuando alguna vez se le acuse de operar fraudulentamente, atestiguará con firmeza que «no entiende en tratos, ni mercaderías, sino en su medizina».{34} Al menos en el pleito cuya documentación es hasta el momento una de las fuentes biográficas más importantes, su honradez queda bien probada.{35} Si no exclusiva, la medicina es la actividad más destacada de Pereira y la que profesionalmente le define. Su prestigio como médico está fuera de toda duda. Son plenamente concordes en este punto su testimonio y el de otras personas;{36} ni sus contrincantes lo ponen jamás en cuestión. Cuando hacia el 1547 el Regimiento de la Villa de Medina acuerda someter a examen a los médicos y cirujanos que hay en ella por sospechar abusos en el ejercicio de tan delicada profesión, entre los que quedan exentos de las correspondientes pruebas se encuentra el licenciado «Perea», junto, por cierto –notémoslo–, con el Dr. Sosa, regocijante crítico de las doctrinas del colega [101] Pereira.{37} Su bien ganada reputación profesional hará que desde la Corte se le llame a consulta.{38} En la misma dedicatoria de su obra médica al Príncipe Carlos queda bien claro que le trató.{39} Sus honorarios como médico son suficientes como para lamentar perderlos algún día,{40} pero sobrados indicios hay para asegurar que no eran económicos los intereses exclusivos, ni aun los más fuertes, en su ejercicio de la medicina. Aparte la satisfacción que le procuran sus éxitos terapéuticos y la fama que le granjean, encuentra Pereira en su profesión estímulo constante y amplio campo para sus afanes de investigador. A partir de los hechos que, en continua sagaz observación, recoge de la praxis médica, su implacable crítica dará las primeras dentelladas en la consagrada autoridad de Galeno. No se conforma con el mero registro de experiencias. Se esfuerza en montar teorías, en hacer ciencia, sin más.

2. Su formación intelectual

Pereira –que sale de la Universidad de Salamanca con una sólida formación–{41} siente acrecidas por días sus ansias de saber y agudizado su sentido crítico. Ridiculiza con frecuente crueldad la «sabiduría» libresca y verbalista de quienes pretenden resolver cualquier cuestión con meras argucias terminológicas, sin inclinarse atentos sobre la realidad misma, única autoridad suprema ante la que ha de rendirse el médico y el filósofo.{42} El ejercicio de la medicina no distrae sus inquietudes intelectuales, [102] sino que las profundiza al tiempo que afianza su rigor «positivista». Contra la imagen que pueda ofrecernos el apunte biográfico pergeñado por Alonso Cortés,{43} no es Pereira un perpetuo litigante, ni los negocios le absorbían aunque también comerciara, hasta el punto de ahogar sus preocupaciones científico-filosóficas. Por otra parte, aunque haya razones para pensar que no faltaron en su vida motivos de desasosiego, se puede afirmar, creemos, que al menos durante muchos años sus favorables circunstancias personales (acomodado, sin hijos, con una vida familiar apacible) le permitieron fecundar con una intensa dedicación al estudio sus no infrecuentes ocios.

Aunque no le satisfaga, la formación adquirida en la Universidad le instrumenta y le orienta. Para una plena comprensión de su pensamiento necesitamos tenerla presente. Y en primer lugar conviene destacar cuan satisfecho se siente Pereira de su preparación en el arte lógica. Coinciden, no lo olvidemos, sus años de estudiante en Salamanca con el apogeo del nominalismo. Supo aprovechar bien los ejercicios «ad modum parisiensem» recién importados. Y las técnicas de la «disputatio» no le guardan secretos. Buenos, sin duda, fueron los maestros que le inculcaron tan sincero aprecio de la «dialéctica» como muestran sus obras. A la impericia lógica de los autores con los que polemiza, incluidos Platón y San Agustín, atribuye los numerosos errores que en ellos cree encontrar.{44} Acertadamente pondera los valores formales y formativos de la lógica.{45} Cuando ya se hayan alzado autorizadas voces que condenan decadentes artificiosidades en el cultivo de esta disciplina, este incontenible espíritu crítico se abstendrá de impugnar su enseñanza y le vemos, por el contrario, lamentar amargamente en qué estado de abandono se le tenía (a mediados del XVI), [103] quizá –piensa– por causa de la aridez con que se presenta.{46} A la hora de estudiar el nominalismo salmantino del XVI, aparte los estudios de contenido estrictamente lógico, sería conveneinte tener en cuenta la lógica «exercita» en las obras de los allí formados y en tal caso, por supuesto, las de Pereira, caso ejemplar al respecto por cuanto venimos diciendo. El nominalismo no sólo le instrumenta para la polémica, sino que le proporciona el aparato lingüístico-conceptual con que elabora su sistema antropológico. El contexto metafísico en que teje su pensamiento presenta una clara ascendencia agustiniano-nominalista. Su ontología básica, presente «In obliquo», se define, negativamente, por el rechazo enérgico del grosero ultrarrealismo que «realiza» cualquier distinción conceptual; positivamente, por la decidida afirmación del individuo. «Realizar» en el individuo, único bloque real sin fisuras, las distinciones con que «lo pensamos/nos lo decimos» constituye, según Pereira, el error fontal de otros muchos y el origen de las interminables disputas entre «reales» y «nominales» por ecima de los cuales se considera aunque no oculte sus simpatías por los segundos.{47} El principio de simplicidad, el de «nihil frustra» (versión negativa del de «razón suficiente») y el de «omnipotencia divina» presiden como metodología última todo su discurso filosófico.{48}

Junto a su dominio de la lógica, su «gusto» por la investigación de la Naturaleza. Marcado por una innata curiosidad científica que determina desde el primer momento su vocación y el rumbo de su trayectoria intelectual, insiste constantemente en la necesidad de un contacto experiencial-experimental con la realidad misma.{49} Ya dijimos cómo pudo [104] satisfacer sus aspiraciones científicas con el ejercicio mismo de la medicina. Este «cientifismo» revela de modo inconfundible un importante componente «positivista» en la actitud intelectual básica de Pereira frente a la realidad. Y en él tenemos –conviene subrayarlo– clave muy eficaz para resolver las graves aparentes contradicciones en que le vemos envuelto cuando, hambriento, por un lado, de tangibilidades y cogido por su fidelidad a los hechos, se encuentra, por otra parte y al mismo tiempo, atado a las exigencias dualistas, aprióricas, contrariadas por esos mismos tangibles hechos, y a las que, sin embargo, ha de dar satisfacción en aras de esa prueba inmortalista que es, según nuestra tesis, meta de todo su quehacer filosófico.

Al par que nos ofrece un dato más para reconstruir el cuadro de la cultura personal de Pereira y su talante espiritual, reviste indiscutible interés para la historia de Erasmo y España la postura clara y acremente negativa adoptada por Pereira frente a las humanidades.{50} Para el duro juicio que le merecen no es, parece, su motivación la de la zorra esópica en el desprecio de las inaccesibles uvas: su latín, por cierto, tan bueno es o tan deficiente como el de otras obras científicas y filosóficas de la época.{51} Es [105] otra: en el cultivo, desmesurado a su Juicio, de las humanidades radicaría la causa principal del deplorable abandono en que, al tiempo que escribe (1558), se encuentran los estudios científicos, filosóficos, médicos y teológicos.{52} Y padre de estos males, sin duda, Erasmo. Privado este «maximus heresiarcha»,{53} piensa, de capacidad para la especulación y «orador», en cambio, como nunca otro, ha llegado a granjearse con la elegante y sarcástica crítica de las degeneradas complicaciones dialécticas de las escuelas, la adhesión de profesores, médicos y filósofos, ignorantes ahora de sus respectivas disciplinas y ocupados sólo en cuestiones filológicas.{54} Justo el reproche erasmiano contra los que habían venido a ser meros «sumulistas», ha hecho –peor el remedio– que no encontremos ahora sino meros «gramatistas».{55} Grandes los bienes que reportan las humanidades; mayores los males acarreados por el erasmismo.{56} Y no puede ser más despectiva la opinión que emite sobre el aprendizaje de lenguas.{57} Atendido este extremoso veredicto, a Pereira –no hay duda– se le escapa el verdadero sentido [106] del movimiento erasmista. Si eran de libertad los nuevos aires, debiera haberse alegrado de poder respirarlos el «librepensamiento pereirano». Pero en cualquier caso, advirtamos que al enfrentarse con el erasmismo, no ignora Pereira el modo más eficaz de atacarlo en la España que le ha tocada vivir: lo acusa sin más, abiertamente, de ser vehículo el más sutil de la herejía luterana.{58} ¿No estará en este «sospechoso» interés por la ortodoxia la explicación de su radical e indiscriminada enemiga contra las humanidades?

Vasta parece la cultura bíblica de Pereira. El dato puede ser relevante en relación con su presunta heterodoxia: en la amplitud de citas veterotestamentarias alguien ha querido ver una prueba más o un indicio, al menos, del criptojudaísmo pereirano.{59} La cultura y rica erudición de Pereira está alimentada por lecturas muy abundantes. Notable su capacidad de trabajo: no serían pocas las veces –se puede pensar– que a este «quijote» las luces del alba le libraran del candil.{60}

3. Sus «pasiones»

Las investigaciones y escritos de Pereira no son fruto de un apacible entretenimiento. [107] Tras el médico y el negociante, tras ese hombre «bollizioso e atrebido»,{60bis} hay alguien, sin hipérbole, comido por el ansia de gloria; y profundamente desasosegado por el problema de su destino último. Pereira mismo nos reconoce este afán de gloria e inmortalidad como alimento de sus desvelos en confesiones que más se nos antojan angustiosas que ingenuas; y tan vehementes como fundado el temor de ver frustrados sus deseos.{61} ¿Cómo explicar, por otra parte –él mismo se pregunta–, que se empeñe un cristiano tan denodadamente en la inmortalidad histórica, si tan seguro debe hallarse de la eterna ultraterrena?{62} Sin que por esto sólo hayamos de poner en dudas su sinceridad de creyente, su situación cuando se esfuerza en elaborar una demostración racional incontrovertible de la inmortalidad, tan rigurosa y segura como puedan serlo las matemáticas,{63} no es ciertamente la del «credo ut intelligam»; pero cuando tan orgulloso se nos muestra de haber encontrado la irrefutable prueba,{64} tampoco con [108] ella se sosiega su espíritu. Notemos cómo en esta racionalización de la problemática inmortalista y en la inseguridad permanente que le angustia se revela clara su «modernidad».

Pero, abierta y candidamente confesada esta apetencia de gloria histórica, no le neguemos crédito cuando, con desesperado ardor, pone la motivación más fuerte para su arriesgada aventura de innovador en el amor a la verdad.{65} En su independencia de juicio, en su atrevido rechazo de las autoridades consagradas, en la novedad de sus doctrinas, hace descansar Pereira –es cierto– su esperanza de alcanzar fama perpetua; pero su rebeldía de «librepensador» no obedece a un mero prurito de notoriedad (que podría conseguir junto con la infamia mediante arbitrarios –e imposibles– magnicidios intelectuales, sino al deseo de iluminar las mentes –nos dice– con una verdad que hasta ahora habría estado encadenada y cuyas ataduras él, cual nuevo Hércules, se siente llamado a romper para siempre.{66} La independencia intelectual de la que él mismo alardea (hasta lo infantil a veces) y en la que con razón insisten los «panegiristas», no le libra de ser un pensador-yedra que se sostiene e expensas de aquellos mismos a quienes pretende refutar, sin los cuales no sabría mantener libre el vuelo, ni aun siquiera definir su propia posición; ni le impide recurrir a esas mismas autoridades de las que se proclama liberado cuando las cree a su favor.{67} No [109] quiere esto decir, sin embargo, que hayamos de negarle la gloria de haberse atrevido a invocar la realidad frente a los textos de Galeno o Aristóteles; o la de haber corrido el riesgo de airear verdades tan sencillas como ésta de que no basta para rechazar una doctrina el simple hecho de que el siglo anterior no la conociera.{68} Sin duda, ya en su tiempo es ésta una «mentalidad ambiente»; pero sin duda también está Pereira entre los primeros que osaron formular pensamientos todavía entonces reducidos a la clandestinidad.

4. Su presunta heterodoxia

Cuantas veces Pereira reclama su libertad de pensamiento –y son muchas– otras tantas, diríamos, se apresura a dejar clara constancia de su rendimiento ante la autoridad de la Iglesia no sólo en cuestiones que atañen, de una u otra manera, a la fe, sino en aquellas –ocasiones hay– donde esta autoridad es discutible.{69} Las repetidas protestas de fidelidad al magisterio eclesiástico son sin más para Menéndez Pelayo prueba concluyente de que tenemos en Pereira un católico sincero, mientras lo son para Guardia justamente de todo lo contrario: no revelarían sino la cautela [110] de quien tanto más interesado está en desterrar sospechas cuanto más expuesto a ellas.{70} No se priva tampoco Guardia de confesarnos las siniestras asociaciones que le sugiere la «relajación» de un tal «Pereira» en auto de fe celebrado en Valladolid y presidido por Felipe II.{71} Con la hipótesis –que hace tesis el prejuicio guardista– de un Pereira criptojudío al fin perseguido como tal, se alía la del innovador científico molesto a las anquilosadas autoridades académicas igualmente concitadas contra él;{72} y la que explicaría la escasez de ejemplares de sus obras, consecuencia de una sistemática «limpieza» al menos póstuma.{73} Las encontradas posiciones de Menéndez Pelayo y Guardia están determinuadas por apasionados prejuicios más que fundadas en datos críticamente valorados; pero no faltan los que, aun cuando sean meramente negativos, favorecen –justo es reconocerlo– a Guardia. No consta hasta el momento que hubiera de habérselas Pereira con el Santo Oficio, pero su origen portugués más que probable junto con la profesión de sus padres y la suya propia, bien podían ser motivo suficiente de sospecha para quien pensara como aquel comisario del temido tribunal que en 1614 y a propósito de un médico de Illecas, escribía: «Vm mande abisar desto, que médico y portugués, tiene andado mucho para que trabajemos con él».{74} Sabedor de las sospechas a las que le exponían sus circunstancias personales, cuidaba Pereira, según parece, la fama de ortodoxo hasta en las recetas, y así le vemos abstenerse de prescribir baños (¡abluciones!), aunque para evitarle la tentación de hacerlo estaba el hecho definitivo de que no los había en su Castilla de entonces.{75} La cuestión planteada por Guardia –y no resuelta por ahora– obliga a un análisis minucioso que permita leer entre líneas los textos en que Pereira consagra sus [111] obras a Jesucristo y las dedicatorias con que, en busca de amparo, las ofrece al Cardenal Siliceo {76} y al Príncipe Carlos.{77} Será necesario asimismo indagar por qué, si no muere en 1558 (año en que aparece su última obra conocida) o muy poco después, no llegó a publicar los trabajos que tenía no sólo proyectados, sino en avanzado estado de elaboración;{78} o cómo, en caso de que los llegara a publicar, se explica que no nos haya llegado ningún ejemplar de los mismos. Ignoramos cuándo muere Pereira. El dato, meramente negativo, de unas circunstancias desconocidas puede interpretarse contra Guardia como prueba de que no revistió la muerte de Pereira ninguna característica especial: no estaríamos tan faltos de noticias si la hubiera rodeado alguna particularidad especialmente siniestra. En cualquier caso queda por descifrar cómo se cierne tan pronto sobre Pereira, de modo que parece «repentino», un silencio tan espeso. Pereira lo intuye y teme cuando para conjurarlo se hace angustioso vocero del valor de sus obras.{79}


Notas

{7} Dato que el mismo Pereira nos facilita al escribir el año 1554, fecha de publicación de la AM: «...me quinquagesimum quartum agentem annum» (AM, Ad lectorem scopus in conficiendo opere, fol. 5 vto., 12 s.). {volver}

{8} P.e., en NVM 574.631. – La documentación utilizada por Alonso Cortés (o.c.) no deja lugar a muchas dudas sobre la naturaleza medinense de Pereira. {volver}

{9} «Gallegus» le tiene casi siempre que la nombra Ulloa tanto en su Physica speculativa (Roma 1713), como en su De anima (Roma, 1715). Del Obispado de Tuy le hace el P. Isla (Historia de Fray Gerundio de Campazas, alias, Zotes, 1, 2., c. IV. n. 8).–«Como no hace mucho se dijo –escribe Alonso [97] Cortés– que en el archivo de la colegiata de Medina existían datos de los cuales inesultaba que Pereira nació en Tuy..., he registrado aquel archivo sin encontrar tales datos» (o.c., p. 7).–Cristóbal de Galdo, corregidor de Medina del Campo atestigua contra Pereira en cierto pleito que «el dicho licenciado pereyra es onbre baxo e de baxo estado e calidad, porque su padre es muy público y notorio que cuando los reyes católicos, de gloriosa memoria, hecharon los judíos de castilla, el padre del dicho licenciado pereyra se fue huyendo destos rreynos a Portugal, e después bolvio e se vino cristiano e aun estubo en la ynquisición» (Apud Alonso Cortés N., o.c., p. 17).–En las frecuentes y ostentosas muestras de satisfacción que da Pereira, a lo largo de sus obras, ante las que considera indiscutibles originalidad y calidad de sus propias teorías, quiere ver ucn argumento de «crítica interna» (que haría verosimil la in.aturalez.a o ascendencia portuguesa de nuestro Pereira, al par que ofende «a nuestros vecinos y por eso rechazaríamos) aquel lector de la NVM que en uno de los ejemplares de la B. N. de Madrid (R 23453) escribe al margen de uno de estos autoelogios (venia verbo): «noter audatia lusitani» (como si dijera, en dos posibles versiones: «adviértase la fanfarronería de/1 portugués»). {volver}

{10} Ildefonso Rodríguez y Fernández, Historia de la muy noble, muy leal y coronada villa de Medina del Campo (Madrid, 1903-5) p. 912. {volver}

{11} Ibídem. {volver}

{12} Antoniana Margarita, Dedicatoria al Cardenal Siliceo, fol. 4, Im. 20 s. donde se contrapone a quien fuera «equestris ordinis». Y una de las razones en que expresamente funda Pereira su confianza de que será bien acogido por el Cardenal es 1a de que, según le dice, «abs te quantumvis infimae sortis contemni neminem» (o.c., fol. 4 vto., lns. 22 s.). {volver}

{13} Cf. supra nota 9 y en especial el testimonio de Cristóbal de Galdo. Tampoco Pereira en momento alguno se tiene por cristiano «viejo», favorable condición que hubiera hecho valer más de una vez. {volver}

{14} «Cumque meus pater Antonius, et Margarita mater, dum viuerent, appellarentur, Antonionam Margaritam Commentaria nostra nominari, ut de creueram, exequutus sum» (AM, De ratione inscriptionis operis huius, fol. 5). {volver}

{15} Alonso Cortés, o.c., pp. 10 s. {volver}

{16} Según testimonio de Diego de Medina (Archivo de la Real Audiencia [98] y Chancillería de Valladolid, Escribanía de Tabeada, Olvidados, envoltorio 148: apud Alonso Cortés, o.c.. p. 16). {volver}

{17} Alonso Cortés, o.c., p. 4. {volver}

{18} V. Muñoz Delgado, La lógica nominalista en la Universidad de Salamanca (1510-1530) (Madrid, 1954), p. 68. {volver}

{19} V. Beltrán de Heredia, Accidentada y efímera aparición del nominalismo en Salamanca: Ciencia Tomista (1942) 68-101. {volver}

{20} V. Muñoz Delgado, o.c., p. 82. {volver}

{21} V. Muñoz Delgado, o.c., p. 83.–Cf. también V. Muñoz Delgado, Los «Pricipia Dialestices» de Alonso de Córdoba: La Ciudad de Dios 185 (1971) 44-46. {volver}

{22} V. Muñoz Delgado, La lógica nominalista en la Universidad de Salamanca (1510-1530) (Madrid, 1954) 83.–Fraile G., Historia de la Filosofía Española t. I (M-adrid, BAC, 1971) pp. 325. 353 da por supuesto, sin que nos muestre el fundamento que tiene para ello, que Alonso de Córdobaexplica lógica hasta 1524. {volver}

{23} V. Muñoz Delgado, o.c., p. 84 que recoge un interesante testimonio sobre el particular (Honcala, Comentaria in Genesim (Alcalá, 1555) fol. 3.). {volver}

{24} «me adolescente [sic], divino quodam dono te doctorem praeceptorem-que in physico negotio hubuisse» (AM, Dedicatoria al Cardenal Siliceo, fol. 4 vto., ln. 5 s.). {volver}

{25} V. Beltrán de Heredia, o.c., p. 86. {volver}

{26} En el ejemplar que conserva la B. Colombina de Sevilla hemos podido comprobar que el Tractatus de immorlalitate animae de Oria no ocupa más de 10 folios. La naturaleza y valor de esta obrita se deducen bien del siguiente [99] colofón: «Explicit feliciter tractatus per modum repetitionis de immortalitate animae per reverendum ac doctissimum magistrum johannem de Oria editus. Impresus Salmantice spensis studiosi viri Johannis de Porres. Anno domini milessimo quingentessimo decimo octavo die vero memsis Martii vicesima». {volver}

{27} Teófilo González Vila, o.c., passim y especialmente pp. 33 ss. {volver}

{28} Baste decir que respecto al conocimiento, uno de los temas en que más resueltamente independiente y 'original' se nos muestra Pereira, el maestro Oria sigue anclado en las tranquilas aguas de la tradición más común. {volver}

{29} Durante diversas pestes que asolan a Castilla por esos años actúa ya Pereira como médico, según él mismo nos hace saber en su NVM. {volver}

{30} Alonso Cortés, o.c., pp. 10 s. {volver}

{31} A su cuñado Luis Álvarez, de quien nos dice era «ingenuus vir», nos lo presenta Pereira como 'paciente' suyo en alguna ocasión (NVM 728 s.). Era éste «honbre hijodalgo y honbre rico e muy principal» según hace constar Pereira en el pleito promovido por Juan de Zuazo (Archivo de la R. Audiencia y Chancilleria de ValLadolid, escribanía de Taboada, Olvidados, envoltorio 102: apud Alonso Cortés o.c.. pp. 22.25). {volver}

{32} Alonso Cortés, o.c., p. 11. {volver}

{33} La piedad filial de Pereira no se muestra sólo en el título de su obra filosófica. En la misma AM vuelven a aparecer los nombres de sus padres en el lugar donde hace además un paréntesis para pedir al lector una oración en sufragio de sus almas (AM 217,33-218,1). Nos habla de un hermano y un sobrino [100] «qui per multos annos apud Indos vixerunt» como testigos de la creencia de aquella gente en la inmortalidad del alma (819,10 s.). A propósito de la «subjetividad» en los juicios estéticos se refiere a la diversidad de opiniones existentes sobre la mayor belleza de Isabel o Ana (su «mujer y cuñada respectivamente y sisn que se atreva –prudente– a dejar constancia de la suya propia) (AM 421,22-27). También por «su cuñado –otro detalle– salió «fiador» alguna vez (apud Alonso Cortés, o.c., p. 17). {volver}

{34} Apud Alonso Cortés, o.c., pp. 11 ss. donde se transcriben las acusaciones de «casamentero» hechas contra Pereira y la defensa de éste. {volver}

{35} Aquel en que le envuelven quienes por intereses económicos quieren privarle de la tutoría sobre dos menores huérfanas que le habían sido encomendadas. La historia tiene su sabor. Imposible recogerla aquí. Reconstrúyala quien se acerque a la documentación manejada por Alonso Cortés (o.c., pp. 11 ss.) {volver}

{36} Uno de los testigos presentados por Pereira en el «pleito de la tutoría» (cf. supra nota inmediatamente anterior) asegura que «es ávido a tenydo en la dicha villa entre los vecimos della por uno de los principales médicos que ay en ella». Y en el interrogatorio propuesto por el mismo Pereira: «el dicho licenciado pereira es muy buen médico y afamado, ansí en «La villa de medina del campo como en otras parte». Se queja también de que por causa de los desplazamientos a los que le obligan estos pleitos (a los que nosotros debemos tan interesantes noticias) «perdió e dexó de ganar en su oficio de medezina dos ducados en cada un dia» (Estos testimonios apud Alonso Cortés, o.c., pp. 16.22.23). Según refiere Pereira mismo, por no seguir sus consejos otro médico llevó a un joven a la muerte (NVM 566 ss.); mientras que de los quejados por ciertas fiebres puestos bajo su cuidado sólo uno murió y éste por viejo (NVM 607). Su permanente curiosidad científica no le abandona ni siquiera cuando él mismo está enfermo: asi, p. e., cuando puesto en camino para Madrid –donde se hallaban entonces el Emperador y su Hijo, nos hace saber para sugerir que había sido llamado como consultor– se vio afectado «insigne rigore» al hacer noche en Arévalo «distante unas seis leguas de Medina»: reflexionará también sobre su propio caso con clara intención científica (NVM 882). Buen colega, parece, nos habla de los desvelos que se tomó por la salud de un médico que se encontraba en Medina aunque no fuera de allí (NVM 574). [101] {volver}

{37} Nos referimos al Endecálogo contra Antoniana Margarita (Medina del Campo, 1556) al que más adelante dedicaremos algunas consideraciones. {volver}

{38} Cf. supra nota 36; y la inmediatamente seguiente donde recogemos el testimonio de su presencia junto al Principe Carlos. {volver}

{39} En esta dedicatoria de la NVM al Príncipe Carlos y según el fragmento cuya transcripción sigue se nos revela un Pereira «ingeniero», faceta de su actividad que revela la vastedad de sus intereses: «Cum nuper coram celsitudine tua, Serenissime Princeps, exemplo ostenderem, inventum illud nostrum, quo fluminum, et fontium aqua, ad quamtumvis distantia loca sine cuniculis, ac pontibus possit deduci, etsi media montosa, et multo origine fluminis, aut fontis altiora... Memoror causam ascensus aquae illius Celsitudine mutuam a me petiisse: tibique amplissimo Principi respondiesse. Dilucide ipsam tibi posse me ostendere putare, si edoctus (hactenus enim per aetatem non licuit) in physica facultate fuisses» (NVM, Dedicatoria al Príncipe Carlos, fol. 2 vto.). {volver}

{40} «dos ducados» según testimonio del mismo Pereira (Cf. supra nota 36). {volver}

{41} Tan buena en sus circunstancias, podrían decir los «precursoristas», como la que adquiriría Descartes en La Flèche. {volver}

{42} De los numerosos textos pereiranos que podrían traerse en prueba de esta actitud, presentamos como muestra algunos: «...de nominibus cura habenda non est, cum res intelligatur» (AM 8, 1-3); «Differentias... vocum... ego despicio... quod mihi cura sit, rem ipsam explicare» (Apol. I 8 vto., 24). En esta reacción contra una filosofía de gabinete, verbalista y libresca, podemos ver la [102] expresión de la impronta que deja en su espíritu los hábitos científicos engendrados por el cultivo de la medicina. No puede extrañarnos que abunden en la NVM las condenadas del verbalismo «(ego enim nomina contemmo)» (NVM (1749) 117 b, 44). {volver}

{43} Fundado precisamente en la documentación relativa a los numerosos pleitos en los que se ve Pereira envuelto (Alonso Cortés, o.c., passim). {volver}

{44} AM 632, 7-12; 633,8 s. {volver}

{45} Quien tiene en menos el estudio de las cuestiones lógicas demuestra ser «incius quod cum hace non nisi magno cum labore, et frequenti meditatione ab Lntelle-ctu concipiantur, agilis, acris, et illustris tam ad faciliora quam dificiliora callendum mens ipsa reddatur: non aliter eidem per illorum [se entienden los temas de lógica] cognitionem contingendo, quam corpori assuefacto cum ferreis compedibus salere, currere et ai¡bluare, quod sine relato impedimento recensita munia agilis evandens exercet promptissime» (NVM, Al lectorem fol. 3, lns. 38 ss.). [103] {volver}

{46} «...infoelici hac tempestate..., ubi relatae duae facultates [se refiere a la lógica y a la física] omnino contenmuntur (NVM, Ofrecimiento a «IESUS», In. 12). Para valorar este lamento conviene tener en cuenta que Pereira atribuye a la falta de preparación en estas disciplinas el que no se haya captado la fuerza de sus razones y se haya tergiversado su pensamiento (Ibídem). Esta decadencia de los estudios lógicos está relacionada con la humana inclinación a lo fácil (en aquel momento las amenas humanidades) «rari enim sunt, qui ardua et insulsa logices et speculativae physices callere possint»; y entre los jóvenes muy pocos hay que no prefieran «desidiosam «laboriosae [vitae, se entiende]: praesertim si persuasum habeant, labores infrigiferos, ac cassos esse» (Ibídem, lns. 29-31). {volver}

{47} AM 161,21; 411,19-22; 424,15; 425,18; 475,21; 248,3-8; 436,22 ss. {volver}

{48} Teófilo González Vila, o.c., pp. 24-27 sobre el «contexto metafísico» del pensamiento pereirano. {volver}

{49} «Mihi autem cui inditum a natura est, eventuum naturalium causas absque exacto examine nunquam investigare...» (NVM 852, erróneamente numerada 816); «quod eventuum naturalium inquisitio dulcissima, et honestissima sit, et quae... a mortalitate vindicare valeat» (NVM, Dedicatoria al Príncipe Carlos, fol. 2 vto., 14 ss.). Esta innata curiosidad científica le lleva a descubrir la falta de fundamentación de muchos «dogmas» consagrados por la tradición y engendra en él un agudo sentido crítico: «Cum enim nobis ab indole prima [104] insitum et nativum fuerit, nunquam dum per vacationem a domesticis negotiis licebat, non meditari nonnihil physicum aut medicum: inde multa ab utriusque professionis authoribus placita ut indubitata recepta, scrupulum ne minus vera essent intulerunt. Quae dum altius rimari, et examini submittere incepi... non futilem, nec cassam nostram suspicionem nostram fuisse comperi» (AM, Ad lectorem scopus authoris in conficiendo opere, fol. 5 vto., lns. 17-24). Sentimos no poder extendemos en el sabroso comentario que nos sugiere este valioso apunte de «autobiografía intelectual». Limitémonos a hacer notar cómo junto a la curiosidad científica se revelan aquí su capacidad de trabajo, su amor a la verdad y su independencia de juicio. {volver}

{50} Sin duda, de haber conocido estas ideas antierasmistas de Pereira, les hubiera dado cabida Bataillon en su estudio, clásico ya en el tema, sobre «Erasmo y España». Sólo dos veces meneciona Bataillon el «nombre de Pereira y esto en relación con la presunta influencia que sobre él ejercieran Durando y los nominalistas, en general. (M. Bataillon, Erasmo y España, trad. de A. Alatorre (México. 1950) p. 18). {volver}

{51} La desbordante personalidad de Pereira somete su Latín a violentas distorsiones unas veces y otras las cataratas de una dialéctica disparada sin control arrasa fácilmente a la sintaxis; sin que falten los momentos en que contagiada la palabra por el brío de un pensamiento lúcido, alcanza –justo es reconocerlo– una indudable elegancia. De hecho, Pereira piensa en castellamo. Si lo hubiera utilizado en sus obras, le hubiéramos visto descender con frecuencia al grafismo del lenguaje coloquial más vulgar. Pero el latín era aún la lengua científica, condición de la respetabilidad académica a la que Pereira aspira; y le facilita una terminología dificilmente sustituible en la polémica que sostiene con los de la Escuela. Y aunque ésto le valiera como dolorosa contrapartida la restricción del área de difusión de su pensamiento, cabe pensar que con el latín quisiera también poner sus doctrinas a resguardo del vulgo, de sus chanzas y [105] peligrosas simplificaciones (Cf. en relación con esta observación última, J.M. Guardia, o.c., p. 285). {volver}

{52} NVM, Al lectorem, passim. {volver}

{53} NVM, ibídem, ln. 22. {volver}

{54} NVM, ibídem. lns. 13 ss. {volver}

{55} NVM, ibidem, fol. 3 vto., lns. 3 ss. {volver}

{56} Este sería el resumen de la opinión de Pereira: «innumera bona ab eruditione Erasmi in orbem emanasse, dum tamen non negem tot, ac maiora mala... provenisse» (NVM ibídem, fol. 4,11 ss.). {volver}

{57} «Ad linguas enim addiscendum, sola memoria utimur, ad scientias ingenio» (NVM ibídem, fol. 3 vto., ln. 20). Si hubiera tiempo para todo, no tendría inconveniente –nos advierte– -en que los estudiantes procuraran hacerse «latinissiimos, ac Graecissimos», pero, tan corta la vida, hemos de dedicarnos preferentemente al estudio de la Física, la Teología y la Medicima (Ibídem, lns. 27 ss.). Quien, ignorando estos saberes «quae verae sunt scientiae» (NVM ibídem, fol. 3, ln. 7) se consagra exclusivamente a las lenguas se asemeja a quien, habiendo ido al extranjero en busca de diversas mercancías, se volviera sin ellas y satisfecho sólo con haberse dado a entender en el idioma extraño (NVM «ibídem, fol. 3 vto., lns. 21 ss.). Por lo demás, Pereira valora el conocimiento de las lenguas (Ibídem (lns. 50 ss.: «Id ego dumtaxat vitupero nimirum, opinari multos, hanc [la «peritia» en lenguas] tantum sufficere, ad theologiam, et medicinam, et iura exacto sciendum» (NVM ibídem, fol. 4, lns. 1 ss.) A fuer de universitario y fi-lósofo, tampoco se libra Pereira en este momento de caer en la permanente y fácil tentación de reformar el sistema educativo: «si ego tantus apud Christianos Principes forem, nemo in theologica et medica facultatibus laurea potiretur, quam qui per annorum duorum spatium summulis insudasset, et oer tot Physicae, Logioaeque per unum» (NVM ibídem, fol. 3 vto. lns. 42 ss.). Inmeditamente se nos muestra –opinión la suya de sorprendente actualidad– partidiario de lo que han venido en llamar selectividad: «Neque a laitinitate in has, et ab harum quavis in alias transitus concedendus esset –[claramente en contra de las «convalidaciones» fáciles]– nisi per doctissimos quosque huic negotio ab universitatibus selectos –[selectividad, pues, también del profesorado examinador]– permissus scholaribus fuisset» (NVM ibídem, lns. 45 ss.). [106] {volver}

{58} A quienes le hicieran notar que lógicos y físicos hay ajenos a las humanidades y al mismo tiempo incursos en herejía, les replica Pereira que son los menos. La lógica y la física son, por el contrario, en su opinión, el freno más eficaz contra la herejía. Hace cuarenta años –continúa– Lutero no se atrevía a enfrentarse con las Universidades de París y Lovaina justo porque allí se cultivaban con honor las artes y la física. Desgraciadamente hoy (escribe en 1558), aquella «immanis bestia» (a Lutero, según vemos, no le califica duramente: simplemente le insulta) incluso en aquellas universidades comprobaría «explosas esse» (NVM ibídem, lns. 34 ss.). En la hipótesis de un Pereira constantemente expuesto a las sospechas de herejía y criptojudaísmo, hemos de entender su despiadado ataque contra las humanidades erasmistas inspirado por el miedo que le lleva a extremar sus protestas de ortodoxia. No era difícil establecer relación entre luteranismo y erasmismo en aquel momento. Si la Inquisición no había lanzado condena formal alguna contra el pensamiento de Erasmo, tampoco tal condena hacía falta: cualquier erasmista español podía ser denunciado en cualquier momento como iluminado o luterano; y «seguro que más de un español experimentó esto en carne propia a partir de 1526» (Bataillon M., o.c., p. 432). {volver}

{59} J. M. Guardia, o.c., p. 620 subraya además que sólo una vez cita Pereira el Nuevo Testamento. En esto se equivoca el encendido defensor de un Pereira materialista, hereje y perseguido. Aparte la cita neotestamentaria que Guardia estima única (Rm 1,20 en AM 274, 2-5) encontramos otras Cf. AM 414, 30-35 («Confiteor tibi...» que surge espontáneo y sin referencia alguna, sin duda porque Pereira está «familiarizado» con el texto); 823,7-10 (donde encontramos entrecomillado el correspondiente a Mt. 16.17); 822,33 ss. donde somete a su comentario Ga 5,17. Todavía en Apol. Introducción fol. 6 vto., ln. 8 alude a la parábola de los talentos. Todas Las neotestamentarias dichas, al menos. {volver}

{60} Se encuentra Pereira entre aquellos «qui nocturnas horas lucubrationibus assueti sunt, consumere» (AM 132,10 ss.). [107] {volver}

{60bis} Según texto del interrogatorio propuesto por un adversario de Pereira (Apud Alonso Cortés (o.c., p. 12). {volver}

{61} «ut non hypocrisim simulem, ditescere, in summum honoris fastigium provehi, et nostras lucubrationes, ac nomen propagarse citra Dei Optim. Max. offensam cupio» (AM, Dedicatoria IESUS, fol. 2 vto. lns. 31 ss.). Tanto más vehemente se hace este deseo de gloria cuanto más fundado el temor de no llegar a alcanzarla después de las reacciones de hostilidad e indiferencia con que fuera acogida la AM.–Pereira no cede en su empeño y llega fácilmente a identificar su propio triunfo con el de la verdad: «veritatem a te ortam non passurum mendacii tenebris contegi... Addis enim haesitanti mihi tu rerum conditor nostris laboribus nescio quem gloriae stimulum» (NVM, dedicaitoria IESUS, fol. 2, lns. 26 ss.). Es, pues, Dios –¿lo cree así realmente Pereira?– quien pone en él este afán de gloria como estímulo para sostenerle en la arriesgada defensa de la verdad. La angustia de quien, anhelando tan apasionadamente la gloría, teme con fundamento que no serán muchos los voceros de su verdad y su nombre, explica la insistencia de Pereira en el valor de sus enseñanzas y las frecuentes expresiones autolaudatorias que de otro modo habríamos de considerar infantiles (Cf., entre otros lugares: AM 87,27 ss.; 106,17ss.; 113,21-36; 229,10 ss.; 236,28 ss.; 245,26... 246,3; 248,3-8; 456,31-457,5; 474,13-17; &c.; y con razón abundan los «autoelogios», por la naturaleza misma del escrito, en la Apol.: cf. es-pe-cilmente Apol I, 9-25; II, 11,15 ss.; III 13 vto., 16 ss.; IV 14,35 ss.; V 18,44 ss.). {volver}

{62} Antoniana Margarita, 802.25-32.–Evasiva la respuesta : «qui vere et christiane «sapit, gloriam et faman contemnit, nisi prout ex illis aliquid Deo complacens eliciatur» (AM 814,33-37). {volver}

{63} «Porro crediderim ego demonstrabile esse, animam nostram aeternam esse, rationibus adeo validis in physico negotio, ut quibus suadentur geométrica in mathematicis» (AM 610,28-611,4). ¿Cómo no han subrayado los «precursoristas» esta cartesiana pretensión de rigorizar el discurso filosófico sobre el molde geométrico? Esta «indissolubis ratio» (AM 610,23) «quos infideles non immerito nominamus, fideiles... redderet» (AM 610 22 ss.): intención apologético misionera digna del comentario que no podemos incluir aquí. También Descartes invocará una motivación apologética (AT VII 1 s.). {volver}

{64} De que se considera el primero en haber construido una pru">eba racional incontrovertible de la inmortalidad no hay muchas dudas: Cf., v. c., AM 611,5 «ss.; 613,37 s. y el encabezaimiento del De immortalitate (AM 609-610). [108] {volver}

{65} «vos omines conscios facere volo, nihil praeter veritatem impulsisse me, ut praesens opus conficerem» (AM, Ad lectorem scopus authoris in conficiendo opere, fol. 5 vto., ln. 15 s.). Es interesante cómo Pereira alude a su ya provecta edad como garantía de la sinceridad con que pone en el amor de la verdad la motivación más fuerte para la publicación de sus obras (Cf. AM, ibídem; y Apol, Ad Lectores Epistola, fol. 6,28 ss.). «Sum... adeo captus effraeno quodam amore docendae veritatis... ut de me vere dici illud Ovidianum valeat. Nec capiunt inclusas pectora flammas» (NVM, Al lectorem, fol. 3,9 ss.). ¿Por qué tan seguro de la verdad de sus doctrinas?: «Nam non ego ilico illis [se refiere a sus propias tesis] consensi, donec oppositum verum esse non posse, evidentissimis, et insolubilibus rationibus intellexi... et nullum parere inconveniens concepi» (Apol V,18,38 ss.). En las «dedicatorias» de la AM y NVM, así como en las cartas con que presenta éstas y las OMP-Apol al lector pueden encontrarse preciosos testimonios tanto de su amor a la verdad como de su afán de gloria. Para conocer a Pereira es imprescindible leerlas con detenimiento. {volver}

{66} Apol, Introducción, fol. 6, lns. 41 ss.; Apol II, 10,46-50. {volver}

{67} Frente a las acusaciones de Miguel de Palacios no tendrá reparo en atribuir la paternidad, p. e., de tesis tan fundamental en su sistema como la indistinción del alma respecto de sus actos y potencias, a Aristóteles y San Agustm. Recabará para sí tan sólo la gloria de ser quien de nuevo saca a luz estas otras verdades, las formula con más fuerza y claridad que cualquier otro, y valientemente las propala contra siglos de oscuridad que las habían tenido oprimidas (Apol. II, 10, 46-50). Tan ufano de sus «originalidaldes», renuncia fácilmente a ellas ante peligrosas resistencias para buscar el amparo de los grandes. [109] {volver}

{68} «Quid enim valeat ab aliquibus doctis nobis obici, quod et ab imperito vulgo etiam quadoque opponitur, credibile non esse, si vera essent quae nos docemus, ante, et in priori saeculo nota non esse: cum omni in tempore et nobis revelentur, quae prioribus incognita fuere?» Apol, Ad Lectores Epistola lns. 25 ss.). La existencia de las nuevas Indias y cierto «morbum, quem vocant Gallicum» son prueba de «verdades» antes desconocidas y que nadie rechazaría sólo por nuevas, nos hace notar a continuación del texto inmediatamente antes transcrito. {volver}

{69} «nequis putet nos pertinaci cervice perstituros in nonullo errore, si forte igniari eum dictaverimus, confitemur nos ipsos, et nostra scripta, subijci correctioni Summi Pontificis, ac ecclesiae Rhomanae» (AM 1-2). Aparte esta profesión general de sumisión al magisterio pontificio y eclesiástico en general que figura en el encabezamiento del texto de la AM, a lo largo de todos sus escritos son frecuentes parecidas fórmulas de acatamiento. (Cf. a este respecto, entre otros, los siguientes lugares: AM 201,-9; 222,30-34 especialmente significativos). En AM 831,8-32,23 y en Apol I 9 vto., 18-10,40, preocupado por la ortodoxia de su «mecanicismo», se nos muestra hábil exegeta en la tarea de concordar la sorprendente tesis con los pasajes de la Escritura que parecen serle adversos. Ahora bien: junto al temor reverenciai con que procede en estos momentos –y cuestión aparte de la sinceridad con que proceda–, queda siempre al mismo tiempo claro su empeño por mantener la más completa independencia de juicio «in naturalibus libere vagando» (Apol I, 10,38). No sólo ortodoxo sino en extremo piadoso se muestra Pereira; y buen conocedor de la fraseología «invocativa» (Véanse los «ofrecimientos» de la AM y NVM a IESUS). Acepta expresamente la eternidad del infierno (815-23-817,26) y la Inmaculada Concepción (AM. Dedicatoria IESUS, fol. 3 vto., ln. 5). La gracia supondría un robustecimiento de La inteligencia (663,13 sis.; 685,6 ss.); y los sacrificios antiguos no serían sino prenuncio del de Cristo (819,1-820,12). [110] {volver}

{70} M. Menéndez Pelayo, CE II, 283.350; J. M. Guardia, o.c., passim. {volver}

{71} J. M. Guardia, o.c., p. 290. {volver}

{72} J. M. Guardia, o.c., ibídem; también p. 288 s. La universidad a la que se refiere el texto guardista que sigue no podía menos de sentirse molesta con un Pereira: «Quiconque est familier avec les moerus des universités espagnoles a pu reconnaitre que la décadence de l'enseignement supérieur en Espagne a eu pour cause principale 1'omnipotente autorité de ces docteurs infaillibes et irréfragables qui parlaient du haut de leur chaire comme las prédicateurs, enseignant sans discuter, ne souffrant pas la contradiction, traitant leurs auditeurs comme des soldats» (Guardia J M., o.c., p. 284). No nos hacemos responsables de que el lector piense: también, pues, eran así las cosas en 1554, en 1889. {volver}

{73} J. M. Guardia, o.c., p. 277. {volver}

{74} Julio Caro Baroja, Los judíos en la España moderna y contemporánea Madrid, 1962) vol. II, p. 196. {volver}

{75} NVM 357, y en general «apud Hispanos usus eorum [balneorum] diu est, quod exolevit» (NVM 555). De ahí que Pereira no sepa por experiencia si son o no saludables en determmados casos, aunque deduce racionalmente que sí (probablemente) (NVM 811). [111] {volver}

{76} Martínez Siliceo había sido maestro de Pereira «in physico negotio» (cf. supra nota 21). Cardenal Arzobispo de Toledo al tiempo que Pereira se dispone a publicar su AM, bajo sus auspicios aparece ésta. (Aunque la dedicatoria «formal» esté hecha –con esto el Cárdenal no podía ofendense– a Jesucristo). A través de la fraseología laudatoria propia del género se deja traslucir la confianza de quien puede remitirle a una sincera amistad fraguada al calor de la relación maestro-discípulo en los ya lejanos años salmantinos. Busca Pereira un valedor no sólo ante las posibles sospechas de heterodoxia sino ante las reticencias académicas. Cuando hace constar Pereira que en Martínez Siliceo tuvo su Aristóteles, no lo hace sólo por ensalzar al Cardenal. Con esto quiere hacerle también fuente última y responsable de las doctrinas que ahora salen a luz. Hábil. Tan necesitado de amparo, no llega a mostrarse servil Pereira. Y para contrarias interpretaciones conste la osada confianza con que este «honestus vir» se considera dispensado de pedir larga vida para el ilustre personaje «por no contribuir a privarle por más tiempo de tan grande bien como es la gloria eterna» (AM, Dedicatoria a Siliceo, fol. 4 vto. 33 s.). {volver}

{77} A quien, como sabemos, ofrece la NVM (cf. supra notas 39,49). {volver}

{78} Antoniana Margarita, 47,6; 71,12; 778-29-23; 779,1-3.–NVM 129. 167. 195. 300. 425. 599. 823.–Bastaría por todos Apol V 18,41-44. {volver}

{79} Cf. supra nota 61 donde recogemos numerosos lugares en los que se encuentran expresiones «autolaudatorias». [112] {volver}


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Teófilo González Vila, Noticia bio-bibliográfica sobre Gómez Pereira (1977)

Gómez Pereira / Sobre Pereira
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