La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Antonio de Guevara 1480-1545

Reloj de Príncipes / Libro II

Capítulo XXVII
Que las amas que crían a los hijos de los príncipes y grandes señores, si fuesse possible, devrían ser mugeres sabias; y de cómo los romanos tenían en Roma escuela para deprender todas las lenguas; y de cómo un embaxador de Grecia dixo a otro embaxador de Roma que sabían más las mugeres de Grecia que no los capitanes de Roma; y de cómo sobre este caso disputaron xx mugeres de los romanos con otras xx mugeres de los griegos.


Los peregrinos que caminan por tierras ignotas y montañas estrañas con desseo de acertar y recelo de no errar no sólo se informan del camino por do han de yr, pero aun importunan que con el dedo se lo quieran mostrar; porque es cosa muy enojosa andar el camino con sospecha. Por esta comparación quiero dezir que, pues tanto he persuadido a que los padres enseñen a bien hablar a sus hijos, razón es que para esto les busque algunos buenos medios; porque no tiene auctoridad el consejo quando el que le da no da medio para executarlo. Mucho haze al caso ser el hombre de buen natural o ser de mal natural, tener el juyzio torpe o tener el juyzio vivo, y esto no sólo para lo que el hombre ha de hazer, mas aun para lo que ha de hablar; porque no es pequeño sino muy grande beneficio tener el hombre el juyzio claro. Esto no obstante, digo que no todos los agudos son eloqüentes, ni todos los eloqüentes son agudos; porque vemos a muchos hombres tener qué dezir y junto con esto no saberlo dezir, y por contrario vemos otros saber qué dezir y no tener qué dezir, por manera que naturaleza les dio juyzio alto y por pereza quedaron de estilo baxo. [508]

Muchas vezes me maravillo ver por una parte que el anima del niño quando nasce no es de menor excelencia que el ánima del viejo quando muere, y por otra parte el niño tiene tan tiernos los miembros con que el ánima haze sus operaciones, en que parecen tener poco de criaturas racionales; porque do el ánima no se muestra señora en muy poco está el hombre quedarse por bestia. Cosa es assaz de maravillar cómo los niños, quando passan ya de dos años, en qué manera alçan los pies para querer andar, arrímanse a las paredes para se tener, abren los ojos para querer conocer, forman unas bozes confusas como que quieren hablar; de manera que en aquella edad una criatura no es más que un árbol en la primavera; porque el árbol, passados dos meses del año, luego echa hojas; y el niño, passados dos años de infancia, luego forma palabras. Esto se dize a causa que a los padres que son cuerdos no se les haga tenprano en tan tierna edad comiencen a deprender a bien hablar sus hijos, ca en los árboles en este tiempo ponen los enxertos, y assimismo en este tiempo doman y imponen los cavallos; porque son tantos los peligros desta vida, que si fuesse possible antes que a un niño sus padres le viessen nacer, le avían de amonestar cómo en el mundo avía de vivir.

A mi parecer, assí como desde muy lexos se descamina el agua para hazer el salto al molino, assí desde muy pequeño se ha de encaminar el niño para que sea eloqüente y retórico; porque a la verdad el alto estilo del hablar o le deprende el hombre desde el vientre que nació o desde los pechos que mamó. No podemos negar que los niños, no teniendo edad más de dos o tres años, no sea muy temprano para darles ayos y maestros; porque en tal edad más faze al caso una ama que le alimpie, que no un maestro que le açote. Por una parte son los niños muy tiernos para deprender a bien hablar, y por otra es necessario que desde muy niños lo ayan de aprender. Sería yo en voto que las princesas y grandes señoras tomassen tales amas para sus hijos, que fuessen sanas para darles a mamar, fuessen prudentes para enseñarles a hablar; porque no se sufre en tan tierna edad sino la que le dio a mamar sus tetas le enseñe a dezir las primeras palabras. [509]

Según dize Sexto Cheronense, libro De diversitate linguarum, los hetruscos fueron los primeros que a la lengua natural de la tierra la llamaron lengua materna, que quiere dezir lengua de nuestra madre, y esto a fin que la deprendimos de la madre que nos parió o de la ama que nos crió. Y en este caso no tiene menos fuerça de madre la una que la otra; porque los niños, antes que conozcan a la madre que los parió llaman madre a la que los cría. Dize Plutharco, libro segundo De regimine principum, que una de las grandes grandezas que tuvieron los romanos en su policía fue que de todos los lenguajes y maneras que avían de hablar en toda la tierra tenían collegios, academias y escuelas en Roma, de manera que por bárbaro que fuesse uno que entrasse en Roma, luego hallava quien le entendiesse su lengua. Usavan los romanos desta cautela y curiosidad a fin que quando Roma embiava embaxadores a tierras estrañas, o de tierras estrañas venían a Roma, querían que los intérpretes o farautes fuessen de su nación propria y no de lengua o de nación estrangera. A la verdad tenían los romanos en esto razón; porque los negocios de gran importancia muy mal se negocian por lengua estrangera.

Muchos se maravillarán de leer o oýr esto que digo, conviene a saber: que las mugeres que crían a los fijos de los príncipes sean mugeres eloqüentes, y cierto el que desto se espanta ha visto poco y deve aver leýdo menos; porque no sé quál fue mayor: la gloria que tuvieron los antiguos por gozar de excellentes mugeres, o la infamia de los presentes en sufrir mugeres tan desonestas. No quiero negar que quando llegué a este passo estuvo en muy gran perplexidad mi espíritu, por ver en esta mi escriptura de qué mugeres escreviría primero mi pluma, conviene a saber: las innocencias y dissoluciones de las mugeres que he visto, o las proezas y virtudes de las mugeres que he leýdo. Finalmente, he acordado tratar del trigo limpio y provechoso, y dexar la paja podrida en el suelo; porque la lengua generosa ha de pregonar las bondades de las buenas para que todos las sepan, y por contrario las flaquezas de las malas hanse de sepultar aun para que no se presuman. Los hombres que son cuerdos y no locos, son generosos y no viles, son sabios y no necios; tratando con mugeres son [510] obligados a servirlas, a visitarlas, a consolarlas, a defenderlas y a esforçarlas, pero no tienen licencia por ninguna manera de infamarlas; porque el hombre que pone la lengua en muger flaca no es más que echar mano a la espada para matar una mosca.

Tornando al propósito, no deven las princesas y grandes señoras dexar de enseñar todo lo que pueden enseñar a sus hijas; y no se deven engañar diziendo que por ser mugeres para las sciencias son inábiles, ca no es regla general que todos los niños son de juyzio claro y todas las niñas son de entendimiento obscuro; porque si ellos y ellas deprendiessen a la par, yo creo que avría tantas mugeres sabias como ay hombres necios. Caso que de muchas y muy excellentes mugeres ayan gozado todos los de los siglos passados, ninguna nación las tuvo tales como fueron los griegos; porque si los romanos fueron gloriosos por las armas, los griegos fueron de inmortal memoria por las letras. No quiero negar que en la policía de Roma no se uviessen criado mugeres de mucha sciencia, sino que ésta era la diferencia de las unas a las otras: en que las mugeres grecianas fueron en la philosophía muy doctíssimas y las mugeres romanas en retórica y poesía fueron muy sabias, y de aquí vino que en Athenas se preciavan de saber muy bien enseñar y en Roma se jactavan de saber muy bien hablar.

Euphornio, libro iiii De gestis rodorum, dize que en el año del tercero consulado de Lelio Sila, acaso un embaxador de Roma y otro embaxador de Grecia uvieron malas palabras dentro en el Senado de los rodos, en que dixo el embaxador griego al embaxador romano: «Vosotros, los romanos, es verdad que soys venturosos en las armas, pero junto con esto soys muy inábiles en las sciencias; porque a la verdad más saben las mugeres de Grecia que no los hombres de Roma.» Fueron estas palabras tan sentidas en el Senado de Roma de que se supo la nueva, que aýna se levantara entre Roma y Grecia tan gran guerra sobre esta palabra como se levantó entre Carthago y Roma sobre la possessión de Sicilia. Y no se maraville desto ninguno, que al fin más guerras vemos levantarse por vengar palabras injuriosas que no por cobrar haziendas perdidas. [511] Estando, pues, para romper los griegos y los romanos, atravessáronse de por medio los rodos, y concertáronlos desta manera, en que assí como aquella injuria se avía de vengar con armas, la vengassen las mugeres en disputas, y a la verdad los romanos fueron bien aconsejados; porque mayor afrenta era a los griegos ser vencidos de las lenguas de las mugeres, que no con las lanças de los hombres. Fue, pues, el caso que sobre concierto juntáronse en el Senado de Rodas xx mugeres romanas y otras xx mugeres grecianas, y todas éstas mugeres doctíssimas, las quales leyeron en sus cáthedras cada sendas leciones, y después disputaron unas con otras de muchas y diversas cosas. Finalmente diferenciáronse en que las grecianas dixeron cosas muy altas por estilo no muy subido, y las romanas dixeron cosas no muy profundas por estilo muy excellente. No nos devemos desto maravillar que aconteciesse en aquellas excellentes mugeres, pues acontece cada día en los hombres; porque profunda sciencia y alta eloqüencia pocas vezes concurren en una persona. Quedaron muy satisfechos los griegos en oýr a las romanas, y lo mismo quedaron los romanos de lo que oyeron a las mugeres griegas. Y sobre este caso sentenciaron los rodos desta manera: en que todas las veynte mugeres fuessen laureadas como vencedoras, y que las grecianas quedassen por graves en las sentencias y las romanas por muy eloqüentes en las palabras.

Según dize el sobredicho Euphornio, passada esta disputa fueron aquellas mugeres las unas a Roma y las otras a Grecia, do fueron recebidas no con menor triunfo y gloria que si uvieran vencido una batalla. El Senado de los rodos por memoria de aquellas xx mugeres en el mismo lugar do fue la disputa puso xx muy poderosas colunas, y allí el nombre de cada una de las mugeres. Y fue éste un tan sumptuoso edificio, que no avía en Rodas otro tal después de su gran Coliseo, y duraron estas colunas hasta el tiempo de Helio Gávalo Emperador, el qual fue tan malo que inventava vicios nuevos y destruýa los edificios antiguos. Los escritores que en este caso escrivieron aún ponen otra cosa en que las unas mugeres fueron diferentes de las otras, conviene a saber: que las mugeres griegas fueron más fermosas que no las romanas, [512] pero las romanas eran más ataviadas y conpuestas que no las griegas. Dizen assimismo que las mugeres grecianas fueron más esforçadas que no las romanas, pero las romanas fueron muy más honestas que no las grecianas; y, si esto es assí, yo aconsejo a las princesas y altas señoras que tengan más embidia a la honestidad de las matronas de Roma que no al esfuerço de las mugeres de Grecia; porque la muger no nació para pelear y matar hombres en la guerra, sino para hilar y amassar y vivir bien en su casa. [513]


{Antonio de Guevara (1480-1545), Relox de Príncipes (1529). Versión de Emilio Blanco publicada por la Biblioteca Castro de la Fundación José Antonio de Castro: Obras Completas de Fray Antonio de Guevara, tomo II, páginas 1-943, Madrid 1994, ISBN 84-7506-415-9.}

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Antonio de Guevara
La versión del Libro áureo de Marco Aurelio, preparada por Emilio Blanco, ha sido publicada en papel en 1994 por la Biblioteca Castro, y se utiliza con autorización expresa de su editor y propietario, la Fundación José Antonio de Castro (Alcalá 109 / 28009 Madrid / Tel 914 310 043 / Fax 914 358 362).
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