La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Antonio de Guevara 1480-1545

Reloj de Príncipes / Libro II

Capítulo VIII
De los daños y provechos que se siguen de andar a visitar o de estarse en sus casas las princesas y grandes señoras.


Lucrecia, la muy nombrada en conformidad de todos los romanos, fue declarada por más excellente romana que todas las matronas romanas, y esto no porque era más fermosa, ni porque era más sabia, ni porque era más emparentada, ni porque era más generosa, sino porque era más retraýda; porque ella era tal que en las virtudes heroycas no avía más que pedir y en las flaquezas mugeriles no avía en ella que emendar. Muy vulgar es en Tito Livio la historia de la casta Lucrecia, que, quando vinieron los maridos de muchas romanas de la guerra, hallaron a sus mugeres, a unas puestas a las ventanas mirando, a otras a las puertas hablando, a otras por los campos passeando, a otras por los huertos comiendo, a otras en las plaças comprando, a otras por las calles visitando; pero a la virtuosa Lucrecia halláronla en su casa encerrada y labrando, por manera que, fuyendo de ser conocida, se hizo más conocida y famosa.

Otro consejo quiero dar a las princesas y grandes señoras, el qual si es a mí voluntario de darle, es a ellas muy necessario tomarle, conviene a saber: que, si quieren ser tenidas por matronas honestas, se guarden de compañías sospechosas; porque las cosas inmundas y suzias aunque no dañen el gusto porque no se comen, a lo menos con el hedor ofenden al odorato de sólo que se traten. Es tan mirada, es tan delicada la honra de las mugeres, que si no les damos licencia para que salgan de sus casas a visitar, menos se la daremos para que [388] sean visitadas; porque visitarse las señoras unas a otras aun parece piedad, pero visitar los hombres a las mugeres es gran desonestidad. En presencia de sus maridos o de sus parientes propincos pueden las mugeres ser comunicadas y visitadas, y esto se entiende de personas aprovadas y honestas; pero diría yo que, no estando el marido en casa, sería sacrilegio que algún varón osasse passar el umbral de la puerta. En el libro De las alabanças de las mugeres dize Plutarcho que las mugeres de los numidanos siempre tenían cerradas las casas quando estavan fuera sus maridos, y que tenían por inviolable ley que todo hombre que llamasse a puerta cerrada le cortassen la mano derecha. Cicerón, en el libro De legibus, dize que era ley muy usada entre los romanos que, si por caso algún romano tuviesse alguna deuda, que estando el tal fuera de su casa, no pudiesse el acreedor yr a su muger a pedirla; porque so color de cobrar la hazienda no recibiesse algún detrimento en su honra. Diría, pues, yo que si al acreedor no dava licencia Roma para cobrar su hazienda por no estar de su marido acompañada, menos te la daría a ti para que visitasses a una muger sola; porque más razón sería que entrasse el acreedor a cobrar lo suyo proprio que no que entrasses tú por solo tu passatiempo.

El divino Platón, en los libros de su República, con razones muy persuasibles persuade a las mugeres de Grecia a que no tengan por sí particulares amicicias, sino que se tenga cada una por dicho que no ha de tener otro distincto amigo más del que tiene su marido; porque las mugeres no han de tener licencia de tomar amigos ni han de tener condición para cobrar enemigos. Deven considerar las princesas y grandes señoras que cada una dellas dio a su marido el cuerpo, le dio la hazienda, le dio la libertad. Pues si esto es assí, diría yo que junto con la libertad le devría dar la voluntad; porque muy poco aprovecha que el marido y la muger tengan de por medio la hazienda y por otra parte se tenga cada uno su voluntad propria. Para que Dios sea servido y el pueblo edificado, en una casa deven morar, en una mesa comer, en una cama dormir y junto con esto deven una cosa amar; porque si el marido y la muger son en el amar diferentes jamás serán en el [389] vivir conformes. Amonesto, ruego y aconsejo a todas las mugeres que quieren ser bien casadas tengan por bien de querer todo lo que sus maridos quieren, loen lo que ellos loaren, aprueven lo que ellos aprovaren, conténtense con lo que ellos se contentaren y, sobre todo, no amen más de lo que ellos amaren; porque de otra manera ya podría ser que la muger enplee los ojos en otro, el marido empeñe el coraçón a otra. Plutharco, en el libro de su Política, dize que la muger después de casada ninguna cosa tiene propria, ca la persona, la hazienda y libertad y voluntad el día que contraxo el matrimonio de sí y de todo lo suyo fizo único señor a su marido, de manera que si la muger se atreve a querer otra cosa de la que el marido quiere y quiere amar otra cosa de la que ama, a la tal no la llamaremos curiosa enamorada, sino pública ladrona; porque no hazen daño a los maridos tanto los ladrones en hurtarles los dineros quanto les hazen las mugeres en agenar dellos los coraçones. Si quiere la muger vivir en paz con su marido, deve mucho advertir a lo que él es inclinado, en que si es alegre, ella se regozije; si es triste, ella se mesure; si es avaro, ella guarde; si es pródigo, ella gaste; si es impaciente, ella dissimule; si es sospechoso, ella se guarde; porque la muger que tiene prudencia y cordura, si no puede lo que quiere, deve querer lo que puede. Ora sean los maridos mal inclinados, ora sean bien acondicionados, dende agora juro que les pese en que tengan sus mugeres algunos particulares amigos; porque por muy de baxa ley que sea un hombre todavía quiere que su muger a él sólo, y no a todos juntos quantos ay en el pueblo ame.

Una cosa no puedo dissimular, a causa que veo Dios Nuestro Señor en ella se ofender, y es que muchas señoras se escusan por enfermedad de yr siquiera una vez a missa en la semana, y después vémoslas sanas y buenas para visitar a sus amigas cada día, y (lo que es peor de todo) que no quieren yr a la mañana con la fría a la iglesia y después con el calor ándanse a visitar de casa en casa. Querría yo que las señoras pensassen entre sí antes que saliessen de sus casas a visitar qué es su fin de aquella visitación hazer. Y, si por caso salen a ver y a que sean vistas, ténganse por dicho que serán pocos [390] los que las loarán de hermosas y serán muchos los que murmurarán en verlas callegeras. Ya que se juntan en una casa muchas señoras, es verdad que son cosas graves las que se tratan entre ellas. Dígolo porque se juntan o a comer frutas, o a loar los linajes, o a hablar de los maridos, o a trocar labrados, o a cotejar las ropas, o a notar las mal vestidas, o a tachar las fermosas, o a reýrse de las feas, o a murmurar de las vezinas y (lo que más de notar es) las mismas que dizen mal de las que están en ausencia, aquellas mismas se muerden unas a otras de embidia. Pocas vezes se visitan algunas señoras las quales, después de apartadas, no tengan que murmurar con sus maridos las unas de las otras, en que ésta nota a la otra de mal vestida, la otra nota a ésta de deslenguada, a la una notan de loca, a la otra acusan de simple, por manera que no parece que se juntaron para visitarse, sino para mirarse y acusarse. Muy estraño ha de ser a la muger cuerda pensar que puede tomar plazer fuera de su casa; porque en su casa tiene a su marido con quien hablar, tiene a sus hijos a quien enseñar, tiene a sus hijas que doctrinar, tiene a su familia con quien conversar, tiene a su hazienda que governar, tiene a su casa que guardar, tiene a sus parientes con quien cumplir. Pues si dentro de su casa tienen tantos passatiempos, ¿para qué admiten visitaciones de hombres estraños? De tener las mugeres casadas particulares amicicias, y folgar de visitar y ser visitadas, suele dello suceder en que Dios sea ofendido, el marido injuriado, el pueblo escandalizado y aun la muger casada saca dello poco provecho y la que es por casar saca no buen casamiento; porque en tal caso, si la piden muchos por la hazienda, la desechan muchos más por la mala fama. [391]


{Antonio de Guevara (1480-1545), Relox de Príncipes (1529). Versión de Emilio Blanco publicada por la Biblioteca Castro de la Fundación José Antonio de Castro: Obras Completas de Fray Antonio de Guevara, tomo II, páginas 1-943, Madrid 1994, ISBN 84-7506-415-9.}

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Edición digital de las obras de
Antonio de Guevara
La versión del Libro áureo de Marco Aurelio, preparada por Emilio Blanco, ha sido publicada en papel en 1994 por la Biblioteca Castro, y se utiliza con autorización expresa de su editor y propietario, la Fundación José Antonio de Castro (Alcalá 109 / 28009 Madrid / Tel 914 310 043 / Fax 914 358 362).
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