La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Antonio de Guevara 1480-1545

Aviso de privados y doctrina de cortesanos

Capítulo XI
En el cual vuelve el Autor el estilo, y habla con los Privados avisándoles que en los trabajos sean sufridos y en la República sean parciales.


Muy sobre aviso debe vivir el Cortesano (especialmente [162] un poco generoso, o Privado) en sufrir injurias, y en no decir a nadie palabras injuriosas; porque los oficiales de los Príncipes con ninguna cosa pueden asegurar sus oficios, como es con hacer bien a unos, y sufrir injurias de otros. Acontece que un negociante con verse gastado, y despechado, se arroja a decir palabras feas, y a formar muy graves quejas de los Oficiales del Rey: en tal caso no debe el Cortesano responderle con ira, ni menos hablarle con saña, porque un hombre que presume de honra, más afrantado va de las palabras feas que le dijeron, que no de las mercedes que le negaron. Los que acerca de los Príncipes son muy aceptos, conviéneles sobre todas las cosas ser muy sufridos; porque todo lo que los negociantes no pueden alcanzar, no echan la culpa al Príncipe que lo niega, sino al Privado que no lo procura. El trabajo de las Cortes de los Príncipes es, que aunque esté uno pacífico le inquietan, aunque esté desapasionado le apasionan, diciéndole, que fulano ha puesto en él la lengua, y que fulano ha hablado mal en su fama, las cuales cosas debe el buen Cortesano oír con paciencia, y disimularlas con cordura; porque al hombre cuerdo no le han de dar pena las palabras feas que le dicen, sino las obras malas que le hacen. No se engañe el que es Cortesano, y Privado, con pensar que en tornar por unos, y hacer mercedes a otros que con esto ha de atapar las lenguas que de él no murmure, y los corazones a que no le aborrezcan; porque ninguno lleva tanto contento con lo que le dan a él, como es el descontento que tiene por lo que os queda a vos. En las casas de los Príncipes todos querrían valer, y privar, y mandar, y prevalecer, y como son muchos los que desean, y muy pocos los que lo alcanzan, cosa es muy cierta, que estando no más de uno en la privanza, que ha de reinar en todos la envidia. Cuanto más fueren ricos, y valerosos, y poderosos los que son a los Príncipes aceptos, tanto han de vivir más recatados, y temerosos de los casos fortuitos, pues todos les tienen envidia de lo que pueden, y les desean tomar lo que tienen. En este caso, no fiéis en mercedes, que hayáis hecho, ni en amistades que hayáis trabado; porque ni quiero sacar deudos, ni amigos, ni vecinos, ni cuñados, ni aun hermanos, sino que os tengáis señor por dicho, que todos los que igualmente con vos fueren Privados, han de ser vuestros cordiales enemigos. Sobre pundonor, de mandar Pompeyo, se levantó contra su suegro Julio César, y Absalón contra su padre David, y Rómulo contra su [163] hermano Remo, y Alejandro contra su amo el Rey Darío, y Marco Antonio contra su amigo César Augusto; por manera, que la rabiosa ira, cuando se enciende sobre cosa de mandar, ni se apacigua con el dar, ni menos con el rogar. Podréis, señor, ser libre de hambre, de frío, sed, calor, guerra, pobreza, y pestilencia, y aun de todos los trabajos, excepto de las lenguas de los envidiosos; porque tan anexa es la envidia a la privanza, como la sed a la calentura. En este caso ahorrará el Cortesano muchos enojos, sino quiere dar orejas a hombres parleros, y para atajar todo esto es saludable premio, que conozca en vuestra cara, y aun en vuestra respuesta, que tomáis más enojo de veníroslo a decir ellos, que no de haberlo murmurado los otros. Por cosa que hayan dicho de vuestra persona, nunca os desasoseguéis, ni en palabras malas prorrumpáis; porque después que se os quitare el enojo, más pena os darán las palabras malas que dijistes, que no aquel a quien las dijistes. Divina más que humana virtud es, refrenar la lengua en el tiempo que está el corazón con ira; porque después muchas veces acontece, que lloramos en el reposo lo que hubimos dicho con enojo. Si de palabras que dicen, y de cosas que inventan, ha de hacer el Cortesano cuenta, será para que siempre viva una vida muy penada; porque las Cortes de los Príncipes, no están llenas sino de lenguas malignas, y de entrañas dañadas. Pues no es en manos de hombres represar los corazones a que no aborrezcan, ni tampoco atajarles las lenguas a que no hablen: sería yo de parecer, que todo el mal que dijeren de nosotros, lo tomemos por parlería, y que no le imputemos a injuria. Decía Séneca (y por cierto bien) que no hay igual venganza de la palabra injuriosa, como es hacer burla de ella. Más es de mujeres, que no de hombres, querer vengar palabras con palabras; pues el corazón generoso, y el rostro vergonzoso, no las manos en la lengua, sino la lanza en las manos ha de tener. ¡Oh cuántos hemos visto en las Cortes de los Príncipes, y aun fuera de ellas, los cuales no por más, de por vengar una palabra en que iba muy poco, quisieron poner en condición a sí, y a todo su estado, y al fin de la jornada no vengaron lo que querían, y perdieron lo que tenían! Sea pues, la conclusión, que en las casas de los Príncipes, los que quisieren algo privar, y también los que ya privan, si les pareciere, y quisieren en la privanza prevalecer, no curen de hacer cuenta de palabras que les digan, ni de injurias que les hagan, porque los Privados tienen necesidad de sufrirlas, y no licencia de vengarlas. Hasta hoy nunca vi a un hombre que la paciencia le dañase, y he visto a infinitos que por ser [164] impacientes se perdiesen. Es también de saber, que donde quiera que hay congregación de gentes, siempre hay entre ellas diversidad, y aun contrariedad de voluntades; por manera, que acontece en una República, y aun en una casa, que son todos en sangre deudos, y en las parcialidades son enemigos. Cosa es por cierto digna de espantar, ver a padres con hijos, tíos con sobrinos, nietos con abuelos, yernos con suegros, y aun hermanos con hermanos, hechos entre sí tan crueles enemigos, como si los unos fuesen Giles, y los otros Negretes: y esto no por más, de por tener en más la opinión que tomaron, que la sangre que heredaron. Vemos a muchos mancebos Cortesanos que son generosos, los cuales heredaron de sus pasados limpia sangre, porque son honrados, buena hacienda con que son sustentados, generosa parentela de que son acatados, muchos amigos, y criados de que son servidos, y gran reputación para sus casas, por la cual son temidos; y todo esto no obstante, siguen la parcialidad que aborrecieron sus pasados, y aun aborrecen la que seguirían sus padres si fuesen vivos. Más resabio tiene de liviandad, que no de voluntad, dejar ninguno de socorrer a los suyos por favorecer a los extraños; porque no hay tan gran perdición para las casas generosas, como es tomar de nuevo parcialidades peregrinas. El Caballero que sigue, no la parcialidad de su valía, sino la opinión que a él se le antoja, en muy breves días verá consumirse su hacienda, e írsele a lo hondo la reputación de su casa. El fin de decir esto es, para avisar a los oficiales de la casa Real, se guarden de favorecer, y mucho más de sustentar bandos, y parcialidades en la República; porque los Privados de los Príncipes, más aina se pierden por las opiniones que sustentan, que no por las mercedes que piden. Los criados,y oficiales de la Casa Real, ni porque sean de los Príncipes Privados, no se sigue que en favorecer a unos, y desfavorecer a otros, han de ser señores absolutos; porque los Príncipes si huelgan de darles de su hacienda, no huelgan de que tengan parcialidades en la República. Suelen los que son únicos y únicamente favorecidos, hacer algunos no bien sonantes excesos, con pensar que la sobra de la privanza, hará poner descuido en la culpa, lo cual no deberían ellos por cierto pensar, y mucho menos hacer; porque de tal calidad pueden ser los delitos que cometieron, que puedan los Príncipes darles de lo que tienen; mas no defenderles lo que hacen. Bien veo que en las opiniones de los Cortesanos, que dado caso que el Privado [165] haga todo su poder, es imposible que los traiga todos a su querer: y en tal caso diría yo, que a los que no pudiere atraer a que sean sus amigos, guárdese de darles ocasión que sean sus enemigos. No hay medio, ni razón, ni favor, ni diligencia, para que un Privado se pueda librar de la envidia, mas junto con esto osaríale yo aconsejar, que de tal manera se hubiese en la República, que si tuviesen a la privanza envidia, a lo menos no tuviesen de lo que hace queja, forzosamente han de tener queja el Cortesano que en sus debates, y pendencias ve, que los familiares de los Príncipes entran de por medio no por despartidores, sino por competidores, lo cual saben los tristes bien sentir, aunque no lo osan decir, porque tienen en menos sufrir la persecución del enemigo, que no estar mal con el Privado. Los Privados de los Príncipes no piensan que hacen poco en la República, en favorecer a unos, y desfavorecer a otros, porque los hombres de honra, y de vergüenza, más querrían ver a sí mismos perseguir, que no ver a los Privados a sus enemigos favorecer. No se deben confiar los oficiales, y familiares de los Príncipes, en pensar, que el favor que dan a uno contra otro, es muy secreto, y que no puede ser descubierto: porque no hay cosa tan pública en la República como es lo que hacen los Privados en ella. Los que están agraviados para se quejar, y los que son Privados para se favorecer, ni come, ni duerme, ni bebe, ni juega, ni huelga, ni negocia, ni aun palabra le oyen al Privado decir, que a la hora no la hayan con otros a parlar.

Si bandos, o disensiones se levantaren en el Reino, guárdese el Privado de meter la mano en ellas, y si la metiere sea para apaciguar, y no para más escandalizar: porque si así no lo hace, cuando no catare, los verá a todos entre sí amigos, y contra él declarados enemigos. Los Privados de los Príncipes de tal manera se han de haber con los que tienen entre sí bandos, y competencias, que tengan por bien los unos, y los otros de elegirlos por despartidores, y no que los acusen de competidores. El día que el Privado tomare bandos en la República, o quisiere más arrimarse a una parcialidad que a otra, aquel día pone en peligro su persona, en condición su hacienda, y en aventura su privanza. Abástales, y aun sóbrales a los regalados, y favorecidos de los Príncipes, los enemigos que tienen por lo que valen, sin que cobren otros de nuevo por lo que hacen. Los Privados que no quisieren ser en la República aficionados, ni apasionados, ténganse por dicho que serán de todos temidos, y [166] servidos. Y si lo contrario de esto quisieren hacer, ténganse por dicho que los enemigos los han de perseguir, porque los persiguieron, y los amigos también se han de quejar de ellos, por lo poco que les favorecieron. No se engañe el Privado en pensar que para competir con todo un Reino, abasta tener al Rey por amigo; porque no es menos, sino que un amigo mucho vale, mas también es de mirar que muchos enemigos mucho pueden, y por eso sería yo de parecer que el hombre cuerdo si tuviere a uno por amigo, se guarde de tener a ninguno por enemigo.


{Antonio de Guevara (1480-1545), Aviso de privados y doctrina de cortesanos (1539). El texto sigue la edición de Madrid 1673 (por la Viuda de Melchor Alegre), páginas 85-238.}

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