La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Antonio de Guevara 1480-1545

Oratorio de religiosos y ejercicio de virtuosos

Capítulo XLVIII
De cómo es cosa en el religioso escandalosa, tener en su poder alguna cosa de su prelado abscondida, o en su celda sobrada.


Omnia arbitratus sum ut stercora: ut Christum lucrifacerem, dice el apóstol escribiendo a los Filipenses en el capítulo tercero, y es como si dijera: Todas las cosas de este mundo menosprecié como un poco de estiércol hediondo, por servir y ganar a Cristo. En mucho debía tener el apóstol a Cristo, pues por su amor solo menospreciaba todas las cosas del mundo: porque nadie suele dar muchas cosas por una, si aquella sola una no vale más que todas ellas juntas. Oh palabra digna de notar, y a la memoria de encomendar, tener en tan poco los bienes temporales: que no dice el apóstol que los dejó, sino que los menospreció: ni dice tampoco que guardó para sí de ellos, sino que de hecho los menospreció todos juntos: teniendo en más un labrador el estiércol del establo, que tenía a él todos los tesoros del mundo.

San Anselmo sobre estas palabras dice: Como nadie eche a los muladares, sino las cosas que son inútiles para servir, o que están podridas para oler: argumento infalible es, no haber cosa en el mundo, que no hieda de podrida: o que no sea dañosa para el ánima. Dime yo te ruego, ¿qué otra cosa es el mundo, y cuánto hay en el mundo, sino un muladar antiguo y viejo? ¿No sabes hermano mío que los manjares que comemos, las ropas que vestimos, las casas en que moramos, y las riquezas que tenemos: que después de envejecidas y podridas, paran todas en los muladares? ¿Qué cosa puede ser en el mundo mejor dicha, que decir el apóstol, que menospreciaba todas las cosas del mundo, como un poco de estiércol: pues todas ellas al fin paran en ser estiércol? Si el divino Paulo otra cosa más vil que no el estiércol hallara, a ella y no a ésta el mundo comparará: porque por vil que sea el estiércol aprovecha para engrasar la tierra: mas la plata y el oro del mundo, son los que pierden la república. [XCIVr] Lo de suso es de Anselmo.

No vaca de alto misterio, decir a grandes voces el apóstol, que para seguir y servir a Cristo, le fue necesario echar al muladar todas las cosas del mundo: porque en la vía de perfección aquellos llamaremos mejor librados, que fueron allí más perdidosos. Oh azar dichoso, oh daño feliz, oh pérdida bienaventurada, cuando por ganar el ánima perdemos toda nuestra hacienda: que a la verdad no es pérdida sino ganancia, no es ponzoña sino triaca, no es robo sino hallazgo, ni aun es desgracia sino gracia. Oh alto misterio, oh inaudito secreto, en que para comprar el mundo hemos menester riquezas, y para comprar el cielo hemos de menospreciarlas: de manera, que las cosas transitorias se compran a precio, y las del cielo a menosprecio. Oh buen Jesús, oh amores de mi alma, ¿quién pudiera llamarse tuyo, y quién tuviera para comprarte el cielo, si como nos mandas echar al muladar todas las cosas, nos pidieras por tu reino oro de las Indias? Séneca dice: No te fatigues por lo que no tienes, ni te acodicies de lo que ves: pues ningún príncipe de esta vida puede todas las cosas juntas alcanzar, y por otra parte las puede el más pobre del mundo menospreciar: y en tal caso sería yo de parecer, que antes las menospreciásemos con los pobres, que no que las buscásemos con los ricos. En muy estrecha religión estaba, y de este voto y parecer era el apóstol cuando decía. Habentes alimenta et quibus tegamur, his contenti sumus. I. Thi. VI. cap. Como si más claro dijera: Los que moramos en el monasterio de Cristo, y los que hicimos profesión del santo evangelio estamos muy contentos, y aun recontentos con solamente tener qué comer, y algunos viejos trapos con que nos vestir. Oh trono de sabiduría, oh vaso de escogimiento, si se mirasen los azotes que te dieron los gentiles, y los trabajos en que te pusieron los hebreos, habíante de buena razón las gentes de servir, y los serafines de acompañar: mas tú como eres apóstol santo, y religioso bendito, no pides más de un mendrugo de pan para matar la hambre, y alguna ropilla rota para cubrir el cuerpo. Contentándose el apóstol con mendrugos, y con trapos rotos, ¿cuál es el monje desalmado que osa pedir en el monasterio hábitos nuevos, y manjares delicados? ¿Debe en este caso el siervo del señor también notar, que no dice el apóstol, habentes vestimenta quibus operiamur, sed quibus tegamur: es a saber, que no pide que se vestir, sino solamente con qué se cubrir: porque para vestirse uno ha menester mucha ropa, mas para cubrirse abasta una capa vieja.

De esta tan alta doctrina se puede colegir, que el religioso que tiene dobladas cogullas, doblados escapularios, dobladas túnicas, y doblados hábitos: lo ha de tener con mucha necesidad, y con poca curiosidad: porque el verdadero religioso, tan gran vergüenza ha de haber de lo que en el monasterio le sobra, como la había en el mundo de lo que allá le faltaba. Ya que Dios nos llama al estado monacal, razón es de tener las cosas del mundo en poco, y contentarnos con poco, que pues el santo apóstol no osa tener con qué se vestir, sino sólo con qué se cubrir: muy ageno ha de ser del siervo del señor el comprar y vender, el dar y tomar, y el prestar y mohatrar: porque cualquiera de estas cosas sabe a liviandad, y aun huele a propiedad. Si a los que compraban y vendían echó Cristo del templo, ¿no será también justo que al monje baratón y mohatrón: ya que el prelado no le eche del monasterio, le vaya a lo menos siempre a la mano? [XCIVv] Casiano en las colaciones de los padres dice: Pues el señor nos alumbró a dejar a los padres que nos engendraron, y a los parientes que nos criaron, y a las riquezas que poseíamos, y a los amigos que teníamos, tengamos aviso a que no nos preciemos de curiosos, ni nos noten de propietarios: porque las cosas de la religión, son tan delicadas y peligrosas: que a las veces no merecemos tanto por las riquezas que en el mundo dejamos, cuanto perdemos por los apetitos que en la orden tenemos. San Bernardo escribiendo a Guillermo monje dice: Decir Cristo si quieres ser perfecto, vende lo que tienes y sígueme: es decirnos y avisarnos, que ninguna cosa debemos los monjes guardar en las entrañas, ni aun osar esconder en las celdas: porque todo lo que el monje tiene de su prelado escondido, haga cuenta que lo tiene hurtado. Si quieres pues hermano Guillermo en la religión aprovechar, y toda tu vida en el monasterio permanecer, guárdate de la ociosidad, y evita la curiosidad: porque el oficio del demonio es, cargar al corazón ocioso de pensamientos, y al monje curioso henchirse la celda de apetitos. Guárdate Guillermo guárdate y no hinchas la celda de niñerías, ni ocupes las arcas con bujerías: porque hasta hoy no vi monje en mi orden notado de curioso, que no parase después en propietario. Si tú monje te precias de imitar a Cristo, ¿cómo osas tú procurar celda ancha: padeciendo Cristo en cruz estrecha? ¿Cómo osas tú enriquecer y cerrar las ventanas con vidrieras: teniendo Cristo por ti rasgadas las entrañas, y abiertas tantas llagas? ¿Cómo quieres tú solar la celda de azulejos, no pisando Cristo en la cruz sino sobre clavos? ¿Con qué vergüenza tienes tú hecha una botica de golosinas tu celda, no teniendo Cristo en la cruz aun un jarro de agua? ¿Con qué consciencia tienes tú en las arcas las ropas apolilladas estando Cristo en la cruz con las espaldas desnudas? ¿Cómo eres tú importuno al prelado para salir cada día del monasterio, no queriendo Cristo descender de la cruz aun rogándoselo? Créeme y no dudes Guillermo, que para ser monje de San Benito, has de seguir desnudo al desnudo, pobre al pobre, hambriento al hambriento, crucificado al crucificado, y aun solo al solo: porque si de otra manera presumes en la orden vivir, bien puedes tornarte al mundo: porque acá no sufrimos tales bestias en el monasterio.

Fur erat et loculos habebat, dice San Juan del malvado de Judas en el XII capítulo, y es como si dijera: Las limosnas que enviaban las buenas personas a Cristo, tenía cargo Judas de recogerlas, y de entre los pobres repartirlas: mas él era tal y tan malo, que tenía una bolsa pública de que gastaba, y tenía unos bolsicos secretos en que echaba lo que hurtaba. No vaca de alto misterio, en que habiendo el triste de Judas dejado el mundo, andando descalzo siguiendo a Cristo, y aun comiendo de hambre las espigas por el campo, le llamaba el Evangelio ladrón corsario: y esto no porque salteaba caminos, sino porque tenía para hurtar bolsicos: y no se contentaba con lo que se contentaban los otros sus compañeros. Este tan terrible ejemplo, y este tan desastrado caso, deberían tener los siervos del señor escrito en sus corazones, y sellado en sus entrañas: pues no es otra cosa el monje con apetitos, sino Judas con bolsicos. El mundo consiente tener a sus mundanos cosas superfluas, mas al verdadero religioso, no se le permiten aun las necesarias: y por eso dijo San Bernardo, que todo lo que tenía el monje superfluo, [XCVr] lo tenía como robado. A este propósito se dice en el libro de la vida solitaria: La diferencia que hay del monje propietario al monje curioso es, que el curioso tiene lo que tiene manifiesto, mas el propietario trabaja de lo tener todo escondido: de manera, que a mejor librar, el uno peca en la vanagloria, y el otro cae en la avaricia. Con Judas tiene por cierto bolsicos, no sólo el que lo que tiene lo tiene escondido, mas aun el que si se lo piden no lo quiere prestar a su hermano: porque allende que en la religión han de ser todas las cosas comunes, ténganse por dicho, que el día que osaren los religiosos decir, esto es mío, y esto es tuyo, aquel día se va su religión a lo hondo. Pues no tienes licencia de ser tuyo desde la hora que hiciste profesión en las manos de tu prelado: ¿con qué consciencia o con qué vergüenza osas tú decir que esto es tuyo, o esto es mío? Bolsicos tiene con Judas el monje, que so color de comprar algún vestuario, o con color de remediar algún sobrino, granjea de allegar dinero, o hurta de lo que le fían del monasterio: porque por más que su intención sea buena, y la obra sea virtuosa: a la hora que lo hace sin licencia, lo hace con mala consciencia. El siervo del señor que deja todo lo que tenía en el mundo, y que se quiere ensuciar en cosas de poco precio, ha de pensar que es más tentación que no recreación: porque es tan sutil el demonio, que como a su despesar dejamos lo que con buena consciencia podíamos en el mundo tener, hácenos procurar lo que en la religión no habíamos aun de tocar. En las vidas de los padres dijo el abad Serapio.

Nadie debe hacer cuenta si lo que tiene en el yermo es cosa vil, o es cosa preciosa: porque en la vida monacal, no está el daño en lo mucho, o en lo poco que tenemos, sino en el amor, o desamor, con que lo poseemos. No podía ser cosa más vil para comer, ni de menos valor para gustar, que eran los pepinos, y cogombros, que los hijos de Israel comían en Egipto: y no por más de porque por ellos suspiraban, y los pedían en el desierto, fueron de la escritura sacra condenados, y de la justicia de Dios castigados. Por este castigo puede ver el siervo del señor, cuán estrecha es su religión, y a cuánto se obliga su profesión: pues en el mundo podía comer gallinas y capones, y acá en la religión, no puede aun suspirar por pepinos y melones. Melius est dies una in atriis tuis super milia, decía el santo rey David en el salmo LXXXIII. Y es como si dijera: Eres tú tan agradecido a los que te aman, y eres tan dadivoso a los que te sirven, oh gran Dios y señor de Israel: que vale más un sólo día de tu casa, que cuantos días de placer hay en esta vida. A este propósito dice también San Bernardo: Vident curces nostras: et non unctiones nostras, y es como si dijera: Los que no saben qué cosa es religión, ni tienen parte de devoción, como no gustan de lo que gustamos, tienen gran compasión de lo que padecemos: porque al religioso que ha comenzado a gustar de Dios más trabajo le es un día del siglo, que diez años del monasterio. Los que en la vida monástica se quejan de las tentaciones que sufren, y del encerramiento que tienen, si mereciesen ellos alcanzar los bienes que hay en la religión, y los gustos que se hallan en la perfección, no llorarían los trabajos que allí pasan: sino las consolaciones que de Dios pierden. En las vidas de los padres dijo un viejo: Allá en el mundo más son las cosas que dañan que no las que espantan, mas acá en el yermo más son las que nos espantan, que no las que nos dañan: porque si el monje comienza y se aveza a ser virtuoso, en ninguna otra cosa podrá tomar gusto.

El bendito Jesús antes que entrase en el monte calvario, de puro temor sudó, y agonizó: mas después que supo a qué sabía la cruz, aunque le otorgaban a los enemigos [XCVv] la vida, no quiso descender ni apartarse de ella. El santo profeta Elías cuando iba huyendo de la maldita de Jezabel, y hambriento por aquellas montañas, con sólo un poco de pan ceniciento, y un poco de agua del arroyo que le dio el ángel, caminó sin descansar cuarenta días, y olvidó todas las angustias pasadas. Oh cuánto va a comer de la mano de Dios, o a comer de la mano de la criatura: pues vemos que el buen Elías con un sólo regojo de pan ceniciento, no sólo se hartó, mas aun se recreó: de lo cual podemos inferir, que al siervo del señor le vale más la ceniza de Dios, que no la harina del mundo. Daniel profeta más gordo y hermoso se paró, comiendo manjares ásperos y desabridos, que no sus compañeros teniéndolos en cebo como capones: de lo cual podemos colegir que los varones santos y perfectos, más caudal han de hacer de la gracia de Dios que tienen, que no de los buenos o malos manjares que comen. Así como el grano de trigo que cayó entre las espinas se perdió y se ahogó, así se ahogará y perderá el monje que en la religión osare ser propietario, y quisiere ser regalado: porque debajo del hábito de religioso, ninguna cosa se sufre querer, ni mucho menos tener. San Buenaventura en su doctrina dice: El siervo del señor que tiene puestos los ojos, y empleado su corazón, más en se salvar, que no en se regalar: no sólo se abstiene de las cosas ilícitas y dañosas, mas aun de las lícitas y provechosas. En la parábola de Cristo dice, que no quisieron ir a las bodas de los que habían comprado una hacienda, y los que habían plantado una viña: en lo cual nos quiso Cristo dar a entender, que aunque son muchos los que llama Dios a ser religiosos: son muy pocos y aun muy poquitos los que llegan a ser perfectos. Seiscientas mil almas sacó Dios del cautiverio de Egipto, y las puso en salvo en el desierto: de los cuales todos sólo Josué y Calef, merecieron pasar el famoso río Jordán, y entrar en la tierra de promisión. Mediante esta figura se nos da a entender hermanos míos, que no abasta sacarnos Dios del mundo, tomar el hábito religioso, traer sobre la cabeza cogulla, y hacer voto de guardar la regla: si de todo corazón no aborrecemos a Egipto, y si no nos contentamos con lo poco, o mucho que hay en el monasterio. ¿Qué mayor ingratitud podía ser, que olvidasen los israelitas las aguas dulces de Marat, el mana que les llovió del cielo, las codornices que les vinieron por el aire, y la nube que les hacía sombra, y se acordasen de las ollas que en Egipto comían, y de los cogombros que allá merendaban, y de las muchas cebollas que allá tenían? Bien podré yo decir que hace del cielo cebolla, el monje que no se halla con tan santa compañía, ni se puede hallar ni asosegar en su celda: lo cual todo le previene, de andar como huesped en el monasterio, y suspirar por lo que dejó allá en el mundo.

En el libro de la vida solitaria dice así: El monje que habiendo hambre dice lo que en el mundo comía, y que habiendo frío suspira por lo que allá se vestía, y que estando pobre cuenta lo que allá tenía, y que estando solo blasona de lo que allá podía: no sólo vivirá el tal aburrido, mas aun será a todos en el monasterio penoso. San Basilio en su regla dice a este propósito: Sed ciertos hermanos que también se acuerda el señor de los que están en el yermo, como de los que están en el mundo: mas junto con esto habéis de saber, que si queréis que os harte habéis de estar hambrientos, si queréis que os vista habéis de estar desnudos, si queréis que os visite habéis de estar solos, y si queréis que os consuele habéis de estar desconsolados: porque es tan delicada la consolación divina, que no se compadece con otra que sea humana. [XCVIr]


{Antonio de Guevara (1480-1545), Oratorio de religiosos y ejercicio de virtuosos (1542). El texto sigue la edición de Valladolid 1545, por Juan de Villaquirán, 8 hojas + 110 folios.}

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