La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Antonio de Guevara 1480-1545

Oratorio de religiosos y ejercicio de virtuosos

Capítulo XXXVIII
Que el siervo del señor no puede ser virtuoso ni devoto, si primero no deja de ser malo. Es capítulo muy notable.


Quis volens turrim edificare: prius sedens non computat sumptus necessarios ad preficiendam? Palabras son estas de nuestro redentor en el Capítulo XIV de San Lucas, que quiere tanto decir: ¿Cuál es el hombre que [LXXVIr] quiere edificar una torre muy alta, o una fortaleza muy superba, que primero no tantea su hacienda, y hace cuenta con su bolsa: para ver si podrá en perfección acabarla, y salir con tan gran empresa? El fin que tuvo Cristo en decir estas palabras fue, a que en todas las cosas que quisiéremos hacer, miremos primero mucho qué fin o salida les podemos dar: porque en los hechos inconsiderados, piérdese el trabajo, y aventúrase el crédito. El fin del que da batalla es vencer el campo, y el fin del que navega es llegar a buen puerto, y el fin del que comienza algún negocio ha de ser por algún virtuoso respecto: porque todos los negocios que van a malos fines enderezados, aunque se empiecen bien, paran en el fin siempre mal. Mucho es aquí de notar, que no dice Cristo, que solamente pensó, sino que se asentó despacio a pensar, el que quería la torre hacer, si la podría acabar, o no: en lo cual se nos da a entender, que en las cosas que tocan a la consciencia, y aun a la honra, las miremos y examinemos antes que pongamos en ellas las manos: porque el peligro de los negocios no está en no se osar comenzar, sino en que no se poder acabar.

En loar aquí Cristo al hombre que hace cuenta consigo mismo de lo que puede y de lo que tiene, antes que haga lo que quiere, es a contrario sensu reprehender y condenar, al que hace lo que quiere sin que primero mire lo que puede: y de aquí es, que muchos hombres cabezudos emprenden algunos negocios sin tomar primero consejo, y después para salir dellos, han menester consejo y aun remedio. Hase aquí también de notar, la diferencia que hay del edificio espiritual al temporal: porque para edificar yo mi casa, es me necesario allegar riquezas: y para edificar en mi ánima es me necesario derramarlas: de manera, que las cosas mundanas crecen allegándose, mas las espirituales no crecen sino repartiéndose. Dispersit, dedit pauperibus: iustitia eius manet in seculum seculi, decía el santo rey David, hablando del hombre virtuoso y limosnero, y es como si dijera: Por eso permanecerá su justicia en los siglos de los siglos: porque repartió su hacienda entre pobres y mendigos. El que da algo en el mundo, quédase sin ello, mas el dar al mendigo, es darlo a logro: porque es de tan alto mérito la limosna, que aprovecha más al que la da, que no al que la recibe. No vaca de misterio, que no puso Cristo la comparación en pared, o en cámara, o en imprenta, que son cosas bajas y están cabe la tierra, sino en la torre y homenaje que es cosa muy alta: en lo cual nos dio a entender, que la ciencia y prudencia que Dios nos dio, no la empleemos en cosas rateras del mundo, sino en cosas altas que nos lleven al cielo. Si al glorioso augustino creemos, no es otra cosa la torre alta, de que Cristo aquí habla, sino la alteza de la oración, y la grandeza de la contemplación: mediante la cual virtud dejamos de ser humanos, y nos subimos sobre los coros angélicos.

En el XXI capítulo de San Mateo, el padre de las compañas plantó viña de que cogiese uva, e hizo lagar en que hiciese vendimia: y fabricó torre en que guardase su fruta. Muy bien acierta San Crisóstomo en decir, que la viña es la Iglesia que creemos, y el lagar es la consciencia que tenemos, y la torre es la oración en que nos ejercitamos: tras cuyas almenas nos defendemos de las acechanzas del demonio, y en cuyo [LXXVIv] homenaje depositamos todo nuestro tesoro. Toda la bienaventuranza, y todo el buen fin del siervo del señor consiste, en la mucha limpieza del corazón, y en la gran constancia de la oración: porque la oración que es la torre por donde subimos al cielo, no se labra con piedras muertas, sino con lágrimas vivas. Nadie puede labrar en este tan alto edificio, sino procurare de tener mansedumbre en las costumbres, paciencia en los trabajos, templanza en la lengua, modestia en la vida, castigo en el cuerpo, y caridad con el prójimo: porque de tal manera están entre sí todas las virtudes hermanadas, que no se pueden poseer unas sin otras. De esta preeminencia y privilegio gozan solamente los hombres buenos, que no se extiende a los que son malos: porque para ser uno vicioso con solo un vicio lo puede ser, mas para ser virtuoso todas las virtudes ha menester. Si vis ad vitam ingredi, serva mandata, dijo nuestro señor Jesucristo a un mancebo, y es como si le dijera: Para que seas buen cristiano, y te precies de ser verdadero discípulo, no abasta que guardes un mandamiento sólo, si con él no guardas los otros del decálogo: porque es de tanta perfección la vida evangélica, que no se compadece con ella ninguna culpa o mácula. En otra parte del Evangelio dijo Cristo: qui in uno offenderit, factus est omnium reus, y es como si dijese: El cristiano que quebrantare un sólo mandamiento, haga cuenta que no ha guardado ninguno: porque abasta la transgresión de sólo uno, para ser de nuestro señor castigado: y entre los hombres infamado.

He aquí pues probado por estas dos razones de Cristo, cuán gran daño nos hace un solo vicio, y cuán poco nos aprovecha una sola virtud: porque el demonio nuestro adversario conténtase con tener en nuestra ánima una sola entrada: mas el bendito Jesús no se contenta sino con toda ella. También es necesario y aun muy necesario para que esta torre espiritual suba y crezca, algunas cosas viejas de nuestras ánimas desarraigar, y otras en su lugar injerir y sembrar: porque de otra manera sería comenzar el edificio por el tejado, y no hacer caso del cimiento. Aquél comienza el edificio por el tejado, que habiendo sido muchos años vicioso, quiere en breves días ser varón perfecto y contemplativo: lo cual no puede ser, ni en la vida espiritual se puede sufrir: porque así como en el mundo cuesta mucho todo lo que vale mucho, así en las cosas espirituales nadie puede subir a la cumbre de la perfección, si del todo no muda su condición. Así como el cirujano para que salga la carne nueva, corta primero la que está podrida, y también el hortelano para que crezcan las nuevas plantas, entresaca de ellas primero las ortigas: por semejante manera el que quiere ser varón perfecto debe ante todas las cosas desarraigarse y despojarse de las afecciones y pasiones que tenía en el mundo: porque hombre apasionado, o en extremo afeccionado, no puede ser contemplativo. El corazón en que reina afección, o le enseñorea pasión, ya que el tal se ponga a pensar, o contemplar, no pensará ni contemplará, sino en cómo podrá holgarse con lo que ama, o cómo podrá vengar alguna injuria: y para decirte la verdad, más querría verte trabajando en hacer ladrillos, que en semejantes liviandades emplear tus pensamientos.

Perdam nomen babylonis: et reliquias eius: et germen et progeniem eius: et faciam eam paludes aquarum, [LXXVIIr] dijo Dios nuestro señor por el profeta Isaías en el capítulo octavo, y es como si dijera: Días vendrán en que yo haré que no haya nombre de Babilonia, ni tenga nadie memoria de ella: porque destruiré sus reliquias, arrancaré sus raíces, asolaré su parentela, y haré de ella una laguna de agua. En las divinas letras este nombre de Babilonia, siempre es mal afamado, y en mala parte tomado: a cuya causa se significa por él, todo hombre desalmado, y todo corazón obstinado: al cual ruega el señor que se quiera convertir, y que donde no, sepa que le ha de castigar. Aquél retiene en sí el nombre de Babilonia, que no quiere enmendarse de la vida pasada, y que en todas las cosas hace y sigue su voluntad propia: y de este tal dice el señor por el mismo profeta: Curamos a Babilonia, y no consintió ser curada, dejémosla ya como cosa perdida. Oh de cuántos se podrá hoy decir esta palabra, y contra cuántos se podrá dar esta sentencia: los cuales tan sin asco y tan sin vergüenza osan pecar, como osan comer y dormir. Vecino es de Babilonia, y en Babilonia tiene su casa y morada, el indómito soberbio, el enconado envidioso, el impaciente iracundo, y el insaciable avaro: los cuales tienen ya tan raída la vergüenza, y hechos tantos callos en la consciencia, que ni sienten el crédito que con los hombres tienen perdido, ni temen el infierno que con todos los demonios les está aparejado. Oh buen Jesús, oh amores de mi ánima, y cuán bienaventurado yo sería, si destruyeses en mí el infame nombre de Babilonia: pues he venido a tal estado, que habiendo jurado de ser tuyo, ni soy tuyo, ni aun soy mío: sino que como de un muy perpetuo esclavo, se sirve de mí el mundo.

Hasta que yo vea quitada de mí toda la soberbia, desarraigada la envidia, apaciguada la ira, despegada la avaricia, y mitigada toda la lujuria, no pensaré que está destruido en mí el maldito nombre de Babilonia: porque todo el tiempo que fuere vez no de pueblo tan malo y descomulgado, andaré señor extraño de ti, y enajenado de mí. No me puedo yo de Babilonia desavecindar, si primero no me voy a la mano en el pecar: porque cuántas veces cometo contra Dios alguna culpa, tantas veces me hago vecino de Babilonia, y el privilegio de que más allí gozo es, hacer todo lo que quiero, y no nada de lo que debo. También jura el señor de destruir en Babilonia todas cuantas reliquias en ella hallare: es a saber, las costumbres malas, los gestos seglares, los ejercicios inútiles, las palabras livianas, y las conversaciones mundanas: las cuales cosas todas son reliquias que trajimos de Babilonia, y muy contrarias a la vida monástica. Reliquias tiene de Babilonia, el monje que en el hablar es malicioso, en el reír incauto, en el mirar liviano, en el comer voraz, en el vestir curioso, y en la conversación muy importuno. Reliquias trae consigo de Babilonia el que es impaciente en los trabajos, inobediente a los prelados, orgulloso con los hermanos, remiso en los trabajos, y amigo de livianos, y aun lo peor de todo, que es muy flaco en las tentaciones, y muy tibio en las oraciones. Reliquias tiene de Babilonia, el monje que no asosiega en el monasterio, el que anda siempre ocioso, el que es enemigo del oficio divino, el que se da al mundo, el que no reza lo que es santo y honesto, y el que en la lección y oración no está ocupado. Reliquias tiene de Babilonia el [LXXXVIIv] que no tiene caridad con los enfermos, no tiene paz con sus hermanos, tiene todos los vestidos doblados, tiene para sí particulares dineros, no piensa sino en sus regalos, y no se ocupa sino en murmurar de sus prójimos. Reliquias tiene de Babilonia, el monje que quiere estar exento, quiere vivir regalado, quiere ser sobrellevado, quiere a todos ser preferido, y que por ningún delito, sufre aun ser reprehendido. Reliquias tiene de Babilonia, el monje que no es medido en sus palabras, no es humilde en sus costumbres, no es sobrio en sus manjares, no es paciente en lo que hace, no es casto en lo que dice, ni es constante en lo que promete: no teniendo en sí otra cosa de la vida monástica, sino es el traer hábito y cogulla.

Estas son pues hermanos míos las reliquias malditas de Babilonia, que manda el señor que destruyamos, y que de nuestros corazones desarraiguemos: porque de otra manera, ni aprovecharemos en la religión, ni aun hallaremos el camino de perfección. No está por ventura escrito, que a los hijos de Israel, no les fue dado a comer el mana del cielo, hasta que del todo se les acabó la harina de Egipto: Al profeta Daniel que estaba echado a los leones ¿envióle por ventura de comer el señor dende samaria, sino después que se le acabó el pan de Babilonia? Por ventura a la viuda que vivía en Sarita de Sidonia, ¿fue el profeta a proveer a ella y a su familia, sino después que no había gota de aceite en su aceitera, ni polvo de harina en su casa? A los cinco mil hombres que hartó el señor en el desierto con cinco panes y cinco peces, ¿no dice el mismo señor, que por eso se lo daba: porque no tenían ya bocado de pan que comer, ni aun de dónde lo haber? Desecha pues hermano mío todas las reliquias que sacaste de Babilonia, y toda la harina de conversación mundana: porque es tan delicada la consolación divina, que no se compadece con otra consolación ninguna. Dime yo te ruego, ¿qué es la causa porque muchas veces aunque rezas tus horas, lees en tus libros, obedeces a tus prelados, guardas tus ayunos, y tienes paz con tus prójimos: y con todos estos tan santos ejercicios vives siempre desconsolado, y no te parece que cabes en todo el monasterio? A esto te respondo hermano mío y digo, que como raigón de muela dañada, debes tener en el corazón alguna reliquia de Babilonia: es a saber, que aborreces el hábito que tomaste, o te pesa por lo que en el mundo dejaste: y si esto es así, créeme y no dudes, que hasta que del todo desarraigues de ti todo este deseo, siempre vivirás en la orden desconsolado, y tú mismo de ti mismo vivirás aburrido. En el libro de la vida solitaria están escritas estas palabras: Para que el siervo del señor suba a la alteza de la contemplación, y acierte el camino de la perfección, conviene desechar de sí no sólo el vano deseo, mas todo el liviano pensamiento, de las cosas que dejó en el mundo: porque no es posible menos, sino que alguna vez ha el corazón de desear, aquello en que se huelga él de pensar. El abad Juan Climaco dice: Cuando yo era novicio en el yermo de Tebaida, me aconsejaba el muy santo abad Macario, que si quería ser devoto, y sustentarme en el monasterio, desarraigase de mí todas las burlas y risas, y juegos, y todos los juveniles pasatiempos que los mozos solemos tomar, y en ellos mucho tiempo expender: porque las cosas que tocan al alma, no se sufren tratarse de burla. [LXXVIIIr] San Bernardo en el libro de consideración dice: El que quiere ser contemplativo, ante todas cosas le conviene desarraigarse de las cosas del siglo: pues murmurar y contemplar, gravedad y liviandad, envidia y caridad, largueza y avaricia, pasión y devoción, son entre sí tan contrarias e incompatibles, que si fuere en mano de uno por algún tiempo fingirlas, no podrá a lo menos mucho tiempo conservarlas. San Anselmo en sus meditaciones dice: Como no sea otra cosa la contemplación divina, sino un heroico enajenamiento del ánima, necesario le es enajenarse de sí, el monje que quiere subir sobre sí: porque cuanto más el siervo del señor se extraña de lo que es, se halla subido a lo que no es. Palabras son éstas muy delicadas, y que de solos los perfectos serán entendidas: porque yo y otros tibios como yo, cosas tan altas como éstas, sabémoslas blasonar, mas no las merecemos gustar.


{Antonio de Guevara (1480-1545), Oratorio de religiosos y ejercicio de virtuosos (1542). El texto sigue la edición de Valladolid 1545, por Juan de Villaquirán, 8 hojas + 110 folios.}

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