La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Antonio de Guevara 1480-1545

Oratorio de religiosos y ejercicio de virtuosos

Capítulo XXXI
Que el religioso no debe ser en su comer y vestir extremado, sino seguir la vida común del convento.


Quare jejunavimus et non aspexisti, humiliabimus alias nostras et nescisti? Quem in die jejunii utri invenitur voluntas vostra: decía Dios por Isaías, en el capítulo XLVIII y es como si dijese: Dinos buen Dios de Israel, ¿qué es la causa: porque siendo tú tan piadoso, y que te precias de ser clementísimo, ves que ayunamos muchos días y no nos lo agradeces: y afligimos nuestras aias y haces que no lo entiendes? A esta querella le respondió el señor: Por eso yo no quiero premiar vuestros ayunos, ni me son aceptas vuestras penitencias: porque las hacéis como queréis, y no como debéis, teniendo más respeto a lo que vuestra voluntad os inclina, que no a lo que mi ley os obliga. Mucho es de notar, y gran caudal es de hacer, de la querella que los hombres proponen, y de la respuesta que Dios les da: por la cual se nos da a entender, cuán injustamente de Dios nos quejamos, y cuán nada es lo que merecemos: pues ninguna obra destas es meritoria, si a Dios nuestro señor no les es acepta. De por sí y a solas cosa es a Dios muy grata, ofrecerle el cuerpo quebrantado, y el corazón humillado: qrcor contritum et humiliatum deus non despicies: mas como los hebreos se lo presentaban con fingida santidad, y no con verdadera humildad: no sólo no se lo quiso Dios aceptar, mas aun dice que de sus ojos no lo quiere ver.

Osar decir Dios que no vio cuando ayunaban, y que no supo cuando se humillaban, parece palabra sospechosa, y sentencia escrupulosa: siendo verdad que a él no se le esconde cosa alguna: lo cual se ha de entender en seso llano, y en entendimiento sano: esto es que en las divinas letras entonces se dice que Dios no sabe ni ve alguna obra [LXIv] cuando a él no es acepta, ni de su bondad aprobada. Pues obra tan santa como es el ayunar, y virtud tan heroica como es la humildad, no quiere Dios tomársela a los hebreos en cuenta, y aun por manera de escarnio dice, que aún no ha venido tal cosa a su noticia: muy a la clara se nos da a entender, que no mira Dios tanto lo que hacemos, como la intención y voluntad con que lo hacemos. Como los hebreos ayunan a los ayunos que querían, y no los que debían: y ayunaban no cuando la ley se lo manda, sino cuando a ellos se les antojaba: y más y allende desto si ayunaban, no era tanto por hacer abstinencia, cuanto porque los tuviesen por hombres de santa vida: no sólo no nos muestra el señor ser de tal ayuno servido, mas aun se queja estar dellos ofendido. Viniendo pues al propósito, oh cuantos monjes y aun monjas serán con esta respuesta respondidos: es a saber, in die jejunii uti invenit voluntas vra: a los cuales no tomará el señor en cuenta las abstinencias que hicieron, ni las disciplinas que se dieron, y esto no por que la obra que hacían no era en sí santa, sino porque la hacían por jactancia y vanagloria. De aquellos religiosos se puede con verdad decir, in die jejunii uti invenitur voluntas uta, que huelgan más de la voluntad suya propia, que en el día del ayuno cumplen, que no del fruto que de allíl esperan: y lo que es peor de todo, que el fin de sus abstinencias es, no tanto por hacer abstinencia de sus pecados, cuanto por cobrar renombre de muy virtuosos.

Decir Dios a los hebreos, in die ieiunii vestri invenitur voluntas vestra: es avisarnos y desengañarnos, que no hay al señor ayuno tan acepto, como dejarse el monje al querer de su prelado: porque no está la perfección del religioso en la abstinencia que hace, sino en la obediencia que tiene. En el Génesis dijo Dios a Noé en saliendo del arca: Ecce dedi vobis omnem escam ad vescendum: es a saber, yo os doy licencia para que podáis comer de todos los manjares que son de comer: lo cual siendo así verdad como es verdad, dime yo te ruego ¿no será por ventura muy mayor abstinencia, el no hacer lo que quieres hacer, que no dejar de comer lo que puedes comer? El abstenerse de los manjares es cosa fácil, mas el irte a la mano a los apetitos es cosa difícil: y de aquí es, que vale más tener el corazón hambriento y el cuerpo harto, que no tener el corazón harto, y el cuerpo hambriento: porque no eres tú tan apetitoso de manjares, como lo es el señor de sus voluntades.

Que se abstenga el monje de los manjares, y trate ásperamente sus carnes, y que se dé algunas recias disciplinas, y que haga algunas particulares abstinencias, no sólo no lo condenamos y reprobamos, sino que lo aprobamos y loamos: con tal condición que no haya en ello alguna mezcla de vanagloria, ni se atreva a hacerlo sin licencia: porque el siervo del señor mucho más merece en la licencia que pide, que no en la abstinencia que hace.

Por más áspera que sea la penitencia que quisieres hacer, y por más secreta que sea la abstinencia que quisieres emprender, da parte a tu prelado, o al monje que está en su lugar puesto: porque no hay en el mundo triaca que así desemponzoñe el veneno de la vanagloria, como hacer todo lo que hicieres por el mérito de la obediencia. Singularis servus depastus est vineam tuam domine, decía David.

El animal que anda solo y que es indómito, aquel señor es el que ha asolado tu viña: y el que en agraz ha comido la uva della. Mucho es aquí de ponderar, que no dice el profeta, que una cabaña de vacas, ni un atajo de carneros, ni una piara de puercos, ni una manada de cabras, asolaron las viñas, sino que sólo un animal fue [LXIIr] el que rompió el seto, e hizo todo el daño: en lo cual se nos da a entender, que en la Iglesia sagrada, y en la religión consagrada, de nadie nos hemos tanto de guardar, como del que en su vivir hace extremidades, y en su doctrina inventa novedades. Cuando los ganados andan juntos en una dehesa, y comen juntos de una yerba, y beben juntos de una agua, y se acuestan juntos a una hora, puédelos el pastor fácilmente guardar, y aun del lobo los defender: quiero por lo dicho decir, que en ningún género de gente tiene el demonio tanta parte, como es en los que so color de más perfección se eximen de la disciplina del prelado, y se rigen por su seso propio. Singularis ferus han sido todos los herejes pasados: los cuales por no querer creer lo que los otros creían, e ir por donde los otros iban, y sentir lo que los otros sentían, sino que en todo se confiaron de su parecer, y permanecieron en su querer, vinieron después a desviarse de la santa fe católica: y que por malditos herejes los condenase la Iglesia. No fueron por ventura singularis servus, los protervos de Ebión, Marción, Corinto, Nestorio, Sipontino, Maniqueo, Mahoma, Arrio, y el Lutero: los cuales no con celo de reformar la Iglesia, sino de afamar cada uno a su persona, entre los fieles sembraron infinita cizaña, y para sus aias procuraron damnación: Curiosamente lo hemos mirado, y muchos libros hemos revuelto, y al fin hemos hallado por verdad, que hasta hoy ningún hereje se levantó de la Iglesia de Dios, que no fuese por una de dos cosas: es a saber, de necio por poco saber, o de ambicioso por más valer. Lo que en los tiempos pasados aconteció en la Iglesia con los herejes protervos, acontece ahora a las religiones con algunos religiosos capitosos, y aun ambiciosos: los cuales por vengar algún enojo que se les ha hecho, o porque en la religión los tienen en poco, toman algunos extremos en el comer, e inventan algunas novedades en el vestir: con las cuales dan a su prelados mucha pena, y aun siembran en la religión mucha discordia.

Que un monasterio difiera de otro en el comer, y aun en la manera del vestir, súfrese: mas que de las puertas adentro alguno con sus hermanos no se conforme, esto condénase: porque ado todos son conformes en la manera del vivir, llámase comunidad: mas ado uno se extrema de los otros llámase liviandad. En las religiones bien ordenadas todos se visten de un color, todos comen a una hora, todos se acuestan a un tiempo, y aun todos obedecen a un prelado: porque si se hiciese de otra manera, ya no sería religión, sino confusión.

A este propósito hablando con el religioso extremado y mal disciplinado, dice el glorioso Bernardo, en el libro de los estados de los monjes: Por vida tuya monje que me digas, ¿qué es la causa que andando todos descalzos, osas tú andar calzado? Ado todos andan calzados: ¿porqué tú andas descalzo? Pues todos hacen cogullas de paño áspero y roto: ¿porqué tú te vistes d elo que es fino y más costoso? El día que todos en el monasterio ayunan, ¿porqué tú comes: y el día que todos comen, por qué tú ayunas? Di pues di hermano mío con el santo José, quero fratres meos: es a saber, qué buscas a tus hermanos, y te andas tras ellos: para que conforme a ellos te vistas, y al tiempo que ellos comen comas, y cuando ellos velaren que veles, y cuando ellos ayunaren que ayunes: porque desta manera, ni serás a la orden penoso, ni te dirán que eres loco extremado. Lo de suso es de Bernardo.

A este propósito dice San Basilio en su regla: Mandamos a los abades nuestros sucesores, que veden y castiguen en sus monjes los extremos que suelen algunos dellos hacer en las abstinencias demasiadas, en las disciplinas desaforadas, y cogullas no usadas [LXIIv] y en las ceremonias peregrinas: para que les vayan a la mano en lo que emprende, y no les dejen salir con lo que quieren. El monje que en semejantes extremos se extrema, sed ciertos, que o tiene ramo de locura, o está tentado de vanagloria. Así como el lobo pocas veces osa acometer al ganado cuando está junto, sino que solamente arremete y mata al animal, que anda desmandado: por semejante manera el demonio nuestro enemigo, no osa tentar a los monjes que viven todos en conformidad: sino al que anda fuera de comunidad. Oh cuánto peligro tiene el monje que con sus hermanos no vive, y no come, y no duerme: porque al tal tiene licencia el demonio de tentarle, y no tiene él fuerzas para resistirle. Son tantas las tentaciones del demonio, y son tantas las asperezas del yermo, y son tantas las miserias del cuerpo, y son tantos los peligros del mundo: que ha menester hallarse el monje no sólo acompañado de otros monjes, mas aun rodeado de muchos santos: para que si está en pie le ayuden a tenerse, y si está caído le ayuden a levantarse. Todo lo sobredicho es de San Basilio.


{Antonio de Guevara (1480-1545), Oratorio de religiosos y ejercicio de virtuosos (1542). El texto sigue la edición de Valladolid 1545, por Juan de Villaquirán, 8 hojas + 110 folios.}

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