La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Antonio de Guevara 1480-1545

Oratorio de religiosos y ejercicio de virtuosos

Capítulo XXIII
De dos profesiones que hace el monje: es a saber, una como cristiano, y otra como religioso. Y que el que ha de hacer profesión ha de tener edad y habilidad.


Que vovisti deo, ne moreris reddere: quia melius est non vovere, quam post votum promissa non reddere: dice el sabio Salomón en el quinto [XLVIIv] capítulo del Eclesiastes, y es como si dijera: El hombre o mujer que de su voluntad prometiere al señor algún solemne voto, guárdese mucho, de no poner dilación en cumplirlo: porque de otra manera, más sano consejo le fuera, a ningún voto se obligar: que habiéndose obligado después no le cumplir. Es aquí de notar, que cuando la madre santa Iglesia nos bautiza, y en su gremio y casa nos incorpora, juramos y hacemos voto solemne, de en toda nuestra vida no condescender a los apetitos de la carne, y de no creer a los engaños del demonio: y aun de no seguir las pompas y vanidades del mundo: de manera, que no sólo juramos de ser cristianos, mas aun votamos de ser cristianos virtuosos.

La ley de los hebreos valía tan poco, y extendíase a tan pocos, que nadie era obligado a guardarla, sino era el judío que la prometía: mas la sagrada ley de Cristo, todo el mundo es obligado a jurarla, y aun a guardarla: porque para no creer en Cristo, y para que no sea alguno cristiano, a nadie puede el príncipe dar privilegio. Los gentiles y paganos se condenan por no querer hacer voto de ser cristianos, y los cristianos se pierden porque lo votan y no lo guardan: porque según dice el apóstol, hablando con los romanos, no se salvan los que la ley reciben, sino los que la guardan. Los moros y judíos si se comparan con los malos y pérfidos cristianos, menos culpados serán en el juicio, y aun menos punidos serán en el infierno que no ellos: porque los gentiles serán acusados que no juraron, empero los malos cristianos que juraron y que se perjuraron.

En el Ezequiel amenazaron a todos los que no estuviesen señalados del tao en las frentes, y en el Éxodo mataron a todos los que no tenían con sangre untados los postes de la casa: en lo cual se nos da a entender, que el día del gran juicio ninguno podrá ser salvo, si el carácter de Cristo no tuviere en el ánima impreso. El abad y prelado de la religión cristiana, no es otro sino ese mismo Cristo: el cual no quiere ni admite en su orden a leones que son los soberbios, ni a los tigres que son los envidiosos, ni alas onzas que son los voraces, ni a los simios que son los avaros, ni a los puercos que son adúlteros, sino solamente quiere a las ovejas simples y mansas: es a saber, a las personas llanas y virtuosas. La causa porque Cristo se comparó a la oveja, y dice que en su orden no ha de admitir sino ovejas es: porque así como aquel simple animal tiene leche, y carne, y cuero, y queso podrá servir a todos, y no tiene cuernos ni uñas, ni dientes, ni veneno para dañar a nadie: por semejante manera, quiere que los de su Iglesia y estado, tengan caridad para repartir con los pobres, y no osadía de robar a sus hermanos. Los votos que prometemos en la religión cristiana son creer los catorce artículos de la fe, guardar los diez mandamientos, no cometer los siete pecados mortales, poner gran cobro en los cinco sentidos, emplear muy bien las tres potencias del alma, y ayudarse a cumplir las obras de misericordia. Aunque al parecer parece prometer mucho, el que promete de ser cristiano, sin comparación es muy mayor el premio que por serlo promete Cristo: pues a la hora que uno se torna cristiano, es hecho hijo del padre, hermano del hijo, pupilo del espíritu santo, compañero de los ángeles miembro de la Iglesia, y heredero de la gloria. La más sagrada religión, y la más alta perfección del mundo, es ser uno cristiano, y vivir debajo de la ley de Cristo: porque mediante esta y no otra somos hechos [XLVIIIr] hijos de Dios adoptivos, y herederos del reino de los cielos. Gaudete et exultate, quia nomina vestra scripta sunt in celis, decía Cristo a sus discípulos, y es como si les dijera: Alegráos y regocijáos, no porque os saque de pescadores, ni porque sois hebreos, ni porque os hice mis discípulos: sino porque os torne cristianos, y porque están vuestros nombres escritos en el libro de los justos.

[ilegibles en nuestro ejemplar 15 líneas de texto tachado y emborronado adrede con tinta.]

En todas las religiones pueden los hombres entrar por voluntad, excepto en la religión cristiana que han de entrar de pura necesidad: y es a todos tan obligatoria esta necesidad, que nadie puede ser en otra religión religioso, si primero en la Iglesia no hace profesión de ser cristiano. Paulus vinctus in domino, decía el apóstol San Pablo, y es como si dijera: Yo soy Paulo el tarsense, doctor de la gentilidad, y predicador de la verdad: el cual estando como estoy preso aquí en esta cárcel, tengo para mi tanta gloria y presunción, de verme por Cristo cargado de cadenas, cuanta pueden tener todos los príncipes del mundo con cetros y coronas. Si San Pablo se precia no más de por estar por Cristo preso, ¿no es más razón que estés tú alegre por llamarte cristiano? ¿Ahora sabes que es más excelencia tener en la frente la crisma, que no al pie una cadena? Fratres jam non estis hospites et advene: sed estis cives sanctorum et domestici dei: decía el mismo apóstol, escribiendo a los efesios, y es como si les dijera: Oh hermanos míos los de Efeso, dad gracias a Dios que os crió, y a Cristo que os redimió: pues por méritos de su sangre, ni os llamarán ya huéspedes los de la sinagoga, ni os tendrán por advenedizos en la Iglesia católica: porque sois vecinos y moradores de los cielos, y familiares y domésticos ya con los santos. Los herejes pérfidos, y los malos y obstinados cristianos son en la Iglesia de Dios huéspedes, y advenedizos: pues quebrantaron lo que juraron y juraron lo que no guardaron: y lo que es peor de todo, que se meten en las escrituras sacras, a defender lo que no saben: y exponer lo que no entienden. Huesped y advenedizo es el hombre que recibió el santo crisma, y se obligó de guardar los preceptos de la Iglesia católica: y esto no obstante, es tan absoluto en todo lo que emprende, y tan disoluto en todo lo que hace: que justamente podemos decir del tal que tiene el apellido de cristiano, y los hechos de pagano. Sea pues la resolución de todo lo sobredicho, que pues nos metemos cristianos, e hicimos profesión de cristianos, nos guardemos de errar en lo que a Dios prometimos: porque sería caso de traición, tomar el nombre de Cristo, y servir al Anticristo. Dejados pues a parte los votos que hacemos como cristianos, razón es que hablemos un poco, de los que prometen en las religiones los religiosos: a la guarda de los cuales son no menos obligados que a los primeros: pues de su propia voluntad los votaron, y sin que a ello nadie los forzase se [XLVIIIv] obligaron.

San Anselmo dice: que así como da más el que da el árbol entero, que no el que da del fruto sólo, así merece más el que hace alguna buena obra por voto, que el que la hace sin voto: pues el tal da a Dios, no sólo la fruta de la voluntad, mas aun todo el árbol de su libertad. Mucho debe cada uno mirar lo que promete, antes que lo prometa: pues si se determina una vez de lo prometer, no tiene ya lugar de se arrepentir: porque si en la policía humana tiene licencia uno de pedir a otro la palabra que le dio, ¿no es más razón que pida Dios al monje la profesión que le juró? Dios nuestro señor no nos obliga a más de que seamos cristianos, mas junto con esto también nos aconseja que nos esforcemos a ser varones perfectos: y si tú hermano mío con codicia de ser mejor cristiano, y con celo de llegar a ser varón perfecto, quisiste elegir la estrechura de la vida monástica: ¿de qué te quejas si te constriñen a la guarda della? Dime yo te ruego, los prelados de tu orden ¿mándante más de a lo que te obligaste, constríñente a más de a lo que prometiste, o pídente más de lo que a Dios juraste? Pues nadie a la religión te llamó, sino que tú te viniste: ni nadie a la perfección te forzó, sino que tú la pediste; ¿porqué no cumples lo que con Dios capitulaste, y porqué no guardas lo que en manos del prelado votaste? Entre los jueces del siglo no pasa sin castigo el que jura la vida de su príncipe en vano: ¿y piensa el monje religioso quedarse sin ser punido, habiendo sido a Dios perjuro? Non enim mentituse est hominibus: sed deo, dijo San Pedro a un vecino de Jerusalén, que se llamaba Ananías, y es como si dijera: Dejaste de ser judío, y obligástete de ser cristiano, vendiste para los pobres tu matrimonio, y escondiste para ti la mayor y mejor parte del dinero: en el cual hecho tan maldito, no mentiste a mí que soy pecador, mas mentiste a Dios que es santo y justo: el cual quiere que cumplan con él lo que le prometen, pues él nos da aun lo que no nos manda.

Oh a cuántos monjes y religiosos podríamos hoy decir, non est metitus hominibus sed deo: pues tienen más vergüenza de quebrantar la palabra que dieron a los hombres, que consciencia de traspasar lo que prometieron a Dios. Si el monje que está en la religión se acordase que cuando hace profesión, no dice yo prometo a vos que sois mi abad, sino que dice, yo prometo a Dios que es mi salvador y criador, de ser todos los días de mi vida obediente, y pobre, y casto: por ventura tendría más cuidado de guardar lo que promete, y más vergüenza de quebrantar lo que jura: mas como teme más a su abad por lo que le riñe, que no a Dios por lo que le ofende, tiene en más que esté su prelado contento, que no que esté su Dios ofendido. A este propósito decía el glorioso San Bernardo, escribiendo a Roberto el abad: Si quieres en la religión aprovechar, y en ella algún contentamiento tener, acuérdate cada día, y aun si pudieres cada hora, cuán de buena voluntad dejaste el mundo, y con cuán buen celo entraste en la religión, y cuán contento hiciste profesión: y pues nadie te constriñó a estas tres cosas elegir, no es justo que haya necesidad de te reñir, para que las hayas de cumplir. Dice más San Bernardo: De que me acuerdo de cómo en el bautismo juré de ser buen cristiano, y de cómo en manos del prelado hice voto de ser buen religioso, y de cómo en el tremendo día del juicio me han de pedir cuenta de él un voto y del otro: ni he gana de salir al mundo, ni aun oso pasearme por mi monasterio.

Preguntado el abad Serapio por un monje, que en que [XLIXr] libros leería, respondióle el santo viejo y dijo: De mí te sé decir hijo, que a la mañana leo en el santo evangelio, por el cual soy cristiano: y a las tardes la regla de San Basilio, por la cual soy religioso: y en estos dos lectores tienen harto mis ojos que leer lo que en ellos se dice, y aun también harto mis fuerzas que cumplir lo que en ellos se manda. El glorioso Jerónimo escribiendo a un monje travieso y no bien disciplinado dice: Si te acordaras de la voz que dice, levantáos muertos y venid al juicio, y te acordaras de la estrecha regla y profesión que prometiste en tu monasterio: no creo que el señor te desamparara de su piadosa mano, ni fueras osado de apostatar de tu monasterio: mas como en perjuicio de la virtud saliste a buscar la libertad, merecieron tus pecados, que negases tu religión y quebrantases tu profesión.

El antiguo y bendito San Basilio decía en su regla. Cumplidos los tres años del noviciado, si el novicio pidiere y quisiere ser profeso, declárenle primero lo que ha de prometer, y tenga suficiente edad para lo prometer: porque siendo como es la vida monacal un estado tan estrecho, no es justo que nadie se llame después a engaño, por no ser primero desengañado. Y dice más en otro capítulo de su regla. Antes que el novicio prometa y se obligue a guardar nuestra regla, queremos que le sea no solamente toda ella leída, mas aun le declaren los grandes trabajos que ha de pasar en guardarla: trayéndole siempre a la memoria, que no alcanzaron los santos tan inmenso premio, sino fue a trueque de muy gran trabajo. Si bien queremos entender al glorioso Basilio dice, que no deben dar a ningún novicio la profesión, sin que primero sepa muy bien su regla, y tenga edad suficiente para votarla: la cual regla y consejo si en nuestros tiempos fuese guardada y aceptada, no es de creer, que habría entre los monjes tantos descuidos, ni vivirían en los monasterios tantos arrepentidos. Vergüenza por cierto es de lo decir, empero más la hacen de haber los abades de lo hacer: y es que por algún interés que se les sigue, o por alguna obligación que les tienen, admiten a la profesión a algunos niños y aun a algunas niñas, de tan tierna edad, y aun de tan poca habilidad: que la regla que prometen, no sólo no saben entenderla, mas aun ni leerla. Inhumanidad es recibir niños y niñas a la religión, y muy gran crueldad es darles antes de tiempo la profesión: porque llegados después a la edad perfecta, a la hora que el demonio les comienza a tentar, y la carne a desasosegar, burlan de lo que prometieron, y quéjanse de los que se lo hicieron prometer.

El abad Casiano en las vidas de los padres dice, que como preguntasen a un santo viejo, si se había alguna vez arrepentido por ser monje respondió: Cincuenta y dos años ha que moro en este yermo de Tebas: en los cuales todos doy inmensas gracias al señor, que nunca fui arrepentido de haber tomado el hábito: mas junto con esto digo, que si como mi abad me hizo hacer profesión niño, me la hiciera hacer viejo, nunca a tan grandes cosas me obligara, ni tan gran carga sobre mí llevara. Bonum est viro cum portaverit jugum ab adolescentia sua, decía Jeremías en sus lamentaciones: y es como si dijese. Cosa es muy santa, y obra es muy provechosa, avezarse el hombre a llevar sobre sí el yugo de Cristo desde que es mancebo: porque las buenas y malas costumbres que en la mocedad se aprenden, tarde o nunca después se [XLIXv] olvidan. Es aquí de notar, que las edades en el hombre se parten en esta manera: es a saber, que la infancia es hasta los siete años, la puericia es hasta los catorce, la adolescencia hasta los veinticinco, la juventud hasta los cuarenta, la virilidad hasta los sesenta, la senectud hasta los ochenta, y la edad decrépita hasta que la vida se acaba.

Conforme pues a esta división de edades, es mucho de ponderar, que no dijo el profeta ser bueno tomar el yugo a cuestas desde la infancia, ni desde la puericia, ni desde la adolescencia, que es entre los catorce y veinticinco años: porque ya en aquella edad comienza el mancebo a tener fuerzas para trabajar, y a tener discreción para saber lo que ha de elegir. Cuando el novicio tiene edad para hacer ya su profesión, y tiene habilidad para sentir qué cosa es religión, justa y justísimamente le pueden y aun le deben constreñir a que guarde lo que prometió, y cumpla lo que juró: porque con Dios nuestro señor nadie se ha de osar burlar, y mucho menos se ha de tomar. De Dios burla el monje que su regla no guarda: pues al tiempo que hace profesión, y se encorpora en la religión, no dice yo prometo a mi abad y prior de ser religioso, sino dice que jura y promete a Dios y a todos los santos, de guardar aquella regla, y de permanecer en la vida monástica. Bien osaremos decir, que de Dios nuestro señor burla el monje que su regla no guarda. No es más profesar una regla, y obligarse uno a la religión santa: que hacer un pacto y contrato con Dios, de que el monje se obliga de servirle todos los días de su vida: y Dios nuestro señor le promete, de le dar en galardón su reino y guía. Este pacto y conveniencia has de pensar hermano que no sólo le prometes, sino que juntamente también le juras: pues al tiempo del otorgarle en manos del prelado dices, que haces voto y prometes a Dios, que es como si dijeses: Yo prometo y juro solemnemente a Dios mi criador y redentor, de en todos los días de mi vida, no quebrantar, lo que con él tengo capitulado, ni tornar atrás de lo que le tengo prometido.

El monje que tan alto juramento hace, y el religioso que con tan recias palabras se obliga: ¿cómo es posible osar traspasar ni solamente una jota de su regia? ¿Y tú no sabes que si mucho prometes, mucho te prometen: y sin comparación es más el galardón que esperas, que no el trabajo que pasas? Ahora tienes por saber, que en la misma hora que quebrantas algún voto: no sólo entre ti y Dios es deshecho el contrato, mas aun quedas condenado de perjuro: Si de tu regla eres perjuro, y a tu Dios y señor eres rementido: ¿por qué te quejas si no tienen de ti los hombres buen crédito? El que a Dios quebranta la palabra: porque le han de creer por su palabra: ¿Qué no hará que no intentará, a qué no se atreverá, el que a Dios se atreve, y a su regla es traidor y aleve? En el segundo libro de los reyes se dice, que por haber quebrantado el rey Saúl lo que tenía jurado y capitulado con los gabaonitas, que eran unas gentes bárbaras, e infieles, mandó Dios al rey David, que fuesen crucificados los infantes sus hijos, por la culpa del rey su padre. Deste tan terrible ejemplo deben tomar ejemplo todos los religiosos, y siervos del señor: en que si Dios mandó castigar el juramento falso, y el quebrantar lo capitulado con los gentiles, mucho más mandará castigar y punir a los monjes que quebrantan lo que a él juran, y los votos que a él hacen. San Jerónimo decía, que siempre sonaba en sus orejas la voz que decía, levantáos muertos y venid a juicio: y por semejante manera, debería [Lr] siempre sonar en los oídos del siervo del señor la hoz de su profesión cuando dijo, voveo et promitto: pues que no menos le pedirán cuenta de la profesión que hizo como religioso, que de los mandamientos que quebrantó como cristiano.


{Antonio de Guevara (1480-1545), Oratorio de religiosos y ejercicio de virtuosos (1542). El texto sigue la edición de Valladolid 1545, por Juan de Villaquirán, 8 hojas + 110 folios.}

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