La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Antonio de Guevara 1480-1545

Oratorio de religiosos y ejercicio de virtuosos

Capítulo XIII
De cuatro muy notables figuras de la escritura sacra: con las cuales se prueba el peligro de la inobediencia, y del provecho de la obediencia.


Nunquid vult dominus holocausta aut victimas: et non potius, ut obediant ei? Palabras son estas del santo profeta Samuel, dichas al desdichado del rey Saúl, cuando en el reino de Amalech mató los ganados sarnosos y flacos, y guardó para sacrificar los gruesos y hermosos: y quísole Samuel tanto decir. ¿Piensas tú, oh rey Saúl, que tiene el señor necesidad de holocaustos odoríferos, o de sacrificios abundosos? porque le sirvamos con ellos cuando está aplacado: ¿o para aplacarle con ellos si está enojado? No es de esos el Dios de Israel, no es de esos: porque has de saber, oh gran rey y señor, que lo que más a él place, y de lo que más él se sirve es: que como a señor le acaten reverencia, y como a gobernador le tengan obediencia. No vaca de misterio, que no se lee de Saúl haber caído en soberbia, ni en ira, ni en lujuria, ni en gula, ni aun en ninguna otra tiranía, sino que no quiso a los moabitas matar, y guardó los ganados gruesos para sacrificar: y a hacer esto le movió más la clemencia que no la codicia, y con todo esto Dios se enojó, y gravemente le castigó. Débenos este ejemplo espantar, y débenos mover a obedecer: pues siendo como fue Saúl el rey de Israel primero, y que fue de la mano de Dios escogido, y junto con esto que era esforzado, era animoso, y era piadoso: no por más de por el pecado de la inobediencia le quitó Dios la gobernación de su república. Pensaba el rey Saúl, que delante la divina majestad valía más la clemencia que no la obediencia: queriendo el señor a él avisar, y a nosotros desengañar dijo: Melior est obediencia quam sacrificia, y es como si dijera: No me pesa a mí que los hombres sean clementes, empero más quiero yo que me sean obedientes: ni me pesa que sean devotos y me ofrezcan sacrificios, empero mucho más quiero yo que obedezcan y guarden mis preceptos: porque en el sacrificio ofrecen animales muertos, mas en la obediencia ofrecen sus corazones propios. Sobre esta palabra de melior est la obediencia dice la glosa de Aimón. Bien huelga el señor de ser servido, y ser temido, ser honrado, y ser sacrificado, empero sobre todo quiere ser obedecido: y de aquí es, que en todas las divinas letras, apenas se hallará lugar adonde se queje el señor de que no le ofrecen sacrificios: y quéjase a cada paso de que no le son obedientes.

Por más que sea uno devoto, piadoso, limosnero, abstinente, y continente, no se debe del gremio de la Iglesia apartar, ni contra su prelado amotinar: porque por esta sentencia de melior est obedientia quam sacrificia, está determinado y concluso, que ninguna obra será delante de Dios meritoria, si no fuere con la obediencia acompañada. Vir Dei qui inobediens fuit ori domini: tradidit eum dominus leoni: dice la santa escritura en el tercer libro de los reyes, en el capítulo XIII, y es como si dijese: Mandó el señor a un profeta y varón santo, que fuese a profetizar a Jerusalén el nacimiento del rey Josías, y la muerte del rey Jeroboam: y que esto hecho se tornase a su casa por otro camino, sin que en la corte del rey hubiese [XXIXr] dormido sueño, ni comido bocado: y la causa porque esto le vedaba, sólo aquel que lo mandó lo alcanzó. Fue pues el caso, que habiendo ya profetizado, y tornándose por otro camino, salió a el otro profeta amigo suyo, y engañóle a que tornase a Jerusalén a comer, y a su casa a dormir: lo cual hecho y cumplido, en pena de su descuido, le despedazó un león en el camino. No menos es este ejemplo de notar, y aun para espantar, que el del rey Saúl pues dice la escritura que este era profeta verdadero, y que era varón santo, y que profetizó todo lo que le fue mandado, que no comió en Jerusalén bocado, y que se tornaba a su casa por otro camino: sino que por más mereció ser del león muerto, de porque condescendió al ruego de su amigo, y no hizo lo que Dios por su obediencia le había mandado. Dime yo te ruego, ¿qué le aprovechó a este buen hombre su santidad, ni su abstinencia, ni su profecía: pues su inobediencia le quitó la vida? ¿Crees tú que el varón de Dios muriera, ni que el león le despedazara, si como se aprovechó de la profecía, se aprovechara de la obediencia? Balaam y Saúl, y Caifás, aunque tuvieron el espíritu de profecía: porque carecieron de la virtud de la obediencia, tenemos por más cierta su dannación que su salvación: de lo cual podemos inferir, que vale más el obedecer, que no el profetizar. Razón también es de advertir, en que habiendo el varón de Dios escapado de las manos del rey Jeroboam contra quien había profetizado, y de la ira del pueblo israelítico que se había alterado, vino a morir no por industria de algún su enemigo, sino por el consejo de un profeta su amigo: de manera, que la amistad muy estrecha, es algunas veces muy perniciosa. Como ambos eran profetas, ambos eran amigos, y aun eran muy conocidos, rogóle mucho el profeta que estaba en Jerusalén, se tornase a reposar a su casa, y a ver a su mujer y familia: a lo cual el varón de Dios condescendió, y para ello se convenció, atreviéndose más a su consciencia propia: que no a quebrantar la amistad antigua.

San Hilario dice a este propósito: Tener el hombre amigo, y hacer obras de amigo, no lo prohibe el derecho divino, ni aun lo veda el humano: mas junto con esto digo, que no se debe conservar ninguna amistad, que nos acarrea alguna fealdad: porque no se puede llamar amistad, la que sobre bondad no está fundada. Filiusqui contempserit imperium patris, ad portam civitatis lapidibus obratur: dijo Dios a Moisés en el capítulo XXI del Deuteronomio, y es como si dijera: Yo te mando Moisés, que si algún padre quisiere castigar a su hijo, por ser travieso y protervo, y el hijo no se dejare castigar, ni se quisiere enmendar: quiero que al tal le saquen fuera del pueblo, y que allí muera apedreado: porque sea a él castigo, y en él tomen otros mancebos ejemplo. Mucho es aquí de ponderar, que en la vieja ley podía un padre perdonar a su hijo, aunque fuese ladrón, y goloso, y tahúr, y revoltoso, mas no le podía perdonar si era superbo y desacatado: porque en tal caso, aunque el padre lo quisiese disimular, era obligado el pueblo a lo apedrear. La escritura sacra no pudo más encarecer la maldad de la inobediencia, que fue, mandar al padre que por sola ella quitase a su hijo la vida: de lo cual podemos inferir, que debe este delito encerrar en sí alguna muy gran culpa, pues se mandaba castigar con tan gravísima pena. Cosa parece nueva, y aun parece cosa inhumana, mandar la ley [XXIXv] vieja, que el mismo padre propio fuese verdugo de su mismo hijo: mas como toda ley divina tenga más de piedad que de rigurosidad, hemos fielmente de creer, que según es aborrecible a Dios el pecado de la inobediencia, debe aun ser poca la pena, de quitar el padre a su hijo la vida. Dime yo te ruego, ¿no merece por ventura más Dios nuestro señor: que de no nada me cría, que no mi padre que de otra materia me engendra? pues si merece pena de muerte, el que a su padre desobedece, ¿qué merecerá el que contra su criador se alza? Tantas veces contra Dios te alzas, cuantas veces contra él pecas: y tantas veces contra él pecas, cuantas sus mandamientos no guardas: de lo cual se sigue, que si no fueres aquí apedreado como hebreo, serás en el otro mundo condenado como malo. Deste ejemplo deben tomar ejemplo los padres con sus hijos, y los maestros con sus discípulos, de los criar muy obedientes, y de les no consentir ser incorregibles: porque si los mozos no son desde niños domados, tienen gran trabajo después sus padres con ellos.

Cuando Jonatbas como del panal de la miel contra el mandamiento de su padre Saúl, luego allí le quiso el padre cortar la cabeza, sino le fueran a la mano todos los de la sinagoga: porque si por una parte había el mandamiento del padre quebrantado, por otra había por su lanza al pueblo librado. Prevalverunt sermones jonadab, qui precepit filiis suis, ut non hiberent vinum, nec edif. Carent domos: dijo Dios por el profeta Jeremías en el capítulo XXXV, y es como si dijera: Has de saber Jeremías, que el viejo de Jonadab, mandó a sus hijos y sucesores; que no plantasen viñas, ni bebiesen vino, ni sembrasen tierras, ni edificasen casas, ni residiesen dentro de las repúblicas, sino que morasen fuera en unos tendejones o cuevas: como hombres que hacían poca cuenta de sus vidas, y se burlaban de las riquezas. Muy grandes tiempos ha que Jonadab dio a los de su linaje este precepto, y jamás hasta hoy ninguno dellos lo ha quebrantado: y de lo que yo me quejo a ti Jeremías es, que tiene en tu pueblo más fuerza lo que Jonadab por su testamento encomienda, que no lo que vuestro Dios en su ley vos manda. Y dijo más Dios a Jeremías: Pues en Israel tienen más reverencia a Jonadab, que no a mí temor ni amor: yo enviaré sobre los inobedientes israelitas a sus enemigos que los castiguen, y haré con sus amigos que no los socorran; pues saben ellos que los llamé y no me quisieron oír: y los hablé, y no me quisieron creer: en lo cual yo mostré clemencia, y ellos declararon su pertinacia. Lo contrario desto acontecerá a los hijos de Jonadab: a los cuales por haber tenido a su padre obediencia, y no haber traspasado de lo que les mandó ni una palabra; no vendrán en manos de sus enemigos, ni les faltarán en sus trabajos sus amigos: y más y allende desto, no permitiré que su linaje perezca, y siempre los conservaré a que estén en mi gracia.

Estas palabras que Dios a Jeremías dijo, y estas promesas que a los hijos de Jonadab Dios hizo, muy gran espanto deben poner a los rebeldes, y muy gran consolación deben acarrear a los obedientes: pues a los buenos toma de nuevo por amigos, y a los inobedientes declara por sus enemigos. Con los hijos de Israel será maldito, el que fuere desobediente a su prelado, y con los hijos de Jonadab será bendito, el que permaneciere en la obediencia de su monasterio: porque Dios nuestro señor dio por particular privilegio: a los que guardan la obediencia, que no caigan [XXXr] jamás de su gracia. Gran confusión es para los cristianos, y mucho más para los religiosos: la obediencia que los hijos de Jonadab tuvieron, y la vida áspera que hicieron: es a saber, vivir siempre como peregrinos, y carecer de hacienda y dineros: y lo que más de espantar es, que esto no se lo había Dios mandado, ni el evangelio aconsejado, sino que sólo su padre se lo había prohibido. Aun si hubiera precedido aquella palabra de beati pauperes, spum, quam ipsorum est regnum celorum: parece que no era tan meritoria tu obediencia, ni era de tener en tanto su pobreza: pues a trueque della les daba Dios su bienaventuranza: mas dejar con tanta liberalidad los hijos la hacienda, sin prometerles el padre remuneración por ella, ni aun darles razón porque se la quitaba: cosa es tan alta que la loarán muchos, y la imitarán muy pocos. Mira la alteza de la escritura, y como va también ordenada, Jonadab tomó cargo de mandar, y los hijos se ofrecieron a obedecer, y Dios se encarga de los pagar: y la paga que les promete es, darles su gracia, y que no carecerán de su vista. Oh quién fuera hijo de Jonadab, oh quién se hallara en su pobreza, y oh quién cumpliera su obediencia: porque a hacer lo que ellos hicieron, y cumplir lo que ellos cumplieron, me recibiera Dios en su casa, y me dotara de su gracia bendita. Esfuérzate pues oh hermano mío, a siempre obedecer, y la voluntad de tus mayores seguir: porque ya ves en cómo Dios lo promete, y Jeremías lo afirma, y en los hijos de Jonadab se experimenta que adonde quiera que estuviere la virtud de la obediencia allí se halla Dios con su gracia.


{Antonio de Guevara (1480-1545), Oratorio de religiosos y ejercicio de virtuosos (1542). El texto sigue la edición de Valladolid 1545, por Juan de Villaquirán, 8 hojas + 110 folios.}

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