La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Antonio de Guevara 1480-1545

Oratorio de religiosos y ejercicio de virtuosos

Capítulo VII
De las condiciones que han de tener los que en la religión a otros han de doctrinar.


Fecit joas rectum coram domino: cunctis diebus quibus docuit eum jojada sacerdos, qui regnavit quadraginta annis in Hierusalem. En el cuarto libro de los reyes estaban escritas estas palabras, las cuales quieren decir: El rey Joas, hijo que fue de la reina Seboa, reinó en Jerusalén por espacio de cuarenta años: de los cuales todos, solamente fue rey bueno, todo el tiempo que fue el profeta jojada su maestro y ayo. Quinto Curcio dice, que cuando la reina Olimpias parió al magno Alejandro, luego a la hora escribió su padre el rey Filipo al filósofo Aristóteles una carta que decía así: Filipo rey de la gran Grecia, y señor de toda Asia, a tí el filósofo Aristoteles, maestro de la Filosofía salud y consolación en los dioses consoladores. Olimpias mi mujer y tu señora escapó del parto buena, y parió el príncipe que Asia deseaba: y si doy a los inmortales dioses gracias es, no tanto porque me dieron hijo, cuanto por habérmele dado en tiempo de ti, oh gran filósofo: porque tengo para mí creído, que más gloria se le seguirá a él de tener a ti por ayo, que no de llamarse mi hijo.

En los actos de los apóstoles se jacta el apóstol San Pablo, de ser de linaje de hebreos, de haber nacido en Tarso de Sicilia, de haberse criado en Jerusalén, y de haber tenido por maestro al gran rabí Gamaliel: varón que en su ley era muy docto, y en sus costumbres muy corregido. En el prólogo de la Biblia: loa el glorioso San Jerónimo al filósofo Pitágoras, de haberse ido al estudio y academia de la antiquísima ciudad de Menfis: y allí ser discípulo y tener por preceptores y maestros a los menfíticos vates: ado el buen Pitágoras aprendía el arte de orar, y la manera de filosofar. En el mismo prólogo loa San Jerónimo al muy estimado y divino Platón: el cual peregrinó por varias tierras, y por mares muy peligrosas, desde que partió de Grecia hasta que vino a Sicilia: ado quiso ser más discípulo del filósofo [XVr] Arquitan, que ser maestro en su Academia propia. La misma alabanza da San Jerónimo a Apolonio Tianeo, el cual peregrinó por todos los reinos de Asia, hasta llegar a la última y mayor India: y esto no por más, de por verse discípulo del muy nombrado filósofo Hiarcas: al cual halló en un trono de oro asentado, disputando con sus discípulos de los movimientos del cielo. Ataocles, rey que fue de los Siciomios, de tres cosas daba gracias a sus dioses: es a saber, porque le hicieron hombre, y porque le hicieron sabio, y porque le dieron por maestro al filósofo Chilo: el cual le dio tantos y tan buenos consejos, que en cuanto le trajo a su lado, nunca perdió batalla: ni le desobedeció república.

Viniendo pues ya al propósito, hemos querido amados hermanos traeros a la memoria todos estos ejemplos y avisos, para que por ellos conozcáis y conozcamos cuánta necesidad tenéis de buscar buenos y virtuosos maestros: los cuales enseñen a los novicios y mancebos: la estrecha regla que a Dios han de prometer, y las ceremonias de la orden que han de guardar. El filósofo que iba de Roma a Asia, y de Asia a la gran India, iba no más de por aprender a filosofar, mas el novicio que viene del mundo a la religión, viene por ser salvar, y no por filosofar: a cuya causa es cosa justa y razonable, le den suficiente maestro y ayo, que sepa muy bien el camino con que se ha de salvar, y le avise de los grandes trabajos en que se ha de ver. Los que vienen del mundo a la religión, no son más que una tabla rasa, y que un poco de cera blanda: y si por caso el maestro que ha de pintar la tabla, y ha de imprimir la cera no es bien diestro en saber pintar, y no tiene buen sello para imprimir: borrará la pintura: y echará a perder la cera. Queremos pues por estas comparaciones decir, que no puede ser de los novicios maestro, el que no fue de otro buen maestro primero discípulo: porque las cosas de perfección y las costumbres de la religión, no las ha de enseñar el que las oyó, o leyó, sino el que en sí mismo las experimentó. Si en el monasterio hay un animal que sea cojo, o manco, ¿ponerle ha por ventura el prelado en manos de algún albeitar, que no sea en el oficio muy diestro? Si esto es verdad, como es verdad, ¿con qué cara, ni aun con que consciencia osa el prelado fiar al inocente novicio de un maestro inexperto: no osando confiar su animal, sino de maestro aprobado? Si nadie quiere fiar su paño, ni consiente que metan la tijera en su ropa, sino está muy cierto que el sastre sabe bien cortarla y hacerla: ¿por qué osas tú prelado, poner al novicio que viene del mundo, en manos del monje más sobresalido: y que en el monasterio vive más exento? El que tiene casa vieja y llovediza, no busca maestro que le quiebre las tejas, sino quien le quite las goteras: en lo cual se nos da a entender, que tal y tan bueno ha de ser el monje que a los otros ha de doctrinar, que se tenga en poco, lo que les enseña con las palabras, a respecto de lo que los edifica con las obras.

Cuando el patriarca José llevó al santo Jacob su padre y a sus once hermanos a tierra de Egipto, como les preguntase el rey faraón, que qué oficio sabían, y ellos le respondiesen que no sabían sino guardar ganados y morar en los campos, dijo el rey a José: Si nosti ni eis viros industrios: constitue illos magistros pecorum meorum, y es como si más claro dijera: Yo tengo en mis dehesas muy grandes cabañas de vacas, y muchos rebaños de ovejas, y no pequeñas manadas de cabras: mira bien José si hay entre ellos tus hermanos algunos dellos que sean industriosos y asenderados en [XVv] guardar ganados, querría que les encomendases la guarda de los míos. Mucho es aquí de notar, y no poco de ponderar, que no mandó el rey faraón al santo José, que fiase a sus ganados de cualesquiera de sus hermanos, sino solamente de los que sabían que eran pastores expertos: del cual ejemplo podemos inferir, que el oficio de criar mancebos, en la religión: no se ha de encomendar sino a los que de su natural son honestos: y que en la religión son ancianos. No quiere el rey faraón encomendar sus ovejas y cabras, sino a pastores que sean sabios y laboriosos: ¿y osas tú prelado fiar la crianza de tus novicios, a los que en el monasterio son menos ancianos: y por ventura más atrevidos? No vaca tampoco de misterio, que el rey faraón no les encomendó la guarda de sus ganados, porque eran hijos de Jacob, ni porque eran hermanos de José su gran servidor y amigo: sino porque tenían para aquel oficio muy grande humildad, y aun gran habilidad: en lo cual se puede tomar ejemplo, que el buen prelado no debe poner por maestro de mancebos al monje que es más su devoto, sino al que viere en su monasterio ser más recogido y honesto. El no dar a personas dignas los oficios del monasterio, no negamos que es pecado: mas junto con esto decimos y afirmamos, que elegir al que es indigno en prelado o en maestro, que no sólo es pecado, mas aun sacrilegio: porque los otros oficiales del monasterio, no tienen más cargo de guardar llaves y puertas, mas el oficio del prelado y del maestro es de regir ánimas.

En el segundo capítulo del Daniel se cuenta muy por extenso, de cómo el rey faraón soñó una noche un sueño muy terrible: el cual ninguno supo interpretar ni entender, sino fue el profeta Daniel: y en remuneración de aquel tan gran servicio, constituyóle el rey por gobernador de todas las provincias, y por maestro de todos los sabios. Es aquí mucho de notar, que la gracia que el señor dio al profeta Daniel fue, porque criándose él en el palacio real, acontecíale muchas veces, que al tiempo que los otros pajes comían gallinas y capones, comía él acelgas y lentejas: y cuando los otros bebían vino, bebía él agua: de manera, que por ser más abstinente que todos, vino a ser maestro de los maestros. Deste tan notable ejemplo deben tomar todos los prelados ejemplo, para que no den cargo de criar novicios en el monasterio, si no fuere al que en su congregación es hombre de buena vida: y aun alabado de particular abstinencia.

El glorioso San Basilio en su antigua regla decía estas palabras: A los discípulos de los discípulos de Cristo oímos decir, que tal y tan bueno debe ser el monje que ha de criar y doctrinar a los que de nuevo vienen a tomar el hábito monacal, que en saliendo de abad le elijan por maestro: y al que fuere maestro elijan en abad. Hablando en este mismo caso dice en el libro de la vida solitaria, estas palabras: Entonces diremos que está el monasterio bien ordenado, cuando eligen en él por abad al monje más cuerdo, y en maestro de mancebos al más recogido: y para la puerta al más manso, y para salir fuera al más honesto, y para servir a los enfermos al más caritativo. El abad Juan Quimaco dice, que en las congregaciones de los monjes de Egipto, al más principal monje hacían maestro de novicios, y al segundo después de él hacían abad de los monjes, y al tercero ponían a la puerta del monasterio, y al que era más honesto encomendaban los negocios del siglo.

El glorioso San Jerónimo, escribiendo a un monje llamado [XVIr] rústico le dice así: Si quieres saber quién fue maestro mío, y de los otros monjes que estábamos en el yermo, sabe que fue el abad Rogerio: varón por cierto, que en la condición era manso, en aconsejar sabio, en edad anciano, en el comer sobrio, en el dormir desvelado, en el hablar callado, en la oración devoto, en la disciplina riguroso, en la obediencia pronto, y en la caridad continuo. Conforme a los consejos destos santos, conviene mucho al maestro de los novicios, que sea hombre recogido y aun encogido: porque muy mal parecería reprehender él a su discípulo de disoluto, y por otra parte le viesen a él andar por el monasterio derramado. Las madres cuando enseñan a sus chiquitos a andar ni los pierden de los ojos, ni los sueltan de las manos: para darnos a entender, que es oficio de los buenos y solícitos maestros, hallarse siempre en todas las cosas con sus discípulos: así en las celdas cuando leen, como en los oficios cuando trabajan. No inconsideradamente dijimos, que convenía fuese el maestro de los novicios, no sólo recogido, mas aun encogido, y contemplativo: porque siendo como es en la religión tan necesaria la devoción y oración, si el maestro es devoto criará a los discípulos devotos, mas si el tal es relajado, criarlos ha relajados. En el libro de la vida solitaria se lee, del santo abad Serapión: que en cuarenta y seis años, que tuvo cargo de doctrinar en la religión mancebos, nunca monje novicio fue a su celda, que no hallase al buen viejo, sino haciendo espuertas, o derramando de sus ojos lágrimas, o leyendo en las divinas letras. El monje que tal ejemplo como este viejo diese, y que en tales y con tan santos ejercicios se ocupase, no sólo era digno de enseñar a los novicios y mancebos, mas aun merecía ser maestro de todos los hombres santos: porque perseverar tan largo tiempo en darse a la lección, y continuar la oración, y no relajarse en el trabajo: no podía proceder, sino de corazón muy heroico, y de varón muy aprobado.

De las cosas que los maestros han de enseñar a sus discípulos: lo cual se prueba con figuras muy notables.

Conviene también que el maestro de los mancebos sea hombre reposado, y religioso muy callado: porque en los estudios y academias de Atenas, enseñaban los filósofos a sus discípulos a bien hablar, y a sutilmente disputar: mas en las escuelas y monasterios de Cristo, no los han de enseñar a disputar, sino a bien obrar: ni aun a hablar, sino a callar. El primer maestro, y los primeros discípulos que hubo en la religión cristiana, fueron Cristo y sus apóstoles: del cual buen maestro se dice, que primero comenzó a obrar que no a enseñar: porque los corazones flacos y humanos, mucho más se persuaden con las buenas obras que ven: que no con las dulces palabras que oyen. El religioso que en la religión dice uno y hace otro, no es predicador, sino prevaricador: no enseña, sino que descamina: no ejemplifica, sino escandaliza: no planta, sino que descepa: ni aun edifica, sino que derrueca. Como la ociosidad sea la mayor enemiga que tiene el ánima, y la que entre religiosos no había de tener ninguna cabida: de creer es que de muy mala gana se aplicará ningún mancebo al trabajo, viendo a su maestro andarse por el monasterio holgando: mayormente, que de nuestros preceptores más somos obligados a imitar lo que hacen , que a desprender lo que [XVIv] dicen. Debe también el maestro de novicios ser cuidadoso, de hacerles proveer de las cosas necesarias: es a saber, haciéndolos vestir si están desnudos, y dar de comer si están desmayados: y sobre todo, curarlos si están enfermos: porque pedirlo ellos sería gran deshonestidad, y el no dárselo muy gran crueldad.

El devoto San Buenaventura dice en el libro del enseñamiento de los novicios, que se debe haber el su maestro con ellos como padre en criarlos, como madre en regalarlos, como hermano en esforzarlos, como maestro en enseñarlos, como rector en corregirlos, como adalid en guiarlos, y como ayo en ampararlos. En el libro de doctrina de religiosos se dice y afirma, ser obligado el maestro del monasterio a enfeñar a su discípulo, que en el coro esté atento, en el altar devoto, en el oratorio contemplativo, en el refitorio honesto, entre los compañeros callado, en los trabajos el primero, en la celda ocupado, con los enfermos caritativo, y por casa mortificado. En la vida de los padres se lee, que como el abad Arsenio diese cargo a un monje de un novicio, y el monje le preguntase, qué mandaba que hiciese de él: respondióle el santo viejo: El cuidado que tiene el capitán de su ejército, y el piloto de su nao, y el ayo de su pupilo, y el adalid de enseñar el camino, ése has de tener tú deste mozo, que viene ahora del mundo, mostrándole las ceremonias, consolándole en los trabajos, esforzándole en las tentaciones, corrigiéndole de los excesos, y sobre todo que mire a lo que se obliga y no haga cuenta de lo que deja. Oh cuán bienaventurado sería el maestro, que pudiese decir con el profeta, particeps sum omnium timentium te: es a saber, tengo señor parte en todos los que en la religión te hice servir, y en todos los que por mi doctrina te quieren seguir: lo cual será así verdad, si él hizo en ellos todo lo que debía hacer, y ellos salieron cuales debían salir. Lo contrario de todo esto acontecerá al maestro, que por su descuido, o por su mal ejemplo se salió algún novicio del monasterio, o que también le crió para la orden absoluto, o disoluto: de la perdición del cual dará él a Dios muy estrecha cuenta, en día que nos tomaren a todos cuenta. No basta que los maestros de mancebos tengan con ellos gravedad, sino que también tengan con sus monasterios muy grande fidelidad: es a saber, declarando a sus prelados la condición, e inclinación que siente en sus novicios: para que conforme a su parecer y voto, determine entre sí, si será lícito admitirlos, o si les conviene expelirlos. Avisamos y mucho avisamos a los tales maestros, que al tiempo de examinar sus discípulos, no se muestren apasionados, ni sientan dellos estar afeccionados: sino que poniendo a Dios delante los ojos, digan lo que siente según buena razón, y no lo que ellos querrían según su opinión. Desalmado y alevoso y aun traidor, pueden llamar al maestro de los novicios, que por algún nuevo amor que al mancebo ha tomado, o por alguna desgracia que con él ha tenido, le acusa de disoluto siendo recogido, o le alaba de virtuoso, no viendo en él ningún buen respecto. Ve qui dicitis bonum malum: et malum bonum, decía Dios por Isaías: y es como si dijera: Ay de vosotros los maestros y religiosos que aprobáis lo malo por bueno, y condenáis lo bueno por malo: dando como dais vuestros votos, no ado la razón os convida, sino ado la afección o pasión os lleva.

Lo que decimos a los [XVIIr] maestros, avisamos también a todos los otros religiosos, para que con mucho acuerdo, y sobre muy maduro consejo, den o quiten al novicio el voto: porque si el tal es malo, cometen traición a la orden en recibirle: y si por ventura es bueno, cometen gran pecado en echarle. Novicio y muy mal novicio era el malvado de Judas, que no había aún hecho profesión en el monasterio, y colegio de Cristo, mas el sumo criador y dulce redentor, poco a poco le fue tolerando, y de día en día le iba esperando, por ver si mudara la condición, y mereciera la profesión: mas el triste y malaventurado de él, sin que nadie le alanzase apostató, y sin que nadie le enojase se desesperó. En el primer año del reinado y noviciado del rey Saúl, como el profeta Samuel llorase por él a causa que era su amigo, y le había él en rey ungido, díjole el señor casi medio enojado: Usquequo tu luges saul: cum ego proieceri meum, ne regnet supra Israel: y es como si dijera. ¿Por qué tú Samuel lloras, y plañes tanto, el mandar yo quitar el hábito, y echar de mi monasterio a tu discípulo Saúl: pues él no ha querido hacer lo que yo le mandaba, ni creer los consejos que tú le dabas? Ahora tienes tú por saber, oh Samuel, que no hay cosa sana sino la que yo curo, ni hay cosa escogida sino la que yo señalo, ni hay cosa justa sino la que yo apruebo, ni hay cosa perpetua sino en la que yo pongo la mano: Si tú quieres llorar por tu discípulo Saúl: no llores el ver que yo le despido, sino saber que ello merece: porque en las desgracias que acontecen a los hombres, no se ha de llorar el bien que pierden, sino la culpa porque le pierden.

Lo contrario de todo esto aconteció en la conversión, y elección del apóstol San Pablo: y fue el caso, en que como mandase el señor al discípulo Ananías, que fuese a dar el hábito de cristiano a Saulo, que después se llamó Paulo, respondió él al señor: Domine audivi a multis de viro hoc, quanta mala fecerit sanctis tuis in Hierusalem, y es como si dijera: Señor Dios de Israel, entiende bien lo que provees, y mira con atención lo que mandas: pues me mandas que reciba a Saulo en novicio, y que le dé el hábito de cristiano: porque te hago saber, que ha sacado provisiones reales de la corte de Jerusalén, para prender y maltratar a todos los que invocan el nombre de cristiano, y vienen a tomar el santo bautismo: a cuya causa andan muchos discípulos huidos, y aun son en las sinagogas muy castigados. A esta respuesta de Ananías le respondió el señor: Vade quia vas electionis est mihi, y es como si dijera: Ni porque sea hebreo, ni porque tú le tengas por enemigo, has de quitar al novicio Paulo el voto para que sea cristiano, y resida en el monasterio apostólico: mayormente, que entre todos mis electos él es el vaso más escogido, ado yo tengo de confiar todos los secretos del cielo. He aquí pues hermanos míos muy amados, dos muy notables ejemplos: de los cuales se deben siempre acordar, todos los buenos religiosos, al tiempo que examinan en sus congregaciones los novicios: para que rueguen al señor los quiera alumbrar y encaminar, a que no defiendan a Saúl con Samuel, ni alancen a San Pablo con Ananías. No dejaremos de decir la culpa que tienen los monasterios, y aun los maestros en las órdenes monacales: los cuales así se afeccionan, o apasionan con el novicio que les dan a cargo: que si no les cae en gracia, luego mueren por echarle, y si le toman afección se desvelan por sustentarle: de manera, que no es más bueno, o malo el novicio, de cuanto le quiere [XVIIv] bien o mal su maestro. No menos son de culpar en este caso los prelados que encomiendan la crianza de los mancebos, a otros monjes mancebos como ellos: los cuales así se ríen y burlan con sus novicios, como si fuesen niños chiquitos: y aun lo que es peor de todo, que no los enseñan como maestros, sino que se sirven dellos como de criados. Sea pues la conclusión de todo, que al religioso maestro no le han de ver reír sino llorar, no holgar sino trabajar, no parlar sino callar, no vagamundo sino recogido, no brioso sino manso, no voraz sino abstinente, no mordaz sino caritativo, ni relajado sino devoto.


{Antonio de Guevara (1480-1545), Oratorio de religiosos y ejercicio de virtuosos (1542). El texto sigue la edición de Valladolid 1545, por Juan de Villaquirán, 8 hojas + 110 folios.}

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