La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Antonio de Guevara 1480-1545

Oratorio de religiosos y ejercicio de virtuosos

Capítulo II
De cómo los varones perfectos es de creer que son de Dios escogidos: y que acerca del señor es muy gran pecado, no le agradecer el haberle hecho religioso.


Videte ne in vacuum giam dei recipiatis, decía el apóstol escribiendo a los corintios en el cap. VI, y es como si dijera: Mirad hermanos míos, que no recibáis la gracia de Dios en vano: porque sería caer en uno de los mayores pecados que se podían cometer en este mundo. Como sea verdad que cuando Dios nos da su gracia, nos da el mayor don que nos puede dar en esta vida: entonces pues recibe el hombre la gracia de Dios en vano, cuando no le hace gracias por tan alto beneficio. Aquel recibe también en vano la gracia, que no la emplea a voluntad del que le hizo la merced della: porque las gracias y mercedes que el señor nos da, más valdría no las recibir, que dejarlas después enmohecer y perecer. Aquel deja la gracia de Dios enmohecer y perecer, que ni sabe con ella al señor servir, ni quiere a sus hermanos con ella aprovechar: sino que es como el caballo hermoso que se manca, o como el árbol que carga de flores y después no da fruta.

San Bernardo a los monjes de monte dei dice: Entonces el monje recibe la gracia de Dios en vano, que no se acuerda, en cómo le sacó Dios de los peligros del mundo, y le trajo para servirse de él en algún monasterio: porque es este beneficio tan alto y tan meritorio, en que así como en el agua de cristianos nos bautizamos, así en la sesión de religiosos nos regeneramos. Entonces el monje recibe la gracia de Dios en vano, cuando quiere así vivir en el monasterio, como vivía allá en el mundo: y las libertades que tenía allá, las quiere tener acá: y del tal y contra el tal dice el señor, que se guarde de hacer su casa de oración, casa de contratación. Debe pues el siervo del señor mirar mucho lo que toma antes que lo tome: y mirar si viene a la orden por voluntad, o por necesidad: porque todas las religiones del mundo, como fueron instituidas por varones santos, no son sino para personas santas. El monje que osare vivir en la orden como profano, y que todavía tiene resabio o cosas del mundo: téngase el tal por dicho, que sino se quiere ir a la mano, le verán al fin apostatar del monasterio. Querer alguno en la orden ser más exento y privilegiado que los otros, así en comer otros manjares, como en nunca entrar en comunidades aunque lo pueda por algún tiempo hacer, no lo ha al fin la religión de comportar: porque si la mar no puede sufrir cuerpos muertos, mucho menos sufrir a la orden a hombres desordenados. La vida de los siervos del señor, por eso se llama orden: porque han de estar allí todas las cosas bien ordenadas, y por eso se llaman religiosos, para que estén en sus monasterios religados: porque a vivir de otra manera, no será orden sino desorden: ni será monasterio de religión, sino casa de confusión.

Preguntado por Dios el profeta Jeremías: en el cap. XXIV, qué era lo que veía, respondió: Video sicus bonas, bonas valde: et sicus [IIIv] malas, malas valde: y es como si dijera: Veo señor dos puertas de higos que están a la puerta del templo, y a la hora que las gusté, hallé por experiencia, que los buenos higos eran tan dulces, que no me podía dellos hartar, y los otros eran tan amargos, que aun no los osaba probar: de manera, que todos tenían un color, mas no todos un sabor. Desta tan alta figura se puede colegir, que no hay cosa mejor, que es el monje que guarda su religión, ni hay cosa en el mundo tan mala, como el que niega a su profesión: porque el monje desbaratado y renegado, discípulo es del demonio y no de Cristo. Aquel niega su religión, y reniega de su profesión: que habiendo tomado algún santo hábito, retiene toda vía en sí algunos resabios del mundo, y algunas particularidades de liviano: de manera, que por una parte se precia y autoriza del hábito religioso, y de la otra vive como un profano. Dime yo te ruego, por qué los seglares de que nos topan se encomiendan en nuestras oraciones, nos quitan los bonetes, nos besan las manos, y nos hacen tantos acatamientos: sino porque piensan que somos unos santos, y que mediante nuestros méritos, esperan ellos ser salvos: Si los del mundo viesen cuán distraídos traemos los pensamientos, y cuán vagamundos nos andamos por los monasterios: ¿crees tú hermano que nos darían lo que nos dan, y nos tendrían en lo que nos tienen? Guardarse debe pues el siervo del señor, de no ser de los higos malos que vio Jeremías: los cuales tenían el parecer bueno, y el gusto tenían amargo: porque en caso de ser el monje recogido y virtuoso, más vale serlo y no parecerlo, que parecerlo y no serlo. Mucho es de ponderar, que todas las que vio Jeremías eran unas, todas parecían encanastadas, y todas estaban a la puerta del templo, mas no todas tenían un gusto: de lo cual podemos inferir, que no consiste la perfección del monje, en llamarse religioso, ni en residir en el monasterio, ni aun en el hábito negro, o pardillo que trae, sino en la vida buena, o mala que hace. No vaca tampoco de misterio, que no se contenta Jeremías con decir, que las unas que probó eran malas, sino que dice ser valde malas: es a saber, además muy malas: para darnos a entender, que el monje que una vez se determina de poder la vergüenza, y posponer la conciencia, no hay en el mundo maldad y traición que no haga. Oh buen Jesús, oh amores de mi alma: plega a tu fama bondad y clemencia, que pues tuviste por bien de encanastarme en la sera de la religión, que no sea yo una podrida sino sana, no amarga sino dulce: no para echar al muladar, sino para llevar a tu lagar: ado apartado del bollego, me recibas en tu gloria por vino puro.

Como en las vidas de los padres estuviese un monje con muy gran calentura, y le viese un viejo pedir un jarro de agua fría, díjole estas palabras: Ni porque estés hijo enfermo y flaco, es justo que nos profanes ni relajes el rigor del yermo, pidiendo que te pongan a la sombra, y que te den el agua fría: porque para decirte la verdad, la doctrina del evangelio, y las libertades del mundo, nunca juntas se hallaron, ni en ningún monje se compadecieron.

San Bernardo escribiendo a un monje que estaba desconsolado dice: No me maravillo hijo Giliberto, de que estás desconsolado, sino de cómo no estas desesperado: pues me dicen que no haces sino suspirar por las cosas que dejaste en el siglo, y que no tienes envidia sino a los que están en el mundo: lo cual te imputo a gran vanidad, y aina diría que a mucha liviandad: porque de buena razón, la envidia que teníamos en el mundo a los más poderosos, ésta hemos acá de tener a los más virtuosos. Tú y otros como tú vivís muy engañados, si pensáis que por ser en la edad viejos, y en la religión ancianos andáis ya seguros, y podéis [IVr] enseñar la religión a otros: porque la alteza de la perfección, y la pureza de la religión, alcánzanla muy pocos, y cómprase con muy grandes trabajos. No es culpa del señor, estar nosotros necesitados, ni el andar atribulados: pues él tiene capitulado con sus siervos, de oírlos si le llaman, y de socorrerlos si se lo ruegan: y lo que más de todo es, que siempre guarda su gran caridqd, para una mayor necesidad. Cata Giliberto que las cosas mundanas, no sólo les es prohibido el procurarlas, mas aun el desearlas: porque entre los varones de alta perfección, como tú eres, a las veces peca más el corazón en lo que desea: que no peca la mano en lo que toca. Los bienes de Jericó fueron a los hebreos prohibidos, y aun descomulgados, y al triste de Achior, hijo de Carmi porque se atrevió a tomar una ropa buena, y cierta maldita pecunia: fue luego a muerte condenado, y de todo el pueblo apedreado. Guárdate pues hermano Giliberto de los bienes de Jericó: es a saber, guardando algunos hábitos para tus regalos, o algunos dineros para tus apetitos: porque en tan enorme caso, sino fueres como Achior apedreado, serás como Judas condenado. Lo de suso es de Bernardo.

Sint lubi viri precincti: et lucerne ardetes in manibus vestris: decía Cristo a sus discípulos: luce, XII, y es como si les dijera: Si queréis ser discípulos míos seguirme y servirme, conviene que os ciñáis muy justo, y que tengáis una candela encendida en cada mano, como los que esperan a su señor que vendrá de súbito. Conforme a este consejo Elías en el desierto, San Pedro en la cárcel, San Pablo en Éfeso, y Cristo en el cenáculo, aunque estaban mal vestidos, andaban bien ceñidos: para darnos a entender, que los verdaderos siervos de Dios, por afrentas que les hagan, ni trabajos que les vengan, nunca han de aflojar en lo que empezaron, ni se resfriar en lo que tomaron. Qué otra cosa es mandarnos el señor, que andemos arropados y ceñidos: sino que en las cosas de su servicio no seamos flojos ni tibios. La ropa que anda bien ceñida y apretada, es provechosa, y no airosa: quiero decir, que el novicio que viene a servir al señor debe en los principios mucho encogerse, y mucho recogerse: porque entonces diremos con verdad que se ciñe justo, cuando procura de ser justo.

San Anselmo sobre estas palabras dice: La ropa que está bien ceñida y bien apretada, ni estorba el andar, ni ocupa tanto lugar: quiero por lo dicho decir, que debe ser el siervo del señor tan honesto en lo que hace, y tan sincero en lo que dice, que ni se arrepientan los que le dieron el hábito, y loen todos a Dios de cómo vive en el monasterio. No vaca de misterio, el no mandarnos Cristo ceñir los pies, ni la cabeza, que son las extremidades del cuerpo, sino solamente las renes, que están sitas en el medio: para darnos a entender, que ni en el comer ni en el vestir, ni en el conversar no seamos extremados, sino que tomemos en todas las cosas los medios: porque de monje extremado, no se puede tener buen concepto.

Sobre estas palabras de sint lumbi uti pcincti, dice San Gregorio: ¿Qué otra cosa quiso el señor mandar en mandarnos que ciñésemos los lomos, sino que de pies a cabeza fuésemos limpios y castos: para comer el cordero pascual, se ceñían los hebreos los lomos, mas tú hermano para llegarte al altar, no te has de ceñir sino los pensamientos? porque tan limpio y tan casto ha de vivir el siervo del señor, que ni de su boca se oía torpedad, ni en su corazón se piense maldad.

San Agustín a este propósito dice: Aquel con verdad tiene ceñidas las renes, que de conservación de mujeres quita las ocasiones: porque de mí confieso y digo que en caso de castidad, nunca más virtud en mí hallé, de cuanto de las ocasiones [IVv] me aparte. Oh buen Jesús, oh amores de mi alma, si San Agustín confiesa no poder ser casto, sino cuando se veía apartado, y desocasionado: qué haré yo triste de mí, y cómo seré yo limpio, metido y cahondado en todas las ocasiones del mundo: Debe pues el siervo del señor guardarse mucho de no andar desabrochado y desceñido: es a saber, flojo y desapercibido, y descuidado, en lo que toca a ser limpio y casto: porque en caso de castidad, no menos ha de estar de si mismo sospechoso, que vivir del demonio recatado. Conviene nos estar ceñidos y receñidos, cogidos y aun recogidos, para ser verdaderamente castos y limpios: pues para cada vicio no hay más de un tentador sólo, mas para el de la castidad son todos los tentadores a una: porque los ojos pecan visu, la lengua locutione, el demonio cogitatione, el corazón consensu, y la carne delectatione et opere. No vaca tampoco de misterio, el habernos primero de ceñir las ropas, que no tomar en las manos las candelas encendidas: en lo cual se nos da a entender, que de tal manera dejemos atadas y aun anudadas las riquezas y vanidades del mundo, que ni ellas nos puedan en la orden seguir, ni nosotros las tornemos al mundo a buscar. ¿Qué otra cosa son las candelas encendidas en las manos, sino las obras santas y virtuosas que hacemos? Así como es uno el que tiene la candela, y otro el que con ella se alumbra, así es una cosa la persona religiosa, y otra la buena obra: la cual no sólo aprovecha al que la hace, mas edifica al que la mira.

San Crisóstomo a este propósito dice: Así como no carece de pecado el que es ocasión que otro peque, así no carece de mérito el que es causa que otro merezca: porque conforme a lo que dice el salmista, particeps sum omnium timentium te: muy gran presente tenemos en el bien que se hace, cuando nosotros somos ocasión que el tal bien se haga.

San Fulgencio sobre estas palabras dice: Mandarte Cristo que primero ciñas los lomos, y que después enciendas las candelas: es decir clara y abiertamente, que primero te apartes del mal, y que después pongas por obra el bien: porque según la experiencia nos enseña, ninguna tierra o campo quiere dar fruto, si primero de la grama y ortigas no está alimpiado.

San Agustín dice: Nunca Dios nos da sus grandes bienes, hasta que de raíz arranque nuestros males, y ni crece más sus mercedes, de cuanto se van disminuyendo nuestras poquedades: de manera que nunca aquellos se acaban, hasta que éstos del todo fenezcan. También es de advertir, en que no dice Cristo que tengamos en las manos una sola candela, sino muchas candelas: para avisar y aconsejar al verdadero monje y siervo del señor, que pues son inmensos los beneficios que de mano del señor reciben, sean también muchos y muy muchos los servicios que hagan. No carece también de misterio, el mandarnos Cristo, que nosotros tengamos las candelas en nuestras proprias manos encendidas, y que ni las pongamos en candeleros, y que ni las tengan otros por nosotros: para darnos a entender, que más nos valiera no haber venido al monasterio, si en él no nos enmendamos, y obras de buenos monjes no hacemos. Del glorioso bautista dice la escritura sacra, que era candela que siempre ardía, y que siempre alumbraba: para darnos a entender, que tal y tan bueno ha de ser el varón religioso y virtuoso: que ni le falte cera de buena vida para arder, ni halle en el pasillo de pecado que despabilar. No es candela encendida sino muerta, el monje que no tiene otra cosa de monje sino el escapulario, y la cogulla, y el hábito, y la cuerda; de lo cual no se debe nadie pronunciar, ni menos vanagloriar: porque delante del señor tiénese en poco el no ser más [Vr] de monje, y tiénese en mucho el ser buen monje. La condición de la candela muerta es, que se pierde el pasillo de que se hizo, ocupa el lugar ado está puesta, no alumbra a los que la miran, y hieden las manos de que la tocan: de manera que cuanto la candela estando encendida alegra tanto de que está muerta es asquerosa. Todas las condiciones del cirio muerto, tiene en sí el monje indevoto y vagamundo: el cual come lo que los otros ganan, ocupa el lugar de un bueno, es pesado a todo el convento, no hace cosa de buen religioso, y anda como asombrado por el monasterio: de manera, que va el tal a trabajar a las once, y quiere ser de los primeros en la paga.

San Anselmo en una homelía dice: Las vírgenes que no tenían las lámparas encendidas, no merecieron entrar con el esposo en las bodas: y así el hombre que no hace lo que debe como cristiano, o que no cumple lo que prometió como religioso, se debe el tal tener por dicho, que en la hora postrera no se hallará entre los que fueron convidados, sino entre los que se quedaron burlados Oh cuánta merced hace el señor, al que de su mano le sacó del mundo, y le dio gracia para ser religioso: porque en el estado religioso vive el monje más seguro, anda en todo más contento, cae mucho más raro, levántase muy más temprano, y aun arrepiéntese más presto. Sea pues la conclusión de todo, que al que debajo del hábito religioso viéremos ser soberbio, ambicioso, carnal y malicioso: podemos con verdad del decir, que es Satán entre los hijos de Dios, Satán entre los israelíticos, Saúl entre los profetas, y aun Judas entre los apóstoles.


{Antonio de Guevara (1480-1545), Oratorio de religiosos y ejercicio de virtuosos (1542). El texto sigue la edición de Valladolid 1545, por Juan de Villaquirán, 8 hojas + 110 folios.}

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