Salvador José MañerAnti-Teatro crítico

Antiteatro crítico • Tomo primero • Discurso primero

Voz del Pueblo

1. Da, pues, principio su Reverendísima a la obra de su Teatro con el Discurso I, de la voz del Pueblo, en que pretende desterrar el error de los que forman dictamen de ser la voz del Pueblo la voz de Dios, fundados en aquel tan antiguo, como recibido proverbio del vox Populi, vox Dei.

2. Esta voz de que su Reverendísima trata, y le llama voz del Pueblo, la envuelve, mezcla, y confunde, haciéndola una misma con la voz común, según lo hallamos expreso en el num. 4. de este su Discurso. Y aquí, Padre Reverendísimo, de parte de su Reverendísima está el principal error; porque la voz común es aquella que dimana, y se establece en la gente común, o plebeya, que ordinariamente llaman vulgo; mas la voz del Pueblo procede, y se considera en el Pueblo, que se compone de Nobleza, y Plebe, de Eclesiástico, y Secular, en que entran todas jerarquías; y así, no puede tenerse por una propia la voz común, que se constituye en solo la plebe, y la voz del Pueblo, que se organiza en la misma plebe unida con las demás partes, que componen una República. De manera, que su Reverendísima no debe hacer oposición contra la voz común, porque de esta no se habla, según el título de este su Discurso I, sino contra la voz del Pueblo, que incluye [2] divites, & pauperes, excelsi atque infime, docti atque indocti, mares, & feminae, como dice San Agustín de Peccat. Orig. porque aquel ne sequaris turbam ad faciendum iudicium, del 23. del Exod. que según la explicación de la Glossa, non populum sequendum docet, sed Sacerdotes, se debe entender del común, no de la voz del Pueblo, que es otra generalidad: de donde se sigue, que aunque es verdad lo que su Reverendísima dice, que siempre alcanzará más un discreto sólo, que una gran turba de necios, también lo es que hace contra sí el argumento, respecto de que en la voz del Pueblo se incluyen muchos discretos. Con que supuesta la distinción de estas voces, se reconoce con evidencia, que su Reverendísima en todo lo que dice en los cinco primeros números de los dos §§. de su Discurso I, va muy distante del intento que pretende, tomando la voz del Pueblo por la del común, o vulgo.

3. Desde los dos números 6 y 7 del §2 va ya su Reverendísima hablando separadamente con la voz del Pueblo; pero qué es lo que en ellos contra esta voz se prueba? El que en los casos que su Reverendísima refiere, erró la voz del Pueblo: bien, y yo también digo lo mismo; mas del propio modo se añade, que ni allí, ni en otra parte alguna se prueba el que siempre yerra, sino que le es posible errar. Esto es lo más que inferir se puede de todo lo que su Reverendísima dice, no sólo en los números mencionados, sino en todos los que componen su Discurso; para lo cual será necesario sepamos, ya que hemos visto el lugar en que la voz del Pueblo reside, el cuando la tienen por tal los hombres de inteligencia. Para ir con la más acertada, sigamos la de su Reverendísima, que dice, que cuando la constituyen a una materia determinada, en la que en el num. 8 del §3 nos afirma, que creyó algún tiempo que la voz del Pueblo era infalible; y añade: Conviene a saber, en la aprobación, o reprobación de los sujetos, siempre es manifiesto error el mantenerla por infalible; y así jamás he creído, ni creeré, que la voz del Pueblo es [3] infalible, sino regularmente cierta; y antes que pase a fundar este dictamen, debo reflexionar sobre los dos extremos en que la voz del Pueblo se emplea, esto es, la aprobación, y reprobación de algún sujeto. Lo primero se ve con alguna más frecuencia que lo segundo, respecto de que esto último se experimenta más raro, por la dificultad de su práctica. Para tener a uno por bueno, los mismos actos de su virtud va poniendo en articulación la voz del Pueblo; como por el contrario para tener al malo por malo.

4. Pero esta voz del Pueblo en la calificación del bueno, y el malo, nos la pone su Reverendísima hacia señalar el sabio, o el ignorante. Si es cierto que la voz del Pueblo lo tiene por tal, mucho será que se le despinte; pero no es esta la voz que entendió Foción, en que declaró su mente, de que nunca hace el Pueblo concepto sano en la calificación de sujetos, como trae su Reverendísima en el num. 8 del §3, porque allí sólo entendió por Pueblo el común del vulgo, que, como ya se ha dicho, es cosa muy distinta; y esto propio se dice sobre los demás puntos de este Discurso, en que su Reverendísima vuelve a la mezcla de tomar por una sola las dos voces del común, y del Pueblo.

5. Los ejemplares, pues, del num. 11, §4, que se traen de Gentiles, y Mahometanos, parece que no pueden correr con el supuesto de ser la voz de Dios la voz del Pueblo; porque en el País en donde su Reverendísima pretende darla por error, no sé yo que haya quien tenga la voz del Pueblo; v. gr. el de Marruecos, por la voz de Dios en materia de creencia: y digo en materia de creencia, porque hacia algunos respetos humanos podrá serlo, como lo fue la de Balán, no obstante de ser Gentil.

6. Los apoyos con que su Reverendísima procura esforzar su dictamen, y son del caso presente, son aquellos que se traen de haber errado la voz del Pueblo de Amberes, Limoges, y Turón, que se refieren en los números 12 y 13 del mismo §4, mas no con tanta [4] certeza en lo de haber errado el Pueblo de Florencia, cuando tuvo por varón justo a Fr. Jerónimo Savonarola, puesto que su Reverendísima podrá haber visto la Tertulia Histórica, que sobre este asunto se le opuso, que aunque la Carta de San Francisco de Paula, que trae a favor del Padre Savonarola, es apócrifa, por ser de la Centuria del Padre Francisco Longobardo, prohibida por la General Inquisición de Roma, los demás argumentos de que la Tertulia se vale, no parece que son de poco aprecio; por lo menos para mí tengo por bastantemente odioso el dictamen contrario, después de haber observado, que Francisco Guichardino en la Historia de Italia ponga al fin del libro 3. el suceso de Savonarola, dejándolo indeciso, sin osar determinarse hacia su culpa, o su inocencia. Pues si un Historiador, nacido en Florencia, y escribiendo en ella poco después del caso del Padre Savonarola, no se atreve a determinarle; cómo puede m= enos que tocar en exceso el que quizá con menos circunstancias, y muchos siglos después se determina, y lo resuelve, cuando pudiera con bastantes fundamentos, por parte de lo piadoso, y por guardar el decoro a una Religión tan venerada, como la de Predicadores, no tomar la parte odiosa, afirmando que fue la justa? Crea su Reverendísima sobre esto todo lo que gustare; pero por el dictamen opuesto me hace grandísimo peso el afirmar el Marqués de Abrantes, cuando estuvo en esta Corte por Embajador de Portugal, haberse hallado en Florencia, y oído Misa en la Capilla que al Padre Savonarola le tiene la Ciudad de Florencia dedicada, a la que una vez al año acude en cuerpo de Ciudad con el presente de alguna alhaja a hacerle fiesta al Venerable Padre: demostración, que hecha en Italia a vista, y tolerancia de la Cabeza de la Iglesia, y en el propio lugar en el caso sucedido, con la referida acción aquel concepto primitivo, parece que revalida aquel Pueblo, y hace ver el que no erró la voz de su Pueblo, cuando tuvo por varón justo a aquel Religioso. [5]

7. Pero yo quiero sentar que errase la voz de aquel Pueblo en haber tenido por Santo a quien no lo era. Podrá su Reverendísima negarme el acierto, cuando juzgando lo contrario fue quemado en pública hoguera. Claro está, que no. Pues ahora, entre el yerro, y el acierto, que no pudo dejar de darse; por qué su Reverendísima les nota lo uno, y no les alaba lo otro? La respuesta podrá ser, el que lo hizo para traerlo por ejemplar de lo que yerra la voz del Pueblo, y no se tenga por infalible; pero padece la réplica de que unido con aquel yerro, viene eslabonado el acierto: además, que el que la voz del Pueblo alguna vez yerre, se hace preciso en el que no la cree por infalible; pero lo que digo es, que regularmente acierta: y ve aquí los ejemplares de los que su Reverendísima quizá no quiso echar mano. Luego que murió el Angélico Doctor le canonizó por Santo la voz del Pueblo, con tantas aclamaciones, que siete meses después de su dichoso tránsito le cantaron Misa del común de Confesores los Monjes del Monasterio de Fosanova, lo que dio por bien ejecutado cincuenta años después el Papa Juan XXII en la Bula de su Canonización. Muerto el Rey D. Fernando III de Castilla, le aclamó Santo la voz del Pueblo, y levantó tanto el grito, que desde entonces, hasta el año de 1671 en que se canonizó, fue continuamente llamado con el glorioso renombre del Santo Rey Don Fernando. La Ciudad de Sevilla, poco después de su tránsito, disponiendo las Armas que debía usar, le colocó en trono sentado entre San Isidoro, y San Leandro. Pintáronle con Diadema de resplandor, prerrogativa debida a sólo los que la Iglesia declara por Santos: su espada, y demás arreos del adorno de su cuerpo, se veneraron por reliquias, y se le erigió Altar en la Capilla de Nuestra Señora de los Reyes en la Iglesia Catedral, donde arrimado a el santo cuerpo, se le dijeron Misas de tiempo inmemorial, como todo lo refiere en su Vida Don Alonso Núñez de Castro.

8. San Juan de Dios, muerto el año de 1550, se le [6] erigió a corto tiempo en Oratorio el aposento en que murió; y por tenerlo por Santo la voz del Pueblo, escribió el Papa Urbano VIII a la Reina de España el año de 1624, que era el bendito Varón muy digno de los Altares, como trae en su Vida el señor Obispo de Cirene Don Fr. Antonio de Govea.

9. A Santo Tomás de Villanueva, desde el año de 1555 en que murió, le dio el Pueblo culto de Santo todo el tiempo de sesenta y tres años, hasta el de 1618, en que se declaró Beato, según en su Vida nos dice Fr. Benito de Aste.

10. A Santa Teresa de Jesús, desde su muerte la empezó el Pueblo a venerar como a tal, nombrándola ordinariamente la Santa Madre, y ofreciéndole votos, y oraciones en su dichoso sepulcro, como nos lo afirma en su Vida el señor Obispo Yepes. Y siendo San Roque tan antiguo como la peste, se halla canonizado con solas las bulas de la voz del Pueblo.

11. En las Andalucías se experimenta con dos casos bien recientes. En Córdoba está tan aclamado por Santo de la voz del Pueblo el Venerable Padre Fr. Francisco de Posadas, del Orden de Santo Domingo, que murió allí el año de 1714, que se tuviera a un escándalo gravísimo decirse allí lo contrario; y sucediera lo mismo con el Padre Pavial, de la Compañía de Jesús, si en Granada se excitase semejante duda, desde el año de 1724 que dicho Padre murió en ella. Y finalmente, oigamos sobre este punto al Doctísimo Gravina, tom. 3. Cath. praescrip. lib. 4. praescrip. 4. Confirmatur (dice) quia vulgatum, & tritum proverbium est quod, vox populi, vox Dei. Ergo, &c. hacia otro respecto; más hacia el nuestro añade: Etiam ex Populi instinctu firmum ducitur argumentum in sanctorum canonizationibus. Y respecto de que el Pueblo no es otra cosa, que el Público, no debe su Reverendísima despreciar tanto al primero, cuando en el Prólogo del segundo Tomo del Teatro hace tanto aprecio del segundo, dándole allí las gracias por lo que había favorecido su primer Tomo, [7] y ofreciéndole continuaría en darle gusto con los demás que le restaban; con que no parece equidad, que sea la voz del Pueblo la voz de Dios, sólo cuando elogia el libro de su Reverendísima, y sea la del demonio en todas las demás cosas.

Descuido primero

12. En la pág. 13 num. 19 dice su Reverendísima: En la embajada que hizo a la China el difunto Czar de Moscovia, &c. en cuya cláusula se descuida su Reverendísima. Pues aunque en otro cualesquiera Monarca no se debiera poner reparo en que se dijese: En la embajada que hizo, respecto el que siempre se debiera entender en lugar de hizo, el que la mandó hacer, como regularmente acostumbran los Soberanos; mas hablando del difunto Czar de Moscovia Pedro Primero, de quien sabemos hizo embajada en persona a diversas Cortes de la Europa ,decir su Reverendísima, que hizo embajada a la China, es decirnos que del propio modo lo practicó con la Corte de Pekín, de cuya noticia ignoramos el fundamento, por estar en la inteligencia de que tal no sucedió, lo que se reconoce en el estado presente de la Gran Rusia del Capitán Perry, impreso en el Haya en 1717, y que así nos lo insinuó la Gaceta de Holanda, que nos dio en compendio su vida poco después de su muerte. Mas para venir en conocimiento de la referida embajada, su Reverendísima nos dará bastantes señas de ella en lo que dice: Habiendo encontrado los de la comitiva en el camino a un Sacerdote Idolatra orando, le preguntaron: A quien adoraba? a lo que él respondió en tono muy magistral: Yo adoro a un Dios, al cual el Dios que vosotros adoráis arrojó del Cielo; pero pasado algún tiempo, mi Dios ha de precipitar del Cielo al vuestro, y entonces se verán grandes mudanzas en los hijos de los hombres. Este suceso, Padre Reverendísimo, acaeció en la embajada, que envió la Corte de Moscovia a la de la China, por Marzo de 1692 [8] de la que iba por Embajador Evert Isbran, Alemán de nación, cuya comitiva se componía de nueve Moscovitas, y once Alemanes; la que describe de propósito Don Sebastián de Medrano en su Moderna Geographia, y en ella dice el encuentra en el desierto de Xamo con el Sacerdote Idólatra, y lo refiere, fin mudar letra, con las palabras que trae su Reverendísima; mas de aquesta concurrencia estaba el Czar tan distante, como lo que hay desde la Corte de Preterburg, donde entonces se hallaba, a lo último de la Tartaria-mayor.

Descuido II

13. En la misma pág. 13, núm. 20, dice su Reverendísima: En el Reino de Sian adoran un Elefante blanco, a cuyo obsequio continuo, están destinados cuatro Mandarines, y le sirven comida, y bebida con bajilla de oro.

14. La historia del Elefante blanco, que según el dicho de los Sianeses se halló en una de las montañas, que intermedian con el Reino del Pegú, y por quien los Dominantes de ambos Reinos han hecho derramar inmensa sangre sobre su propiedad, la trae el Padre Henríquez, Agustiniano, en su Itinerario Oriental; pero ni él, ni los demás Autores, que yo he visto, insinúan la menor seña de la divinidad del Elefante blanco, sí un sólo respeto político, tal cual es correspondiente a una alhaja, sobre que se han sacrificado tantas vidas. Esto mismo pudo haberlo visto su Reverendísima, cuando registró a Moreri, que aunque sobre este asunto no pone más de lo que halló en el Padre Tachar, Jesuita, era lo bastante para que no cayese en el engaño de la adoración que refiere.

15. El Padre Tachar en su primer viaje a Sian, con los demás Padres de su Compañía, enviados por el Rey Cristianísimo Luis XIV el año de 1685, en el libro 4, pág. 239, nos dice, que uno de los honores que les fueron hechos por orden del Rey de Sian, fue el de [9] mostrarles el Elefante blanco, que estaba dentro de un magnífico pabellón, asistido de muchos Mandarines, y servido con vajilla de oro; pero del mismo modo nos dice al principio del lib. 5, que se les mostró de la misma suerte dentro del Palacio Real el Elefante Príncipe, llamado así, por haber nacido el mismo día que el Príncipe reinante, y ser en el que montaba cuando se le ofrecía salir. Este, pues, estaba en otro pabellón no menos majestuoso, y se le acataba con el mismo respeto que al Príncipe dominante, sin que de una, ni otra veneración se pueda inferir el menor respeto de adoración: pues el mismo Autor emplea la mayor parte del lib. 6. en darnos exacta noticia de la Religión de aquellas gentes, donde nos dice, que tienen por Dios a Sommonokhodom, cuyos Sacerdotes son los Talopanes, y que a éste le dan por hermano menor a Thevachar, que por lo que de nuestra Religión han oído, lo comparan con Jesucristo, lo que notablemente impide en ellos el asenso a nuestra Santa Fe. De manera, que si en el Reino de Sian tienen por Dios al nombrado Sommonokhodom, y que modernamente así lo afirma el cuarto Tomo de los Soberanos del Mundo en el §10, se debe tener por falso lo que su Reverendísima dice, que adoran un Elefante blanco; pues como ya hemos visto, sólo se le reverencia con un respeto político; porque de lo contrario, ni el Rey de Sian se titulara Señor del Elefante blanco, ni éste ejerciera los actos de sumisión, que refiere Don Sebastián de Medrano en su Moderna Geografía, donde dice, que es Capitán del Regimiento de los Elefantes, y que cuando pasa con ellos delante del Rey, le hace con los demás el acatamiento de doblar la rodilla hasta la tierra, y tendiendo en ella la trompa, la levanta tres veces del suelo, en muestra de su rendimiento. [10]

Descuido III

16. En la pág. 15, núm. 23, dice su Reverendísima así: No he visto que alguno de aquellos Escritores Dogmáticos, que concluyentemente han probado por varios capítulos la evidente credibilidad de nuestra Santa Fe, introduzca por uno de ellos el consentimiento de tantas Naciones en la creencia de esos misterios; pero sí el consentimiento de hombres eminentísimos en santidad, y sabiduría.

17. Esta falta de vista, que aquí se insinúa, no es aquella que comúnmente usan los Escritores, cuando aseguran no haber hallado, sobre el asunto que tratan, la materia que dudan; porque en tal caso se explican con estas, o equivalentes palabras: No he hallado en los Autores que he visto: ciñendo la vista de su estudio a sólo aquellos que ha registrado; lo que no se percibe en la de su Reverendísima, que suponiendo, que aquellos Escritores Dogmáticos, que han probado la creencia de nuestra Santa Fe, los ha registrado todos, afirma no ha visto alguno introduzca el consentimiento de tantas Naciones, &c. y si este general registro es como su Reverendísima nos propone, es digno de especial nota la falta que padeció en una vista tan lata, con el descuido de no haber visto en San Agustín en el Symb. Serm. 3. ad Cathech. cap. 13. que dice estas palabras: Audite haeretici quid scriptum est.. omnes gentes totus mundus est. Ecclesia totum possidet, quod a viro suo accepit in dote. Quaecumque congregatio cuiuslibet haeresit in angulis sed: concubina est, non matrona. Podía haber visto su Reverendísima a Tomás Bocio de Signis Ecclesiae, donde en el signo 82, innumeri Catholici, con que da principio al lib. 20, vigoriza por todo él la verdad de nuestra Religión, por el gran número de Católicos, que la componen; y allí responde a todas las objeciones, que contra este argumento forman los Herejes. Hubiera visto al docto Gravina, Cath. praescrip. advers. [11] haeret. tom. 3. controv. 4. de notis Eccles. donde también usa de este propio argumento, y cita por esto mismo entre otros a San Basilio epist. 71. donde el Santo dice: Reliqua vero Ecclesia, quae orbis finibus usque ad fines Evangelium recepit. Del propio modo pudo haber visto en el erudito Padre Sommier Histor. Dogmática de la Religión, tom. 5. lib. I. cap. 15. las diez Pruebas de la Religión Cristiana, propuestas a las Universidades de Inglaterra, por el Padre Edmond Campien, Jesuita, y natural de Londres, donde su Reverendísima hallaría, que en la décima Prueba se vale del argumento de los muchos Pueblos que han recibido la Fe Católica: y porque no dilatemos el catálogo, pudo, finalmente, haber visto al docto Padre Felipe Señeri en su Incred. part. 2, cap. 19, §4, donde se explaya sobre este asunto, desde el num. 11 hasta el 14, en que concluye el capítulo; y en el que también afirma, ser en número el Pueblo Católico, mucho más que el Mahometano, contra el núm. 4, §1 del presente Discurso, en que su Reverendísima tiene lo contrario, cuando nos da por cierto, que más votos tiene a su favor en el Mundo el Alcorán, que el Evangelio: proposición, que no osaría mantener el que se hallase bien instruido de sólo la parte que posee nuestra Religión en la de la América, que por sobre el pelo se puede inferir su grandeza, en lo que puede comprehender setenta y seis mil Iglesias, que le numera hasta el año de 1692, en que escribió el Padre Fr. Vicente María Coroneli: yendo la mies Evangélica en aquellas Regiones, en tal aumento, que en el de 1721 llegaban a setenta y seis mil cuatrocientas y quince, sin entrar en este número las muchas que deben añadirse de la América Francesa, y Lusitana, donde, sin el dilatado País de la Canadá, gobiernan trece Provincias del Brasil un señor Arzobispo, y cuatro Obispos. Con que no tuvo razón su Reverendísima de querer persuadirnos con aquel no he visto, el que no había Dogmático alguno, que probase por el número [12] de individuos la verdad de nuestra creencia, cuando le ponemos delante los muchos que pudo haber visto.

Descuido IV

18. En la pág. 17, núm. 25, concluye su Reverendísima su Discurso, señalando (dice) dos sentidos, en los cuales únicamente, y no en otro alguno, tiene verdad la máxima de que la voz del Pueblo es voz de Dios. El primero es, tomando por voz del Pueblo el unánime consentimiento de la Iglesia universal. El segundo, tomándola del todo el género humano: y pone este segundo, en el conocimiento de toda la Tierra, en creer la existencia de Dios.

19. Dos sentidos nos concede en esta narrativa su Reverendísima, ambos arbitrarios, y ambos sin tener otra cosa, que la apariencia de poder darse. Porque el primero en que dice que estriba la voz del Pueblo del unánime consentimiento de la Iglesia universal, no es, ni se debe tener por voz del Pueblo, sino por de la Cabeza de la Iglesia, de quien dimana la articulación con que se explica todo su Gremio. La voz del Pueblo en el segundo sentido de creer toda la Tierra la existencia de Dios, no se da; porque es constante, que además de los Ateístas Europeos, se halla en la vida de Don Tiburcio de Redin, que anda impresa con el título del Capuchino Español, que en las Provincias de Pyritu de la América Meridional, encontró este Venerable Misionero algunas Naciones, sin la menor noticia de Deidad alguna.

20. En el descubrimiento que hizo en la América Septentrional, de las numerosas Naciones de los Irriquois, y los Ilinois, el Padre Luis Hennopin, Jesuita, se halla, por la Relación que de esto imprimió, que observó en ambas Naciones no reconocerse rastro de creencia de algún ente divino; y aunque el mismo Padre advirtió en los principales de ellos, que tomando [13] tabaco, arrojaban hacia el Sol tres, o cuatro bocanadas, ya está reconocido por diferentes encuentros políticos, que han tenido con Franceses, Ingleses, y Holandeses, que es puramente signo de cortesía.

21. La mayor parte de las Naciones, que pueblan la Provincia de los Moxos en la América Meridional, hasta ahora no se les ha descubierto por los Misioneros de la Compañía el menor indicio de Religión, como se halla en el Tomo doce de las Let. edif. Y sobre esto propio el Padre Estanislao Arlet, en el Tomo segundo de las mismas, nos afirma, que ni a Dios, ni al diablo dan culto alguno aquellas Naciones. Y el Padre Francisco Burges nos afirma en el Tomo doce, que no se les conoce vestigio de culto Religioso; y añade: Así viven como bestias, sin conocimiento alguno de la otra vida.

22. En el Reino de Tunquin está bastantemente observado el Ateísmo, como afirma el Padre Rhode, Misionero Jesuita, en su Relación de Tunquin. Y en el Imperio de la China son Ateístas todos los que siguen la Secta Literaria, y son una gran parte del Reino: con que no tiene lugar lo que dice su Reverendísima Tomo segundo, pág. 283, num. 30, que los Viajeros, que aseguran la carencia de Religión de algunos Pueblos, es de creer, que o por falta de suficiente trato, o por no entender bien el Idioma, no penetraron su mente: porque los testigos que hemos traído por prueba, carecen de aquesta tacha; pues siendo Misioneros, se debe suponer estarán bien instruidos en lo que afirman, porque los tratan, y saben sus Idiomas, y les penetran sus mentes: y haciendo las Naciones referidas tan gran parte de los vivientes del Mundo habitado, voluntario es el hacer voz del Pueblo la de todo el genero humano, porque toda la Tierra cree la existencia de Dios, siendo así, que señalamos tanta parte de ella, que no conoce Deidad alguna.

 
{Salvador José Mañer, Anti-Teatro crítico, sobre el primero y segundo tomo del Teatro Crítico universal..., Juan de Moya, Madrid 1729, páginas 1-13.}


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