La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Benito Jerónimo Feijoo 1676-1764

Teatro crítico universal / Tomo octavo
Aprobación

Del M. R. P. Mtro. Fr. Balthasar Saenz de Victoria,
Maestro General de la Religión de San Benito, Abad que ha sido de los tres Monasterios de nuestra Señora de Valvanera, San Pedro de Exlonza,
y nuestra Señora de Monserrate de esta corte, &c.


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Cumpliendo con el orden de V. Rma. he visto el Tomo octavo del Teatro Crítico, escrito por Rmo. P. Mro. Fr. Benito Feijoo, Maestro General de nuestra Sagrada Religión, Catedrático de Prima de la Universidad de Oviedo, Abad del Colegio de San Vicente de aquella Ciudad, &c. Y aunque siguiendo el axioma de los antiguos Filósofos, debía con más justos motivos satisfacer a esa honra, valiéndome de su respuesta: {(a) Socrates} Quod supra nos, nihil ad nos; debiendo temer, con superior razón, lo que acobardó a Casiodoro en otro asunto, aunque parecido a mi empeño {(b) Casiodoro}: Ne quod propter desideria supplicantium putabatur acceptum: postea legentibus videretur insipidum. Ya que no se pueda resistir mi rendimiento, me acomodaré con pudor al dictamen de Venancio {(c) Venant. Fortun. ad Gregor.}: Contra pudorem meum deducor in altum.

La Obra, P. Rmo. sobre ser conforme a nuestra Católica Fe, y buenas costumbres, sin que, aun en orden a la Política Civil, tenga ni una mota en que tropezar, es parto legítimo del P. M. Feijoo, de quien puedo decir con igual motivo lo que publicó de nuestro [XVII] Montfaucon el doctísimo Graveson Dominicano: Criticus nulli secundus: Historicus, & Antiquitatis cum Sacrae, tum Ecclesiasticae, & Prophanae studiosissimus; omnium virorum eroditorum huius saeculi facile Princeps habetur {(a) Gráveson Histor. Ecclesiast.} y teniendo esta Obra un Padre tan ilustre, es por su naturaleza grande; pues ya se sabe, que los legítimos partos del entendimiento son perfectas expresiones de su principio.

Y aunque parece queda suficientemente declarado mi sentir, contemplo otra circunstancia, que me da más que admirar; pues me consta, que las eruditísimas Naciones, Española, Francesa, Italiana, y las demás, han recibido con tanta estimación todas sus obras, que para saciar su discreto gusto se han reiterado muchas impresiones de su Teatro: Nihil magis (dice mi Mabillon de N. P. S. Bernardo) Bernardi (Mro. Feijoo) meritum, & pretium arguit, quam adeo frequentes, & toties repetitae eius operum editiones {(b) Mabill. In Praef. Ad oper. D. Bernard.}.

Nada se debe extrañar, porque todo lo merecen las obras del Autor; pues aquella airosa valentía de sus empresas; aquella erudita novedad de sus paradojas; aquella dulzura, y nervosidad de sus argumentos; aquella convincente gala de sus discursos; aquella afluente copia de sus razones, o luces, con que pone de manifiesto las mayores oscuridades, y como verdadero hijo del mejor Sol, alumbra; pero no quema; pues aun cuando el arrojo de las ofensas le precisa a valerse de las llamas, salen estas tan templadas de su pluma, que sólo prenden en la escoria: aquel estilo tan peregrino, que no sé si habrá quien pueda evitarlo; razones son [XVIII] convincentes d la discreta elección de las Naciones. Pero mejor lo dirá mi Mabillon: In eius enim Scriptis elucet ingenium, natura nobile, generosum, excelsum: sed humanum, civile, & honestum. Eloquentia, quasi congenita, sine fuco, non sine ornamento, sed nativo. Stilus pressus, oratio vivax, dictio propria, cogitatus sublimis, affectus pii, lepores sponte nascentes, totus sermo unum Deum, ac Caelestia spirans, ardet, non urens, sed inflammans. Pungit, & stimulat, non ut irritet, sed ut moveat. Corripit, increpat, non ut detrahat, sed ut attrabat. Arguit, minatur, terret; sed amando, non indignando. Blanditur; sed non adulatur. Laudat; sed non extollit. Urget blande; praestringit absque molestia. Delectat, recreat, placet, &c::: ¿Et miramur, si vir tantus amatur? ¿Si eius Scripta comparantur, terentur, leguntur ab omnibus? Si editiones eorum sine numero fiant {(a) Mabill. Ibi.}?

Hasta aquí mi Mabillon; y desde aquí empiezo yo a escrupulizar. Si este octavo Tomo es obra de semejante Artífice, ¿qué necesidad tiene de reverse, o aprobarse? Pues parece, que para darse a luz pública, bastaba decir quien hizo la obra. A esta dificultad respondo con distinción: Si se tropieza con un Aprobante esquivo, o que esté mal complexionado, más que sabia providencia, será el aprobarlo desgracia. Pero si el Aprobante penetra el fin con que se le mandaba examinar, ninguna más de las grandes obras necesitan de aprobación: porque, no se le encarga al Aprobante, que las censure, sino que las alabe.

Formó Dios el maravilloso Teatro del Mundo, concibiendo en el insondable abismo de sabiduría [XIX] toda la hermosura de la fábrica: Mundum mente gerens pulebrum, pulcherrimus ipse {(a) Boez. lib. I. de Consolat.}. Salió la obra (no me admiro) como hechura de su mano: Decebat ut a bono Deo, bona opera fierent {(b) Alápide in Pentateuch. Sup. Cap. I.}. Y acomodándose a nuestro modo de proceder, la volvió a mirar con reflexión: Factum est ::: & vidit deus {(c) Gene. Cap. I}. Ducitur hic Deus (dice Alápide) humano more, quasi Artifex, qui, peracto opere, illud contemplatur, videtque esse pulchrum, & elegans {(d) Alápide ibid. Sup. Pentat.}. Y como en Dios no hay reparo sin misterio, colijo, que este modo de proceder en la formación del Universo, fue enseñarnos a aprobar la obra, cuando se parece a aquella fábrica; y que en saliendo perfecta de las manos de su Artífice, se ha de hacer lenguas de ella el Aprobante.

Concluyó Dios la obra del universo: Complevit Deus opus {(e) Genes.}. Esto es ser verdadero Artífice. Volvió a mirarla segunda vez: Vidit cuncta {(f) Genes.}. Esto es hacer oficio de Aprobante. Y la aprobación de tanta belleza junta se ciñó a decir, que era más que buena: Cuncta erant valde bona. No me puedo detener a más, porque me llama otra admiración.

Si de cada obra en particular sólo dice Dios que es buena: Quod esset bonum, ¿de dónde provino a todas juntas el ser más que perfectas? ¿Cuncta erat valde bona? El doctísimo Alápide dice, que formó Dios el hermoso Teatro Universal del Orbe, como diseño de la grandeza de su Artífice: Ut homini Teatro rerum [XX] omnium exhiberet {(a) Alápide sup. Cap. I, Genes.}; o que cada criatura fue un hermoso libro, en cuyas sabias líneas pudiésemos conocer el cúmulo de sus excelencias: Ut librum ei praeberet, in quo ipse Creatorem suum videret, & legeret {(b) Idem ibid. Supra.}. Un discreto Teatro, lleno de erudiciones, con cuya lección se formasen los hombres racionales: desterrando las tinieblas de su ignorancia; manifestando los errores de la malicia; reprehendiendo su nimia credulidad; abominando de su obstinación, dándole a conocer, que no ha de tener por cierto todo lo que se dice; ni ha de juzgar imposible todo lo que no sabe. Y en conclusión, un hermoso Teatro, en cuya multitud, y diversidad de eruditos discursos tengan los hombres por donde hacerse sabios. Pues Obra, o Teatro, que se ordena a tan elevados fines, debe constar de públicas perfecciones. Ha de tener la perfección, que corresponde a su especie; y la que conduce para formar la perfección del Orbe. ¿Qué importaría, que ese hermoso Océano de luces, y llamas campease con la belleza de sus rayos, si no iluminara los demás objetos? ¿De qué servirían tantos volcanes, como depositó en él la Majestad divina, si no los empleara en universal beneficio de la tierra? ¿Qué haríamos con que fuesen hermosas las estrellas, cristalinos los Cielos, y una justa admiración cada criatura en particular, si esta innumerable multitud, y variedad del Universo no se unificaran, y coordinaran para componer todo el Teatro? Y al ver Dios maravillosamente hermanadas criaturas tan diversas, las que al principio le habían parecido bien, se pagó más de su prodigiosa encuadernación: Cuncta::: valde bona. [XXI]

Con mucho gusto me explayara en la aplicación del discurso, mas no por ofender la modestia del Autor, la dejo al mejor acierto de quien la quisiere aplicar. Mas no puedo dejar de ocurrir a un reparo de algún Lector escrupuloso. Bien sé que los otros siete tomos estaban sabiamente aprobados, y que no se me ha mandado, que apruebe toda la Obra; pero esta comisión, que no me dio mi Prelado general, me la he tomado yo. Lo uno, porque habiendo tenido la honra de dar sobre este octavo tomo mi dictamen, no quise malograr la ocasión de decir lo que de todas sus obras tengo concebido. Y principalmente, porque tengo bien conocida la cordura, y discreción de mi Prelado General; y que la alma de su celosa comisión, es mandarme le diga, si esta Obra, que se quiere dar a luz, es correspondiente a las demás obras del Autor; porque, como toda obra de un grande Artífice, se debe ceñir a los primores del arte, sintiera mucho este celoso Prelado, que un hijo suyo, y a quien todos los doctos bien intencionados le han tributado millares de millares de elogios, padeciese la menor decadencia de sus créditos.

Hágome la merced de persuadirme a que bastan estas dos razones para disculparme. ¿Mas que he de responder al cargo de quien, teniendo la comisión de aprobar este octavo Tomo, y gastando tanto fárrago en elogiar (mejor dijera denigrar) toda la obra, de la que se me ha mandado ver no he dicho en particular una palabra? Aquí es donde, encogiéndome de hombros, pido se les dé traslado a los discretos; y confieso, que los sabios Aprobantes de los tomos antecedentes agotaron tanto la erudición, que yo no hallo ya que añadir. No obstante, puede ser que antiquísimo Plauto me pueda prestar algún concepto. Digo, pues, que así este [XXII] octavo Tomo, como los demás (sin embargo de que han sido partos distintos) no puedo creer, sino que son gemelos, porque reflexionando sobre su hermosura, su elocuencia, sus frases, sus nombres, sobre toda la hermosa alma de su cuerpo, y sobre todo el airoso cuerpo de su estilo, si es que su estilo tiene cuerpo, ni yo los acierto a distinguir, ni los distinguiría la madre que los crió:

Ei sunt nati filii gemini duo,
Ita forma simili pueri, uti mater sua
Non internosse posset, qua mammam dabat
{(a) Plaut. In Menech.}

No hay que admirar; pues aún es tan perfecta la semejanza de todos los ocho Tomos, que no sólo la Madre, o Nutriz, que los crió a sus pechos, no es capaz de discernirlos; pero ni aún la misma madre que los parió:

Neque adeo mater ipsa, quae illos pepererat {(b) Id. ubi sup.}

Aún se me ofrece otra mayor maravilla; y es, que habiendo consumido el Autor cosa de doce años para dar a luz sus ocho Tomos, y siendo cosa muy natural, que en tanto tiempo le hayan divertido muchas, y diversas ocupaciones, ya con los cuidados de sus Prelacias, ya con el desempeño de sus Cátedras, ya con los quebrantos de su salud, ya con la precisión de disipar osadías de la contradicción: cuidados todos, que aunque a las grandes almas no las sofoquen, a lo menos las dividen: contempla la del Autor tan entera, tan sana, y tan unida, como si sólo se hubiera ocupado en esta obra. Y así salió tan perfecta la identidad de los ocho Tomos, que me parece estoy viendo lo que refiere Plinio de aquellos dos Niños que nacido uno en la Asia, [XXIII] y otro más acá de los Alpes, hizo creer Toriano a Marco Antonio, que en todo eran gemelos: Tanta unitas erat {(a) Plin. lib. 7, Cap. I2}

Mas no puedo dejar, no de condolerme, sino de reírme, de la sandez, y torpe ligereza del Gacetero Inglés, que falsamente instruido, u jocosamente engañado, publicó por más que partidario de los errores de sus Secretarios al más valeroso Impugnador de sus delirios. ¿ Pues quién no se ha de reír, al ver que este ignorante Gacetero pase a publicar Protector Anárquico a quien ha puesto, y pondrá siempre su cabeza por muralla contra todas las Tropas de la Anarquía? ¡Qué escaso vive este Gacetero de noticias, haciendo trato el publicarlas! Si hubiera destinado algunos ratos para leer a Juan Alberto Fabricio, natural de Hamburgo, y Luterano de profesión, tuviera algún conocimiento más racional de lo que son los Ilustres Varones de San Benito; y en vez de dar al público en su temeraria fábula, hubiera publicado del Rmo. P. Mtro. Feijoo lo que aquel, con discreción, y acierto, dijo del dicho Insigne Benedictino Montfaucon: Nemo vidit hodie, qui maioribus, vel praeclarioribus muneribus auxerit rem Litterariam, & qui Graecas praesertim, & Ecclesiasticas Litteras, omnemque Antiquitatem pulchrius exornaverit, quam nobilis genere, sed virtute, doctrina, & meritis illustrior, &c. {(b) Fabr. Bibl. Graec. Tom, I3, fol. 835}. no le ministro esta especie, porque el Reverendísimo Feijoo necesita alguna basa sospechosa, para que persevere firme su Católica Literatura; sino porque como es moneda, que corre en su propia tierra, aprehenda a no tratar con moneda falsa. [XXIV] Pues a fe mía, que aunque sea de Londres, y Gacetero, le estará muy mal, que lo acusen de monedero falso. Es verdad, que tengo mi poquito de sospecha, de que obró con su mucho de malicia; porque publicar a un Reverendísimo Feijoo Promotor de sus obstinados, y capitales errores, lo podía hacer fuego a dos fines, o para lisonjearse, creyendo que era así; o porque quería que lo creyesen así los demás: Aut credebat esse; aut credi volebat{(a) Curt. lib. 4}, que dijo Curcio, despreciando el soñado origen de Alejandro Magno.

Confieso, que luego que leí el Discurso sobre las Gazetas, o la justa impugnación de las mentiras, se me ocurrió la parábola de San Matheo {(b) Matth. Cap. I3}. Proponemos a la Majestad de Cristo, y a sus Ministros fieles, practicando el honrado ejercicio de Labradores: Exiit qui seminat. Otra letra: Filius Dei, & eius Ministri {(c) Calm. sup. Matth. ubi sup.}. Fecundaron estos el campo con el grano más escogidos: Bonum semen seminasti {(d) Matth. ibid.}; proveyendo, celosos, y eruditos, de un sanísimo alimento a los Catholicos: Bonum semen est bona doctrina, qua veri Fideles nutriuntur {(e) Calm. ubi sup.}.Y habiendo logrado, con admiración, y aplauso de todos, su santo fin, viene de un Protestante, o Anglicano Gacetero, y arroja una malvada cizaña sobre el campo: Inimicus homo superseminavit zizania {(f) Matth. eod. cap.}. Id est, Haeretici, omnesque Daemonis Ministri {(g) Calm. ibid.}. Ya sé que es muy antiguo este contagio. Lo que debemos llorar todos los Católicos, es el ver tan multiplicados a [XXV] estos enemigos en nuestros tiempos: Hoc usquequaque in Ecclesia evenit {(a) Calmet ubi sup.}.

¿Y a qué se reduce esta maldita cizaña? A que la Iglesia Católica visible no debe tener cabeza visible que la gobierne. ¡Qué bien se conoce, que es este Gacetero Inglés, cuando hace tan sacrílega injuria a quien la fundó! ¿La Majestad de Cristo había de formar a su más querida Esposa descabezada? ¿No le había de dar, ni aún lugar en donde tuviese los ojos, cuando hace gala de que son las niñas de los suyos? ¿Qué delito de lesa Majestad ha cometido este Cuerpo Místico, santo, y católico, para que quieran los herejes degollarlo? Pero esta es mucha seriedad para tratada con este Gacetero Inglés.

Hablémosle en otra lengua, y volvamos a su cizaña. Esta voz Zizania es griega. En latín se dice Lolium; y en castellano Foyo. Esta hierba, o planta es parecida a la cebada. Echa a modo de una espiga, y produce unos granos, pocos, y tan malignos, que mezclados en cantidad con el trigo, de que se hace la harina para amasar, sale el pan cocido con las perversas cualidades de embriagar, privar de los sentidos, y causar un temblor de cabeza, al modo de la convulsión de nervios: Panis, cui permultum Lolii permixtum sit (dice mi Calmet) parit ebrietatem, stuporem, capitis tremorem comedentibus {(b) Calm. ubi sup.}. Pues, señor Gazetero, u deje de engañar con sus noticias al Público, o ponga en su casa un poco más gobierno. Sepa de qué harina se amasa el pan que come; y no imprimirá a tontas, y a locas lo que aprehende, o se le dice; porque si no [XXVI] toma mi consejo, todos le dirán, que no come sino pan de Foyo. Y sepa, que a imitación de lo que Philon refiere haber respondido aquel Profeta, a quien Dios pidió diese su voto sobre la fábrica del Universo, así debe responder, cuando fuere preguntado. Que las Obras, máximas, y doctrina del reverendísimo padre Maestro Fray Benito Feijoo: Esse quidem perfecta, & plena ubique omnia, unum tamen se requirere, Laudatorem horum sermonem, qui::: non tam laudet, quam enarret. Ipsam enim enarrationem, operum Dei laudem esse sufficientissimam, nullo egentem actuario {(a) Philon de Planet. Noe, pag. I80}. Así lo siento, salvo meliori, en San Martin de Madrid, y Noviembre I0 de I738.

Fr. Balthasar Saenz de Victoria.


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{Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), Teatro crítico universal (1726-1740), tomo octavo (1739). Texto tomado de la edición de Madrid 1779 (por D. Pedro Marí, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), tomo octavo (nueva impresión, en la cual van puestas las adiciones del Suplemento en sus lugares), páginas XVI-XXVI.}


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