La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Benito Jerónimo Feijoo 1676-1764

Teatro crítico universal / Tomo quinto
Aprobación

Del M.R.P. Mro. Fr. Marcos Martínez,
Abad que ha sido del Monasterio de San Salvador de Lorenzana,
y ahora Regente de los Estudios, y Lector de Prima de Teología
del Colegio de San Vicente de Oviedo, &c.


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De orden y mandato de nuestro Rmo. P. el Mro. Fr. Francisco de Berganza, General de la Congregación de San Benito de España, e Inglaterra, &c. leí el tomo quinto del Teatro Crítico Universal, que intenta dar a luz el M.R.P.M. Fr. Benito Feijoo, Maestro General de la misma Congregación, segunda vez Abad de este Real Colegio de San Vicente de Oviedo, Doctor Teólogo de esta Universidad, Catedrático de Santo Tomás, de Escritura, y al presente de Vísperas de Sagrada Teología. Leí la Obra, y en tan pequeño volumen hallé un tesoro de incomparable estimación, y precio: Magni namque artificis est clausisse totum in exiguo. {(1) Senec. Epist. 54.}

Y siendo ya patente, no sólo a la República Literaria de Europa, sino también al común y vulgar de todo el mundo, que cualquiera de las Obras que gozamos de esta singularísima Pluma, no sólo se ha llevado (y con toda razón) los aplausos de todos, sino también las admiraciones, teniendo por difícil la imitación solamente, cuanto más la igualdad; con todo eso, en mi juicio, ésta, que ahora intenta salir a luz, es ventajosamente superior a las que precedieron, siendo sus Discursos, no sólo sólidos y admirables, como fundidos en el mismo molde de los demás, sino que por [XVII] ellos parece se excede el Autor a sí mismo, descubriendo a la misma luz nuevos resplandores.

Todas sus Obras han merecido singular crédito y aplauso, porque la profundidad en discurrir, lo singularísimo en ponderar, la eficacia en persuadir, y la suavidad en razonar, según el concepto de las más elevadas plumas, ha abierto nuevas sendas, no holladas, ni pisadas hasta ahora; y que será difícil que otros las puedan imitar. Bien lo testifican las repetidas cartas de eruditísimos Extranjeros, escritas al Autor, en que le gratulan y exhortan a la prosecución de Obra tan insigne.

Gran gloria es del Autor, que todos los Extranjeros hayan conspirado en la estimación de sus escritos, cuando hasta ahora los más de ellos hablaban con tanto desprecio de la elocuencia y erudición Española. Es infinito lo que pudiera decir en esto, como quien ha visto los testimonios originales. Pero una cosa, por muy singular, no puedo omitir; y es, que el docto Barón de Schomberg, desde Dresde, Capital de Sajonia, donde reside, y de donde es natural, poco ha escribió a un corresponsal literario suyo Español, pidiéndole exactas, e individuales noticias de todo lo que pertenece a nuestro Autor, inquiriendo con especificación su patria, los nombres de sus padres, el año de su nacimiento, el que tomó el Santo Hábito, todos sus progresos en los estudios, los puestos y honores logrados en su Religión, los años en que se imprimieron y reimprimieron todas sus Obras, &c. Mucho tiempo ha que la fama del Autor pasó los Pirineos. Poco tiempo después se supo, que también voló sobre los Alpes para establecerse en Italia. Ahora ya sabemos que es celebrado también, como famosísimo, en los más retirados Países de Alemania.

Todos, de cualquiera profesión y estado, tren [XVIII] en las manos sus Obras emulándose a porfía las Naciones a traducirlas en su nativo idioma, para percibir más claras las luces de su doctrina, que es tan elevada, que halaga el entendimiento con raros y desusados rumbos en pensar, y enciende la voluntad con la más dulce Retórica en decir; siendo, pues, esta Obra, no sólo de la misma rica tela que las demás, sino que la excelencia del admirable ingenio en la invención, en la sublimidad de los pensamientos, y extraordinaria prueba de sus discursos representan al Autor el más levado Héroe de la República Literaria; pues por la universalidad de sus estudios, en ninguna materia es forastero, siendo en todas tan peregrino.

Discretamente dijo Plutarco en su juicioso cotejo de los dos Oradores Demóstenes, y Cicerón, que las Oraciones de aquél más sabían a un dulce sorbo de agua, que a los estudiosos cuidados del desvelo. Demosthenis enim Oratio absque omni fuco, & joco ad gravitatem seriam, & tracta non lucernam (ut cavillabatur Pytheas) olebat, sed aquae potum {(1)Plutarco post vitam Ciceronis}; así puedo decir, que los elevados Discursos de esta Crítica Universal, cotejada con otras muchas que andan por el mundo, pueden servir para ordenar con el cristal de su elocuencia los desaliños de cualquier desairado entendimiento; porque todos sus Discursos contienen una sólida doctrina, que suave se difunde, y una agua, que dulcemente se bebe: Sermo est copiosus, & varius, dulcis in primis, & qui repugnantes quoque ducat, & impellat, dijo Plinio, hablando de las Oraciones del Filósofo Eufrátes {(2)Lib. I, Epis. 10}.

Dijo Silio, que conservaba y llevaba sus aguas el Tesino con tan sereno curso, que ni levantan [XIX] hinchadas ondas, ni padecen turbulencias, ni permiten impurezas sus profundas y cristalinas corrientes.

Caeruleis Ticinus aquas, & stagna vadoso
Perspicuus servat, turbari nesciat fundo:
At nitidum viridi lente trahi amne liquorem,
Vis credas labi, ripis tam mitis opacis

{(1)Silius de Bello Punico}

Así los elevados Discursos de nuestro Autor no levantan hinchadas ondas, porque no los hacen elocuentes el ruido de la hinchazón, sino la suave afluencia de su elocuencia. No se turban para hacerse hipócritas de abismos, porque tienen sus conceptos, como cuerpos de cristal, mucha profundidad sin confusión; ni podrá turbar la emulación su pureza, porque llevan por líquida corriente un puro licor que se convida a beber, deslizándose tan apacible entre las frondosas márgenes de su elocuencia, que se percibe armonioso, elevados los sentidos en su embeleso.

Así se han difundido por toda Europa sus Obras, y así se han apoderado de cuantos sin pasión las han leído, como en las Oraciones escritas de Pompeyo, y Saturnino el ímpetu y raudal de su facundia, entrando por los ojos de Plinio, le excitó aquel gusto, que llamó maravilloso: Omnia haec mire placent, cum impetu quodam, & flumine praevebuntur {(2)Libro 6, Epist. 16}, y aconseja a Euricio que las lea, para obligarle su sentir, y para que las busque. Senties quod ego, cum orationes ejus in manu sumpseris, quas facile cuilibet veterum, quorum & aemulus, comparabis.

Yo aconsejo, que se lea esta Obra y sus Discursos, para que se logre el fin de su sólida doctrina, como lo verá el Lector por la experiencia; y suspendo compararla a las antiguas Griegas, o Romanas, por no dejar [XX] quejosos muchos de estos venerables ejemplares, que si en cada Discurso se descubre sobresaliente una imagen de la sentenciosa y erudita elocuencia de Cicerón, no está tan sola, que no la compita igual perfecta copia de la facunda afluencia de Demóstenes; sólo diré, que si el espíritu de este se encendió a tanto numen, por haber oído la elocuente Oración que en la causa Oropia hizo Calistrato, y visto las glorias de sus aclamaciones; cuantos en Europa han leído sin pasión las Obras de nuestro Autor, han formado concepto de otro Demóstenes, excitando aquel común y debido aplauso alguna permitida llama a tan feliz emulación: Cum causam Calistratus egisset, magnamque sui admirationem dicendo excitasset, videns eum Demosthenes deduci a multitudine, & faelicem praedicari, gloriae hominis aemulari coepit; magis tamen facundiae vim admiratus est, omnia conficere, & subigere valentis {(1) Plutarcus in vita Demosthenis}.

No menor fruto espero, así de ésta, como de las demás Obras de nuestro Autor; por lo cual, y por ser esta Obra muy conforme a la pureza de nuestra Santa Fe, Sagrados Cánones, y buenas costumbres, soy de sentir merece la licencia que pide a V. Rma. para que salga luego a luz, por ser el mayor lustre de la República Literaria, gloria de la Nación Española, honor de la Religión Benedictina, y de gran utilidad para todos. Así lo siento (salvo meliori). En este Real Colegio de San Vicente de Oviedo a veintitrés de Diciembre del año del mil setecientos treinta y dos.

Fr. Marcos Martínez


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{Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), Teatro crítico universal (1726-1740), tomo quinto (1733). Texto tomado de la edición de Madrid 1778 (por D. Blas Morán, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), tomo quinto (nueva impresión, en la cual van puestas las adiciones del Suplemento en sus lugares), páginas XVI-XX.}


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