La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Benito Jerónimo Feijoo 1676-1764

Teatro crítico universal / Tomo quinto
Discurso octavo

Divorcio de la Historia y la Fábula


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§. I

1. Perniciosa es en el mundo aquella máxima trivial de que siempre la mentira es hija de algo; porque autoriza la ficción, atribuyéndola un ilustre nacimiento en la cuna de la verdad. Suponen los que la siguen, que no hay error alguno que no tenga poca o mucha mixtura de realidad, y que la fábula siempre se fabrica sobre el cimiento sólido de alguna verdad histórica.

2. La experiencia y la razón militan contra este vulgar apotegma. La experiencia, porque a cada paso se ven embustes que únicamente deben su origen a la malicia del que los profiere. ¿Qué fundamento tuvo la mujer de Putifar para atribuir un infame atrevimiento al casto Joseph? ¿Qué mezcla de verdad hubo en la acusación intentada por los dos lascivos viejos contra la inocente Susana? Pero ocioso es repetir ejemplares de lo que a cada paso encuentran los ojos y los oídos.

3. Si se consulta la razón, se hallará que quien finge la [169] mitad del hecho, fácilmente podrá fingir la otra mitad. ¿Qué más dificultad envuelve para la invención una parte, que la otra de la fábula? ¿O qué necesidad tiene de buscar materiales prestados de un suceso verdadero, quien posee una fecundísima mina de ellos en su fantasía? Los Lógicos dicen, y dicen bien, que hay unos Entes de razón con fundamento real, y otros sin él. Lo mismo se debe aplicar a las fábulas. Hay muchas, que por un lado estriban en algún hecho verdadero; y muchas también en quienes el hierro es puro, sin mezcla alguna de plata u oro.


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§. II

4. Esta imaginación de que la mentira siempre está mezclada con alguna verdad, de quien tomó principio, no sólo está apoderada del Vulgo, más también se hizo lugar entre muchos sabios; los cuales extendieron la máxima aun a aquellas verdades y mentiras que más distan entre sí; esto es, a las verdades reveladas, y errores opuestos a ellas. Pretenden éstos, que todas las fábulas del Gentilísmo tuvieron su principio en los sucesos que refiere la Escritura; o que no son otra cosa dichas fábulas, que las mismas Historias sagradas alteradas y corrompidas.

5. Inmensa es la erudición que se ha gastado en este asunto. Pedíala sin duda la arduidad del empeño; pues era necesaria una gran lectura de casi todos los Autores profanos, para entresacar de ellos todas las circunstancias en que se encontrase alguna alusión entre las fábulas y las historias, y un profundo conocimiento de las lenguas Orientales, para buscar por medio, o del significado o de la etimología, la conformidad de los nombres de los héroes, o Deidades del Gentilísmo con los de los Personajes de la Escritura. Uno y otro se ejecutó por sujetos extremadamente hábiles, como el Obispo Huet, el Padre Tournemine, Samuel Bochart, Nicolás Burtlero, Heinsio, Vosio, y otros. Pero todo fue cultivar con grande afán una tierra que no podía producir sino flores: quiero decir, que todas las fatigas de estos grandes hombres sirvieron a ostentar su [170] ingenio y erudición, mas no a descubrir la verdad.

6. Bien conozco que este dictamen mío necesita de mucho apoyo, por el gran séquito que entre los literatos ha logrado aquella máxima, de que en las fábulas del Gentilismo están envueltas o disfrazadas las verdades de la Escritura; y no teniéndolo yo en la autoridad, es preciso apelar a la razón. Pero por esta parte me considero tan bien puesto, que espero ganar la causa con los lectores que estuvieran desnudos de toda precaución.


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§. III

7. Lo primero que hace fuerza contra aquella máxima es la grande oposición que han en orden a las aplicaciones entre los mismos Autores que la apadrinan; pues en una misma fábula unos piensan halla una Historia sagrada, y otros otra muy distinta. Pongo por ejemplo. Monseñor Huet pretende que en la narración fabulosa de Hércules está envuelta o disfrazada la Historia de Josué; y Nicolás Burtlero halla en la misma fábula los sucesos de Adán. Monseñor Huet piensa que la fábula de Perseo representa a Moisés; y Mr. Burtlero descubre en la misma fábula la Historia de Jonás. ¿No es más claro que la luz del medio día, que siendo tan diversos los sucesos de Josué de los de Adán, y los de Moisés de lo de Jonás, sólo a beneficio de alusiones violentas se pueden descubrir los de Josué, y Adán en una fábula, y los de Moisés, y Jonás en otra?

8. Aun es mucho más enorme la discrepancia que voy a proponer ahora. Monseñor Huet, que en los errores del Gentilísmo pretende descubrir multiplicadas figuras de Moisés, juzga ver pintado al vivo este Héroe en la fábula de Prometeo; y en la misma fábula de Prometeo cree el Padre Tournemine estar dibujados el delito y castigo de Lucifer. Una contradicción tan grande hace visible, que los Autores que se emplean en semejante tarea, no se gobiernan por algunas luces firmes que hallen en el objeto, sino por algunos falsos visos que les da su propia fantasía. [171]


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§. IV

9. Pero aún se hará esto más evidente, reduciendo a un examen analítico las aplicaciones que los dos Autores citados hacen de la historia de Prometeo. Y empezando por el Padre Tournemine, éste contempla en ella la culpa y pena de Luzbel: lo primero, porque según refiere Duris de Samos, Prometeo fue arrojado del Cielo por Júpiter, por haber pretendido aquel el desposorio de Minerva. Yo no sé si Duris de Samos, cuyas obras hoy no existen, dijo tal cosa. Pero si lo dijo, como apunta Natál Cómite, ésta fue fábula particular de este Autor; no la que reinaba generalmente en el Gentilismo, como se ve en los demás Autores profanos, los cuales, casi de común acuerdo, escriben que Prometeo, habiendo, con la ayuda de Minerva formado al hombre de barro, con el favor de la misma Diosa subió al Cielo, de donde trajo una porción de fuego con que infundió vida a la estatua que había fabricado: y que el castigo que Júpiter le dio por el sacrílego robo, fue atarle a una peña del Cáucaso, aplicando a su pecho un Buitre que continuamente le despedazase las entrañas. Es claro, que esta fábula no es capaz de aplicación alguna a Luzbél; y mucho menos si se añade lo que resta; esto es, que Hércules le libró después del suplicio, matando a flechazos el Buitre, y desatando a Prometeo; pues el castigo de Luzbél es eterno, y no transitorio.

10. La segunda aplicación del Padre Tournemine consiste en que, según otros Autores, el delito de Prometeo fue envidiar a su hermano Epimeteo: lo cual cuadra muy bien a Luzbél, suponiendo, que en Epimeteo se presente la persona de Adán; pues Luzbél, derribado del Cielo, por envidia que tuvo a la dicha del hombre, le solicitó a la caída. Pero ni el Padre Tournemine señala los Autores que atribuyen ese pecado de envidia a Prometeo, ni yo he podido ver alguno que tal diga; antes bien parece suponen todos, que Epimeteo tenía mucho que envidiar en Prometeo, y aquel nada que envidiar a en este; pues a Prometeo [172] le pintan sumamente sabio y advertido; a Epimeteo rudo e inconsiderado. Tampoco podía ser motivo de envidia el casamiento que algunos Mitológicos dan por sentado, de Epimeteo con Pandora, pues ésta fue enviada por Júpiter a Prometeo con la fatal caja o arqueta, donde estaban cerradas todas las calamidades, persuadiéndole a que la abriese; lo que Júpiter solicitaba para vengarse de él, y Prometeo como sabio la repelió; pero Epimeteo admitió a Pandora, y abrió la caja; con que se llenó de desdichas. Aquí no hay motivo de envidia, sino de lástima. Y tampoco podía Prometeo envidiar la posesión de Pandora, a quien había repelido.

11. Tercera aplicación del Padre Tournemine. Según otros Autores, Prometeo delinquió sugiriendo a Epimeteo por medio de Pandora, que abriese la caja fatal; lo que cuadra oportunísimamente a la tentación de Luzbél a Adán por medio de Eva. Tampoco he visto Autor alguno que refiera tal sugestión; antes bien algunos dicen, que le previno a Epimeteo que no recibiese presente alguno que le enviase Júpiter.

12. Cuarta aplicación. Según la opinión más común, la culpa de Prometeo fue traer el fuego del Cielo a la Tierra, con que infundió al hombre las pasiones que le estimulan al vicio; y esto hizo Luzbél, encendiendo con su persuasión el apetito desordenado de Adán. Es cierto, que la opinión más común y comunísima es, que el delito de Prometeo consistió en el robo del fuego celeste; pero también lo es, que el destino y uso de ese fuego fue para animar la estatua de barro; no para inspirar las pasiones al hombre después de animado.

13. Quinta y última aplicación. El Poeta Nicandro dice, que habiendo concedido Júpiter eterna juventud al hombre, éste, por consejo de Prometeo, la vendió a la Serpiente: en que se insinúa que Luzbél con su tentación fue causa de la muerte de Adán, y de todos sus descendientes. No sé lo que dice sobre este particular Nicandro, a quien jamás he visto, sino citado; pero sé, que no se debe o puede [173] usar en esta materia la ficción particular de un Poeta, como si fuese error común del Gentilismo: mucho menos, cuando aquella ficción es opuesta a la opinión comunísima, y generalmente recibida de los Mitológicos, los cuales atribuyen todas las desdichas del hombre a la caja fatal donde estaban cerradas, y entre ellas las enfermedades. Añádese, que Monseñor Huet, citando al mismo Nicandro, cuenta la fábula de distintísimo modo. Dice, que habiendo recibido el hombre de Júpiter el don de la perpetua juventud, la puso sobre los lomos de un Asno: que éste, llegando sediento a una fuente, y prohibido de beber en ella por una Serpiente que la guardaba, se concertó con ella, que le daría lo que traía a cuestas, porque le dejase beber; y hecho el pacto, el Asno logró el agua, entregando a la Serpiente la juventud perpetua. En esta relación ni hay venta hecha por el hombre, ni persuasión de Prometeo. Toda la culpa queda a cuenta del Asno.


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§. V

14. Vamos ya a las aplicaciones del Ilustrísimo Huet. Éstas son en dos maneras: unas directas, otras reflejas. Llamo directas aquellas, en que se propone alguna semejanza inmediata entre Moisés, y Prometeo; y reflejas aquellas, en que se busca la semejanza por medio de algún tercero. Pongo por ejemplo. Pretende el señor Huet, en virtud de ciertas analogías, que Prometeo es la misma persona que Mercurio; y después prueba con otras analogías, que Mercurio es lo mismo que Moisés. Este género de pruebas es frecuentísimo en el señor Huet, el cual siguiendo el sistema de confundir en una todas o casi todas las Deidades del Gentilismo, cualquiera semejanza que encuentre en Moisés respecto de alguna de ellas, le sirve para identificarle con cualquiera de las otras. Mas porque abajo combatiremos de intento este sistema, nos reduciremos ahora únicamente a la enumeración de las aplicaciones directas que hace el Autor, de la historia de Prometeo a la de Moisés. [174]

15. Primera aplicación. Herodoto llama a Prometeo marido de la Asia, otros hijo. Moisés fue oriundo de la Asia, y toda la gente Israelítica volvió del Egipto a la Asia. (Demostr. Evag. prop. 4 cap. 8 núm. 7) He puesto las propias palabras del Autor con la cita puntual, porque nadie piense que le impongo algo en tan arrastrada y violenta aplicación. Es sin duda de admirar, que un hombre célebre en la República Literaria, para asunto tan serio usase de tan despreciable alusión. ¿Quién no ve, que por este capítulo puede Prometeo ser copia de cuantos hombres nacieron en la Asia? Y aun con más razón que de Moisés, pues éste no nació en la Asia, de donde sólo fue oriundo, sino en la África. Fuera de lo que dice Herodoto de que Prometeo fue marido de la Asia, y otros que hijo, no debe entenderse de aquel vastísimo País, que se reputa una de las cuatro partes del Mundo, sino de la Ninfa Asia, a quien fingieron los Poetas hija del Océano, y de Tetis, y de quien dice tomó nombre aquel vastísimo País.

16. Segunda aplicación: En la opinión de algunos Autores, Prometeo fue hermano de Deucalión, de quien Apolonio refiere que fue el primero que erigió Templos a los Dioses. Esto se adapta a Aarón, hermano de Moisés, que fue el primer Sumo Sacerdote de la gente Israelítica. Aún más de extraña es esta aplicación, que la pasada; porque para hacerla, cae el Ilustrísimo Huet en dos crasas contradicciones. La primera es, que poco más abajo, para lograr otra aplicación, supone a Deucalión, no hermano, sino hijo de Prometeo; y esta es la opinión común. Por lo menos yo no he hallado otra cosa en Autor alguno. La segunda contradicción es, que en el cap. 10 afirma, y procura probar, que Deucalión es la misma persona que Noé. ¿Cómo, pues, pueden ser una misma persona Deucalión, y Aarón, siendo la de Aarón tan distinta de la de Noé? ¿Quién creyera esto de un Varón tan docto? Dejo aparte, que el edificar Templos no tiene coherencia alguna con el Sumo Sacerdocio. Muchos más Templos erigieron los Príncipes legos, que los Sumos Sacerdotes. [175]

17. Tercera aplicación: Refiere Diodoro, que Prometeo reinó en una parte de Egipto. Moisés fue Caudillo de los Hebreos que habitaron una porción de Egipto; esto es, la tierra de Gesén. Fuera de esto, Termutis, hija de Pharaón que le adoptó por hijo, le destinaba al Reino paterno. Esta aplicación, por la primera parte, procede sobre un supuesto falso, pues Moisés no fue Rey ni Príncipe de los Israelitas mientras estuvieron en Egipto, ni se puede decir con alguna verosimilitud que dominase alguna porción de Egipto; antes lo contrario consta claramente de la Escritura. Por la segunda es violenta, pues estar destinado al Reino, y gozarle, son cosas tan distintas, como la posesión y la esperanza. Fuera de que de esta destinación de Moisés a la Corona de Egipto no habla palabra la Escritura. Sólo la refiere Josepho, a quien de tan remota antigüedad no es creíble llegase instrumento alguno con que comprobarla.

18. Cuarta aplicación: Prometeo se vio en grandes angustias por una exorbitante inundación del Nilo sobre las tierras que dominaba, de cuyo aprieto le libró Hércules. En este suceso quiere el señor Huet se figure el tránsito de los Israelitas, y sumersión de los Egipcios en el Mar Bermejo; suponiendo para hacer verisímil la alusión, que Josué, Caudillo Militar de los Israelitas, y compañero de Moisés, es la misma persona que Hércules. Todo claudica en esta aplicación. El Nilo voluntariamente se transforma en el Mar Bermejo. A este se le supone una inundación, o exundación (que no hubo) sobre la tierra de Egipto. La ruina que ocasionó el Mar Bermejo en los Egipcios, tan lejos estuvo de angustiar a Moisés, que antes le puso en salvo. ¿Cómo, pues, se apropian a Moisés las angustias de Prometeo? Josué en nada cooperó al tránsito de Moisés. ¿Qué relación, pues, puede tener con el suceso de librar Hércules a Prometeo de sus ahogos?

19. Quinta aplicación: Las Estatuas de Prometeo tenían un Cetro en la diestra, imagen de la Vara prodigiosa de Moisés. Terrible es le prurito de buscar alusiones, cuando [176] se mendigan de tales impertinencias. A esta cuenta todas las Estatuas de Príncipes que tienen Cetro en la mano, serán imagen de Moisés; y se podrá decir con la misma razón, que todos los Príncipes representados en ellas fueron indistintos de Moisés. Si el señor Huet deja sentado que Prometeo fue Rey, ¿para qué busca otro misterio, u otro símbolo en que se figurase con Cetro en la mano, sino el propio y natural de ser representación de la autoridad Regia? Finalmente, es tan diminuta la semejanza que hay entre un Cetro y una Vara, que aun sin atender a otros capítulos, por este solo se debiera reprobar la aprobación.

20. Sexta aplicación: Julio Africano dice, que la fábula de que Prometeo formó al hombre, tuvo su origen de que con sabias instrucciones hizo a los hombres advertidos y prudentes, que antes eran rudos y agrestes. Moisés, con leyes oportunas formó la Religión y Policía de los Israelitas. Mirando las cosas a esta luz, con más propiedad se pueden identificar con Moisés, Rómulo, Numa Pompilio, Minos, Dracón, Solón, Licurgo, y todo el Areopago.

21. Séptima aplicación: Cuéntase, que Prometeo tuvo algunos coloquios con Júpiter. Moisés los tuvo con Dios. He leído los coloquios de Moisés con Dios en la Escritura; pero en ningún Autor los de Prometeo con Júpiter. Doy que los hubiese. Con otros muchísimos mortales habló Júpiter: con que todos esos serán copia de Moisés. En verdad, que en materia de coloquios con Júpiter, yo apostaré por Ganímedes contra Prometeo, y contra todos los demás.

22. Octava aplicación: En una tragedia de Esquilo se introduce Prometeo diciendo, que él fue el inventor del arte de adivinar por la inspección de las víctimas. Moisés regló a los Israelitas todo el culto y rito de los sacrificios. ¿Qué tiene que ver lo uno con lo otro? De ofrecer a la Deidad víctimas, a adivinar por la inspección de ellas, hay toda la distancia que media entre el culto y la superstición. [177] ¿Y qué caso se debe hacer tampoco de lo que dice un Poeta Griego, en una pieza de Teatro? ¿No se sabe que los Poemas, especialmente los de este género, piden como esencialmente ficciones propias y particulares, o sobre los sucesos verdaderos o sobre las fábulas comunes? Así el texto de una tragedia jamás se debe alegar cuando se trata de examinar la verdad.

23. Nona aplicación: En un Diálogo de Luciano se propone Prometeo como hombre que conocía los futuros. Moisés fue Profeta. Tan oportuno es para este asunto alegar los Diálogos de Luciano, como las Tragedias de Esquilo. Nadie ignora que Luciano en sus Diálogos dio plenísima libertad a su imaginación, introduciendo en ellos cuantas graciosas ficciones le ocurrieron, especialmente las que halló conducentes para hacer burla de todas las Deidades del Gentilismo. Pero doy que la antigüedad tuviese por adivino a Prometeo. A otros infinitos atribuyó esta cualidad: con que, o todos tendrán derecho para representar a Moisés, o ninguno le tendrá. Mas: Por este capítulo no hay más razón para identificar a Prometeo con Moisés, que con cualquiera de todos los demás Profetas de quienes da noticia la Escritura.

24. Décima aplicación: El fuego que se dice trajo Prometeo del Cielo, puede hacer alusión, ya a los relámpagos que mezclados con granizo hizo Moisés bajar para aterrar los Egipcios; ya al fuego con que abrasó a doscientos cincuenta sediciosos de los rebeldes de Coré; ya al fuego de la Zarza; ya al celeste resplandor del Monte Sinaí, cuando Moisés hablaba con Dios; ya al fulgor divino de la cara de Moisés cuando bajaba del Monte; ya al fuego perpetuo que ordenó ardiese siempre en el Altar. Mucho se abaratan las alusiones, si para encontrar la historia en la fábula, basta hallar en una y otra el nombre de fuego, sin conformidad en circunstancia alguna. De este modo, cuanto se halla escrito de agua en las Historias fabulosas se podrá aplicar a cuanto dice de agua la Escritura. [178]

25. Undécima aplicación: Júpiter envió a Pandora a Prometeo para que le engañase; mas éste, conociendo el dolo, no la admitió. En Pandora se representa Eva, cuya historia escribió Moisés abominando su delito. Considere el Lector, qué concernencia tiene el ser escritor de un suceso, con ser acto en él.

26. Duodécima aplicación: Júpiter por haberle revelado los hombres el hurto de Prometeo, les concedió el don de perpetua juventud. Hace alusión al privilegio que Dios concedió a los Israelitas, de que sus vestidos no se gastasen en el desierto. Estas más parecen ilusiones, que alusiones. A los ojos salta la extravagancia. ¿Para qué se ha de gastar tiempo en esto?

27. Terciadécima aplicación: en una gruta del Cáucaso hizo atar Júpiter a Prometeo, y que allí un Aguila le royese las entrañas. Dios colocó a Moisés en una caverna del Sinaí, para mostrarle allí su gloria. ¡Extraño modo de apropiar! donde se confunde el Cáucaso con el Sinaí: un delincuente aborrecido de Júpiter con un Justo queridísimo de Dios; y en fin, el tormento cruelísimo de un destrozo continuo de las entrañas, con la mayor dicha, que hasta ahora logró algún mortal.

28. Ultima aplicación: Hércules libró a Prometeo de aquel suplicio. Esto quiere el señor Huet que haga alusión a la batalla de Josué (de quien supone ser uno mismo con Hércules) contra los Amelecitas, durante la cual Moisés estaba en la cima de un monte con las manos levantadas, hasta que se consiguió la victoria; como que esto fuese librar Josué a Moisés de un género de prisión que padecía en el monte. Todo es incongruencias y contradicciones. Para la aplicación pasada se acomoda la prisión de Prometeo a Moisés en una caverna del Sinaí; para ésta a Moisés en el collado de Amaléc. La fábula de Prometeo no incluye batalla de Hércules contra alguna Nación. En fin (omitiendo otros muchos reparos) la aplicación de la fábula es un trastorno de la Historia; pues según ésta, más se debe considerar Moisés bienhechor de Josué, que [179] beneficiado. Cuando Moisés levantaba las manos, vencía Josué: luego la victoria de Josué dependió de la acción de Moisés. ¿Pues cómo en la fábula hace todo el beneficio Hércules, figura de Josué, y de parte de Prometeo figura de Moisés no hay acción alguna, sino la de recibir el favor?


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§. VI

29. Creo que con este ejemplo he evidenciado al Lector, que es quimérica la empresa de descubrir las verdades de la Escritura en los errores del Gentilismo. Los dos Autores alegados abundaban, cuanto otros cualquiera, de ingenio y erudición. Sin embargo, aplicando el empeño estos dos talentos con el mayor esfuerzo posible, nada pudieron lograr sino unas aplicaciones tan violentas, tan arrastradas, traídas (como se dice) tan por los cabellos, y en parte fundadas en supuestos tan inciertos, que ellas mismas vocean la infelicidad del conato de sus autores. Persuádome a que con alusiones tan leves como las que he propuesto, no habrá hombre alguno de muy mediana agudeza que no haga simbolizar cualquiera fábula con cualquiera historia, o representar cualquiera historia Canónica en otra que no lo sea. Esto es lo que vemos ejecutar a cada paso en los púlpitos. Cualquier Predicador de ordinario ingenio y erudición nada extraordinaria, figura el Santo a quien predica, en uno de los Héroes de la Escritura, sirviéndose de versiones, glosas, y comentos (como el señor Huet de los dichos varios de particulares Autores) para multiplicar las alusiones. En la misma especie que tratamos, de figurar asuntos sagrados en las fábulas de los Gentiles, se ve practicar cada día. Desdichado el Predicador, que queriendo, no encuentra en las fiestas Gentílicas alguna, en cuyas circunstancias quepan diez o doce aplicaciones a la solemnidad que tiene por asunto. Y sin duda, que los de bastante ingenio encuentran algunas harto más oportunas que las que hemos visto del Ilustrísimo Huet, sin que por eso se pueda creer (ni lo creen los mismos Predicadores que lo dicen) que Dios, al [180] mismo tiempo que permitía, y era ofendido de aquellas supersticiones, con particular y oculta providencia las ordenaba de modo que fuesen figura de las solemnidades cristianas.


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§. VII

30. No es más feliz el Ilustrísimo Huet en las demás partes de su asunto, que en la que hemos propuesto para ejemplo. Pero el discurrir por todas ellas sería negocio de suma prolijidad, cuando su empeño abraza casi todos los Dioses y Héroes fabulosos, pretendiendo, que todos son uno solo y único, y este único es Moisés. He dicho Dioses y Héroes, porque las Diosas y Heroínas las reserva para figurar en ellas, ya a Sephora su esposa, ya a María su hermana. Magnífico sistema ciertamente, si pudiera sostenerse; pero su propia magnitud descubre su flaqueza; sucediéndole lo que a los edificios grandes, que si tienen cimientos débiles, cuanto mayores son, más presto vienen al suelo.

31. No siendo, pues, posible impugnar una por una todas las aserciones del Ilustrísimo Huet, combatiré unido todo el sistema, y a mí parecer con tanta solidez, que espero quitarle toda apariencia de probabilidad.

32. Para cuyo efecto supongo que la Idolatría empezó mucho antes que Moisés naciese, y estaba bastantemente extendida en el Mundo antes que pudiese ser objeto de ella el mismo Moisés. Esto se hace evidente de muchos lugares de la Escritura. En el libro de Josué (cap. 24.) expresamente se afirma que Tharé, padre, y Nacor, hermano de Abrahan, fueron idólatras. Estos precedieron a Moisés más de cuatro siglos. También fueron muy anteriores a Moisés los Ídolos de Labán, de que se da noticia en el capítulo 31 del Génesis. El Ídolo Moloch era antes de Moisés adorado en algunas Naciones, como se infiere del cap. 18 del Levítico.

33. Viviendo Moisés, era comunísima la idolatría. En Egipto es claro que reinaba: porque Moisés hablando a Pharaón, llamaba al Dios verdadero Dios de los Hebreos; [181] de que se infiere, que Pharaón, y los Egipcios no le conocían por tal. También le dijo, que no había Dios como su Dios: Ut scias quoniam non est sicut Dominus noster. Es verisímil, que el Becerro de Oro que los Israelitas adoraron en el desierto, era imagen del Buey que con nombre de Apis adoraban los Egipcios, de quienes tomaron aquella superstición.

34. Que la idolatría estaba extendida en otras muchas Naciones, también es constante. Moloch tenía culto entre los Amonitas. Los Moabitas eran idólatras, y las mujeres de aquella Región hicieron prevaricar a los Israelitas, atrayéndolos al culto de sus falsas Deidades. (Numer. cap. 25) En el cap. 7 del Deuteronomio se nombran siente Naciones idólatras.

35. Esto es lo que consta claramente en la Escritura; y hay bien fundadas apariencias que no sólo en las Naciones expresadas, más aún en todas las demás, (de las cuales la Escritura no habla, porque era impertinente para la historia de los Israelitas) estaba ya en tiempo de Moisés radicada la idolatría. Lo primero, porque la expresión de Dios de los Hebreos inculcada en la Escritura, como también la de Dios de Israel, indican, que sólo los Israelitas conocían y adoraban al Dios verdadero. Lo segundo, porque no parece verisímil, que si en aquel tiempo hubiese otro Pueblo fiel a su Hacedor, la Divina Providencia no cuidase de que, o por la pluma de Moisés, o por la de otro Escritor Canónico, nos quedase alguna memoria de él, y de los hombres eminentes en virtud que en él hubiesen florecido. Lo tercero, porque si en las Naciones vecinas a los Israelitas, que veían sus cultos y los prodigios que Dios obraba a favor de ellos, estaba extinguida a luz de la verdadera Religión, ¿qué puede creerse de los distantes?

36. Supuesta la idolatría, dominante ya en tiempo de Moisés sobre casi todas las Naciones del mundo, o por lo menos sobre muchísimas, entra mi argumento contra el sistema del Ilustrísimo Huet. Es totalmente increíble, que todas esas Naciones idólatras depusiesen luego, como de común [182] acuerdo, sus antiguos errores, para formar otro nuevo sistema de Religión falsa, cuyo objeto fuese el mismo Moisés: luego es falso, que todos los Ídolos del Gentilismo representasen la persona de Moisés. Pruebo el antecedente: Esta gran mudanza en el culto, si la hubiese, empezaría sin duda por las Naciones vecinas a los Israelitas, pues estas fueron las primeras que supieron (o experimentaron) los prodigios que obraba Moisés: y de aquellas, con la noticia de los prodigios, pasaría la nueva idolatría a las distantes; pero en las Naciones vecinas digo, que es increíble esta mudanza: porque éstas, así como sabían los prodigios que Moisés obraba, sabían también, por lo menos en común, la Religión que él y sus Hebreos profesaban. Sabían, digo, que los Hebreos no adoraban como Deidad a Moisés; sino que así Moisés, como ellos, adoraban un Dios invisible, en cuyo nombre y por cuyo poder supremo se ejecutaban los prodigios, de que Moisés era mero instrumento. Luego en caso que aquellos prodigios hiciesen impresión en sus ánimos para mudar de Religión, abrazarían la misma que Moisés y los Hebreos profesaban, y no tomarían por Deidad suya un hombre, que sabían era mero instrumento de la Deidad.

37. Hagamos palpable la fuerza de este argumento en los Egipcios. Vieron los Egipcios los portentos que ejecutaba Moisés. ¿Inclinaríanse por eso a reconocerle por Deidad, y darle cultos como a tal? Es claro que no; pues por el mismo Moisés, y por los demás Hebreos sabían que esos portentos se obraban debajo de la conducta, orden, y autoridad de un Dios, a quien Moisés y toda su gente adoraba y daba cultos, y a quien llamaba, ya Dios de los Hebreos, ya Dios de Abrahán, de Isaac, y de Jacob, que eran más antiguos que Moisés: Luego en caso que movidos de esos portentos, mudasen de Religión, abrazarían la de los mismos Hebreos, y adorarían al Dios verdadero; no a Moisés Ministro suyo, a quien veían, que ni los mismos que le tenían por Protector y Caudillo, reconocían por Deidad.

38. Probado, que las Naciones vecinas a los Hebreos no [183] pudieron tomar a Moisés por objeto de su culto, se infiere lo mismo de las distantes, pues a éstas se comunicaban las noticias de aquellas; por consiguiente, si por las que recibían de los prodigios de Moisés mudasen de Religión, sería para adorar, no a Moisés, sino al Dios de Moisés, pues a esto las conducían los avisos de las Naciones vecinas.

39. A este argumento, en mi estimación invencible, añadamos otro, no menos de peso. En ninguna de tantas Naciones idólatras del Orbe se conservó el nombre de Moisés, entendiendo en él un personaje, a quien venerasen como Deidad: luego nunca le veneraron como tal. El antecedente es innegable; pues no hay monumento alguno de la Religión de ninguna gente, ni en los libros, ni en los mármoles, donde se lea el nombre de Moisés con la significación de la Deidad. El consiguiente se infiere con certeza moral; pues si todas las Naciones algún día hubiesen prestado cultos a Moisés, es moralmente imposible que alguna o algunas no hubiesen conservado su nombre. ¿Cómo es creíble, que siendo tantas las Naciones del Orbe, y habiendo (como pretende el señor Huet) conspirado todas en adorar a Moisés, en todas, sin exceptuar alguna, se hubiese borrado u olvidado su nombre? Los Pueblos son tenacísimos en conservar los nombres de sus Deidades; y no puede ser otra cosa, porque están en la lengua y memoria de todos los individuos de cada Nación. Así se ve, que desde Hesiodo, y Homero, hasta la extinción del Paganismo, período que (según la antigüedad que dan a Homero los mármoles de Arondél) comprehendió doce siglos, se conservaron en Grecia los mismos nombres de sus falsas Deidades, Júpiter, Juno, Diana, &c. Luego es absolutamente inverosímil, que alguna o algunas, y aun las más Naciones no conservasen el nombre de Moisés, si este fuese un tiempo la Divinidad que adoraban todas.

40. Concluimos, pues, que carece de toda verosimilitud el sistema del Ilustrísimo Huet; y que el vínculo que imaginó entre los errores del Gentilismo, y las verdades de la Escritura, existió sólo en su imaginación. [184]

41. El último argumento que hemos hecho contra el Ilustrísimo Huet, milita asimismo contra todos los demás Autores, que por diferentes rumbos se aplicaron a la misma empresa; siendo cierto, que en ninguna de las fábulas del Paganismo se encuentra alguno de los nombres propios de la Escritura: pues uno u otro que se ha pretendido encontrar, demás de la visible distinción de la voz, a poca reflexión que se haga, se conoce que el significado es muy diferente. Pongo por ejemplo: Pretende Burtlero, que la voz Evoe, repetida en las festividades de Baco, era memoria de Eva nuestra primera madre. Pero los Comentadores de Plauto, Virgilio, y Ovidio, que hallan esta voz en aquellos Poetas, la tienen por interjección, que exprime sólo el afecto del que la pronuncia. En lo mismo concuerdan los Diccionarios Latinos, y Griegos, los cuales le dan este significado: Bene sit illi: Bien le suceda.

42. Confieso, que en una u otra fábula se encuentra una feliz y oportuna aplicación a alguna historia verdadera; mas esto en ninguna manera prueba, que la historia diese ocasión a la fábula. Él acaso por sí sólo es capaz de producir estas coincidencias. Porque a un hombre le sucede hoy algo de lo que soñó ayer, ningún cuerdo inferirá conexión alguna entre el sueño y el suceso. Entre tantas imágenes como forma en sueños la fantasía, casi es imposible que parte de ellas no coincida con algunas realidades. Lo mismo decimos de las ficciones voluntarias. Entre tantos desvaríos y errores de los Gentiles, sería insigne maravilla, que en uno o en otro de ellos no brillase alguna viva analogía con una u otra de las verdades reveladas.

43. Verdad es, que como esta coincidencia puede ser puramente casual, también puede ser relativa o de conexión. Posible es, digo, que una u otra de las historias Sagradas, degenerando poco a poco de su pureza, según que, o la malicia o la ignorancia de los hombres fue, o quitando o poniendo circunstancias, se envolviese últimamente en alguna de las fábulas del Gentilismo. Es verosímil, que en el libro primero de los Metamorfoseos de [185] Ovidio está desfigurado algo de lo que Moisés escribió en los primeros capítulos del Génesis; como la Creación, la delincuente osadía de los que la Escritura llama Gigantes, la universal corrupción de los hombres, y el Diluvio. Pero no es lo mismo pretender, que una u otra fábula se derive de la Historia Sagrada, que hacer de esta derivación sistema general para todos los errores del Paganismo. Y aun respecto de esas pocas fábulas, se debe proponer la derivación como probable, no como cierta; por la razón que ya hemos insinuado, de que pudo ser casual la semejanza del error a la verdad.

44. Fijándonos en este prudente medio, de tal modo nos apartamos de la opinión común, que deriva todas las fábulas de la Historia Sagrada, que no declinemos al particular sistema del Señor Branchini, sabio Italiano moderno, el cual pretende deducirlas todas de las historias profanas. Siente este Autor, que cuantas relaciones de Héroes y Deidades se hallan en los antiguos monumentos, tuvieron por objeto varios hombres que en los tiempos anteriores se hicieron plausibles por diferentes caminos; y habiendo caído sus acciones, ya en las manos de los Poetas, ya en las de los aduladores, ya en las de sus apasionados, ya en las de sus propios descendientes; los primeros por su profesión, los segundos por su interés, los terceros por su afecto, los últimos por su gloria, las vistieron de muchas circunstancias fabulosas, y este complejo de verdad y mentira vino a constituir toda la Teología del Gentilismo.

45. Es constante, que ha sido muy frecuente el divinizar unos hombres a otros por todos estos cuatro capítulos. Los Poetas lo hacían más ha de dos mil quinientos años, y aún hoy no perdieron esta mala costumbre; pues no hay mujer linda, a quien sus plumas no eleven al grado de Diosa. Los aduladores hacía Deidades de aquellos, que por sus vicios eran indignos aun de apellidarse hombres; como se vio en las Apothéoses de los Emperadores Romanos. La vanidad de los descendientes atribuyó origen divino a muchos Imperios y Repúblicas. Los Romanos, no [186] contentos con suponer al Dios Marte padre de su Fundador Rómulo, al mismo Rómulo hicieron Deidad tutelar suya.

46. Por el amor está la más antigua posesión de deificar los mortales; pues en el libro de la Sabiduría (cap. 14) se señala éste por el primer principio de esta especie de idolatría. Un padre extremamente afligido por la muerte de su hijo, arrebatado en la flor de la juventud, hizo formar una efigie de él para desahogar en ella su ternura; y pasando ésta del último límite de los humanos afectos, constituyó luego a la imagen objeto de su adoración. Su autoridad extendió la superstición a los domésticos; el mal ejemplo de los domésticos a todo el Pueblo; y el mal ejemplo del Pueblo a toda la Región. Viose repetir muchos siglos después este delirio, a influjo de la misma pasión, en uno de los mayores hombres de la antigüedad: Cicerón, aquel Cicerón, Oráculo un tiempo de los Romanos, y admiración después de todos los posteriores siglos, salió tanto de sí en la muerte de su queridísima hija Tulia, que se mantuvo mucho tiempo en el propósito de erigirla Aras como Deidad, y dejó testificada a la posteridad tan loca extravagancia en algunos de sus escritos.

47. Condujo esta impía ridiculez a lo supremo de la desvergüenza el Emperador Adriano, fabricando Templos, levantando Aras, constituyendo Sacerdotes, festividades, sacrificios: ¿A quién? A un muchacho de Bitynia, llamado Antinoo, consorte de sus abominables torpezas, que se ahogó casualmente en el Nilo como dicen unos, o de intento ofreció su vida en un sacrificio mágico que se hacía para prolongar la vida de este Emperador; y que según el rito ordenado, pedía una víctima voluntaria, como escriben otros.

48. Pero aunque sea verdad que los humanos afectos, ya de amor, ya de vanidad, ya de interés, ayudados de las ficciones de los Poetas divinizaron a muchos hombres, no puede subsistir en su generalidad el sistema del señor Branchini: Lo primero, por la exclusión que hace de todas las Historias Sagradas, de las cuales pudieron, como [187] hemos dicho, adulterar a algunas los Poetas, del mismo modo que a las profanas. Lo segundo, porque pudieron algunas ficciones ser tales, de modo, que la fábula no tuviese mezcla alguna de historia. ¿Quién quitaba que un embustero de arte, pasando a alguna Región remota refiriese prodigios de algún Héroe de su Nación, que jamás había existido, y después el País donde había vertido la mentira, adoptase al Héroe imaginario por Deidad? Lo tercero, porque habiendo una gran parte del Gentilismo adorado los Astros a quienes creían animados, es verisímil que éstos fuesen objeto único de algunas ficciones. Pongo por ejemplo: Entablada ya la adoración del Sol, pudieron fingir, y es natural fingiesen, que la Deidad que le animaba, había hecho tales y tales cosas, sin tener en ello respecto a ningún hombre, sí sólo al Numen imaginario.

49. Ultimamente, acaso las más fábulas del Gentilismo no tuvieron otro origen que la representación, o Mística, o Moral, o Política, o Filosófica, que algunos les atribuyen. Quiero decir, que los que tejieron aquellas narraciones no tuvieron otro intento, que representar obscuramente debajo del velo de las fábulas, o algunos misterios Teológicos, o máximas Filosóficas, o Políticas, o Morales; y después la ignorancia del Vulgo, entendiéndolas a la letra, vino a formar de ellas una Teología, o Religión ridícula, en que jamás pensaron sus Autores. Consta que los Egipcios debajo de jeroglíficos escondían, no sólo su Religión, más aún su Historia, Política, y Filosofía, y sólo se manifestaba la explicación a los Reyes, y a los Sacerdotes del Sol. Verisímil es, que a imitación de los Egipcios (en aquellos siglos en que éstos eran venerados como los más sabios del mundo) en otras muchas Naciones se practicase lo mismo: como también es posible, que los Egipcios imitasen a otra alguna Nación anterior a ellos en la opinión de sabiduría, o que esta práctica fuese común en la antigüedad. Lo cierto es, que muchísimas fábulas Gentílicas tienen mucho más cómoda aplicación a la Física, [188] a la Moral, y a la Política, que a la Historia. Véase el famoso Bacon en el tratado de Sapientia Veterum, donde siguiendo este rumbo, explica felicísimamente no pocas de aquellas fábulas.

50. Así que esta es una materia capaz de innumerables conjeturas y de ningún sistema general, que es lo que hemos procurado demostrar en este Discurso, especialmente en orden a la unión de la fábula con la historia, y más especialmente de la Historia Sagrada, que tanto dista de los errores del Gentilismo como la mayor verdad de la mayor mentira.


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{Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), Teatro crítico universal (1726-1740), tomo quinto (1733). Texto tomado de la edición de Madrid 1778 (por D. Blas Morán, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), tomo quinto (nueva impresión, en la cual van puestas las adiciones del Suplemento en sus lugares), páginas 168-188.}


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