Obras de Feijoo Teatro crítico universal Tomo segundo

Benito Jerónimo Feijoo • Teatro crítico universal • Tomo segundo

Aprobación

Del Rmo. P. M. Fr. José Navajas,
del Orden de la Santísima Trinidad Calzada, Redención de Cautivos,
Maestro en Sagrada Teología, Examinador Sinodal
del Arzobispado de Toledo, y Predicador del Número de Su Majestad, &c.

AVE MARIA

De orden, y comisión del Señor Doctor D. Cristóbal Damasio, Canónigo del Sacro Monte, extramuros de la Ciudad de Granada, Inquisidor Ordinario, y Vicario de esta Villa de Madrid, y su Partido, he visto un libro intitulado: Teatro Crítico Universal, Tomo segundo, compuesto por el Rmo. P. M. Fr. Benito Feijoo, &c. Y aunque cuando recibí el orden, estimé infinitamente la memoria, me ví constituido en una suma indiferencia entre mi deseo de obedecer el precepto, y la gran dificultad que encontraba en el asunto, viendo fiar a mi censura una Obra de tan alta magnitud, que fuera gloriosa vanidad de mi comprehensión llegar a tocar su pie.

No desayudaba este conocimiento aquella discreta respuesta de San Bernardo en un caso parecido, que en el Santo fue modestia, pero en mí siempre es precisa {(a) S. Bernad. Epist. mihi 82}. Ad ea, de quibus nostram curasti consulere parvitatem, primum quidem non respondere statueram, non quod dubitaverim quid respondere deberem, sed quia viro cosilii consilium dare, aut praesumptuosum judicabam, aut superfluum. En esta indiferencia se halló San Bernardo en una ocasión, sobre dar consejo a quien se podía dar. ¿Pues cómo no tendría yo por superfluo, o por presuntuoso aprobar una Obra de tan ejecutoriada, y notoria sabiduría, que con sólo su aprobación irá cualquiera segura? Y no solamente la mía ( que ya se ve que esto es nada ), pero ni otra creo yo que [XVI] haría la menor falta a un libro que sale a luz en nombre del Rmo. P. M. Feijoo, que Obras de un Autor tan grande tienen toda la aprobación en su nombre {(a) Tertul.}: Optimus enim Auctor approbat suo de nomine sua. Fuera de que quien tiene en sus aciertos la aprobación más segura, inútilmente se expone a censura ajena {(b) Casiodor.}: Frustra ad censuram proponitur, qui tantis titulis approbatus videtur, que dijo Casiodoro. Y aun de no diferente opinión San Ambrosio dijo, que las Obras grandes no necesitan de quien las aplauda, porque ellas mismas testifican su grandeza {(c) S. Ambrosio. lib. 1. Hexam. cap. 9}. Bonorum operum proprium est, ut externo commendatore non egeant, sed gratiam suam, cum videntur, ipsa testantur. Que por esto dice él mismo, que la luz no necesita de quien apruebe, y abone su hermosura, porque el mismo resplandor que goza es la ejecutoria mejor de su belleza {(d) Ibid.}: Lux suo utitur testimonio, & non alieno suffragio.

En esta misma propiedad me persuadía superflua, o presuntuosa mi aprobación. Luces llamaban los antiguos a los héroes singulares, y famosos {(e) Pier. Valer. verb. Lunar.}: Luminis nomine appelarunt, dice Pierio Valeriano. Y de los grandes ingenios con particular motivo lo dijo discretísimo Fortunato {(f) Fortunat. lib. 4, de Paenit.}: Ingenium vestrum luminis instar habet. Pues, Señor, decía yo, si los grandes ingenios, si los varones famosos son sin controversia luz, y la luz no necesita de distinta aprobación, ¿de qué podrá servir la mía en una Obra tan lúcida, que ella misma por sí está aprobada? siendo como es trabajo de un Autor, a quien devengan como a ninguno el epíteto de luz, los singulares desvelos de su ingenio, y de su estudio, que le han constituido debidamente famoso en la venerable elevación del Orbe literario.

Aplaudir, y encomendar los sujetos a quienes sus aciertos han hecho muy conocidos, es empeño tan ocioso, decía discretísimo Simacho, como fuera alumbrar con una luz a quien tuvieran cercado los resplandores del Sol {(a) Symmach. lib. 3, cap. 48.}: Supervacanei laboris est commendare conspicuos, ut si in Sole positis facem praeferat. ¿Qué seguridad dará mi aprobación a los aciertos que tienen la mayor devengada por sí mismos? Supongo que ninguna. Pero siendo forzoso expresar mi parecer en circunstancias que me precisan a hablar; hecho cargo de que la notoria improporción de mi pequeñez no puede ser bastante satisfacción para honestar el silencio, a cuenta de que Sinesio dio vencido este reparo, expresando que prendas singularmente gloriosas, no pueden tener iguales Panegiristas {(b) Sines. Epist. 22}: Equidem quamquam laudatur impar bonum saeculi publicato; nihil enim ex hoc derogatur operis tui gloriae, nam & Homerum novimus à dissimilibus praedicari: careret enim fama magnorum virorum celebritate, si etiam minoribus testibus contenta no esset. Siendo preciso, pues, que celebren a Homero otros menores ingenios, no siendo posible que haya Homeros para todos, aún se encuentra mi distancia en la precisa congoja de no ser posible remontar tanto el aplauso, que pueda llegar mi elogio donde su acierto {(c) Natal. Compend. de Venaut. disp. 1}:

Omnia nec nostro comprehendi carmine possunt.

Fuera de que sus elogios no se pueden fiar a los acentos; pues aún las admiraciones no son bastantes aplausos, sintiendo de sus trabajos todos los hombres eruditos, y discretos en debida justificada concordia, lo que sintió de Orígenes un grande maestro de la elocuencia {(d) Florei Origenes, cujus viri quoties expectamus ingenium, toties facere oportet, quod Persae ad Solem Orientem; impresso statim ori digito, silere, & mirari}. Este debiera ser el menos [XVIII] improporcionado elogio a cualquiera obra de tan gran Maestro, sacrificar un silencio respetuoso, remitiendo a la admiración todo el aplauso: porque sólo la admiración podrá aplaudir tan conveniente, y abundante erudición. Mayormente creciendo de modo en la colección de tanto diverso asunto la perfección, y grandeza del tratado, que aunque cada uno de por sí fuera capaz de alabanza, juntos, sólo se podrán admirar por maravilla, como acaso con mucho menor motivo dijo la discreción de Casiodoro {(a) Casiodor.}: Habent haec sigillatim distributa pareconium, conjuncta miraculum. Propone el Autor en este Libro tantos, y tan discretos avisos contra comunes introducidos engaños, que aunque cada uno de por sí se pudiera aplaudir, y celebrar como acierto, juntos, sólo se pueden admirar como milagro.

Bien debidamente funda el elogio la multitud, y la diversidad de sagrada, y profana erudición, conque en tan muchas, y tan extrañas materias, las más, tan rara, o ninguna vez tocadas, se entra como Sol de luces resplandecientes, disipando, y desvaneciendo nieblas de errores comunes, a desenvolver de entre la espesura de vulgaridades crédulas el candor de las verdades ignoradas, y escondidas, dejando los desengaños, no sólo convencidos, sino patentes, con tantas sagradas, y profanas luces, que siendo la admiración tributo digno, no se sabe a cuál se deba rendir primero, si a las noticias de la erudición profana, o a los apoyos de la Escritura Divina; como de algunos Doctores antiguos, en una, y otra erudición muy copiosos, dudó con igual motivo la grande discreción de S. Jerónimo {(b) S. Hier.}: Doctores antiqui in tantum Philosophorum doctrinis, atque sententiis, suos resperserunt libros, ut nescias in illis quid prius admierare debeas, eruditionem saeculi, an scientiam scripturarum. Todo es maravilloso en este libro; la erudición profana en las noticias, la erudición [XIX] Sagrada en las Escrituras: pero con tal propiedad traídas, y enlazadas unas, y otras, que no es fácil que el discurso acierte cuál es lo más admirable, si la propiedad conque trae las primeras, o la oportunidad conque usa de las segundas.

Sobre esta admiración, que funda su propiedad, no la funda menor su multitud. De Marco Varrón escribe S. Agustín, que no era menos admirable en él que hubiese leído tan mucho el que había escrito tanto, que el que hubiese escrito tanto el que había leído tan mucho {(a) S. Aug.}: Tam multa legit, ut aliquid ei scribere vacasse miremur, tam multa scripsit, ut vix quidquam legere potuisse credamus. Pues este tan grande elogio aún me parece pequeño encarecimiento del grande Autor de este Libro: en quien la abundancia selectísima de lo que imprime, y promete, hace en la realidad sin distinción admirable cómo ha tenido tiempo para escribir quien se conoce que ha gastado tanto en leer; o cuándo ha tenido tiempo para leer quien tanto ha consumido en escribir; que por uno; y otro ejercicio, en que se ve de bulto, que ha sido infatigable, ha conseguido hacer verdad el hipérbole, que llamando al Emperador Trajano noticioso dueño de las más arcanas curiosidades del mundo, le rindió respetuoso Tertuliano {(b) Tertul. in Apol. cap. 5}: Omnium curiositatum scrutatorem. ¿Con cúanto mayor motivo se debiera tributar al Rmo. Feijoo este aplauso, al verle dueño de tantas, y tan curiosas noticias, como revela en sus Obras, vengando del desaire de ignoradas contra vulgares errores, las importancias de muchas obscurecidas verdades? Mayormente tratando todos los asuntos con tan propia erudición, y tanta puntualidad, que prácticamente convence común error el axioma tenido hasta ahora por verdad común, creyendo todos que pluribus intentus minor est ad singula sensus, y quedando con sus escritos desengañados, de que puede tratar [XX] muchos asuntos con la valentía, y propiedad que sólo uno, quien es tan dueño de la erudición en todo: y aun para mí hace la Obra no menos admirable la dificultad de preferir entre lo que refiere, y lo que discurre: porque sobre ser sus noticias tan particulares, se anhelan tanto sus discretas reflexiones, que en presuroso seguimiento de las unas, pasa con impaciencia el discurso por sobre las otras. Cuando discurre, se echa menos que refiera. Cuando refiere, se echa de menos que discurra. Tan dulce embeleso son sus singulares noticias. Tan halagüeño hechizo sus discretísimas máximas: por lo que sólo aquí no será encarecimiento, el que acaso lo fue de S. Jerónimo a Paulino {(a) S. Hier. Epist. 13, Ad Paulin.}: Quibus nihil pulchrius, nihil doctius, nihil dulcius.

Por tanto, no sólo siento, que debe darse a la luz pública esta Obra, para que desengaños tan doctos, y tan seguros se inmortalicen con el molde, como asunto al común tan conveniente {(b) Gilb. serm. 45, in Cantic.}: Scriptura enim verbum stabile facit; sino es que consultando la utilidad común, y conveniencia pública, deben todos hacer al Autor la petición de Séneca {(c) Senec.}: Ede alia quam primum, quam celerrime, unde & tuo nomini celeritas, & nostris temporibus claritas, & studiosis onmibus pariatur utilitas; o pedirle con Plinio que lisonjee la más común conveniencia con no hacer, ni pensar en otra cosa {(d) Plin. lib. 1, cap. 3}: Hoc sit negotium tuum, hoc otium, hic labor, haec quies, in his vigiliae, in his etiam sommus reponatur. Y no creo que sobrará la súplica, teniendo yo entendida la tibieza conque se halló el Autor en orden a proseguir, viendo la confusión de Papeles, que contra sus doctísimos Escritos porfiaban tercamente a cerrar los ojos. Y cierto, que yo no sé por qué motivo entretuvieron estos estorbos su curso; porque mirados con madura reflexión, y sin pasión alguna, a las luces brillantes de su Obra, los que solos dicen algo, vienen a decir lo mismo; y los que quieren significar otra cosa, sólo dicen el enojo que les gobernó la pluma: por lo que todos los juicios eruditos, y discretos los han reputado por lunares de la obra que hacen con su oposición sobresalir su hermosura.

Supongo, que el Rmo. Feijoo ha hecho muy discretamente en proseguir sus Escritos, sin embarazarse de estos opuestos estorbos; y ni yo esperaba menos: porque sé que el varón que es docto, y sabio, es fuerte, y es poderoso {(a) Prov. 24, v. 5}: Vir sapiens fortis est, & vir doctus robustus, & validus: conque nunca me pude persuadir a que la valentía, y fortaleza de tanta sabiduría se dejase vencer de una oposición tan flaca. ¿Cómo había de ceder a una oposición vulgar un varón a quien su mucha sabiduría adorna de singular fortaleza? Eso sería dejarse vencer del error común quien ha hecho tan noble empeño de impugnar, y desvanecer el notable perjuicio de tanto común error. Vuelvo a decir que aplaudo su discreción; pero no puedo dejar de extrañar en este punto, así los ayes como las satisfacciones. Extraño infinito la queja en los doloridos, porque haciendo el Rmo. Feijoo en la clase, o esfera de los quejosos tan grande, y tan discreta distinción entre doctos, y gregarios, no sé cómo no teme la queja el que se alienta a expresar una palabra: porque el que se tiene por docto, no se debe tener por agraviado; y el que se siente agraviado, sin duda que no se tiene por docto. Confieso que a mí me contuviera infinitamente para no expresar mi queja, no tener que responder a esta pregunta: ¿o te tienes por de los buenos, o por de los malos? Si por de los buenos, ¿por qué te quejas, si aquí no se habla contigo? Si por de los malos, ¿por qué no te quejas de tí propio? Pues bueno fuera, porque no te resintieses tan indebidamente, tolerar un perjuicio tan notable. De aquí nace mi extrañeza, viendo empeñado al Rmo. Feijoo en satisfacer a impugnaciones de actividad tan remisa, [XXII] que ninguna le ha llegado al pelo de la Cogulla: porque es malgastar el tiempo andar apartando estorbos, que en el camino que lleva no pueden ser embarazos. A mí en este caso me pareciera discretísima máxima el castigo de Júpiter a los Gigantes del Flegra: que para inmortalizar el atrevimiento de su rebelión, los dejó arrojando siempre exhalaciones al Cielo, librándolos el castigo en la misma ocupación que los alentó su enojo. Así yo, a los que gastan el tiempo con tanta inutilidad, no les diera más castigo que dejarlos escribir, para que en el inútil trabajo de su empleo y su ejercicio, quedasen castigados de su mano. Lo que yo puedo asegurar es, que para el interés grande de nuestra salud, importarán más los Libros de Rmo. Feijoo, que cuantos a beneficio de nuestra naturaleza ha dictado la más sabia Medicina: porque están llenos todos de saludables consejos, y donde abunda el consejo, no puede faltar salud, dice el Espíritu Santo {(a) Prov. 24, v. 6.}: Et erit salus ubi multa consilia sunt. Por esto anhelando en todos el más importante logro, los alentára yo siempre a leer en este Libro, en que reducida a volumen de extensión no muy crecida, hallará la curiosidad una Librería entera.

Hic liber est, lector, librorum magna supellex,
Et non exigua Bibliotheca, lege.

Y por último, expresando mi parecer, sólo hallo en este Libro una palabra digna de que se borre, o no se escriba, que es la que fingieron los antiguos que tacharon las Musas, en las Obras de Marcial discretas, y celebradas; pues remitidos todos los Escritos de este Autor a su discreta censura, expresaron, que aprobaban gustosas toda la Obra, exceptuando la última palabra: y así resolvieron, que donde decía Finis, se debía decir Phenix. O para mostrar, que tan grande Obra no había de tener fin, [XXIII] sino es ser como el Fénix inmortal; o para significar que ingenio tan peregrino era singular como el Fénix en el Mundo. Esta sola palabra hallo yo que enmendar en esta Obra. Diga Phenix, donde Finis, por la misma causa, y soy de parecer que puede correr segura (súframe el Autor para expresión de una verdad tan debida usar de la propiedad de una Ave, que tan justamente niega). De este dictamen soy, y de que no contiene este Libro doctrina, o cláusula que haga la menor disonancia a la sagrada armonía de los misterios, y preceptos inviolables de nuestra Santa Fe, y buenas costumbres; antes sí muchos desengaños útiles, y convenientes: por lo que soy de sentir que deben imprimirse para el provecho común, y corona lucida de su Autor {(a) S. Ambrosio}: Scriptis coronetur suis. Así lo juzgo, salvo semper meliori judicio. En este Convento de la Santísima Trinidad de Redentores Calzados de Madrid, a 28 de Febrero de 1728.

Fr. José Navajas.

 

{Benito Jerónimo Feijoo, Teatro crítico universal, tomo segundo (1728). Texto tomado de la edición de Madrid 1779 (por D. Joaquín Ibarra, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), tomo segundo (nueva impresión, en la cual van puestas las adiciones del Suplemento en sus lugares), páginas XV-XXIII.}


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