Obras de Feijoo Teatro crítico universal Tomo primero

Benito Jerónimo Feijoo • Teatro crítico universal • Tomo primero

Aprobación

del Rmo. P. M. Fr. Domingo de Losada, Lector Jubilado Complutense, Examinador Sinodal, Padre de la Provincia de Santiago, y Provincial de la Provincia de Castilla, de la Regular Observancia de N. P. S. Francisco

M. P. S.

De mandado de V.A. he leído con todo cuidado un libro, intitulado: Teatro Crítico Universal, &c. compuesto por el Rmo. P. M. Fr. Benito Jerónimo Feijoo, de la Orden del Gran Padre San Benito, y Catedrático de Vísperas de la Universidad de Oviedo, &c. Y aunque la elegancia del Nacianceno me dio de antemano hermosamente dibujado el más proprio retrato del Autor en aquel celebrado elogio del Gran Atanasio: Quod enim genius disciplinae ets, in quo versatus non sit, atque ita eximie versatus, quod in eo solo elaborasset? Sic nimirum omnia complexus, ut ne unus quidem quisquam singula: rursus ita ad summum, quasi nihil aliud praeterea didicisset (S. Gregor. Nacianc. Orat. in laud. Athanasii); todavía no puede desembarazarse el discurso del asombro conque se halla sorprehendido de la hermosa variedad de tantos, y tan diversos asuntos. No menos arrebata las mayores admiraciones este literario Teatro por lo universal en todo linaje de materias, que por lo crítico en la sentenciosa juiciosa crisis conque reflexiona en cada una de ellas con equidad tanta, que sin declinar un punto en el extremo de los Críticos Aristarcos, dice con libertad e ingenuidad de sabio, el justo valor y aprecio que merece de [LXX] justicia cada cosa. Esta crisis en tan universal materia pide sin duda tanto hombre, que en la esfera de los Sabios por peregrino se aclamará muy rara Ave: pues aunque algunos idearon aquel circular Orbe de las ciencias, o el gran cuerpo Encyclion, que comprehendía todo género de disciplinas, o la Enciclopedia, que llamaron los Griegos universal ciencia, fue sólo idea imaginada, que prometiendo claras luces a todos para todo, a todos en todo llenaron de densas obscuridades; porque no es lo mismo coacervar en un Tomo varias materias, o amontonar en un cuerpo variedad de noticias, que saberlas, y saberlas escribir para la común enseñanza, dando a cada cosa su justo valor y peso; que esta crisis pide sin duda, además de un entendimiento peregrino, una continua estudiosa aplicación a los libros, que sin duda se hallan muy pocos.

Aun siendo tan superior la inteligencia de Salomón, confiesa en el Libro del Eclesiastés, que entregó con la mayor aplicación todo su corazón, para aquel universal tratado, que no sólo enseñaba la prudencia y doctrina, sí también descubría los errores y necedades comunes: Dedique cor meum, ut scirem prudentiam, atque doctrinam, erroresque, & stultitiam. (Eccles. cap. 1. 17). Y notó con delicadeza Hugo Cardenal la significación dle verbo Dedi, que puso Salomón, y no el verbo Accommodavi; porque aquél significa una continua aplicación al estudio, entregándose a las letras con la mayor eficacia; y éste sólo diera a entender una breve estancia de tiempo al estudio, y una como ojeada de paso; y es más que cierto, que la comprehensión y penetración de las ciencias no se ferian a los que por cuatro días toman como prestado o alquilado el cuarto de los estudios. Discretísimamente el gran Padre San Bernardo dijo, que el Doctor Maestro había de ser, no canal, sino concha: porque la canal todo su caudal es prestado, y aun cuando más llena, [LXXI] vierte en los raudales toda la broza; la concha cogiendo blandamente el rocío, le abriga, y lentamente parece le digiere; y así produce preciosas perlas.

Otra grave enseñanza nos descubre Salomón, muy necesaria para el estudio de la sabiduría, enlazando prudencia y doctrina; porque en la prudencia, dice Hugo, explica el estudio de su propia investigación: Prudentia propria investigationis, y en la doctrina la aplicación a la erudición ajena; y una y otra es necesaria para conseguir la palma de verdadero sabio; porque ni todo ha de ser dejarse llevar siempre de otros, como niños, ni todo se ha de fiar a las fuerzas de su propio ingenio.

Es la humana sabiduría tan achacosa, que más merece el título de docta ignorancia, que de perfecta ciencia: Doctorum ergo, dice Alápide, magna licet rerum cognitio, tamen non est tam plena scientia, quam docta ignorantia (Alap. Eccles. cap. 1). Tan envueltas andan las luces de la verdad con las tinieblas del error, que aun los mayores Filósofos, como dice mi Sutil Maestro, mezclaron muchas falsedades en las demostraciones, que nos vendieron por evidentes. Por eso dice el Mariano Doctor (Scotus in prologo Sententiarum) fue necesaria doctrina sobrenatural para que guiase al entendimiento sin error por la segura senda de la verdad. Y Salomón en nuestro texto, aunque tan iluminado de superiores luces, se aplicó con sumo estudio a la ciencia discretiva de la verdad y el error; Summo studio, comenta Alápide, incubui, ut pervestigarem sapientiam, & scientiam, tum speculativam, tum practicam, eamque secernerem ab erroribus, & stultitia. Y fue sin duda necesario tanto estudio, porque hablaba de errores comunes, que eso explica la voz Proverbios, que dice otra letra en el texto; porque como éstos no tanto se disputan, como se veneran por oráculos, es necesaria mucha luz con evidencias claras, para desengañar de [LXXII] errores tan comunes, que pasan plaza de primeras verdades.

Este es el glorioso fin, que en tan lúcido trabajo intenta nuestro sapientísimo Autor, para utilidad del común. Pero acaso replicará alguno con lo que en el mismo texto concluye Salomón como arrepentido: Et agnovi, dice, quod in his quoque esset labor, & afflictio spiritus. Y aunque yo no le negaré al Autor el trabajo en tan vario estudio, como supone la inmensa erudición, que apunta en esta Obra, con todo le negaré lo penoso, y aflictivo del alma, pues así en esta Obra brinda a los estudiosos el cáliz de las literarias tareas (que tanto amargan), que sobre pintarle glorioso por el premio, le pone en copa de oro tan gustoso, que a pechos se le puede echar el más nauseado. Pero mucho mejor a nuestro intento responde Hugo Cardenal con Hugo Victorino: Quia vero curiositas eum ad inquisitionem, hujusmodi compellebat, & superbia ad ostentationem, dignum fuit, ut hujusmodi labor premeret, & curiosum dissiparet, &c. conque siendo el motivo de nuestro Autor el que expresa su mismo título, para desengaño de comunes errores, convence por el opuesto el mismo texto, que tan gloriosa tarea, no sólo es acreedora de inmortales glorias, sí también de gozosas dilataciones en la alma. Concluyo, pues, diciendo, que esta Obra, sobre no contener cosa alguna contra los candores de nuestra Fe, y buenas costumbres, es utilísima, y muy común; pues no menos conduce al navegante saber los escollos, que los rumbos y puertos; y siendo el asunto desengañar errores comunes, preciso es que sea utilidad del común: que allá en la Torre celebrada de David, en que Doctos dibujan el universal teatro de toda buena enseñanza y disciplina, se mira como otro Faro, que sirva de farol a los que navegan en tan dilatado mar: conque puede V. A. darle la licencia que pide; y aun como tan solícito del bien [LXXIII] común, estrecharle a que con ésta dé a luz las otras Obras. Este es mi sentir, salvo meliori, &c. En este Real Convento de nuestro Padre San Francisco de Madrid en 3 de Julio de 1726 años.

Fr. Domingo Losada.

 

{Benito Jerónimo Feijoo, Teatro crítico universal, tomo primero (1726). Texto tomado de la edición de Madrid 1778 (por D. Joaquín Ibarra, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), tomo primero (nueva impresión, en la cual van puestas las adiciones del Suplemento en sus lugares), páginas LXIX-LXIII.}


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