La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Benito Jerónimo Feijoo 1676-1764

Cartas eruditas y curiosas / Tomo cuarto

Aprobación
Del M. R. P. M. Fr. Joseph Balboa, Predicador General de la Religión de San Benito, Abad que ha sido del Monasterio de Santa María la Real de Hyrache, &c.


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De orden de nuestro Rmo. P. M. Fr. Iñigo Ferreras, General de la Congregación de San Benito de España, Inglaterra, &c. he visto, y examinado el IV. Tomo de Cartas Eruditas, y Curiosas de nuestro Illmo. y Rmo. Sr. el P. M. D. Fr. Benito Feijoo, del Consejo de S.M. &c. a tiempo que en la casual lectura de Mons. Rollin hallé una discreta reflexión de Mons. Des-Preaux, que me desembaraza de la formal confusión, que el rubor, pone a la pluma del más mínimo de los Discípulos, para censurar las Obras de tan gran Maestro; y en circunstancias, que nadie ignora, dándome la verdadera idea del precepto que se me impone, y del parecer que se pide.

Cuando los Escritos, dicen estos sabios Franceses {(a) Mons. Des-Preaux, reflex. 7. sobre Longino. Apud Mons. Rollin, Tratad. de los Estudios, tom. 1.}, fueron admirados por muchos años, y no los despreciaron sino algunos pocos extravagantes, y de gusto depravado, de que hay, y hubo en todos tiempos; no sólo es temeridad, sino locura dudar del mérito de estos grandes hombres. Aun cuando no se perciba el primor de sus Escritos, no debe afirmarse que no son primorosos; antes bien se debe decir, que el que los lee es ciego, tiene depravado el gusto, porque no ve, ni gusta lo que el común califica excelente [XVIII] en semejantes Autores. Es incontestable el día de hoy, y no puede dudarse, que Homero, Platón, Cicerón, Virgilio, y otros que se les parecen, son maravillosos, y sus Obras incomparables: sólo nos resta saber en qué consiste este celebrado primor, que justamente les concilió por tantos siglos la admiración de todos los Sabios, so pena de renunciar a las bellas letras, para las que ciertamente no tienen numen, ni genio el que no percibe lo que todos los demás.

En esta clase de Autores, y Escritos debe colocarse el Illmo. Padre Feijoo, para proceder con aquella madurez, y juiciosa circunspección con que merecen censurarse sus excelentes obras; no sea que, como lo ejecutaron algunos, reprehendamos lo que no entendemos { (a) Quintilian. Instit. Orat. lib. 10 cap. 1. Circunspecto iudicio de tantis viris iudicandum est; ne quod plerisque accidit, damnet quae non intelligunt.}, de que sobran para ejemplares las impugnaciones del Teatro, y sólo falta para el escarmiento se repita el de Midas {(b) Martial. O utinam affines asininis auribus essent, Ut facile posset noscere quisque Midas.}, con tantos sordos, al harmonioso concierto de la más acorde erudición, que no podemos dejar de percibir los mismos que no acertamos a explicarle. Para lo primero basta sólo el sentido; y para lo segundo apenas alcanza el más perspicaz ingenio.

En muchas producciones, no sólo de la naturaleza, mas aun del arte, dice su Illma. {(c) Teatro Crítico, Tom. VI, Disc. XII.}, encontramos los hombres fuera de aquellas perfecciones sujetas a nuestra comprehensión, otro género de primor misterioso, [XIX] que cuanto lisonjea el gusto, atormenta el entendimiento. Tócale el sentido, y no puede descifrarle la razón: así, al querer explicarle, no encontrando voces, ni conceptos, que satisfagan la idea, nos dejamos caer en el rudo informe, y explicación obscura de que es un no sé qué, que no acertamos a explicar. Ni hay que pedir, aunque sea a los Maestros de la Elocuencia, revelación más clara de este misterio, por lo que toca a las producciones del espíritu, tanto más difíciles, cuanto más excelentes; pues Quintiliano {(a)Quintilian. Instit. lib. 6. cap. 3} llegó a decir, que más por sentimiento, que por reflexión, percibe, y gusta el alma estos primores: Sentitur latente iudicio, veluti palato. Es verdad, que hay paladares distintos, y que aun en entendimientos de igual perspicacia es diferente el gusto intelectual; y esta es la mayor maravilla, que no acertó a explicar Cicerón {(b) Cicero in Brut. num. 185. Nunquam de bono Oratore doctis hominibus cum populo dissensio fuit.}, admirado de que siendo tan diferentes los gustos, convienen siempre sabios, e ignorantes en la calificación de un Orador excelente: sin duda que para esto basta la razón natural, en que todos convenimos, sin discrepancia, en los primeros elementos del buen gusto, sensible a aquel primitivo, y sublime carácter de verdadero, y natural, que es en dictamen de Mons. Rollin {(c) Mons. Rollin, Tratad. de los Estudios. Reflexiones generales sobre el Buen Gusto.} el no se qué, o primor sobresaliente, que coloca los Autores, y sus Obras en clase distinta, y preeminente a todos los demás.

Esta es, a mi ver, la razón, por que siendo tan [XX] diferentes los gustos, a todos agradan los Escritos del Sr. Feijoo. Doctos, y rudos, apasionados, imparciales, y aun desafectos, convienen tiene en el modo de explicarse un no sé qué, que hace leer con deleite cuanto dice: una energía que encanta: una brillantez que embelesa: una hermosura que enamora. En fuerza de esta gracia, deleitan, y no acaban de admirarse aquel harmonioso estilo, en que halla sublimidad el más discreto, y claridad el más rudo: aquellas expresiones tan vivas, que, como un espejo, presenta al alma los objetos; tan propias, que no sólo declaran, mas iluminan los asuntos: aquella penetrante sagacidad en descubrir, rompiendo por los laberintos de las dudas, las más escondidas verdades: aquella veracidad tan exacta, que llegaría a pecar d escrupulosa, si en esta virtud cupiera nimiedad: aquella cifra fina, y delicada, que, en fiel balanza, pesa hasta los átomos de las probabilidades; y últimamente, aquel alto magisterio en resolver las dificultades más espinosas, tan distante de la ostentación de su doctrina, que comúnmente franquea su enseñanza, disfrazada con el velo de la duda: siempre dispuesto a deponer, y aun retractar su dictamen, si encuentra otro más bien fundado, y mejor {(a) Horat. Recideret omne quod ultra perfectum traheretur.}; todo es efecto de una discreción consumadísima, que, bien se llame como se quiere Monsieur Rollin {(b) Rollin, ibid.}, discernimiento vivo, preciso, y delicado de toda la hermosura, variedad, y rectitud de las expresiones, y pensamientos, que forman los discursos; bien, tino mental {(c) Feijoo, Tom. II. de Cartas Eruditas, Carta VI.}, elección exquisita, genio feliz, juicio [XXI] sólido, numen, o razón natural, perfeccionada por el estudio, y observación de la naturaleza; queda siempre sin definirse, y no puede dejar de gustarse por aquella conformidad, o simpatía, que tiene con las primitivas ideas, o semilla del buen gusto; cuya época, en nuestra Nación, fijan los Extranjeros, según la data, y edición de las Obras del Illm. Feijoo.

No me necesitan para fiador de su dictamen, ni yo pretendo que el mío discrepe del que forme el más rígido Censor de este IV Tomo de Cartas. Véase la sólida agudeza con que convence la impiedad de los Filósofos Materialistas; la gravedad, sin los resabios de enfadosa, con que declama contra la tardía penitencia de un Vicioso: los juiciosos arbitrios, que da para la distribución de las rentas a un Eclesiástico: y en fin todas las Cartas, que contiene este IV Tomo, y se hallará que brillan en ellas el perspicaz ingenio, entendimiento claro, y juicio recto del Maestro Feijoo con la misma energía, perspicacidad, y gracia, que en las demás Obras; conservando siempre en todas ellas aquel espíritu de verdad, y candor, que caracterizan su Persona, y Escritos.

Considerando algunos, há días, la edad de este gran hombre, creían con Quintiliano {(a) Quintilian. Instit. Orat. lib. 12. cap. 11.} era ya tiempo de que suspendiese la pluma, por más que el Público lo llorase: Honestissimum finem putabamus desinere, dum desideraremur, porque parece natural se debilite el discurso con la pesadez de los años; pero vista la valentía, que ostenta en este IV Tomo, debemos formar juicio, que al Illmo. Feijoo no le comprehenden las leyes comunes. Debiliten el cuerpo en hora [XXII] buena los años, padezcan decadencia las potencias exteriores, que la intelectual del Sr. Feijoo cobra nueva robustez cada día. Todas sus Obras merecieron el general aplauso; y creeré que ésta logre, sobre el aplauso, la admiración de todos. Y tengan, o no aquellas circunstancias, que exigen los Zoylos, y Aristarcos, ellos mismos confesarán, como confesaron siempre de las demás Obras, que no se le puede negar la particular gracia de empeñar la afición de todos sus Lectores a repetir con gusto, y continuar sin interrupciónn su lectura; y esta prueba sola convence que ese placer se debe al mérito de la Obra, y no a la novedad. Este fue el dictamen de Ovidio {(a) Ovid. de Pont. lib. 3. epist. 5. vers. 10.} en respuesta a las Cartas, y Obras de Máximo Cota: lo mismo que me sucedió a mí.

Quae, quamquam lingua mihi sint properante per horas
Lecta satis multas, pauca fuisse queror.
Plura sed haec feci relegendo saepe; nec unquam
Non mihi, quam primo, grata fuere magis.
Cumque nihil toties lecta e dulcedine perdant,
Viribus illa suis, non novitate, placent.

Así lo siento, salvo meliori, en San Martín de Madrid, y Mayo 7 de 1753.

Fr. Joseph Balboa


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{Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), Cartas eruditas y curiosas (1742-1760), tomo cuarto (1753). Texto tomado de la edición de Madrid 1774 (en la Imprenta Real de la Gazeta, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), tomo cuarto (nueva impresión), páginas XVII-XXII.}


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