La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Benito Jerónimo Feijoo 1676-1764

Cartas eruditas y curiosas / Tomo tercero

Aprobación
del Doctor Don Tomás de Querejazu y Mollinedo, Caballero del Orden de Santiago, Catedrático de el Maestro de las Sentencias en la Real Universidad de Lima, Prebendado de aquella Santa Iglesia, &c.


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M. P. S.

Por orden de V.A. he visto con toda atención y complacencia el Tomo Tercero de Cartas Eruditas, que da a luz el Illmo. y Rmo. P. M. D. Fr. Benito Jerónimo Feijoo, del Consejo de S.M. &c. Iba a protestar a V.A. que me hallaba sin talentos, ni prendas para Censor de Obra tan erudita como útil; pero haciéndome cargo de las antecedentes del Autor en su eruditísimo Teatro Crítico, hube de ceder a mi misma repugnancia, poniendo en ejecución el mandato de V.A. ¿Cómo, dije, puede faltarme instrucción para hacer dictamen en este nuevo parto de su ingenio, cuando la lectura del Teatro, y su continuación (que ha sido mi mayor delicia) es un preciosísimo tesoro, bastante a ilustrar el entendimiento más rudo? Es tan elegante, y dulce la enérgica facundia de los Escritos del Autor, que todas las potencias se le rinden sin violencia; pero ésta es la singular prerrogativa de su grato estilo, antes recomendada, y aplaudida de Casiodoro: {(a) Casiod. lib. 6. Variar. Epist. 5. de Formula quaestur.}: Nihil praestabilius videtur quam posse [XLIV] dicendo, tenere hominum mentes, allicere voluntates, impellere, quo velit, unde autem velit deducere. Por eso quien empieza a leerlos queda sin libertad para dejarlos; y siendo el blanco de su feliz pluma cautivar al Lector para ilustrarlo, por rudo que éste sea, ¿cómo ha de desistir a su cultura?

Nemo adeo ferus est, ut non mitescere possit.
Si modo culturae patientem commodet aurem.
{(a) Horat. lib. 1. Epist. 1. }

Nadie puede negar el caudal de erudición, y doctrina, que para cultivo de las Bellas Letras nos ha franqueado el Illmo. P. M. Feijoo; ya se ve, que a esmeros de su inmensa aplicación, y profundo genio; pero no contento con este heróico beneficio para el Público, nos ofrece ahora en el tercer Tomo de sus Cartas otro nuevo tesoro: no digo bien, nos vuelve a dar aquel mismo tesoro, con otra novedad de agudas percepciones, y delicados discursos; de suerte, que olvidándose de las fatigas de su principal Obra; y lo que es más, de los repetidos insultos de emulación, que le han manifestado sus impugnadores (no sé si diga, que con menos decoro de nuestra misma Nación) se ha tomado el trabajo de darnos en el epílogo todo aquel tesoro, o en un solo volumen el valor, y utilidad de todos juntos. Esto es, si no me engaño, haberse declarado el Autor verdadero padre de la Familia Literaria, pues quiere comunicarle la doctrina con mejoras, volviéndole el capital con gananciales. ¿Y quién pudiera dispensarla con estas apreciabilísimas [XLV] ventajas, sino el Autor, que llena bien toda aquella descripción del Evangelio para un Maestro? {(a) Matth. cap. 13.} Omnis Scriba doctus in Regno Caelorum, similis est homini Patrifamilias, qui profert de Thesauro suo nova, & vetera. El Escritor, dice, y Maestro Sabio es parecido al Padre de Familias, que para alimentarla se vale de su tesoro antiguo, y nuevo. Lo de Padre de Familias en el cultivo de las Ciencias ya lo tiene manifestado su Ilustrísima en el Teatro Crítico con la imponderable riqueza de sus Discursos; dispensándonos en ellos, ya el desengaño de muchas preocupaciones, que se hacían lugar, aun en personas de superior reflexión a la del vulgo: ya el conocimiento de la verdadera causa de algunos Fenómenos, cuya aprehensión nos era tan nociva: ya la noticia de innumerables utensilios para la Matemática, cuyo manejo nos rinde, y rendirá utilísimos efectos. ¿Y en fin, qué materia Física, o Geométrica, Política, o Moral no ha manejado la diestra pluma del Autor, d¡en que no se trasluzca desde luego un vivísimo deseo del adelantamiento de las Ciencias, y Artes en España? No hay más claro testimonio de su ardiente celo para tan alto fin, como el de su inimitable aplicación a saber, sólo por tener el gozo de que sepamos los demás {(b) Senec. Epist. 6. ad Lucil.}: Ego cupio omnia in te transfundere, & in hoc gaudeo aliquid discere, ut doceam, decía Séneca a su Lucilio, y le da la razón: Nullius boni, prosigue, sine socio iucunda possessio est: mittam itaque ipsos tibi libros. ¡Y a la verdad, que sería menos grata [XLVI] a nuestro ilustres Padre de Familias la posesión de sus adquiridos Tesoros, sin la condición de hacer participante de ellos a la Sociedad! Nullius boni sine socio, iucunda possessio est. No se ha satisfecho el Autor con adquirir las Ciencias: todas las quiere refundir en la utilidad pública; y aun renunciaría de ellas, si hubiese de tenerlas con la pensión de no comunicarlas: Si cum hac exceptione, concluye Séneca detur sapientia, ut illam inclusam teneam, ne enuntiem, rejiciam. He aquí la causa porque el Ilustrísimo Padre Feijoo nos ha enviado sus Libros, o sus Obras: Mittam itaque ipsos tibi libros.

Sobre este tesoro grande, ya adquirido, su elevado ingenio, siempre fecundo de nuevas producciones, sin duda que en este nuevo Tomo nos ha aumentado muchas preciosidades, para que de uno, y otro tesoro, antiguo y nuevo, como de buen Padre de Familias, resulte mucha utilidad a nuestros entendimientos: con lo que se logrará en España una dichosa propagación de la Sabiduría, pasando como herencia de padre a hijos sus más ricos tesoros. Así lo pensaba Séneca, quien escribiendo a Lucilio, habla tan a propósito de lo que dijo el Texto Evangélico, que parece su Intérprete {(a) Senec. eadem epist. 6. }: Veneror inventa sapientiae, inventoresque adire tamquam multorum haereditatem iuvat: Mihi ista acquisita, mihi ista elaborata sunt, sed agamus bonum patrem-familias, faciamus ampliora quae accepimus: Maior ista hereditas a me ad posteros transeat. En las primeras Obras acreditó el Autor su Magisterio, estimulándonos a venerar los hallazgos de la Sabiduría, [XLVII] para dejarnos como herencia la solicitud de otros hasta ahora escondidos: Veneror inventa sapientiae, inventoresque adire tamquam multorum haereditatem iuvat. Parece que aquéllos no podían ser adquiridos, sino por el singular ingenio del Autor. ¡Mihi ista adquisita, mihi elaborata sunt! Mas no desentendiéndose del cargo que ejerce de Padre de Familias, hagamos, dijo, en este último Tomo nuevos descubrimientos, además de los adquiridos, para que así pase a los postreros la herencia con ganancias: Sed agamus bonum patremfamilias, facimus ampliora, quae accepimus: Maior ista haereditas a me ad posteros transeat. Pero no sólo en ella debe fundar la posteridad su mayor realce, pues en el Ilustre Padre que la adopta queda todavía sobrado material para más engrandecerla. Réstale al Autor mucho que dar; y es, que su fecundo ingenio tiene la cualidad de mina inagotable, siempre lleno cuanto más pródigo {(a) Multum adhuc restat operis multumque restabit; dio a entender hablando a su Lucilio el mismo Séneca ya citado; y otro tanto puede decirnos sin la menor lisonja de sí mismo nuestro sapientísimo Autor; y porque ya tiene declarado como herencia su ejemplar estímulo para nuestra aplicación, puede añadirnos con el mismo: Nec ulli nato, post mille saecula praecludetur occasio aliquid adhuc abjicendi. De este modo, pues, hemos conseguido en este siglo, que podemos llamar el siglo de oro, con el Magisterio del Autor un ascendiente de Sabios, y padre de muchos Doctos, enriqueciendo con los tesoros de su mente a los hijos de [XLVIII] su entendimiento. Hijos a la verdad dichosos; pues con tan recomendable herencia aseguran el vínculo mayor de una esclarecida gloria.

Estos son los bienes con que el Autor nos ha enriquecido. Bienes de tanto mayor aprecio, cuanto han merecido la celebridad y aprobación de otras eruditísimas Naciones, y aun de la Cabeza de todas, como de la Iglesia, nuestro muy Santo Padre Benedicto XIV, quien en su eruditísima Carta circular a los Señores Obispos del Estado Eclesiástico sobre varias providencias, que debían tomar, con ocasión del presente Año Santo, cita en tres párrafos diferentes a nuestro Autor. Bastaba esta repetida memoria de su Santidad, como Príncipe Supremo, para caracterizar los Escritos de su Ilustrísima, libertándolos de toda censura; pero además de ese privilegio, tiene su Santidad el de Padre, y Protector de la erudición, notoria al Mundo en sus apreciabilísimos Escritos.

Lambertinus hic est Romae decus, & Pater Orbis,
Qui terram scriptis docuit, virtutibus ornat.
{(a) Mr. de Voltaire en su Carta al P. Latour, principal del Colegio de Luis el Grande en París, año de 1746.}

Esta aprobación Pontificia es el sello más recomendable de los Escritos del Autor, de que puede jactarse sin el riesgo de que a ninguna parezca vanagloria. ¿Pero qué mucho se hayan adquirido este general elogio, cuando en todos ellos puede hallar el Mundo Literario un sumo provecho? Pudiera sin dificultad demostrarlo, renovando aquí las materias [XLIX] esparcidas en todas sus Obras; pero esto sería apartarme del oficio de Censor, tomándome el de Panegirista. Ellas solas bastan para desempeño de la utilidad pública en cualesquiera materias, siendo todas juntas una continuada máxima para nuestro gobierno Económico, Moral, y Político: dádivas son todas de Padre de Familias; y con más justa razón deberá serlo la de este tercer Tomo, por la mayor utilidad que en él recibimos {(a) Casiod. lib. 1. de Variar. epist. 28.}: Datur enim quod majori utilitate recipitur, dijo Casiodoro hablando de la generosidad de Teodorico Rey en sus dádivas, y otro tanto pudiera decirse con toda propriedad de las del Autor; pero con esta diferencia, que aquéllas, aunque Reales, no excedían de la comodidad, material en el uso del oro; mas la de su Ilustrísima pasan a más alto grado en la comodidad de alma. Son tesoros de su perspicaz entendimiento, y por eso deben ser para uso, y adorno del espíritu. En las monedas de los Emperadores era frecuente poner esta inscripción: Spes publica. Mejor la pusiera yo en todas las Obras del Autor, que siendo la finca de nuestros deseos, nos asegura en sus discursos toda nuestra esperanza. Concluyo ya con dar el pláceme a nuestro Gremio Literario, por la felicidad tan apreciable que le ha venido con el Magisterio del Autor, dignísimo acreedor de nuestra gratitud, por sus singulares dones en beneficio, y aumento de la Sociedad. Esforcémosle, pues, con nuestras súplicas a que no desmaye en la continuación de su utilísima tarea, y sea el último desahogo de nuestro reconocimiento confesarle con ingenuidad, que sólo sus [L] Obras pueden tenerle la más recomendable corona de su elevado mérito. Y respecto de no encontrar en esta Obra proposición censurable, ni opuesta a la pureza de la Fe, buenas costumbres, y Reales Pragmáticas, hallo por conveniente se le conceda la licencia, que pide. Así lo siento, salvo meliori. Madrid, y Junio primero de 1750.

Doct. D. Tomás de Querejazu.


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{Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), Cartas eruditas y curiosas (1742-1760), tomo tercero (1750). Texto tomado de la edición de Madrid 1774 (en la Imprenta Real de la Gazeta, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), tomo tercero (nueva impresión), páginas XLIII-L.}


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