La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Benito Jerónimo Feijoo 1676-1764

Cartas eruditas y curiosas / Tomo segundo
Carta XXI

Nuevas noticias en orden al caso fabuloso
del Obispo de Jaén


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1. Muy Señor mío: La noticia que Vmd. días ha me dio de hallarse el cuento del Obispo de Jaén, de que traté en el primer Tomo de Cartas, en la Crónica del Rey Don Alonso el Sabio, me sirvió de excitativo, y guía para buscar en otros Autores anteriores la misma Historieta; y mediante esta diligencia [267], descubrir el antiguo estado, y origen de la fábula. Bien que la misma noticia, sugerida por Vmd. como equívoca, en cuanto a la citada Crónica del Rey Don Alonso el Sabio, me constituyó al principio en alguna incertidumbre; porque Crónica del Rey Don Alonso el Sabio se puede entender de dos libros muy diferentes; esto es, de la Crónica donde se refiere la vida de aquel Monarca, y de la Crónica General de España, que se escribió de orden del mismo Príncipe. De hecho, aunque la expresión Crónica del Rey Don Alonso con más propiedad se adapta al primero, la historieta, de que tratamos, no se halla sino en el segundo.

2. Es así, que como Vmd. mismo me advirtió, aunque el Autor de esta Crónica refiere la historieta, mas no en nombre de algún Obispo de Jaén, sí en el de otro Personaje muy diferente; esto es, en el de San Atendio, Obispo de Visitaña. ¿Pero quién es este San Atensio, de quien en ningún Martiriologio, o Santoral se halla noticia? ¿Qué Diócesi es la de Vesitaña, que en ningún Catálogo de Obispados, Tabla, o Libro geográfico se encuentra? Añádese, que, según el Autor, aquella visión de diablos, que da principio al cuento, la tuvo el Santo pasando el puente de un río llamado Divino. Y de este río digo lo mismo que del Obispado de Visitaña.

3. Parece que estos incógnitos nombres me daban nuevo derecho para capitular de fingido el suceso; y en esta persuasión realmente estaba yo, cuando una ocurrencia feliz, acompañada de alguna diligencia, me hizo hallar la misma historia en el Espejo Historial de Vincencio Belovacense, y reconocer en este Autor la equivocación, que en el nombre del Obispo padeció el de la Crónica del Rey Don Juan Alonso; pues Vincencio llama Antidio al que otro llama Atendio; y San Antidio es Santo real, y verdadero Obispo, y Mártir. Al río da el nombre de Dunio, no de Divino. Pero aunque [268] cualifica el Obispo a San Antidio, no señala la Diócesi. En lo demás la relación es perfectamente semejante a la otra; exceptuando una, u otra leve adicioncilla en la de Vincencio. Quedábame, no obstante, en ella parte del tropiezo antecedente, por no tener noticia, ni haberla hallado del río Dunio. En este embarazo, habiendo notado, que el Autor cita para esta especie a Sigeberto, que comúnmente llaman el Gemblacense, por haber sido Monje del Monasterio de Gemblurs en Bravante, Autor de una Crónica, que empieza de donde acabó la suya San Gerónymo, pero es Autor que yo no tengo; escribí a mi íntimo, y sabio amigo el Padre Maestro Sarmiento, pidiéndole le registrase, y me avisase como refiere el caso, con todo lo demás concerniente a él, que podría acaso hallar en otros Autores. La respuesta, que luego tuve, llenó enteramente mi deseo, como verá Vmd. en lo que se sigue, que casi todo consta de noticias administradas por el Maestro Sarmiento.

4. En Sigeberto se halla puntualísimamente, y palabra por palabra la historieta de la Crónica, exceptuándola la alteración de los nombres propios, que luego se verá; de modo, que la identidad en el modo de referir el caso, muestra, que el Autor de la Crónica no copió a Vincencio Belovacense, casi temporáneo, o poco anterior a él, sino a Sigeberto. Para que Vmd. vea esta identidad, pondré aquí las palabras de este Autor inmediatamente a la descripción que hace de la irrupción de los Vándalos en las Galias debajo de la conducta de su General Crosco.

5. Sub hoc turbine, inter multos, martyrizantur Sedunensis Florentinus, & Hilarius, Desiderius Lingionensis cum Vincencio Archidiacono, Antidius Vesontiensis Episcopus.

6. De hoc Antidio legitur, quod aliquando tertia feria post Palmas transiens pontem Duvii Fluminis, vidit agmen daemonum, gesta suo Principi suo referentium, [269] & inter eos AEthiopem in manu sandalium preferentem ad iudicium, quod Romanum Praesulem, cuius hoc erat, per septem annos impugnatum, tandem ad lapsum traxerit. Qui vocans ad se AEthiopem. & in virtute Dei, & Sanctae Crucis super eum ascendens, eo vectante, Romam venit feria quinta, hora celebrandi Oficii; & daenome pro foribus expectante, Papae rem retulit, negantem per sandalium ad poenitentiam movit, & Missa vice eius celebrata, & parte Chrismatis a se consecrati assumpta, daemone revectante, ad Ecclesiam suam rediit, Sabbato Sancto hora celebrandi Officii.

7. Ve aquí Vmd. punto por punto puesto por Sigeberto, en no muy buen latín, lo que el Arte de la Crónica copió en el Castellano de su tiempo. Este empieza del mismo modo que aquél, por la irrupción, y devastación, que el año de 411 hicieron los Vándalos en Francia, poniendo el mismo Catálogo de Mártires, que padecieron debajo de aquellos Bárbaros. E aquel año, dice, andaban los Váldalos destroyendo tierra de Francia, è desfacien las Iglesias, è mataban a los Santos, así en aquella persecución fueron martirizados muchos Santos Mártires, ca murieron San Florentino, San Hilario, San Desiderio, Arzobispo de Hugonia, San Vicente el Arcediano. Fue otrosi martirizado San Atendio, Obispo de Vesitania. Métese inmediatamente en la historieta, prosiguiendo así: E de este Atendio cuentan las Estorias, que le avino, que el Martes después de Ramos pasó por la puente de un Río, que ha nombre Divino, è vio en un campo gran campaña de diablos, &c.

8. De modo, que no hay entre las dos relaciones otra diferencia que la de los nombres propios, que el Autor Español, si acaso no fue el Impresor, alteró, o corrompió, trasladando Atendio por Antidio: Vesitaña por Vesanzon: y río Divino por río Duvio.

9. Pero todo lo que en cuanto a la realidad hay en la relación de Sigeberto, a distinción de la Crónica del Rey Don Alonso, consiste únicamente en la [270] existencia de los significados de los nombres propios. Ni hay, ni hubo jamás San Atendio, ni Obispado de Vesitaña, ni río llamado Divino. Pero hay San Antidio, que fue Obispo Vesontiense, o Bisuntino; esto es, de Besanzón, que es Capital del Franco Condado de Borgoña, y hay finalmente el río, que los Latinos llaman ya Dubius, ya Dubis, ya Aduadubis, que pasa por Besanzón, dividiendo aquella Capital en dos partes desiguales. Los Franceses le llaman le Doux; aunque también hay otro río del mismo nombre en Languedoc.

10. Por lo que mira al cuerpo del hecho, tan fabuloso es debajo de estos nombres, como en aquellos; y tan ridículamente fingido en los Obispos de Vesitaña, y de Besanzón, como en el de Jaén.

11. Este es el dictamen de los Sabios Jesuitas Antuerpienses, llamados comúnmente Bolandistas, escribiendo la Vida de San Antidio al día 25. de Junio; y dicen, que la misma historieta vieron atribuida a San Máximo Taurinense en una Vida antigua, que leyeron de San León Magno. Según lo cual, esta fábula anduvo de Obispo en Obispo, y de Obispado en Obispado, como de Ceca en Meca. Empezó por Turín, de allí pasó a Besanzón; dio una breve vuelta por el imaginario Vesitaña, y paró últimamente en Jaén.

12. Vanamente Juan Jacobo Chiflet, erudito Médico, natural de Besanzón, que floreció el siglo pasado, quiso sostener esta fábula en un libro, que intituló Vesontio Civitas Imperialis libera Sequanorum, pareciéndole sin duda, que en ello hacía algún considerable obsequio a su Patria, y al Santo Obispo de ella Antidio. Cita para este efecto ciertas Actas, y algunos Breviarios antiguos, donde se halla esta leyenda. A todo satisfacen los Bolandistas. Dan con gran fundamento las Actas por apócrifas, que conjeturan fueron forjadas más de seis siglos después de la muerte del Santo, con ocasión de la traslación de su cuerpo, hecha el año de 1050; y rebaten la autoridad de los Breviarios antiguos con la de los modernos, en los cuales, examinadas [271] con más atención las cosas, se echó fuera aquella historia.

13. Parece ser, que el Belovacense tuvo también presentes aquellas citas, o por lo menos algún Autor, que las hubiese copiado con más extensión que Sigeberto: lo que colijo, de que añade dos circunstancias, que no refiere Sigeberto. La primera, que mandó al demonio, que le llevase de allí a Roma con la misma presteza con que él había venido de Roma allí: Praecepti, ut eum Romae sub manu Domini eadem velocitate, qua venerat, salvum, & incolumen preferret. La segunda, que el Santo Obispo por todo el camino iba implorando el auxilio Divino con aquel verso del Psalmo: Deus in adiutorium meum intende, &c.

14. Y no debo omitir, que la primera de estas dos circunstancias descubre bastantemente la patraña, y que el Autor de ella era poco diestro en la fábrica de cuentos. Dice la relación, que el Santo montó en el demonio el Martes de Semana Santa, y llegó a Roma el Jueves Santo a la hora de celebrar los Oficios. Según esta cuenta, tardó más de dos días en el viaje, que es mucha flema para un postillón infernal.

15. La materia es ocasionada a chanzonetas. Pero estas mismas chanzonetas en el fondo redargüyen muy eficazmente de supuesta la historia, mostrando las incongruidades de la narración.

16. Es natural que Vmd. desee saber cómo este embuste, fabricado para el Santo Obispo de Besanzón, se adaptó después para un Obispo de Jaén. Es de creer, que sólo en España corre con el nombre del Obispo de Jaén. Y basta para esto, que alguno, natural de Jaén, habiendo leído el caso, o en la Crónica del Rey Don Alonso, o en Vincencio Belovacense, o en Sigeberto, se le antojase trasladar el cuento a su Patria; pues es cosa que mil veces he notado, el que sujetos, que han leído, u oído algún caso prodigioso, sucedido en tal, o tal tierra, lo cuenten después en su Lugar.

Quedo a la obediencia de Vmd.


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{Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), Cartas eruditas y curiosas (1742-1760), tomo segundo (1745). Texto tomado de la edición de Madrid 1773 (en la Imprenta Real de la Gazeta, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), tomo segundo (nueva impresión), páginas 266-271.}


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