La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Benito Jerónimo Feijoo 1676-1764

Cartas eruditas y curiosas / Tomo primero
Carta XXXV

De la anticipada perfección de un Niño
en la estatura, y facultades corpóreas


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1. Recibí la de V.P. con la individuada noticia del monstruoso Niño de la Villa de San Leonardo. Monstruoso le llamo, porque constituyen cierta especie de monstruosidad en la edad de Niño las señas, y circunstancias de adulto. Según el testimonio del Notario Bartolomé Herre Leonardo, que V.P. me envía, cumplió ocho años el día 17 de Marzo de este año de 1741. En esta edad tiene siete cuartas menos un dedo de estatura, con la circunstancia muy notable, de que de los siete años a los ocho creció una cuarta entera. El grueso de todos los miembros corresponde a la altura. La fuerza es superior al tamaño, pues levanta del suelo una peña de ocho arrobas: y a dos hombres, cada uno de cinco arrobas y media de peso, levanta a un tiempo con las dos manos, entrándolas por el intermedio de los muslos. Sostiene, y conduce sobre las espaldas dos hanegas de trigo. Está medio barbado. La Carta del Monje Fray Diego Sedano, que reside en San Leonardo, y acompaña la Relación del Notario, añade a ésta las señas de perfecta pubertad, donde corresponden, aseveradas por la madre del Niño: y aumenta algo la corpulencia, y fuerzas pues el grueso de los miembros dice, es correspondiente a ocho cuartas [281] de estatura; y que presentes doce testigos, levantó una piedra de nueve arrobas, sin asidero. Pero estas dos discrepancias no son de mucha consideración.

2. El hecho es sin duda peregrino; pero no tan extremamente raro, que nuestra edad no haya visto dos semejantes. En la Historia de la Academia de Mr. Du-Hamel, tom. 2, pág. 235, se da noticia del primero. Un Niño de un Lugar del Franco Condado, vecino al Monte de San Claudio, de seis meses empezó a andar; de cuatro años parecía apto para la generación; a los siete tenía la barba, y estatura de hombre hecho. Era de diez años en el de 1695, tiempo en que se dio noticia de él en la Academia.

3. El segundo se refiere en la Historia de la Academia de Mr. Fontanelle, en el año de 1736. En la misma Academia se presentó en dicho año el sujeto, teniendo entonces la edad de siete. Había nacido en el de 1729, a 19 de Marzo, en un Pueblo de Normandía: su estatura era en dicha edad de cuatro pies, ocho pulgadas, y cuatro líneas; y se advierte, que se midió estando descalzo. Si de los siete a los ocho creciese una cuarta, como el de San Leonardo, excedería a la estatura de éste. La fuerza, aunque muy superior a la edad, se puede considerar inferior a la del nuestro, pues sólo se dice, que siendo de seis años, y tres meses, arrojaba en un Carro, por encima de su cabeza, un haz de hierba de veinticinco libras. Las señas de pubertad se anticiparon más que en el de San Leonardo, pues a los dos años fueron reconocidas por la madre, y dentro de poco tiempo llegaron a la debida perfección.

4. No me acuerdo de haber leído caso alguno de la misma especie, más que los dos referidos; pero sí otras anticipaciones prodigiosas contra el orden que comúnmente observa la Naturaleza. Los adelantamientos del espíritu con desproporción a la edad, no son tan raros como los del cuerpo. No hay Reino, ni siglo, en que no se vean algunos Niños, que admiran al resto de los hombres, por la capacidad que muestran. En el Tomo 6 del Teatro, Discurso 1, Paradoja 6, propuse algunos ejemplos, y entre ellos los notabilísimos de [282] Gustavo de Helmfeld, Sueco; y Cristiano Henrico Heinecken, natural de Lubek, en el mismo lugar dí la razón de ser menos infrecuentes los veloces adelantamientos en las perfecciones del espíritu, que en las del cuerpo; y es, que en aquéllas, mucho más desiguales hace a los hombres el temperamento nativo, que la edad; pero en éstas sucede lo contrario.

5. Por lo que mira a la anticipación de la facultad generativa, tengo en la memoria el caso de una hermana del famoso Quimista Mr. Homberg; que se casó a los ocho años, y fue madre a los nueve. Pero esto es nada en comparación de lo que se lee en el Tomo 6 de la República de las Letras, donde haciendo el extracto del Tomo 13 de las Efemérides de la Academia Leopoldina, se cuenta, que en Turingia, Provincia de Alemania, en la Alta Sajonia, el año de 1672, la mujer de un Molinero dio a luz una Niña fecunda de otra, la cual con los accidentes ordinarios que preceden, y subsiguen a los partos, parió a los ocho días después de su nacimiento; pero en breve murieron una, y otra. Allí se cita, para otro caso semejante, a Bartolino en la Observación 10 de la 6 Centuria, y al Padre Eusebio Nieremberg para otro, suceso aun más prodigioso, que es haber nacido una Mula, conteniendo otra en el útero. El pensamiento de Bartolino de que en tales casos la madre concibe dos fetos, de tal modo, que uno se envuelve en el otro, parece que es cuanto puede discurrirse en la materia. Pero hechos de este género, piden testigos muy calificados.

6. Comúnmente se tiene por presagio de vida corta una gran anticipación en las perfecciones del alma. Siempre que se ve un niño de extraordinaria capacidad, se dice con una especie de tímido desconsuelo, que no se ha de lograr. Pero yo creo que esto se puede decir con más fundamento, y aun con seguridad de los que se anticipan en las perfecciones del cuerpo. Así yo desde luego pronostico una vida breve, así al Niño que se vio en París el año de 36, como al de San Leonardo. Si no es regla general de la Naturaleza el que lo que en poco tiempo logra su perfección, en poco [283] tiempo se precipita a su corrupción, por lo menos fáltale poco para serlo. En animales, y plantas, vemos por lo común, y acaso siempre, observada esta regla. Proporciónase su duración al tiempo de su incremento. Así como siendo común en el hombre conseguir toda la estatura, y vigor del cuerpo a los veinte años, es también común su senectud a los sesenta; el que a los diez años lograre toda aquella perfección, se puede hacer la cuenta de ser viejo a los treinta.

7. Este infeliz pronóstico se aplica comúnmente, como dije poco ha, a los que en la edad tierna muestran una capacidad ventajosa. Pero ni en la experiencia, ni en la razón hallo bastante fundamento. Hugo Grocio, Jerónimo Biñon, el famoso Servita Fray Pablo Sarpi, y Gaspar Sciopio, todos cuatro muy celebrados por sus rápidos progresos en las Ciencias desde niños, no dejaron de vivir, el primero sesenta años, el segundo sesenta y seis, el tercero setenta y uno, y el último setenta y tres. Ni aunque calle otros muchos, debo omitir al gran Newton, que habiendo, desde la primera juventud, excedido en las Matemáticas a cuantos le precedieron, murió de ochenta y cinco años. Si se examina la razón tampoco se descubre qué conexión pueda tener una infancia ingeniosa, con una muerte temprana. La perfección, o imperfección de los órganos, que sirven a las facultades intelectiva, y memorativa, no infieren vida corta, ni larga. ¿Quién hasta ahora observó que los hombres más rudos vivan mucho más que los más hábiles? Si fuese verdad lo que afirma Aristóteles, que los de excelente ingenio son muy melancólicos, podría inferirse en ellos, por lo común, una breve vida: Multos enim occidit tristicia, dice el Eclesiástico. Pero el hecho que afirma, o supone Aristóteles, se ve a cada paso contradicho por la experiencia.

8. Estimo mucho a V.P. el desengaño de la fabulosa mujer silvestre, hallada en los Pinares de Soria. A no estar yo habitualmente tan sobre mis guardas, para no dar asenso fácil a las relaciones de cosas prodigiosas, o extraordinarias, hubiera caído en la tentación de publicar en alguno de mis Escritos aquel peregrino hallazgo, pues me lo refirieron [284] personas fidedignas, como que lo tenían de originales muy seguros, y circunstanciado hasta los últimos ápices. Según éstas, la Niña hallada en el Monte, carecía del uso del habla, aunque era de edad bastante para el ejercicio expedito de la lengua: huía de la gente, y se irritaba contra ella como una fiera, imitando los ademanes de un gato tímido, y colérico. En fin, cogida, y domesticada, aprehendió a hablar, y salió en todo tan capaz, como si hubiera tenido en los primeros años la común educación. Pero en realidad, según V.P. me escribe, todo viene a parar únicamente, en que marido, y mujer del paisanaje vecino, con una tierna hija suya, fueron a hacer no sé qué labor al Monte, y estando divertidos en él, la Niña con inconsideración propia de su edad, apartándose de ellos, se emboscó a tanta distancia, que tardaron dos, o tres días en hallarla. Sobre un acontecimiento tan trivial se fabricó un suceso tan extraño. Tal es el prurito de los hombres por fingir portentos, y tal la ceguera del Vulgo en dar asenso a las ficciones. Quince años ha que estoy continuamente declamando contra la fatua credulidad que reina en el mundo; y pienso que el mundo, a la reserva de pocos individuos, en cuanto a esta parte, se está como se estaba. Todos oyen mis voces, y casi todos parece que están sordos a ellas: Dilexerunt homines magis tenebras, quam lucem. Puede V.P. vivir asegurado de mi afecto, y rendida obediencia, &c.


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{Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), Cartas eruditas y curiosas (1742-1760), tomo primero (1742). Texto tomado de la edición de Madrid 1777 (en la Imprenta Real de la Gazeta, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), tomo primero (nueva impresión), páginas 280-284.}


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