La phi simboliza la filosofía de tradición helénica, la ñ la lengua española Proyecto Filosofía en español
Benito Jerónimo Feijoo 1676-1764

Cartas eruditas y curiosas / Tomo primero
Carta XXXIV

Defensa precautoria del Autor
contra una temida calumnia


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1. Muy señor mío: El afectuoso celo que Vmd. me muestra en la suya, por mi honor literario, me es sumamente estimable, y al mismo tiempo me da una sensible prueba de su noble ánimo.

2. Díceme Vmd. que en la Gaceta de Holanda de 11 de Agosto, y que llegó ahí el día 22 del mismo mes, año de 41, [274] notó un párrafo del tenor siguiente, que pongo aquí en Castellano; aunque Vmd. me lo envía en el idioma Francés, de que usa la Gaceta:

3. Briasson, Librero de París, que vive en la calle de Santiago, imprimió ahora nuevamente un Libro intitulado: Ensayo sobre los Errores Populares, o Examen de muchas opiniones, recibidas como verdaderas, y que son falsas, o dudosas: Traducido del Inglés, en dos Tomos, con un Indice enteramente nuevo, y mejor que el de la edición antecedente.

4. En consecuencia de este aviso, me advierte Vmd. que el motivo de dármele, es prevenirme contra el abuso, que algún émulo mío podrá hacer de aquella noticia; pretendiendo, y publicando, que pues antes de emprender la Obra del Teatro Crítico, contra Errores Comunes, había otra compuesta al mismo fin, de impugnar Errores Populares, como suena el título propuesto; se puede creer, que yo soy un mero Autor plagiario, que no hice más que copiar, o traducir aquella Obra; exhortándome juntamente Vmd. a la investigación, de si el suponer Ediciones anteriores de ella, es embuste de algún Extranjero, ordenado al mismo fin de quitarme la circunstancia de Autor.

5. Empezando por esto último, digo, que no Señor: no hay embuste alguno en el modo de anunciar la impresión de esa Obra. Yo tengo la misma de Edición anterior, hecha también en París, del año de 1733, y dividida en dos Tomos en octavo, no quedándome duda de la identidad de la Obra, y del Autor, por la perfecta, y literal conformidad del título. Ni la Edición, que tengo yo es la primera: ¿Cómo podía serlo, si el Autor (que fue Tomás Brown, célebre Médico de Londres, aunque no le expresa el Gacetero Holandés) murió el año de 1680, como se lee en el Suplemento de Moreri?

6. Mas siendo así, ¿cómo me libraré de la sospecha de haber copiado de este Autor, o todo o mucha parte de lo que tengo escrito? Respondo, que esta Carta hacíendola pública, por medio de la estampa, me servirá de defensivo, con las advertencias siguientes: [275]

7. Lo primero, el Padre Maestro Sarmiento, que es quien me adquirió estos libros, puede deponer, que no me los remitió hasta el año pasado de 1740, cuando ya tenía concluidos los ocho Tomos del Teatro Crítico. Así, sólo pude valerme de ellos para el Suplemento, como en efecto me valí en alguna cosita; esto es, en la especie perteneciente a los Judíos que propongo en la pág. 177, núm. 27, para la cual cito al mismo Tomás Brown, con tanta legalidad, y tan distante de la injusticia de apropiarme trabajos ajenos, que en nombre, y cabeza de aquel Autor, exhibo las pruebas, que convencen ser falsa la opinión del mal olor de los Judíos; esto es, propongo aquellas pruebas, como parto del ingenio de aquel Escritor, y no del mío.

8. Lo segundo, aun en caso que no se creyese al Maestro Sarmiento (lo que no podría ser, sin hacer una grave injuria a su notoria veracidad) por lo menos, los cuatro primeros Tomos del Teatro, por otro capítulo quedan libres de la calumnia de usurpación. Los dos Libros de Brown, que hay en mi Biblioteca, son, como dije arriba, de Edición de París, del año de 1733, lo que haré ver a mil testigos que se congreguen. Antes de entrar ese año, y aun antes del de treinta y uno, estaban impresos los cuatro primeros Tomos del Teatro, como consta por las fechas de las Ediciones luego, &c.

9. Lo tercero, todo lo que escribió Brown sobre Errores Populares; está comprehendido en dos Tomos en octavo, de letra no más menuda, o la diferencia es casi insensible, y de pocas más páginas, que cualesquiera dos Tomos de los del Teatro; de modo, que lo que se pueda dar es, que los dos de Brown tengan tanta letra, con muy poca diferencia, como uno del Teatro. Escasísimo subsidio podría yo hallar en dos volúmenes, que no hacen más que la octava parte de los míos; y computando el Suplemento, no más que la novena.

10. Final, y principalmente, no sólo no hallé en el escrito del Inglés socorro alguno para mi Obra; pero era absolutamente imposible hallarle. La razón demostrativa es, [276] porque aunque el asunto general de aquel Autor es la impugnación de varios Errores Populares, todos los asuntos particulares que trata, a excepción de uno sólo, y una pequeña parte de otro, son distintos de los que yo me propongo en mis Discursos. El asunto exceptuado es el del color de los Etíopes, sobre que aquel Autor discurre en el 2 Tomo, lib. 6, en los capítulos 10, y 11. Pero en orden a la causa de aquel color, que es lo único, que sobre el asunto se disputa, sigo opinión distinta de la suya. El otro asunto, en quien, sólo en orden a una pequeña parte, convenimos, es de la Historia Natural, que trato en el segundo Tomo, Disc. 2.

11. Procede el Médico Inglés por capítulos, como yo por Discursos; pero tocando en ellos asuntos, por lo común, de mucha más corta esfera, que los míos. Pongo por ejemplo; trata en uno de alguna propiedad particular de un Animal: en otro, de algún yerro de la Pintura; en otro, de un hecho menudísimo de Historia; en otro, de algún error de la Anatomía, de la Geografía, &c. En treinta y cinco capítulos, que comprehenden el libro segundo, y tercero, impugna varios errores, u opiniones dudosas, pertenecientes a la Historia Natural. Son muchos más los que en orden al mismo asunto impugno yo en el segundo Discurso del Tomo segundo, y Suplemento del mismo Discurso. En cuanto a la designación de errores, dentro de esta esfera hay alguna coincidencia, pero poca. Impugno yo una gran porción, de que él no se acuerda: asimismo toca él muchos, de que yo no trato. Pero es verdad, que no tengo aquellos por Errores Comunes: porque aunque se hallan en algunos Autores, no han descendido al Vulgo, o sólo descendieron a una pequeñísima parte del Vulgo. Lo mismo hace en otras materias. De que se puede colegir, que acaso aquel Autor no entendió por Errores Populares, lo mismo que yo por Errores Comunes.

12. Precavida de este modo la calumnia, o la sospecha, de que me haya apropiado producciones de otro ingenio, réstame satisfacer al cargo que Vmd. me hace, de haber [277] dicho en algunos de mis Libros, que es nueva la idea de mi Obra; lo que no se verifica, si antes de ella salió a luz la de Tomás de Brown; pues mi idea es la misma que la suya. Pudiera responder con lo que acabo de decir, que no son en la mayor parte Errores Comunes los que impugna el Autor Inglés; pero esta evasión no se acomoda muy bien a mi sinceridad. La realidad es, que cuando dije, que era nueva mi idea, la juzgaba tal, porque no tenía noticia alguna de la Obra de Brown, y me persuado a que muy pocos la tenían en España.

13. También, estando en la prosecución de mi Obra, adquirí el conocimiento de otros tres Autores, que escribieron algo, respectivamente a la misma idea; pero con tanta limitación en orden al objeto, que no bastarían por sí solos a quitarme la gloria de la invención, o a la idea la prerrogativa de nueva. El primero fue Jacobo Primerosio, Médico Francés, que escribió un pequeño Libro, con el título de Erroribus Vulgi, in ordine ad Medicinam. El segundo Scipion Mercurio, Médico Romano, quien dio a luz un Tomo en cuarto, en Idioma Italiano, cuyo título es, de gli Errori Populari d’Italia. Aunque no expresa esta inscripción, que los Errores Populares de Italia, cuyo desengaño intenta el Autor, son únicamente los pertenecientes a la Medicina, realmente no tratan de otros, que los que se cometen en la práctica de esta Facultad en los Pueblos de Italia. El tercero, el Padre Buffier, Jesuita Francés, que en su idioma produjo un breve Tratado, con el título de Examen des Prejxgès Vulgaires.

14. De estos tres Libros tengo hoy el segundo, y tercero en mi Librería. El primero ví, estando en Madrid, en la del Doctor Martínez, y aun saqué de él dos, o tres apuntamientos, que me pareció me podrían servir.

15. Pero bien lejos de querer ocultar al Público la existencia, o posesión de estos Libros, para no quitar a la idea de mi Obra la vanidad de nueva, dí noticia del primero, y tercero, citándolos en algunas partes de mis Escritos, con la expresión de los títulos de sus Libros, como a Primerosio [278], en la respuesta al Doctor Martínez, a los números 10, y 35, y al Padre Buffier, en el Suplemento del primer Tomo, núm. 43, donde advierto, que fue equivocación decir, que el Tratado de este Autor consta de cinco Diálogos, siendo en realidad nueve. Al segundo no cité, porque poco ha que le adquirí; y a la verdad tiene bien poco que citar, porque los más errores Médicos que impugna, como propios de Italia, no sólo no se cometen en España, mas ni aun hoy en Italia, ni otra parte. Es Autor bastantemente antiguo, pues la edición que tengo, es del año 1603, desde cuyo tiempo, hasta el presente, se han corregido en la Práctica Médica varios abusos que condena aquel Escrito. A que añado, que algunos que trata como errores, no lo son; antes es error condenarlos por tales. Yo a nadie aconsejaré que compre este Libro, porque de poquísimo puede servir. El buen Scipion Mercurio es un mero Chacharón Italiano, de prosa sempiterna, repetidor perdurable, sumamente prolijo, que gasta veinte hojas en lo que se podría comprehender muy bien en veinte líneas.

16. De modo, que de los cuatro Autores, de que se ha hablado, aunque todos tocan algo en orden a Errores comunes, el Médico Romano me ha sido enteramente inútil; los otros tres sólo me sirvieron para aquello en que los cité. El Padre Buffier sólo coincide conmigo en la máxima, de que las mujeres son hábiles para todas las Ciencias; pero como no me ministró prueba alguna para el asunto, de que yo no hubiese ya usado antes de verle; y aun yo sobre aquellas, habia propuesto otras, que él omite sólo me aproveché de su autoridad para confirmar mi opinión. Aquella igualdad de los dos sexos, es materia de un Diálogo. En los ocho restantes propone otras ocho máximas; pero las seis, para mí, son dudosas; bien que en todas las partes de su Escrito muestra el Autor mucho ingenio, cultura, y discreción. Asimismo en Primerosio no hallé más conducencia, que la de su autoridad, para el punto en que me valí de ella. Tomás Brown, que coincidió conmigo en el asunto del Color de los Etíopes, nada me dijo de nuevo sobre lo que yo [279] había escrito antes de verle; con que no medió materia, ni aun para una breve Adicioncilla a aquel Discurso en el Suplemento, como ni lo que trata de Historia Natural en los puntos, en que coincidimos; y sólo me sirvió para otra cosa la especie ya insinuada de los Judíos.

17. No extrañe Vmd. que me haya detenido tanto en estas prevenciones defensivas contra la sospecha que pueden sugerir, o la envidia, o el odio, de que haya vendido como míos, desvelos ajenos. Ninguna calumnia me puede ser más sensible que ésta, porque procede derechamente contra la profesión que hago, de la más escrupulosa sinceridad; y a proporción de lo que aprecio mi buena opinión en esta materia, debe Vmd. contemplar cuánto agradezco la advertencia, que me hace, para que no se me hiera en ella con la noticia de la Gaceta de Holanda. Nuestro Señor guarde a Vmd. &c.

Nota

Aunque el Librito Examen de las preocupaciones Vulgares, en la Edición, que yo poseo (del año 1704) es Anónimo, doy por Autor suyo al Padre Buffier; porque por tal le señalan las Memorias de Trevoux. Porque algunos tendrán la curiosidad de saber las proposiciones de este Autor, opuestas a las que impugna como preocupaciones vulgares, las pondré aquí por su orden:

I. Que dos, que disputan, pueden contradecirse sobre un mismo asunto; y con todo, tener ambos igualmente razón.

II. Que las mujeres son capaces de todas las Ciencias.

III. Que los Pueblos Bárbaros, y Salvajes son por lo menos igualmente felices, que los Pueblos que tienen Política, y Cultura.

IV. Que los nuevos Filósofos han caído en el Galimatías, que reprehendían en los antiguos.

V. Que todas las Lenguas del mundo tienen igual hermosura.

VI. Que no hay pensamientos nuevos en el uso de la bella Literatura. [280]

VII. Que todos los hombres mudan de cuerpo, muchas veces, en el discurso de la vida.

VIII. Que la Naturaleza, y no el Arte es quien hace a los hombres verdaderamente elocuentes.

IX. Que no hay hombre tan prudente, que pueda asegurarse a sí mismo, que no es ridículo.


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{Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), Cartas eruditas y curiosas (1742-1760), tomo primero (1742). Texto tomado de la edición de Madrid 1777 (en la Imprenta Real de la Gazeta, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), tomo primero (nueva impresión), páginas 273-280.}


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