«Filósofos materialistas»
r ó t u l o s

1753 «Tomo cuarto. Carta XV. De los Filósofos Materialistas. 1. Muy Señor mío: Díceme V.S. que habiendo leído la Gaceta de Madrid de 28 de Marzo del presente año de 52, y en ella el Edicto del Señor Arzobispo de París contra las Conclusiones, que en la Sorbona defendió el dia 18 de Febrero del mismo año el Bachiller Juan Martín de Prada; entre muchas cualificaciones con que declara la perniciosidad de algunas de dichas Conclusiones, notó la de favorables a la impiedad de los Filósofos Materialistas. Notó, dice V.S. esta calificación; porque habiendo leído muchos Catálogos de proposiciones condenadas, ya por los Soberanos Pontífices, ya por los Santos Tribunales de Roma, y de España, en ninguno halló otra semejante; lo que le excitó un vivo deseo de saber, qué significa la expresión de Filósofos Materialistas, o qué nueva casta de Filósofos es esta, haciéndome a este fin la honra de servirse de mí para su explicación; lo que ejecutaré lo menos mal que me sea posible. 2. La casta de los Filósofos Materialistas no es nueva, antes muy antigua, sin que esa antigüedad sirva para calificación de su nobleza, siendo la más ruín de todas; ya porque pretende envilecer al alma racional, degradándola de su espiritualidad; ya porque conduce derechamente al Ateísmo. Digo que es muy antigua; pues Aristóteles atribuye la opinión del Materialismo del alma a algunos de los Filósofos que le precedieron, como a Demócrito, Leucipo, y parte de los Pitagóricos.» (Benito Jerónimo Feijoo, Cartas eruditas y curiosas, tomo cuarto (1753), carta 15: «De los Filósofos Materialistas».)

1753 «No me necesitan para fiador de su dictamen, ni yo pretendo que el mío discrepe del que forme el más rígido Censor de este IV Tomo de Cartas. Véase la sólida agudeza con que convence la impiedad de los Filósofos Materialistas.» (Fr. Joseph Balboa, «Aprobación del M. R. P. M. Fr. Joseph Balboa, Predicador General de la Religión de San Benito» al tomo cuarto (1753) de las Cartas eruditas y curiosas de Benito Jerónimo Feijoo.)

1760 «Tomo quinto. Carta II. Establécese la máxima Filosófica de que en las substancias criadas hay medio entre el espíritu, y la materia. Con que se extirpa desde los cimientos el impío dogma de los Filósofos Materialistas. [...] Apéndice a la Carta de arriba, en que se coteja el sistema de los Filósofos Materialistas con el de los Pitagóricos.» (Benito Jerónimo Feijoo, Cartas eruditas y curiosas, tomo quinto (1760), carta 2: «Establécese la máxima...».)

1783 «13. Me he detenido tanto en este punto, como importantísima la doctrina que acabo de proponer a favor de la espiritualidad, e inmaterialidad del alma racional, para desembarazar a los que asienten a este infalible Dogma filosófico, y teológico, de la objeción, que contra él toman de la sensación, y advertencia de los Brutos los Filósofos Materialistas: y que no sólo es utilísima (la doctrina propuesta) para firmar a los Fieles en el Dogma capital de la inmortalidad del alma, mas también en otros, que nos obliga a creer la revelación, entre los cuales obtiene un lugar muy eminente el de la transubstaciación Eucarística, que los Herejes Sacramentarios niegan, fundados únicamente en el expresado principio de su inconceptibilidad.» (Benito Jerónimo Feijoo, Adiciones a las Obras del muy ilustre..., Madrid 1783: «Discurso II. Raíces de la incredulidad».)

1783 «El que supone la materia por sí misma capaz de sentir, no tendrá con qué impugnar a los Filósofos materialistas, (abominable Secta, que derechamente conduce al Ateísmo) que pretenden también hacerla capaz de pensar, y entender, porque tan ajeno, o casi tanto lo es del concepto de la materia uno, como otro.» (Benito Jerónimo Feijoo, Adiciones a las Obras del muy ilustre..., Madrid 1783: «Carta sexta. Sobre el mismo asunto».)

1837 «La revolución vino a sorprender a la Francia en medio de las orgías de un estúpido materialismo; mientras que los sangrientos demagogos acometieron la obra de convertir las plazas públicas en cementerios y las ciudades en osarios, los materialistas prácticos, con sus acciones, hicieron inútil la predicación y la enseñanza de los materialistas teóricos, que se condenaron al silencio en medio de los clamores, de las víctimas y de la algazara báquica de los verdugos. Pero apenas cesaron esta horrible algazara y aquellos lúgubres clamores, y cuando la Convención no se había desprendido aún de su sangrienta dictadura, los filósofos materialistas volvieron a ocupar la cátedra para apoderarse otra vez del cetro de esa misma sociedad que ellos habían desgarrrado. Garat, Tracy, Cabanis, Degerando, Maine de Biran, Laromiguière, Gall y Volney fueron los que mantuvieron el pabellón de la escuela; pero esa escuela, que aparecía entre el sepulcro de la República y la cuna del Imperio, era un monstruoso anacronismo; su misión había sido destruir; su misión, pues, estaba ya cumplida.» (Juan Donoso Cortés, Lecciones de Derecho político, Imprenta de la Compañía Tipográfica, Madrid 1837.)

1846 «En unas tablas estaban colocados algunos libros, casi todos escritos por los filósofos materialistas de la época, por los enciclopedistas a quienes después atacó de una manera tan singular Robespierre cuando juzgó que era imprudente dejar por más tiempo a su reino sin Dios(1). Sobre la mesa había un tomo de Voltaire, abierto por la página en que se encuentra la controversia acerca de la existencia del Ser Supremo, y las márgenes estaban cubiertas de notas escritas con lápiz por la mano cansada y trémula de un viejo, todas las cuales se dirigían a poner en ridículo la lógica del filósofo de Ferney, porque según el anotador, Voltaire no avanzaba lo suficiente. (1) "Esa secta (los enciclopedistas) propagó con mucho celo la opinión del materialismo, que prevaleció entre los poderosos y los que querían pasar por hombres de gran talento, y en gran parte se le debe esa especie de filosofía práctica, que reduciendo a sistema el egoísmo, considera la sociedad humana como una guerra de astucia, el resultado favorable como la regla de lo justo y de lo injusto, la probidad como una cosa de bien parecer, y el mundo como el patrimonio de los pícaros sagaces." (Discurso de Robespierre, de 7 de mayo de 1794).» (Eduardo Lytton Bulwer, «Zanoni, novela escrita en inglés», libro primero, capítulo VI, [publicada en folletín por] El Clamor Público. Periódico del partido liberal, Madrid, domingo 11 de octubre de 1846, págs. 1-2.)

1850 «Ya comprenderá el lector, que este campo es el mundo, y sus flores los vicios en él contenidos. Pues bien; los infames cuanto desgraciados, que tienen a su cargo separar a la juventud del brillante camino de la virtud y del honor, para con falsas y mentidas promesas conducirla por la tenebrosa senda de la corrupción y del crimen, no omitieron esfuerzo alguno para pervertir mi corazón, valiéndose de todos los argumentos y ardides que todos los filósofos materialistas han podido inventar en su loca y delirante fantasía; y si bien es verdad que hay algunos tan astutos e hipócritas (y en el día son el mayor número) que saben dar a sus argumentos un barniz de caridad y filantropía, también lo es, que si nos paramos a examinar sus obras, veremos hasta la evidencia que éstas desmienten sus palabras.» ([Un arrepentido joven, "estamos autorizados para añadir que en nuestra redacción podrá quien quisiere conocer el nombre y demás circunstancias de su autor"], «Desahogos de un alma desengañada y convertida», El Áncora, Barcelona, viernes 7 de junio de 1850, págs. 3-4.)

1853 «Los hechos dentro y fuera de la vida científica confirman esta verdad. Desde el renacimiento de la filosofía moderna todos los sistemas filosóficos han producido, ya ensayos, ya tratados completos, cuyo objeto es la aplicación de la filosofía a la historia. Sin hablar de los filósofos materialistas y negativos como Voltaire, el abate Bazin, ni de algunos filósofos italianos como Bertola y Vico, los filósofos modernos alemanes Kant, Fichte, Herder, Hegel y Krange han escrito ensayos o tratados sistemáticos de filosofía de la historia, cada uno a la verdad bajo el punto de vista de su principio filosófico. En las universidades alemanas se han establecido cátedras, unas extraordinarias, otras oficiales sobre el mismo asunto; y recientemente en París regenta esta cátedra un sabio y respetado filósofo. En nuestro país se ha ensayado por dos veces en sociedades libres literarias la exposicion de semanales, señal es esta de que en nuestro siglo las necesidades intelectuales, como las materiales, no se manifiestan en un extremo de Europa sin que se haga sentir y se procure remediar la falta advertida en todos los demás pueblos.» (Julián Sanz del Río, «Sobre el estudio de la Filosofía de la Historia», El Genio de la Libertad, Palma, sábado 16 de abril de 1853, págs. 2.)

1854 «Creemos haber demostrado en nuestro primer articulo del viernes, que el progreso, tal como El Oriente, y con él todos nuestros liberales, lo comprenden, no existe en la humanidad, supuesto que la humanidad no marcha desde un principio inferior a un fin superior, que es la condición precisa para que haya progreso verdadero. Pero también indicamos al terminar el mismo artículo, que el progreso está cabalmente en lo que los liberales llaman retroceso, y esta especie de paradoja es lo que vamos a explicar ahora. [...] ¿Qué es el hombre? ¿Qué hace en esta tierra de trabajo y de dolores? A estas preguntas, que no pueden satisfacer todos los sabios del mundo, responde de la manera mas cumplida cualquier niño católico, con el catecismo en la mano. [...] Ese es el hombre. ¿Queréis ahora saber qué hace sobre la tierra? No lo preguntéis a los filósofos materialistas, ni a los que profesan el panteísmo, ni a los adoradores de su propia razón: esos no lo saben, y, por consiguiente, no pueden deciros la verdad. Preguntadlo a los filósofos cristianos, que establecen sus principios en armonía con la revelación.» (La Esperanza, periódico monárquico, Madrid, lunes 13 de marzo de 1854, págs. 1.)

1861 «La misma falta siento cuando me quita el sombrero el viento, que cuando me lo quita un ladrón. ¿Y sabrán todos los filósofos materialistas explicarme de dónde me viene, en el segundo caso, la idea de lo injusto, que no tengo en el primero?» (Domingo Hevia, «La moral universal, II», La Esperanza, periódico monárquico, Madrid, jueves 18 de julio de 1861, pág. 3.)

1870 «Sin embargo, el descubrimiento de Galvain llegó a conocimiento del célebre Volta, y ese físico espiritualista estudió el fluido eléctrico bajo un aspecto verdadero, no se dejó alucinar por los raciocinios del filósofo materialista; inventó en 1794 la célebre pila que lleva su nombre, y sentó el fundamento de las leyes que regularizan la electricidad. Pues bien; el magnetismo va siguiendo el propio camino; por un lado, los filósofos materialistas hacen de él una arma para defender su doctrina, y por otra los espiritistas intentan aprovecharle en su favor para dar cierto aspecto misterioso a sus doctrinas. Tal vez no está lejano el día en que algún naturalista, alguno de los sabios que con tanto afán estudian semejante problema, nos de solución satisfactoria, nos explique todas las leyes del magnetismo, y tengáis entonces que reconocer prácticamente vuestro error, ya que ahora no queréis confesar vuestra alucinación, y queréis negar que sea un fenómeno puramente fisiológico.» (José Joaquín Ribó, «Magnetismo y espiritismo», La América, crónica hispano-americana, Madrid, 26 de febrero de 1870, pág. 11.)

1872 «Este es un pueblo, Sr. Director, que no estaba acostumbrado a ver robo alguno sacrílego; pero el día 5 del presente, al abrir el cepillo destinado a recoger las limosnas de los fieles, para dar limosnas a los niños y celebrar aniversarios por las ánimas, nos encontramos con que no había ni siquiera un solo céntimo. Y eso que el cepillo estaba dentro de la sacristía; de modo que los incautadores de los fondos destinados a objetos piadosos, siguiendo el camino trazado por los despojadores e incautadores modernos, tuvieron maña para abrir la puerta de la sacristía y el cepillo, volviendo a dejar las cerraduras como si nada hubiera ocurrido. Este hecho criminal, no visto en treinta y nueve años que llevo de beneficiado de esta parroquia, ha causado muy mal efecto; si bien es uno de tantos frutos que dan de sí las predicaciones de los filósofos materialistas que enseñan al pueblo que después de esta vida no existe otra cosa que la materia, la nada. Si los gobiernos del liberalismo no abren los ojos del espíritu, y no retroceden al camino del catolicismo, la sociedad moderna perecerá.» (carta de Braulio de Garnica [de Baños de Río Tobía, Logroño], La Esperanza, periódico monárquico, Madrid, lunes 15 de enero de 1872, pág. 1.)

1876 «Esta objeción, que los filósofos materialistas y ateos del pasado siglo, así como los positivistas del nuestro, han tomado del panteísta Espinosa, está fundada en un falso concepto del ser divino, como toda objeción panteísta.» (Zeferino González, Filosofía elemental, 2ª ed., Madrid 1876.)

1876 «No pasarán muchos días, añade, que yo leeré un discurso en la Academia de Ciencias morales admitiendo los misterios, lo sobrenatural, en contra de todos los filósofos materialistas, racionalistas e idealistas. Así es como yo entiendo que se defiende la causa del catolicismo. Como creo que obrar de otra manera es reportar perjuicios a las instituciones, no me asocio a la política del Gobierno.» ([Extracto de la intervención de Manuel Alonso Martínez en la sesión del Congreso de 25 de noviembre de 1876], El Imparcial, diario liberal, Madrid, domingo 26 de noviembre de 1876, pág. 2.)

1888 «Unos y otros, lo mismo que todos los filósofos materialistas antiguos y modernos, convienen en la negación fundamental del sistema, a saber: no existen sustancias espirituales y simples, de donde la lógica negación de la existencia de un Dios eterno espiritual y personal y del alma espiritual e inmortal.» (Manuel Polo y Peyrolón, «Materialismo», Diccionario de ciencias eclesiásticas, Imprenta Domenech, Valencia 1888.)

1894 «Otra de las particularidades reveladas por la estadística es la gran constancia del tanto por ciento de suicidios anuales en Berlín. El autor del artículo que extractamos, sostiene que puede desde luego asegurarse el número de suicidas varones y hembras que habrá en Berlín, y aún en el total de Prusia durante el año de 1896. Por cierto que de esta regularidad, ya observada por ciertos filósofos materialistas, sacan estos partido para negar el libre albedrío humano, y defender la teoría del determinismo radical.» (La Correspondencia de España, Madrid, jueves 16 de agosto de 1894, pág. 2.)

1903 «En lugar del placer, los tiempos modernos han puesto el egoísmo, y, mientras los filósofos materialistas vacilaban en su moral, se desarrolló con la economía política una especial teoría del egoísmo que más que todo otro elemento de la época contemporánea lleva el sello del materialismo.» (Federico Alberto Lange, Historia del materialismo [1866], traducida por Vicente Colorado, Daniel Jorro, Madrid 1903.)

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