Víctor Sánchez de Zavala
 
1926-1996

Ingeniero, lingüista, traductor, editor y profesor español, nacido en Pamplona en 1926, hijo de Josefina de Zavala Lafora (†1972) y de Roberto Sánchez Jiménez (†1978), abogado del Estado. Casado con María Teresa Bort León (1939-2009), hija de Eduardo Bort Vela (†1975, colaborador cuando la República de Castilla Libre, órgano anarquista madrileño). Asentado en Madrid, pertenecía al entorno de los hijos del exministro franquista Rafael Sánchez Mazas: Miguel Sánchez-Mazas Ferlosio (1925-1995), su hermano Rafael Sánchez Ferlosio (1927), Carmen Martín Gaite (1925-2000, esposa de Rafael Sánchez Ferlosio entre 1953 y 1970), &c. Colaboró en el número 9 (y último) de la revista Theoría, dirigida por Miguel Sánchez-Mazas, publicado a finales de 1955 (ABC reseña ese número el 29 de enero de 1956, dos días antes de que se difundiera el famoso Manifiesto a los universitarios madrileños que sirvió para cristalizar una oposición universitaria al régimen… y el mismo final de Theoría).

«Y entre los componentes de la festivamente llamada “Universidad Libre de Gambrinus”, junto a nombres antes indicados como el de Miguel [Sánchez-Mazas] y el mío, habría que recordar a Francisco Pérez Navarro, a Víctor Sánchez de Zavala, posteriormente gran lingüista, y a José María Valverde, ya muy conocido como poeta, y, al par, embebido en los problemas filosóficos de la nueva física. Hoy día no pueden, por desgracia, dejar de evocarse algunos de estos nombres, los Miguel Sánchez Mazas, José María Valverde y Víctor Sánchez de Zavala sin muy triste emoción, pues la muerte los arrebató cuando aún podía esperarse mucho de su capacidad creadora y activa.» (José Vidal-Beneyto, Memoria democrática, Foca, Madrid 2007, págs. 211.)

Muy interesado por la filosofía, decide abandonar su trabajo como ingeniero y se matricula como alumno de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid en el curso 1960-1961, licenciándose en Filosofía en 1968. Paralelamente comienza una activa labor como traductor, primero para la editorial Rialp (vinculada al Opus Dei): La industria y el progreso técnico, e Invertir para innovar, libros de Charles Frederick Carter (publicados en 1961 y 1962 en la colección «La Empresa y el Hombre» de Rialp); y después para la editorial Tecnos (en la colección Estructura y función, dirigida por Enrique Tierno Galván, donde intervino en 10 de los 49 libros que llegó a ofrecer: en 1962 sus traducciones de David Hilbert & W. Ackermann, Elementos de Lógica teórica; Karl Popper, La lógica de la investigación científica; y Richard Milton Martin, Verdad y denotación; en 1964: Richard B. Braithwaite, La explicación científica; en 1965: William Ross Ashby, Proyecto para un cerebro. El origen del comportamiento adaptativo; en 1967: Max Black, Modelos y metáforas; en 1968: Alfred Lande, Nuevos fundamentos de la Mecánica cuántica; &c.); para la editorial Taurus (en 1966: Max Horkheimer, La función de las ideologías –Cuadernos Taurus, 72– y Ensayistas de hoy, 44–); para la efímera editorial Ciencia Nueva –en la que estaba implicada su esposa, Teresa Bort– (en 1967: Ernst Fischer, Problemas de la generación joven. Entre la impotencia y la responsabilidad; en 1968: Evert Willem Berth, Relaciones entre la lógica formal y el pensamiento real); para Alianza Editorial (desde 1968: Walter Kaufmann, Hegel), &c.

«Convocatorias para hoy. […] A las siete y media […] (Serrano, 127.) Don Víctor Sánchez de Zavala: “Filosofía de Karl R. Popper”.» (ABC, Madrid, 20 mayo 1962, pág. 50.)

En julio de 1962 asistió en Madrid a la oposición en la que se adjudicó a Manuel Garrido Jiménez la cátedra de Lógica de la Universidad de Valencia, a la que también aspiraba Manuel Sacristán. Desde entonces mantuvo una interesante relación con Manuel Sacristán, no ya política sino académico profesional, en tanto que las circunstancias llevaron a ambos a tener que ser fecundos traductores.

«La oposición fue un auténtico escándalo, pues Sacristán era con mucho el candidato con más méritos para obtener la plaza en aquellos momentos y las razones para negársela no podían ser sino descaradamente políticas, como un miembro del tribunal reconocería en mi presencia al cabo de algún tiempo de celebrarse aquélla. Cuando el fallo de la misma se hizo público, en una sala abarrotada de gente, que o bien era cómplice de los autores de la fechoría o bien se sentía amedrentada por un ambiente que no invitaba que digamos a levantar la voz, Víctor Sánchez de Zavala, Paco Gracia y yo (comandados, como ya comenzaba a ser normal, por Aranguren) nos levantamos ruidosamente de nuestros asientos y abandonamos el local dando un portazo para ir a reunirnos con Manolo.» (Javier Muguerza, en Salvador López Arnal & P. de la Fuente, Acerca de Manuel Sacristán, Destino, Barcelona 1996, págs. 671-672.)

Tres días después de la «Cena en Homenaje de D. José Luis López Aranguren» (La Flor de Azahar, Madrid, 11 enero 1966), con motivo de su partida como conferenciante a los Estados Unidos, escribe Aranguren al secretario del anticomunista Comité Español del Congreso por la Libertad de la Cultura:

«Con referencia a la próxima reunión del Comité, de la que, como sabes, yo estaré ausente […]. En cuanto a las bolsas, respecto de las de libros, la solicitud de Víctor Sánchez de Zavala, conjuntamente con su mujer, se adapta perfectamente a la nueva modalidad y me parece digna del mayor interés. Javier Muguerza, que era mi adjunto “impectore” y que se ha quedado en la calle, debe ser atendido, tanto más cuanto que se trata de una persona de enorme capacidad de trabajo y valía, que ha obtenido Premios Extraordinarios de Licenciatura y Doctorado. En cuanto a Carmen Martín Gaite, la orientación de su trabajo es ya conocida, entre los miembros del Comité, por Pedro [Laín Entralgo] y Julián [Marías]; también la recomiendo con el mayor interés.»

En noviembre de 1966 inauguró CEISA (Centro de Enseñanza e Investigación S.A., impulsado por José Vidal-Beneyto) su Escuela de Ciencias Sociales en Madrid, institución privada de la que fue profesor: «1. Introducción a las Ciencias Sociales. Director: Prof. D. G. Ancochea Quevedo. Profesores: Mario Meléndez y Víctor Sánchez de Zavala. 2. Problemática actual de las Ciencias de la Naturaleza. Director: Prof. D. Pedro Laín Entralgo. Profesores: Ángel Rolland y Victoria Tudela. 3. Perspectivas del Pensamiento filosófico contemporáneo. Director: Pr. D. José Luis López Aranguren. Profesores: Javier Muguerza y Francisco Gracia

Fue uno de los coordinadores en 1969, junto con Francisco Gracia Guillén y Javier Muguerza Carpintier, del libro Teoría y Sociedad. Homenaje al profesor Aranguren, aparecido en 1970 (los tres firman la «Presentación», fechada en agosto de 1969). Su artículo, «Sobre la historia reciente y la metodología de la semántica» (págs. 9-58), es el más largo de ese libro homenaje a Aranguren.

En el curso 1969-70 se le adjudicó una de las becas destinadas a formación de investigadores y profesorado de Enseñanza Superior en España, especialidad Grupo II. Informática, Universidad de Madrid, bajo la dirección del Dr. García Camarero (BOE 8 noviembre 1969, página 17420). Más adelante recibió ayudas de la Fundación Juan March:

«Becas en España. I. Estudios científicos y técnicos. Filosofía. […] Víctor Sánchez de Zavala. Nace en Pamplona en 1926. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense e Ingeniero Industrial por la Escuela Especial de Ingenieros industriales de Madrid. Fundamentos praxiológicos y cognoscitivos de la actividad lingüística.» (Anales de la Fundación Juan March 1974, Madrid 1974, pág. 38.)

«Investigaciones y trabajos terminados. […] I. Estudios científicos y técnicos. Filosofía. […] Víctor Sánchez de Zavala (Beca España 1974) Fundamentos praxiológicos y cognoscitivos de la actividad lingüística.» (Anales de la Fundación Juan March 1976, Madrid 1976, pág. 49.)

Madrid, 8 de mayo de 1977

Profesor D. José Ferrater Mora
Madrid

Estimado profesor Ferrater:

Alfredo Deaño acaba de causarme una de las mayores sorpresas de mi vida al decirse que tenía usted la intención de incluirme en la próxima edición del Diccionario de filosofía: ser considerado filósofo, (y por alguien de tan vasto y penetrante saber en estas cosas) tras haber luchado toda la vida con la tentación de intentar serlo es, desde luego, enteramente inesperado.

Una vez repuesto del desconcierto inicial he estado a punto de escribirle indicándole sin ambages que no puedo sino desaconsejar tal inclusión, dada mi lejanía a todo tipo de pensar que pueda considerarse filosófico. Aún –decía yo–,si proyectasen mi inclusión en la sección biográfica de un diccionario que (mirando con extrema caridad intelectual a los habitantes de esta desdichada nación) se ocupase de una ciencia, como…; pero, ni ejercitando conmigo la máxima benevolencia (como la que indudablemente han instilado en usted amigos tan cariñosos como Javier Muguerza o el propio Deaño, a los que no puedo creer ajenos a esta "recuperación" mía), ni forzado por la necesidad de encontrar algún estudioso aborigen, habrá nadie, creo, que pueda incluirme seriamente en campo del saber alguno científico: mi paso por la sociología fue velocísimo y, por supuesto, completamente superficial; de la teoría de la ciencia no he pasado de traductor y –como de tantas otras cosas– lector curioso, y en la lingüística constituyo, sin duda, un caso típico de aficionado.

¿Puede esta incapacidad para detenerse seriamente en los problemas concretos de una esfera científica tomarse como indicio de talante filosófico? Sinceramente, creo que no. Sin embargo, tampoco quiero que la natural reacción contra la halagada aquiescencia que suscita una elección semejante vaya más allá de lo que sea justo: aunque me parece que la sucesión de ideas que me ha ido pasando por la cabeza desde que comencé tener alguna capacidad reflexiva sólo puede servir, a lo sumo, como muestra del tipo de intereses y ocurrencias que es fácil que tengan y hayan tenido las personas de cierta inclinación científica y sometidas a influencias intelectuales como las que me han marcado, y en modo alguno para calificarme mínimamente como pensador propio, reconozco ser malísimo juez en estas cosas (ante todo, por el mismo recelo con que veo el pensamiento filosófico, para mí la tentación de entretenerme en largas disquisiciones irresponsables frente a las cosas de que más o menos eruditamente se ocupen). En fin, que no veo otro modo de desengañarle, o acaso de confirmarle en su benévolo prejuicio (cosa harto improbable, repito), que, siguiendo lo que me indicó Deaño, trazar un breve esquena de mis intereses intelectuales. Haga usted el uso que quiera de él.

Mi manifiesta inclinación desde la infancia a las ciencias de la naturaleza (sin duda radicada en parte en lo hiriente que, como niño tímido, me era el trato con los demás) encontró en la adolescencia un modelo de penetración racional y desmontadora de beaterías –lo que hemos de sufrir desde hace muchos años que monótonamente se llame, trátese de lo que se trate, desmitificación– en las obras del Ortega maduro y, entre las últimas, en su Leibniz. (Como es comprensible, nunca me inspiraron el menor entusiasmo ni la España invertebrada ni La rebelión de las masas.) Poco antes de la veintena, varios amigos (el poeta Valverde, Miguel Sánchez Mazas, Francisco Pérez Navarro –amigo íntimo y compañero de estudios de Sánchez Mazas que, con su entusiasmo por la "nueva física", tiraba de todos nosotros hacia las cuestiones epistemológicas, por más que fuese a la Eddington– y algunos otros más, como Paco Soler –que luego, tras sentarse a los pies de Marías, se fue a Chile–, Eva Forest y, ocasionalmente, José Luis Pinillos) empezamos a reunirnos los sábados para hablar de filosofía y leer las grandes obras actuales, o que así nos parecían. Abandonados casi desde el segundo día –y no me corro, como decía Vallejo– por Valverde, y de hecho, por más que siempre prometiera su asistencia, sin la compañía de Sánchez Mazas, recalamos pronto en Heidegger, que por entonces (hacia 1945 o 1946) no estaba traducido al castellano fuera de Ser y tiempo: durante tres o cuatro años lo leímos trabajosamente, nos empapamos de él y creímos ser grandes filósofos.

No sé bien cómo fui poco a poco despegándome a las elucubraciones de aquel género; probablemente influyó en ello mi ausencia durante un curso o dos de la «Universidad libre de Gambrinus» (donde habíamos asentado nuestra clase sabatina), cursos en los que los docente-discentes leyeron El ser y la nada y algunas otras cosas que mi obediencia de entonces a los ignaros y pretenciosos curas que, aprovechándose de su condición de confesores, prohibían y recomendaban lecturas me impedía conocer; y también el descubrimiento que Rafael Sánchez Ferlosio y yo hicimos de la obra de Bühler (me refiero, naturalmente, a la traducción de Marías), que me llevó a leer algunas otras cosas sobre el lenguaje, entre ellas un librito sobre Psicología del lenguaje que me fascinó, especialmente por sus noticias (de Gelb y de Goldstein) sobre las afasias traumáticas, y su índole conceptual –categorial, como allí se decía–. Esto último me puso de nuevo sobre la pista de mi vieja afición a la biología, que había ido quedándose algo mortecina, ante la portentosa máquina de fuegos artificiales, que chisporroteaba a la vez sobre la realidad más en bruto y sobre su transfiguración cognoscitiva, de la "física moderna".

Lecturas de todo tipo, de lógica, matemáticas, novísima literatura francesa y –algo menos novísima– inglesa y norteamericana, biología y lingüística, se fueron alternando, en el escaso tiempo que mi profesión de ingeniero me dejaba libre, con otras aficiones (la conversación, con Sánchez Ferlosio y su mujer, principalmente, la fotografía, y alguna otra). Un día, en 1961 si no recuerdo mal, me decidí a soltar el lastre de aquella profesión que me había sido extraña desde los años mismos en que empecé a prepararme para ingresar en la Escuela correspondiente, me puse a traducir y, ayudado por una medio beca que me pasaba mi hermano, empecé la carrera de Filosofía. Traduje y estudié un poco de lógica (con la que hacía tiempo nos había puesto en contacto a los gambrinenses un amigo de Miguel Sánchez Mazas, argentino, que no sé como apareció por allí), traduje a Popper y, venciendo la antipatía que siempre me habían inspirado –bebida en Ortega, Scheler, Husserl, Zubiri, el propio Goldstein y, luego, Merleau-Ponty–, leí un poco a los neopositivistas. (Eran unos pesados, erraban de medio a medio, pero no dejaba de ser instructiva su lectura.)

A todo esto, las traducciones me habían hecho adquirir cierto prestigio de entendido en lógica y en filosofía de la ciencia. (Cosas increíbles que ocurren en España.) Pero el azar de participar en un seminario con Agustín García Calvo poco después de que Otero me obligase a revisar la primera impresión –enteramente dislatada– que había sacado de la lectura de Syntactic Structures me llevó a bucear a fondo en la gramática generativa y a interesarme cada vez más por el lenguaje y su análisis metodológicamente consciente. Así es que, a la vez que el trato directo con Platón, Aristóteles, Descartes, Kant y algunos otros clásicos (a Hegel no lo he podido sufrir hasta ahora, aunque no pierdo del todo la esperanza de sorbérmelo alguna vez: por ejemplo, durante alguna enfermedad larga, o a rotura de un miembro) me hacía sonreírme pensando en mis suficiencias anteriores, y que repasaba displicentemente unos pocos "analíticos" que me habían caído entre las manos, trataba denonadamente de incorporarme el naciente saber lingüístico parido de Chomsky; afán que subió de punto (y adquirió cierta delectación) cuando descubrí que también podía estudiarse el significado en tan excelsísima y rigurosa disciplina (Weinreich, más que Fodor y Katz, fue quien me proporcionó tales solaces).

Pronto, sin embargo, me planteé la cuestión de qué podría hacer yo en semejantes estudios: ¿iba a poder avanzar más rápidamente que ellos, los lingüistas que habían inventado la cosa y que seguían desarrollándola febrilmente (y eso que no sabía yo aún hasta qué punto esto último era vertiginosa verdad)? Indudablemente, no. Miré y remiré por todos lados, y me di cuenta de que estaba enteramente sin trata (por las noticias que yo tenía) el lenguaje como actividad humana, inserta en un entorno físico y social y ligada a actividades verbales anteriores y subsecuentes. Así, por medio de una deliberación plenamente razonada, es como he llegado a ocuparme de eso que llamo la praxiología lingüística; y eso es lo que hace que la mire con cierta distancia y que, en el fondo, lo que me atraiga sea, so pretexto de adquirir un sólido conocimiento de las investigaciones que podrían ser de importancia para ella, enterarme de hechos, teorías y posibilidades impensadas, tener que rastrear todo lo que se escriba de filosofía, de biología, teoría de la ciencia y de lingüística, de psicología y simulación informática de la memoria y la inteligencia; aprehender, en suma, todas (!) las conexiones ocultas que hayan ido descubriéndose o conjeturándose en la realidad física y humana (pero en abstracto, nunca por el embrutecedor trato directo), en su inimaginable pero irresistible, mágico punto de contacto.

Creo que lo que siempre me ha atraído, de muy diversas formas, es el intento de enlazar lo aparentemente inconciliable; quiero decir, como en mis años de fe cristiana quería que ésta diese de sí las raíces que habían de alimentar la exploración razonante de la realidad, de toda la realidad, y luego intentaba compaginar una postura fundamental budista (o lo que así me parecía) con mi pasión racionalizadora (siempre sin renunciar a un ápice de ninguno de los dos polos, tratando de que ambos mostrasen su unidad a fuerza de profundizar en cada uno de ellos), después he buscado la verdad de la lógica en la psicología, la de ésta en su reconstrucción sociológica, la de las dos últimas en la biología y la de los procesos biológicos en las relaciones abstractas, inimaginables pero a la vez sin otra existencia "real" que la de ser pensadas, esquematizadas por la inteligencia, que estudia, en último término y de forma brutalmente simplificada, la física.

Termino mi profession de foi du philosophe madrilène. No sé cuánto tiempo me durará la inclinación que siento hacia el análisis de la actividad lingüística; me parece dudoso que logre desentrañar verdaderamente la mínima zona de fricción entre nuestra constitución corporal en ejercicio y los procesos de la realidad que la rodea de que depende nuestro saber más inmediato y el más discursivo. Con todo, por ahora pienso seguir ocupándome de tales cosas: las posibilidades de una iluminación intelectual, aunque escasas, son para mí, hoy por hoy, irresistibles (y tampoco por ningún otro lugar podría contar con noticias como las que he ido acumulando en este campo a lo largo de años: una razón pragmática, pues, la de que en otro sitio aún me encontraría más lejano a todo atisbo de penetración lúcida, me empuja).

Bien, profesor Ferrater; tengo que pedirle disculpas por todo este anecdotario terminado en anhelos cuasi misticoides. Ya le dije al principio que pocas posibilidades había de que siguiera considerándome como biografiable tras saber algo de mi trayectoria. Confío en que, como tipo promedio de "intelectual" crecido en el franquismo, algo pueda valer esta historia mía. Y con esa buena voluntad se la brindo amistosamente, agradecido a su inmerecidísimo interés.

Un cordial saludo de
Víctor Sánchez de Zavala

P.D. Para disipar toda última sospecha que pudiera quedarle de actitud obstruccionista por mi parte, voy a darle algunos datos.

En Enseñar y aprender (Madrid: Península, 1965), al hilo de una protesta contra la suposición usual de que la segunda de esas actividades necesita de la primera, sacaba como podía a luz todas mis revueltas y enmarañadas ideas de entonces sobre la sociedad –a la que miraba de un modo bastante organicista–, el lenguaje, el significado y algunas otras cosas cercanas a todo ello.

Mi único trabajo sobre metodología de la ciencia en general es "Sobre las ciencias de 'complexos'" (1968), presentado en el congresillo que se celebró en Burgos en aquel año en torno a Popper. Allí trataba de demostrar que hay algunas ciencias a las que no es posible aplicar las normas popperianas de 1934+1959 (o, al menos, sólo cabe hacerlo de manera restringida). (Incidentalmente, lo que yo llamaba "complexos" eran aproximadamente los sistemas en el sentido de Von Bertalanffy y compañía, como pude averiguar después: quizá el único interés de lo que yo decía pudiera residir en que el carácter de "complexo" no lo veía como algo asignable de una vez para siempre, sino como dependiente del estado de la teoría –de la esfera correspondiente de fenómenos– en cada momento.) Se publicó en Simposio de Burgos. Ensayos de filosofía de la ciencia en torno a la obra de Sir Karl R. Popper (Madrid: Tecnos, 1970), pp. 29-63, y lo recogí luego en Hacia una epistemología del lenguaje: cuatro ensayos (Madrid: Alianza, 1972), pp. 19-44, con algunas leves correcciones tipográficas.

Aunque incluía (de un modo bastante confuso) la lingüística entre las ciencias de "complexos" en 1968, puede decirse que el primer trabajo en que me ocupé específicamente de sus peculiaridades metodológicas (en concreto, de las de la generativo-transformatoria) fue "Problemas metodológicos de la lingüística" que presenté al XI Congreso de Filósofos Jóvenes (!), en el otoño de 1974, y que desde entonces está esperando publicación, prometida reiteradamente por Javier Muguerza; aquel mismo año, presenté en diciembre a un Congreso de la Sociedad Española de Lingüística la comunicación "Unidades, construcciones y límites de la lingüística transformatoria", en la que desarrollaba la idea de que la indisolubilidad de las hipótesis sustantivas y el mecanismo deductivo que emplea el generativismo es la raíz de las dificultades que encuentra como ciencia empírica. (Creo recordar que he vuelto sobre ello en el prefacio, de 1975, a mi antología Semántica y sintaxis en la lingüística transformatoria. II: Algunos temas y planteamientos nuevos, Madrid: Alianza, 1976.)

Los primeros intentos de bosquejar una prototeoría de la actividad lingüística, acompañados de un rechazo de la dicotomía entre competencia y actuación en el sentido de Chomsky y, sobre todo, de la presunta unicidad de la competencia, son de 1970; aparecen en la memoria que redacté en la primavera de aquel año como justificación de lo investigado con cargo a una beca que me había concedido el Ministerio llamado de Educación); están recogidos, resumidamente, en "Perspectivas actuales de una praxiología lingüística", escrito en 1971 y publicado en F. Gracia (comp.), Presentación del lenguaje (Madrid: Taurus, 1972), pp. 333-75. También di cuenta de ellos en una charla que dí en Barcelona, en algo presuntuosamente llamado 1er Congreso Nacional de Comunicación Humana y Ecología (¡ahí es nada!), con el título de "Un esquema de la comunicación verbal"; y, con los primeros atisbos de que el problema austiniano de las fuerzas inlocutivas sólo puede resolverse desde el punto de vista de la acción humana, forman el cuerpo de Indagaciones praxiológicas: sobre la actividad lingüística (Madrid: Siglo XXI, 1973).

Los vislumbres a que acabo de aludir reaparecen en una comunicación que (sin pena ni gloria) presenté al 1er congreso de la Association Internationale de Sémiotique/International Association for Semiotic Studies, celebrado en Milán en 1974, bajo la rúbrica de "Semiotic foundations of illocutive acts" (naturalmente, debería haber dicho "illocutionary"), y han terminado por llevar a una reconstrucción esquemática uniforme de dichos actos (los llamados inlocutivos) y de los locutivos (o, mejor, réticos –¿o es fáticos? –, en el sentido de Austin) que apunto en la memoria final que presenté en abril de 1976 a la Fundación March, por una beca de investigación que me habían concedido para el curso 1974-75.

Recojo dicho esquema uniforme en la tesis que voy a leer el próximo mes de junio ("Bases praxiológicas para una psicolingüística", dirigida por Pinillos), donde también despunta otra idea nueva (para mí, quiero decir): la de que el significado lingüístico –de intervenciones verbales semánticamente "completas", no de morfemas ni de palabras desgajadas de su entorno– consiste en una rearticulación de posibles actuaciones humanas que se propone o presenta como tal posibilidad; dicho de otro nodo (si cabe, aún menos claro que el anterior, pero para mí más sugerente, en sentido literal: me sugiere otras cosas), se encuentra en el ámbito de las finalidades, no en el de las realidades.

Y no puedo decirle más, porque en éstas me encuentro: de aquí a junio quisiera puntualizar algo todas estas vaguedades, convirtiéndolas en una teoría, o siquiera en una aproximación a ella. Un saludo.

[Transcripción del original conservado en el epistolario geronés de José Ferrater Mora.]

Doctor por la Facultad de Filología de la Universidad Complutense en 1977, con la tesis doctoral Bases praxiológicas para una psicolingüística (T 4609), dirigida por José Luis Pinillos.

«Víctor Sánchez de Zavala, nac. (1926) en Pamplona, estudió la carrera de ingeniero industrial y luego la de Filosofía y Letras. Ha realizado una labor amplia de traductor, introduciendo nuevos términos ('inlocutivo', 'transformatorio', 'falsable', etcétera), algunos de los cuales han hecho fortuna en las letras filosóficas. De estudiar primero a Heidegger y a Sartre, pasó a un interés más decidido, y permanente, por la psicología del lenguaje, la lógica, la filosofía de las ciencias (física y biología) y la lingüística. Sus más importantes contribuciones son en el terreno del análisis de problemas planteados por la lingüística en relación con cuestiones relativas a la actividad humana, en su estructura física y biológica y en su contorno social. Ha desarrollado una teoría de la actividad lingüística bajo la forma de una praxiología; de algunos rasgos de la misma hemos dado cuenta en el artículo PRAXIOLOGÍA. Según confesión del propio Sánchez de Zavala, “el problema austiniano de las fuerzas inlocutivas [véase ILOCUCIONARIO] sólo puede resolverse desde el punto de vista de la acción humana”. Sánchez de Zavala se ha ocupado de reconstruir semióticamente tanto los actos inlocutivos como los locutivos (véase LOCUCIONARIO), y ha propuesto que “el significado lingüístico –de intervenciones verbales semánticamente 'completas', no de morfemas ni de palabras desgajadas de su entorno– consiste en una rearticulación de posibles actuaciones humanas”, destacando de este modo no sólo la realidad de los actos lingüísticos, sino también las finalidades propuestas.
En metodología de la ciencia Sánchez de Zavala ha presentado una fundamentación de las “ciencias de complexos”, independientemente de, aunque afín a, la teoría de sistemas.
Aunque centrado en cuestiones suscitadas en la lingüística, el pensamiento de Sánchez de Zavala se caracteriza por un interés a la vez racionalizador y “unificador”, de la conducta con la ciencia, y de diversas ciencias, tales como lógica y psicología, psicología y sociología, sociología y biología, biología y física.
Obras: Enseñar y aprender, 1965. “Sobre las ciencias de 'complexos'”, escrito en 1968 y publicado en Simposio de Burgos. Ensayos de filosofía de la ciencia en torno a la obra de Sir Karl Popper, 1970, págs. 29-63; luego reimp. en Hacia una epistemología, etc. [cf. infra], págs. 19-44, con algunas correcciones tipográficas. – “Sobre la historia reciente y la metodología de la semántica”, en Francisco Gracia, Javier Muguerza, V. Sánchez de Zavala, eds., Teoría y sociedad. Homenaje al profesor Aranguren, 1970, págs. 9-58. – “Perspectivas actuales de una praxiología lingüística”, en Francisco Gracia, ed., Presentación del lenguaje, 1972, págs. 333-75. – Hacia una epistemología del lenguaje, 1972. – Indagaciones praxiológicas sobre la actividad lingüística, 1973 (incluye algunos de los trabajos mencionados supra). La tesis de S. de Z., de 1976, se titula: “Bases praxiológicas para una psicolingüística”.» (José Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía, Alianza, Madrid 1979, tomo 4, págs. 2924-2925.)

Desarrolló su actividad docente en la Universidad Complutense de Madrid, en la Universidad Autónoma de Barcelona y en la Universidad del País Vasco, de la que fue nombrado catedrático, en el área de conocimiento «Lógica y Filosofía de la Ciencia», por resolución de 27 de julio de 1988 (BOE 8 agosto).

Cumplida la edad de 65 años la Universidad del País Vasco, por resolución de 18 de mayo de 1992 (BOE 9 junio), con efectos 1 de octubre de 1991, le nombró Profesor emérito. Tras su muerte en Madrid, el 1 de noviembre de 1996, la UPV le dedicó un libro homenaje, compilado por Kepa Korta y Fernando García Murga: Palabras. Víctor Sánchez de Zavala in memoriam, Universidad del País Vasco, Bilbao 2000, 409 págs.; y publicó una selección de sus trabajos: Investigaciones sobe la actividad lingüística. Obras escogidas de Víctor Sánchez de Zavala, UPV, Bilbao 2008, 590 págs.

La biblioteca de Víctor Sánchez de Zavala fue donada por su viuda a la Fundación Ortega y Gasset.

«Víctor Sánchez de Zavala, filósofo y lingüista. Cuando conocimos a Víctor Sánchez de Zavala, fallecido el pasado miércoles en Madrid a los 69 años, a principios de los sesenta, se ganaba la vida como ingeniero industrial en una fábrica de tractores, e insólitamente dedicaba todo su tiempo libre a la filosofía. Amigo de Miguel Sánchez-Mazas, Rafael Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite y otros de los que hicieron revistas como Theoria y la Revista Española, en las que colaboró, había empezado a reunir una impresionante biblioteca en una época en que las obras de filosofía moderna no tenían presencia alguna en las librerías españolas. Y sus libros, entonces como después, estaban minuciosamente anotados. Pero a Víctor, que era una persona de decisiones drásticas, le resultó insoportable esta vida escindida y decidió abandonar la confortable vida de ingeniero para matricularse, a los 35 años, en Filosofía y Letras de la Complutense. Se ganaba la vida como traductor, y en la colección que dirigía Tierno Galván tradujo varias obras fundamentales, como los Elementos de lógica teórica de Hilbert y La lógica de la investigación científica de Popper, entre otras muchas, y tan diversas como alguna obra de Adorno. Para los que éramos estudiantes en aquella paupérrima universidad el contacto con Víctor (a quien sólo Aranguren y Javier Muguerza, que recordemos, dieron la bienvenida) abría perspectivas desconocidas. De muy pocos profesores españoles se puede decir como de Víctor Sánchez de Zavala que la vida de sus amigos y discípulos se ha visto radicalmente afectada por ello. Él, que no pudo salir a estudiar al extranjero, que sobrevivió como pudo durante muchos años, que accedió muy tarde a la docencia universitaria, transmitía una cultura y un espíritu de libre examen de los que seguimos alimentándonos quienes hemos tenido mejores oportunidades, unas oportunidades de las que sin él tal vez ni hubiéramos tenido noticia. Nadie había más al día que él, ni por tanto, en un país satisfecho de su aislamiento, nadie más aislado. Pero tampoco había nadie más crítico de lo de dentro y de lo de fuera, de manera que su lección no era nunca la del simple ponerse al día, sino la de que ponerse al día era parte necesaria de la honradez y de la cortesía de investigador.
Su interés por el lenguaje tal vez proceda de interminables conversaciones con Ferlosio, García Calvo y algún otro. Entró en la Universidad por la Facultad de Psicología, de donde pasaría a la Universidad de Barcelona hasta que la Universidad del País Vasco, con un gesto de reconocimiento de heterodoxo que la honra, lo hizo catedrático de Filosofía del Lenguaje. Pero ya antes de todo esto había coordinado en el Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid (con Ernesto García Camarero) un seminario donde, entre otras cosas, se introdujo en España la obra de Chomsky. Es característico que Víctor, cuyo nombre está asociado para muchos con el de Chomsky, nunca fuera propiamente un seguidor de éste. Pero lo característico viene de que para él era inconcebible que, cuando el debate científico ha alcanzado un cierto nivel, como el que Chomsky dio a la investigación lingüística, se pudiera seguir obrando, displicentemente, como si nada. De ahí uno de sus libros más singulares (Funcionalismo estructural y generativismo, en Alianza), al que los profesionales de la cosa no hicieron el menor caso.
Escribió y compendió libros sobre sintaxis y semántica, sobre gramática dura, sobre el lenguaje de los primates. Sus contribuciones más innovadoras son las de pragmática, las relativas no al lenguaje aislado, sino a la conducta lingüística. Pueden verse Ensayos de la palabra y el pensamiento (Trotta, 1994) y un próximo y originalísimo Hacia una pragmática (psicológica), en el que tenía puesta mucha ilusión. Es triste que sea su testamento. Más triste sería que lo desaprovecháramos.» (Carlos Piera & Juan del Val, El País, Madrid 4 de noviembre de 1996.)

«Esta clase de preocupaciones produce un tipo de literatura filosófica muy apegada al problema de la ciencia y de la razón científica, en cuya línea habría que situar las Indagaciones praxiológicas, de Víctor Sánchez de Zavala, o la Epistemología de las Ciencias Humanas, de Gustavo Bueno, para no mencionar el ciclo que con ese título dio en la Fundación Juan March durante el curso 1977-1978. Todos ellos, textos o investigaciones que rozan, o se enfrentan directamente, con el tema de la racionalidad.» (José Luis Abellán, Ortega y Gasset y los orígenes de la transición democrática, Espasa, Madrid 2000, “4. Una caracterización de la generación del 56”, pág. 288.)

Bibliografía de Víctor Sánchez de Zavala

1961 Traducción de Charles Frederick Carter, La industria y el progreso técnico, Rialp (La Empresa y el Hombre, serie A, 17), Madrid 1961, 365 págs.

1962 Traducción de Charles Frederick Carter, Invertir para innovar, Rialp (La Empresa y el Hombre, serie A, 21), Madrid 1962, 168 págs.

Traducción de David Hilbert & W. Ackermann, Elementos de Lógica teórica, Tecnos (Estructura y función, 6), Madrid 1962, 213 págs.

Traducción de Karl Popper, La lógica de la investigación científica, Tecnos (Estructura y función, 8), Madrid 1962, 451 págs.

Traducción de Richard Milton Martin, Verdad y denotación, Tecnos (Estructura y función, 9), Madrid 1962, 284 págs.

1964 Traducción de Richard B. Braithwaite, La explicación científica, Tecnos (Estructura y función, 15), Madrid 1964, 410 págs.

1965 Traducción de William Ross Ashby, Proyecto para un cerebro. El origen del comportamiento adaptativo, Tecnos (Estructura y función, 17), Madrid 1965, 329 págs.

1966 Traducción de Max Horkheimer, La función de las ideologías, Taurus (Cuadernos Taurus, 72), Madrid 1966, 67 págs.

Traducción de Max Horkheimer, Sociológica, Taurus (Ensayistas de hoy, 44), Madrid 1966, 323 págs.

«Aranguren, educador», Cuadernos para el Diálogo, nº 30, Madrid 1966, págs. 32-34.

1967 Traducción de Max Black, Modelos y metáforas, Tecnos (Estructura y función, 23), Madrid 1967, 257 págs.

Traducción de Ernst Fischer, Problemas de la generación joven (Entre la impotencia y la responsabilidad), Ciencia Nueva (Colección Ciencia Nueva, 6), Madrid 1967, 264 págs.

1968 Traducción de Evert Willem Berth, Relaciones entre la lógica formal y el pensamiento real, Ciencia Nueva (Colección Ciencia Nueva, 22), Madrid 1968, 396 págs.

Traducción de Alfred Lande, Nuevos fundamentos de la Mecánica cuántica, Tecnos (Estructura y función, 27), Madrid 1968, 167 págs.

Traducción de Walter Kaufmann, Hegel, Alianza Editorial (LB 111), Madrid 1968, 453 págs.

1969 Traducción de Theodor W. Adorno, Tres estudios sobre Hegel, Taurus (Ensayistas, 61), Madrid 1969, 193 págs.

Traducción de Norbert Wiener & J. P. Schadé, Sobre modelos de los nervios, el cerebro y la memoria, Tecnos (Estructura y función, 29), Madrid 1969, 373 págs.

Traducción de Erich Jamtsch, Pronósticos del futuro, Alianza Editorial (LB 255), Madrid 1969, 265 págs.

1970 Traducción de John Maynard Smith, Teoría de la evolución, Istmo (Colección Fundamentos, 4), Madrid 1970, 396 págs.

«Sobre la historia reciente y la metodología de la semántica», en Teoría y Sociedad. Homenaje al profesor Aranguren, Ariel, Barcelona 1970, págs. 9-58.

1971 Traducción de Wilfrid Sellars, Ciencia, percepción y realidad, Tecnos (Estructura y función, 35), Madrid 1971, 383 págs.

1972 Hacia una epistemología del lenguaje. Cuatro ensayos, Alianza Editorial (AU 14), Madrid 1972, 250 págs.

1973 Traducción (con Magdalena Andrey y Francisco Carmona) de Marx W. Wartofsky, Introducción a la filosofía de la ciencia, Alianza Editorial (AU 38-39), Madrid 1973, 2 vols., 679 págs.

Comparing comparisons and comparatives. Evidence from a Spanish paradigm, policopiado, Madrid 1973, 52 págs.

Indagaciones praxiológicas sobre la actividad lingüística, Siglo Veintiuno, Madrid 1973, 283 págs.

1974 Compilador de Semántica y sintaxis en la lingüística transformatoria, Alianza Editorial (AU 84), Madrid 1974, 532+459 págs.

1976 Traducción de A. Heyting, Introducción al intuicionismo, Tecnos (Estructura y función, 46), Madrid 1976, 150 págs.

Compilador de Estudios de gramática generativa, Labor (Labor Universitaria), Barcelona 1976, 277 págs.

Compilador de Gardner, Lieberman, Premack, Fouts y otros, Sobre el lenguaje de los antropoides. Investigaciones sobre los rudimentos del lenguaje en los monos superiores, Siglo Veintiuno, Madrid 1976, 225 págs.

1978 Comunicar y conocer en la actividad lingüística, Fundación Juan March (Colección Monografías, sección 1ª Filosofía y Teología), Editorial Ariel, Madrid 1978, 108 págs.

1981 Imagen y lenguajes, Fontanella (Colección Signos, 2), Barcelona 1981, 345 págs.

1982 Funcionalismo estructural y generativismo. Aportaciones a un capítulo de la historia de la lingüística, Alianza (AU 317), Madrid 1982, 216 págs.

1994 Ensayos de la palabra y el pensamiento, Trotta (Colección Estructuras y procesos. Serie cognitiva), Madrid 1994, 262 págs.

1997 Hacia la pragmática (psicológica), Visor (Visor lingüística y conocimiento, 22), Madrid 1997, 291 págs.

2000 Compilado por Kepa Korta y Fernando García Murga, Palabras. Víctor Sánchez de Zavala in memoriam, Universidad del País Vasco, Bilbao 2000, 409 págs. Contiene: 17-22: Carmen Martín Gaite, “Pasarela hacia lo desconocido”. 23-34: Ernesto García Camarero, “Recuerdos de una amistad”. 35-44: Eustaquio Barjau Riu, “Historia de una amistad”. 45-50: Kepa Korta, “Recuerdos”. 51-58: Fernando García Murga, “Cuatro instantáneas con Víctor Sánchez de Zabala”, &c.

2008 Investigaciones sobe la actividad lingüística. Obras escogidas de Víctor Sánchez de Zavala, Universidad del País Vasco, Bilbao 2008, 590 págs.

R   Informa de esta pagina por correo
www.filosofia.org
Proyecto Filosofía en español
© 2013 filosofia.org
www.lechuza.org
averiguador