Concepción Arenal Ponte
 
1820-1893

Concepción Arenal Ponte 1820-1893 Periodista, escritora y activista social española, ideóloga de la derecha liberal católica, nacida en el Ferrol, provincia de la Coruña, el 31 de enero de 1820, hija del sargento mayor Ángel Arenal Cuesta (Armaño 1790) y de María Concepción Ponte Mandiá Tenreiro (Ferrol 1795). Ángel Arenal intervino en la guerra de la independencia nacional española, publicó el libro Ideas sobre el sistema militar de la nación española, derivadas de su constitución y del objeto de la fuerza armada (Imprenta que fue de García, Madrid 1820, XVI+394 págs.) y durante el trienio liberal (1820-1822) secundó la rebelión de las guarniciones de Galicia, cuyo adalid era el liberal Francisco Espoz y Mina, Capitán general de Galicia, fue nombrado secretario político del Gobierno Superior de la Provincia de Galicia, en 1822 jefe político de la provincia de Lugo... y hubo de sufrir luego la restauración absolutista de la ominosa década: en 1827 la Junta de Depuración le abrió un expediente militar por sus ideas liberales (pero es absolutamente falsa la especie de que anduvo exiliado por Inglaterra) y falleció el 26 de enero de 1829 en su retiro de Puentedeume, dejando viuda y tres huérfanas, que tuvieron que irse a vivir a casa de la abuela paterna, en la aldea de Armaño, Liébana, provincia de Santander, donde un año después falleció Luisa, la más pequeña. En 1834 la viuda y sus dos hijas, Concha y Tonina, se trasladan a Madrid, con ayuda de su pariente Antonio Tenreiro, segundo conde de Vigo. Concepción Arenal recibió una sólida formación religiosa católica, y frecuentó numerosas lecturas. Sabemos por la correspondencia con su tío viudo Manuel de la Cuesta –nacido en la Casona de Tudanca en 1808, entonces jefe político de Zamora, y que luego había de casarse en 1846 con su hermana Tonina– que con diecinueve años citaba al frenólogo Gall y a Guizot, y que traficaba epistolarmente cuitas filosóficas:

«Madrid 8 de abril [¿1839/1840?]. Querido tío: [...] ¿Qué escribir a una mujer con quien no median relaciones amorosas? Ya que nuestras cartas no sean ni largas ni interesantes, estén al menos exentas de tonterías, y no tendrán muchas compañeras. Voy a contestar a su carta de Vd. cuyo primer párrafo he leído con mucho gusto. Acostumbro yo a despreciar ese lenguaje filosófico que sale generalmente de hombres que cantan las bellezas del campo desde las ciudades, o fingen envidiar las dulzuras de la vida privada desde la cumbre del poder, donde han subido por satisfacer su ambición u otras pasiones más vergonzosas; pero cuando las acciones no están en contradicción con las palabras, le tributo el debido respeto. Es sensible que el espíritu de filosofía le haya a Vd. abandonado en una parte de su carta hasta decir: 'bien indiferente te será mi cariño, &c.'. Yo entiendo por filosofía razón, y me parece que no la tiene Vd. de su parte. Cuando el cariño o el odio de una persona es indiferente, esta persona inspira necesariamente desprecio, y un desprecio profundo al que es preferible el aborrecimiento. Yo no he dado a Vd. grandes pruebas de mi amistad, es cierto, pero ¿podrá Vd. citarme una sola de esa indiferencia absoluta de que hablo?» (Concha Arenal a Manuel de la Cuesta, en Cossío 1932, pág. 502.)

La joven Concepción Arenal, apud Campo Alange En 1840 vuelve a Armaño, a cuidar de su abuela enferma, para regresar a Madrid en 1841, en que fallece su madre (el 29 de abril de 1841), con la que al parecer congeniaba mal. La escritora María de los Reyes Laffite Pérez de Pulgar (1902-1986), feminista condesa consorte, y luego viuda, de Campo-Alange, autora de La secreta guerra de los sexos (Revista de Occidente, Madrid 1948) y cuidadosa biógrafa suya (Concepción Arenal. Estudio biográfico documental, Revista de Occidente, Madrid 1973), contribuyó a difundir, pero no pudo confirmar, la leyenda que imagina a Concepción Arenal vestida de varón asistiendo, en los primeros años cuarenta, a la Facultad de Derecho de la Universidad Central (incluso fantasea la condesa consorte: «¿Puede ser arriesgado, aunque no inverosímil, suponer que Concepción Arenal asistiera a las lecciones impartidas por Julián Sanz del Río en su flamante cátedra?», pág. 63 –¡adviértase que a estas alturas, curso 1842-43, el futuro propagador de Krause sólo había sido nombrado sustituto de sexto año en la Facultad de Jurisprudencia!–). Determinada bibliografía gusta presentar a Concepción Arenal como la primera universitaria de España, aunque en todo caso, puesto que a la mujer le estaba vedado asistir entonces a las clases universitarias, sólo habría sido oyente clandestina, ocasional pseudo alumna virtual travestida de estudiante, sin capacidad de examinarse o lograr título.

El 10 de abril de 1848 contrajo matrimonio con el abogado y escritor Fernando García Carrasco, en la parroquia madrileña de San Ildefonso. El traje de novia que vistió ese día se lo prestó la hermana política del ex presidente del Consejo de Ministros, Salustiano Olózaga. Fernando Francisco García Carrasco había nacido en Mérida, Extremadura, el 16 de mayo de 1807 (hijo de José García Ramírez y de Micaela Carrasco Sanabria), y con diez años ingresó (el día 28 de julio de 1817) en el Real Seminario de Nobles de Vergara, en Guipúzcoa (del que había de salir tres años más tarde, el 4 de diciembre de 1820; en los documentos que conserva el Archivo Municipal de Bergara, su expediente es el nº 558).

El nuevo matrimonio se traslado a vivir a Oviedo, donde Concepción Arenal escribió ese mismo año de 1848 el libreto de Los hijos de Pelayo, zarzuela en tres actos, y la novela Historia de un corazón (1850). En marzo de 1849 nació María de la Concepción (que había de fallecer con veintiocho meses, el 7 de junio de 1851) y después dos hijos, Fernando Ángel Augusto Rafael (nacido ya en Madrid, el 29 de octubre de 1850) y Ramón (19 junio 1852), de los que sólo Fernando sobrevivió a la madre. Se mantienen en Madrid principalmente de los ingresos procedentes de la pluma. Comienzan a colaborar a partir de 1855 en el diario liberal La Iberia, fundado el año anterior por Pedro Calvo Asensio (1821-1863), Juan de la Rosa González (1820-1886) y Juan Ruiz del Cerro, cercanos a Olózaga. Pasaba el tiempo sin que el periódico publicase los artículos que le habían entregado, y quizá tras alguna presión influyente que se adivina tras la nota previa de alabanzas y disculpas, apareció la primera entrega de un artículo de Concha Arenal de Carrasco sobre Santiago Watt:

«Sección de variedades. La falta de espacio nos ha impedido hasta ahora insertar dos notables artículos que hace tiempo tenemos en nuestro poder, el uno sobre Watt y sus invenciones, y el otro sobre las exposiciones industriales. Hoy empezamos a hacerlo con tanto más gusto, cuanto que el primero de ellos es debido a la pluma de una señora que, durante muchos años, ha ocultado su sexo para asistir a las cátedras públicas, y en quien nadie sospecharía encontrar los profundos conocimientos que revela en las ciencias físico-matemáticas, y que han sido generalmente patrimonio de las inteligencias varoniles. Por eso damos la preferencia, en el orden de publicación, al artículo sobre Watt y sus invenciones, reservándonos llamar la atención acerca del que versa sobre las exposiciones industriales, cuando le insertemos, que será inmediatamente después, y limitándonos por ahora a decir que su autor es esposo de la señora a quien nos referimos; por manera que en este matrimonio parecen haberse unido, además de dos corazones, dos talentos nada comunes por cierto, con cuya ilustrada colaboración se honrarán en lo sucesivo nuestras columnas. Watt, su vida y sus invenciones, por doña Concha Arenal de Carrasco. En 1763 el profesor Black explicaba en la universidad de Glasgow la teoría entonces nueva del calor específico, es decir, de la cantidad de calor necesaria para elevar a una misma temperatura un peso dado de diferentes cuerpos. [...]» (La Iberia, diario liberal de la tarde, Madrid, sábado 28 de julio de 1855, año II, número 341, pág. 4, cols. 2-3.)

Adviértase cómo La Iberia justifica ante su público los profundos conocimientos en las ciencias físico-matemáticas de su nueva colaboradora, la señora Concha Arenal de Carrasco, merced a que durante muchos años ha ocultado su sexo para asistir a las cátedras públicas... Si tenemos en cuenta lo que escribe la esposa (en carta conservada por la familia, inédita hasta que la publicó Campo Alange en 1973) al esposo que está de viaje por Bilbao, el 17 de abril de 1850 (vivía aún la primogénita, estaba ya embarazada de su segundo hijo), sus intereses estarían más que por los entornos de la Facultad de Jurisprudencia por los de la Facultad de Medicina, donde el médico y filósofo materialista Pedro Mata Fontanet era catedrático:

«Iré esta tarde a oír a Mata, a ver cómo nos pinta frascos renversados, y nos dice los medios de conseguir la obtención de las sales, ácidos, óxidos y compuestos en uso. Después iré a dar un paseo si la tarde está apacible como promete.» (Carta de Concepción Arenal a Fernando García Carrasco, Madrid 17 de abril de 1850, en Campo Alange 1973, pág. 88.)

Tras las siete entregas del artículo sobre Watt (28 y 31 de julio, 1, 2, 8, 10 y 11 de agosto), los días 13, 14, 15 y 16 de agosto de 1855 publica La Iberia el anunciado e interesante artículo de Fernando García Carrasco sobre las Exposiciones Universales (la primera de Londres en 1851 y la segunda de París, que se estaba celebrando), en el que propone que la tercera exposición universal se celebre en Madrid. Parece ser que Fernando García Carrasco fue encargado de redactar editoriales para ese periódico liberal, para su sección doctrinal, y se dice que, a medida que fue avanzando la enfermedad, su esposa habría redactado algunos de aquellos anónimos textos... El 10 de enero de 1857 la tuberculosis convirtió en viuda a Concepción Arenal, con dos hijos pequeños y pocos recursos.

«Hace dos días ha fallecido en esta corte don Fernando García Carrasco, publicista distinguido que más de un año hace venía con su cooperación favoreciendo las columnas de La Iberia. Modesto, como todos los hombres de verdadero mérito, ha vivido retirado completamente de la esfera oficial, desconocido para la generalidad. Laborioso y hombre de ciencia, era apreciadísimo de cuantos tuvieron la dicha de tratarle: buen padre, buen esposo, buen amigo, baja al sepulcro, arrancando el más profundo dolor a los que estrecharon su mano alguna vez. Al morir deja a su esposa, escritora de mérito, sin más recursos que los que pueda proporcionar a sus hijos con su pluma. El recuerdo de su talento y de sus brillantes cualidades quedará eternamente grabado en los corazones de sus compañeros de redacción.» (La Iberia, diario liberal de la mañana, Madrid, miércoles 14 de enero de 1857, año IV, número 759, pág. 1.)

Procura seguir publicando en la prensa: sólo cuatro meses después de haberse quedado viuda aparece en La Iberia, el 14 de mayo de 1857, sin firma como era habitual entonces, un artículo suyo que iba a gustar mucho entre el gremio, en tanto que suponía una cruda y triste descripción de esa nueva especie de hombre emergente: «El periodista». El artículo fue tan reproducido por otros periódicos que La Iberia decidió hacer justicia y desvelar el nombre de su autora cuatro semanas después:

«No sólo varios periódicos de Madrid sino también muchos de provincias, han copiado el notable artículo que publicamos poco tiempo hace con el título de El periodista. Llamamos la atención sobre esto con tanto más placer, cuanto que este artículo es debido a la pluma de una señora a quien apreciamos mucho por su talento y sus virtudes, la señora doña Concepción Arenal de Carrasco, viuda del señor don Fernando García Carrasco, colaborador de La Iberia, que falleció a principios de este año como anunciamos a su tiempo en nuestras columnas. Esta señora desde la muerte de su esposo nos ha favorecido con varios artículos de todos géneros, siempre meditados y siempre notables; uno de ellos ha sido el que ha dado ocasión a estas líneas que escribimos a riesgo de que ofendan a su modestia, para que sirvan de testimonio de nuestra gratitud, e impidan que quede oscurecido el nombre de una escritora tan digna de mención por su talento, su laboriosidad y sus conocimientos nada comunes. Estimaríamos de los periódicos que han copiado el artículo de El periodista que publicasen también estas líneas.» (La Iberia, diario liberal de la mañana, Madrid, martes 9 de junio de 1857, pág. 2, col. 1.)

«El artículo que con el título de El periodista insertamos en este cuaderno, como lo han hecho otros periódicos de Madrid y provincias, pertenece, según La Iberia, que fue donde primeramente se publicó, a la señora doña Concepción Arenal de Carrasco, viuda del señor D. Fernando García Carrasco, y persona tan notable por sus talentos como por sus virtudes. Esta señora desde la muerte de su esposo parece que ha escrito diferentes artículos, publicados en su mayor parte en La Iberia, de donde aquel era colaborador y reconquistándose una envidiable reputación, a la que en realidad es acreedora por las buenas cualidades en que abundan sus trabajos literarios.» (Escenas contemporáneas…, publicada bajo la dirección de don Manuel Ovilo y Otero, Tomo I, comprende los meses de julio y agosto, Establecimiento tipográfico de D. A. Vicente, Madrid 1857, pág. 211; el artículo en las págs. 61-65.)

A mediados de 1857, cuando ya no pudo seguir viviendo en Madrid, como casi treinta años antes le sucediera a su madre, tuvo que volver con la familia, con sus suegros, a Colloto, en Oviedo, para poder seguir educando a sus hijos Ramón y Fernando. La Iberia, al publicar su comentario sobre la «Lengua Universal de D. Bonifacio Sotos Ochando», el día 30 de julio de 1857 (y no el 30 de junio de 1857 como se repite una y otra vez en las biografías que se fían sin más de las citas de citas), añade firmada por Juan de la Rosa González la siguiente explicación y despedida:

«El siguiente artículo que publicamos es el último trabajo con que nos ha favorecido al ausentarse de la corte, con objeto de reponer su salud, nuestra distinguida colaboradora la señora doña Concepción Arenal de García Carrasco, cuyos escritos han merecido muchas veces el honor de ser reproducidos por nuestros colegas de la corte y de provincias antes de que llevaran el requisito obligatorio de la firma. J. de la Rosa.» (La Iberia, diario liberal de la mañana, Madrid, martes 30 de julio de 1857, pág. 3, col. 1.)

Fecha en Oviedo, en 1858, su libro inédito Dios y la Libertad. Meses más tarde, en 1859, una vez vendidas las propiedades de Armaño a sus tíos, los hermanos de su padre, se traslada de Oviedo a Potes, a una casa que le alquila a buen precio Isabel de Agüero, madre del que fuera niño prodigio, el violinista Jesús de Monasterio (Potes 1836), quien había de convertirse en uno de sus grandes amigos. Concepción Arenal no desaprovecha la ocasión de presentarse a concursos literarios, como el convocado por la Sociedad Económica Barcelonesa de Amigos del País en 1858, que se falló en la sesión pública de esa sociedad celebrada el día 19 de noviembre de 1859, y en cuyo acta puede leerse:

«Terminada la lectura de esta reseña, el Excmo. Sr. Presidente manifestó que iba a precederse a la adjudicación de los premios ofrecidos por la Sociedad a los autores de las mejores memorias sobre los temas propuestos en el programa, que publicó el año anterior, añadiendo que a este objeto el mismo Secretario abriría los pliegos que contenían los nombres de los autores de las obras premiadas, quemándose inmediatamente los demás. D. José Mestré y Cabañes abrió entonces el que tenía por tema: "Las asociaciones de socorros mútuos son un medio poderoso para alcanzar el bienestar de la clase jornalera", y resultó que la memoria a que se refería había sido escrita por D. Pedro Armengol y Cornet, que había obtenido el premio dispuesto en el art. 1º del programa del año último. Abrióse a continuación el otro pliego encabezado con el epígrafe "Al presente vuestra abundancia supla la indigencia de aquellos, para que la abundancia de aquellos sea también suplemento a vuestra indigencia, de manera que haya igualdad, como está escrito (San Pablo, epístola los Corintios.)" Y se vio que la memoria a que se refería, y que había obtenido el premio señalado en el artículo 8º del referido programa, era debida a la pluma de doña Concepción Arenal de García Carrasco. A continuación se abrió el pliego que contenía el tema "La fórmula más bella del progreso es la de la perfección moral," y resultó que la memoria a que se refería, y que había obtenido el premio segundo del citado programa, estaba escrita por D. Rómulo Moragas. El Excmo. Sr. Presidente llamó sucesivamente a los agraciados, resultando que ninguno de ellos estaba en el salón. Acto continuo se quemaron los pliegos que contenían los nombres de los autores no premiados.» (Boletín oficial del Ministerio de Fomento, tomo XXXIII, Imprenta Nacional, Madrid 1860, nº 423, jueves 2 de febrero de 1860, págs. 203-204.)

Cada vez eran más los burgueses católicos que entendían que alcanzar el bienestar de la clase jornalera y reducir la pobreza eran los modos verdaderamente efectivos de calmar los vientos revolucionarios agitados por la internacional proletaria, por la amenazante nueva generación emergente de la izquierda. El pianista y compositor madrileño Santiago Masarnau Fernández (1805-1880), de quien se mantiene abierta causa de canonización (sólo falta para elevarlo a los altares que se reconozca su intervención en un milagro), se dedicó a propagar entre nosotros las Conferencias de San Vicente de Paul, a las que se había unido en París ya en 1839, logrando que la filial española fuera reconocida en marzo de 1850 por la matriz parisina de la organización –Conférences de Saint-Vincent de Paul, Société de Saint-Vincent de Paul– que había fundado a partir de 1833 un hijo de León de Francia, el profesor e historiador Antonio Federico Ozanam (los católicos le tienen oficialmente por beato desde 1997, en tanto que precursor de la doctrina social de la Iglesia). Masarnau logró atraer a las Conferencias de San Vicente de Paul a personajes como Juan Donoso Cortés, Vicente de la Fuente, José María Quadrado Nieto, Salustiano Olózaga... y hasta a Jesús de Monasterio, que además de violinista era también activista católico, y que en 1860 tenía ya establecida una de esas conferencias en Potes y había animado a Concepción Arenal para que allí mismo organizara ella otra conferencia sólo para mujeres. Para crear una conferencia no hacían falta más que tres personas con voluntad de adoptar unos pobres o enfermos a los que visitar en sus casas periódicamente para aliviarles sufrimientos y entregarles limosnas: a final de 1860 ya había establecidas por todo España setenta conferencias que habían realizado 400.000 visitas a pobrecitos pobres.

La viuda Concepción Arenal, que de ver desgracias ajenas había logrado remontar las propias, escribe en 1860 un Manual de 'El visitador del pobre'. Seis años antes, en 1854, se había publicado en Barcelona (Imprenta Hispana, 270 págs.) la traducción española, realizada por Luis Bordás, de El visitador del pobre, obra escrita por el muy católico Barón Joseph-Marie de Gérando (1772-1842) y publicada en París en 1820: Le visiteur du pauvre. Mémoire qui a remporté le prix proposé par l'Académie de Lyon sur la question suivante: «Indiquer les moyens de reconnaître la véritable indigence, et de rendre l'aumône utile à ceux qui la donnent comme à ceux qui la reçoivent». De Gérando era también de León de Francia, y amigo de Antonio Federico Ozanam.

A pesar de su retiro en la montaña, el nombre de Concepción Arenal no ha sido olvidado, sino que está presente y aparece en las relaciones de mujeres escritoras que airea la prensa, como en estas dos publicadas el mismo día (seguramente procedentes de una fuente común) y que contienen mínimas variantes, entre ellas que el liberal plumilla varón del periódico del partido liberal (que sustituye por cierto el nombre de Carolina Colorado por el de A. J. de Vildósola) no se priva de titular la relación con un significativo y despectivo «Ropa sin planchar»:

«He aquí por orden alfabético la lista, algo incompleta, de las señoras que escriben para el público en España: Señoras doña Amalia Fenollosa, Amparo López del Baño, Carolina Coronado, Angela Grassi, Angela Mazzini, Antonia Díaz Fernandez, Carmen Tamariz, Catalina de Ubarri, Concepción Arenal de Carrasco, Concepción del Valle y Moya, condesa de C., Corina Manrique, Dolores Arráez de Lledó, Dolores Cabrera y Heredia de Miranda, Eduarda Moreno Morales, Elena Gómez de Avellaneda, Eloisa G. de Santa Coloma, Emilia Serrano de Wilson, Emilia Mijares del Real, Enriqueta Lozano de Vilches, Faustina Saez de Melgar, Victoria Peña, Fernán Caballero, Francisca de C. del Riego y Pica, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Isabel de Villamartín, Joaquina García Balmaseda, Josefa Masanés de González, Juana Quintano y Medina, Julia Cardón y Charro, Lorenza Carrasco, María del Pilar Sinués de Marco, María Mendoza de Vives, María de las Nieves Robledo, María Moreno Gómez, Margarita Francois de Izaguirre, marquesa del Surco, Matilde de Orbegozo, Micaela Rifá, Natalia Borris de Ferrant, Pilar Armendi, Polonia Ortiz, Prudencia Zapatero y Olea, Robustiana Armiño de Cuesta, Rogelia León, Rosalía de Castro de Murguía, Vicenta García de Miranda, Victorina Bridoux de Domínguez.» (La Época, Madrid, martes 25 de septiembre de 1860, año duodécimo, nº 3795, pág. 4, col. 2.)

«Ropa sin planchar. He aquí por orden alfabético la lista, algo incompleta, de las señoras que escriben para el público en España: Señoras doña Amalia Fenollosa, Amparo López del Baño, A. J. de Vildósola, Angela Grasi, Angela Mazzini, Antonia Díaz Fernandez, Carmen Tamariz, Catalina de Ubarri, Concepción Arenal de Carrasco, Concepción del Valle y Moya, Condesa de C., Corina Manrique, Dolores Arráez de Lledó, Dolores Cabrera y Heredia de Miranda, Eduarda Moreno Morales, Elena Gómez de Avellaneda, Eloisa G. de Santa Coloma, Emilia Serrano de Wilson, Emilia Mijares del Real, Enriqueta Lozano de Vilches, Faustina Saez de Melgar, Fernán Caballero, Francisca de C. del Riego y Pica, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Isabel de Villamartín, Joaquina García Balmaseda, Josefa Masanés de González, Juana Quintano y Medina, Julia Cardón y Charro, Lorenza Carrasco, María del Pilar Sinués de Marco, María Mendoza de Vives, María de las Nieves Robledo, María Moreno Gómez, Margarita Francois de Izaguirre, marquesa del Surco, Matilde de Orbegozo, Micaela Rifá, Natalia Borris de Ferrant, Pilar Armendi, Polonia Ortiz, Prudencia Zapatero y Olea, Robustiana Armiño de Cuesta, Rogelia León, Rosalía de Castro de Murguía, Vicenta García de Miranda, Victoria Peña, Victorina Bridoux de Domínguez.» (El clamor público, periódico del partido liberal, Madrid, 25 de septiembre de 1860, segunda época, nº 36, pág. 3, col. 4.)

Cabe sospechar que el entorno de las Conferencias de San Vicente de Paul no fue ajeno a la convocatoria, por parte de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, de un concurso ad hoc para tratar de esclarecer los confusos conceptos entremezclados de beneficencia, caridad, &c. El concurso se convocó en 1859 para ser fallado en 1860, Concepción Arenal se presentó al concurso y la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas premió en junio de 1861 su memoria La beneficencia, la filantropía y la caridad, apreciando sin duda su claridad doctrinal, que empieza por el propio lema de la plica: «La Beneficencia manda al enfermo una camilla; la Filantropía se acerca a él; la Caridad le da la mano», y se mantiene en toda la memoria: «Beneficencia es la compasión oficial que ampara al desvalido por un sentimiento de orden y de justicia; Filantropía es la compasión, filosófica, que auxilia al desdichado por amor a la humanidad, y la conciencia de su dignidad y de su derecho; Caridad es la compasión cristiana que acude al menesteroso por amor de Dios y del prójimo.» El Proyecto Filosofía en español ha vuelto a publicar el texto de esta memoria en junio de 2009, tal como se editó con fecha de 1861 (aunque apareció en enero de 1862), con este sumario:

Concepción Arenal, La beneficencia, la filantropía y la caridad, 1861
Parte Primera. Reseña histórica de la beneficencia en España
Capítulo I.
Cuadro cronológico de los principales establecimientos de beneficencia en España
Capítulo II.
Parte Segunda.
Capítulo I. Principios que convendrá seguir para enlazar la caridad privada con la Beneficencia pública
I. Es un deber de la sociedad procurar a los desvalidos la mayor suma de bien posible
II. La sociedad no comprende su alta misión, si cree llenarla con solo hacer bien material
III. El Estado aislándose de la caridad individual, no puede auxiliar debidamente el cuerpo del menesteroso, ni su alma
IV. Existen en la sociedad los elementos necesarios para consolar todos los dolores, no hay más que armonizarlos
Capítulo II. Hasta dónde deben extender su acción, el Estado, las asociaciones caritativas, y los particulares
I. En el cuerpo social como en el humano, el bien resulta de la armonía en el ejercicio de las diferentes facultades
II. Las facultades del alma como las del cuerpo se desarrollan con el ejercicio
III. La pobreza no es un crimen: el pobre no esta fuera de la ley
Capítulo III. Medios de poner en armonía la acción respectiva del Estado, las Asociaciones Caritativas, y los particulares, fundándola en la economía social y en el sentimiento religioso
I. Organización de asociaciones filantrópicas. Comunicación, comunión de los compasivos. Unidad y mutuo apoyo en sus esfuerzos
II. Obligación impuesta a toda asociación religiosa de ejercitarse en alguna obra de caridad
III. Publicidad en todo lo concerniente al ramo de Beneficencia
IV. Evitar hasta donde sea posible la aglomeración de los desvalidos
V. Llamamiento al sacerdote y a la mujer como indispensables auxiliares
VI. Dar a la beneficencia el auxilio de las ciencias
Conclusión.

Era la primera vez que una mujer recibía un premio de esa institución (al que se presentó, por cierto, también disfrazada de hombre, haciendo figurar el nombre de su hijo de diez años en el correspondiente pliego cerrado...):

«Por amor de madre. La Academia de ciencias morales y políticas, publica las siguientes líneas: "Enterada la Real Academia de que don Fernando Ágel del Carrasco y Arenal, cuyo nombre estaba escrito en el pliego cerrado que acompañó a la Memoria premiada sobre beneficencia, es un niño de diez años; y constando a la corporación, después de las investigaciones que ha estimado conducentes, que quien la escribió fue doña Concepción Arenal de García Carrasco, la cual puso en lugar de su nombre el de su hijo don Fernando, ha acordado que se tenga a dicha señora como autora de la Memoria para los efectos del programa de 3 de Julio de 1859, y que este acuerdo se anuncie en la Gaceta". Felicitamos a la escritora moralista por su triunfo, que demuestra su talento y a la vez los sentimientos maternales.» (El clamor público, periódico del partido liberal, Madrid, viernes 28 de junio de 1861, pág. 3.)

El texto premiado aparece publicado con fecha de 1861, dedicado sin rubor a la filántropa Condesa [viuda] de Espoz y Mina, quien había de convertirse pocos meses después en protectora y amiga de Arenal, aunque parece que el opúsculo no fue presentado y puesto a la venta hasta enero de 1862:

«A la Excma. Sra. Condesa de Espoz y Mina. La dedicatoria de este escrito hecha por una persona que V. no conoce, no puede tener el valor de una prueba de afecto dada por un ser querido. Acéptela V. como una bendición más, como un homenaje respetuoso y sincero, de esos que sólo la virtud merece, y recibe de Concepción Arenal.» (La beneficencia..., pág. 3.)

«Obra nueva. El señor don Laureano Figuerola se propone publicar una obra con el título de Filosofía del trabajo, de cuyo mérito hace el señor Gómez de Laserna las mayores alabanzas en la Memoria leída el domingo en la Academia de ciencias morales y políticas. En dicho día fue premiada una Memoria de nuestra distinguida amiga doña María de la Concepción Arenal de García de Carrasco, que ha honrado muchas veces con sus notables escritos las columnas de La Iberia, y que a un profundo talento une una vasta instrucción, sobre el siguiente tema: "Reseña histórica de la beneficencia en España, principios que convendrá seguir para enlazar la caridad privada con la beneficencia pública; hasta dónde debe extender su acción el Estado, las asociaciones colectivas y los particulares; medios de poner en armonía esta acción respectiva, fundándola en la economía social y en el sentimiento moral y religioso."« (La Iberia, diario liberal, Madrid, sábado 18 de enero de 1862, pág. 3, col. 5.)

«La Beneficencia, la Filantropía y la Caridad. Memoria premiada por la real Academia de ciencias físicas [sic], morales y políticas en el concurso de 1860, escrita por la señora doña Concepción Arenal de García Carrasco. Su precio 10 rs. en rústica. (...) Se venden en la librería de Sánchez, calle de Carretas, núm. 21.» (La Esperanza, periódico monárquico, lunes 3 de febrero de 1862, pág. 4.)

«La Beneficencia, la Filantropía y la Caridad. Obra premiada por la Real Academia de ciencias morales y políticas. Su autora doña Concepción Arenal. Véndese a 10 rs. en las librerías de Durán, Carrera de San Gerónimo; Sánchez, calle de Carretas y la Publicidad, Pasaje de Matheu.» (El clamor público, periódico del partido liberal, miércoles 7 de mayo de 1862, pág. 4.)

«La Beneficencia, la Filantropía y la Caridad. Obra premiada por la Real Academia de ciencias morales y políticas. Su autora doña Concepción Arenal. Véndese a 10 rs. en las librerías de Durán, Carrera de San Gerónimo; Sánchez, calle de Carretas y la Publicidad, Pasaje de Matheu.» (La Esperanza, periódico monárquico, jueves 8 de mayo de 1862, pág. 4.)

En 1863 acepta Santiago Masarnau que se publique el Manual de 'El visitador del pobre' a expensas de la Sociedad de San Vicente de Paul (en la imprenta de Gabino Tejado, Madrid 1863, 308 págs.). Armónicamente recibe Concepción Arenal el nombramiento de visitadora de prisiones de mujeres, con destino en la Coruña, cargo que incluía derecho a vivienda. Se traslada de Potes a la Coruña, donde conoce personalmente a Juana María de Vega, condesa viuda de Espoz y Mina (recuérdese que Ángel Arenal, padre de Concepción, había colaborado con su marido cuando el trienio), viceprotectora de establecimientos benéficos de Galicia, y entrambas se entabla una simbiosis colaboradora en pro de las reformas sociales y penitenciarias: organizan el Patronato de Señoras para la visita y enseñanza de los presos; cuando enferma en 1865 reposará en la quinta de la condesa, &c. En 1864 el ex presidente del Consejo de Ministros y diputado liberal Salustiano de Olózaga presenta un informe a la RACMP, suscitado por el libro «escrito por la señora Doña Concepción Arenal de García Carrasco», en el que puede leerse:

«Para que los Sres. Académicos que no hayan leído todavía el Visitador del pobre puedan formarse alguna idea de cómo va en él unida la profundidad y la originalidad del pensamiento con la ternura y delicadeza del sentir, y aquella difícil facilidad de expresar todo lo que se siente, deben recordar aquella lucha de nuestra razón excitada por la curiosidad cuando leíamos y discutíamos privadamente una Memoria sobre la Beneficencia y la Caridad que de tal manera aventajaba a todas las que se presentaron sobre el mismo tema, que ninguno de nosotros pudo dudar ni un instante que estaba destinada a alcanzar el primer premio. ¿Quién habrá sido capaz, nos decíamos unos a otros, de escribir esto? Tal pensamiento prueba que es un gran filósofo, tal observación es propia de un hombre de Estado, tal conocimiento del mundo sólo puede haberlo adquirido un anciano que lo haya contemplado desde las más diversas posiciones de la vida; pero ciertos pormenores en que un hombre no repara, ciertas pequeñeces que no alcanza nuestra vista, y sobre todo un sentimiento tan vivo, tan penetrante y delicado, y una ternura tan natural, tan dulce y tan encantadora revelan el gusto y el corazon de una mujer. Y en efecto era una mujer, que ha venido a probarnos que es posible, aunque en todos tiempos y en todas las naciones sea más o menos raro, que una mujer alcance las dotes, por decirlo así, más varoniles del vigor de entendimiento de los hombres superiores, mientras que todavía no ha existido, o al menos yo no he conocido hombre ninguno, que usurpe a las mujeres ese tesoro de bondad, de sensibilidad, de compasión, de amor, de ternura, de delicadeza, de modestia, de abnegación y de todas las virtudes que envuelven en sus pliegues sus hermosos corazones. Pues aquella mezcla de tan opuestas cualidades que tanta maravilla os causaba, Sres. Académicos, cuando nos era desconocido el autor de la Memoria que deseábais premiar, la hallareis ahora del mismo modo en el nuevo libro de nuestra laureada escritora. No podemos ya gozar del placer de la sorpresa, pero podemos abandonarnos a otro que debe satisfacer más a la Academia. El Visitador del pobre, que está destinado a producir tantos bienes, es hijo de la Memoria que premiamos y la Memoria del Concurso que abrimos. Nuestra buena intención ha tenido también su premio, mayor sin duda de lo que merecíamos y de lo que nos prometíamos ciertamente. Y para daros, como dicen los franceses, un avant goût de lo que después habéis de juzgar a vuestro sabor, y en prenda de la seguridad que como pocas veces tengo en mi opinión aunque más seguro estoy de que vosotros sabreis escoger otros fragmentos que justifiquen mejor las dotes de que os he hablado, permitidme que llame vuestra atención sobre la sentida y breve dedicatoria del libro "a las hijas de San Vicente de Paul," y después de aquellas palabras tan sencillas, tan humildes, ved las que consagra al dolor en el capítulo primero.» (págs. 16-17.)

Concepción Arenal se va a convertir en publicista y ejecutora de iniciativas sociales urdidas y financiadas por ministros, condesas y clérigos avanzados, conscientes del agotamiento inmovilista de la derecha primaria tradicional. El 15 de marzo de 1870 aparece La Voz de la Caridad, publicación quincenal que colaboró a fundar y había de dirigir durante once años, dedicada a los estudios penitenciarios y de beneficencia, y en la que llegó a escribir casi medio millar de artículos. Figuraba inicialmente como único redactor Antonio Guerola. En la puesta en marcha de La Voz de la Caridad intervinieron decisivamente dos personas: la Condesa viuda de Espoz y Mina y el entonces todavía presbítero católico Fernando de Castro, infectado de krausismo y rector de la Universidad de Madrid:

«La Voz de la Caridad debe quizás su existencia a la Condesa de Mina. Ella y otra persona que aún vive fueron las primeras que tuvieron fe en nuestra empresa y le dieron protector impulso, entregando generosamente los primeros fondos para empezar. Además, la condesa ofreció costear todo lo que faltase para el primer semestre del periódico, si no bastaba la suscripción: felizmente bastó y no fue preciso utilizar este amplio ofrecimiento.» (La Voz de la Caridad, nº 56, Madrid, 1 de marzo de 1872, pág. 118.)

«Hubo dos personas que dieron fondos con que empezó a publicarse La Voz de la Caridad, y ofrecieron más por el tiempo que pareciera demasiado necesario hasta que el periódico viviera por sí, o se adquiriera el convencimiento de que no podía sostenerse. Estas dos personas eran la señora condesa de Espoz y Mina, que ha muerto hace tiempo, y el señor don Fernando de Castro, que acaba de morir. La Voz de la Caridad le debe un recuerdo de gratitud como a uno de sus fundadores y como a quien ha cooperado eficazmente a cuantas obras buenas ha intentado o podido realizar: pertenecía dos decenas: no faltaba su limosna para los pobres que tenían frío, los heridos recibieron también su socorro, y nunca le contamos una lástima que no procurara consolarla, ni le comunicamos un pensamiento benéfico sin que le hiciera suyo: moribundo estaba cuando recordó que era día de decena, y mandó la limosna de las dos que formaba parte. A nosotros no nos toca juzgarle, sino hacerle justicia como hombre caritativo, y sentir su muerte como la de un buen amigo de los pobres y nuestro.» (La Voz de la Caridad, nº 101, Madrid, 15 de marzo de 1874, pág. 67.)

La caritativa institución de las decenas, en la que al parecer tanto se aplicaba el ex clérigo krausista, estaba inspirada directamente en Francia, como otra iniciativa más para ir parcheando la desequilibrada sociedad burguesa y procurar alejar cualquier peligroso desenlace revolucionario:

«No tenemos oficinas ni empleados: no hay más gastos que los de imprenta, cobranza, repartidor y correo. Los productos se destinan a socorrer familias pobres, según se ve en las cuentas semestrales que en la misma Revista publicamos. Nuestra suscripción, apreciabilísima para nosotros y nunca por nosotros bastante agradecida, es sin embargo escasa: se reduce a un millar de benévolos lectores. (...) Nuestro afán se reduce a popularizar todas las cuestiones relativas a la situación de los pobres y de los encarcelados, procurando despertar el interés y la simpatía hacia esas dos clases infortunadas de la sociedad. (...) Importamos de Francia la sencilla institución del Patronato de los Diez, que en París se llama Obra de las Familias. Se reduce a unas agrupaciones de diez personas cada una que se encargan de mantener, cuidar y proteger en cuanto puedan a una familia pobre y desamparada. También hemos establecido un taller de caridad, es decir, una reunión semanal donde cierto número de señoras cosen ropas para los pobres. Este taller tiene una sucursal, y para él hemos recibido muchos donativos de ropas tan buenas que no necesitan entrar en él.» (La Voz de la Caridad, nº 68, Madrid, 12 de enero de 1873, págs. 305-306.)

Concepción Arenal envió memorias a los Congresos penitenciarios de Estocolmo (1878), Roma y San Petersburgo (1890), congresos que telegrafiaron a la autora felicitándola por sus estudios y lamentando su ausencia física. En 1872, también con la Condesa de Espoz y Mina, que fallece ese mismo año, interviene en la creación de «La Constructora Benéfica», al objeto de edificar casas baratas para esos pobres obreros infelices, a partir de un donativo europeo de la condesa Kransinski. Entre 1868 y 1873 desempeñó el cargo de inspectora de Casas de Corrección de Mujeres. El 15 de junio de 1873 La Voz de la Caridad pide ayuda para continuar la publicación, un «Último esfuerzo» que firman Micaela de Silva, Emilia Mijares de Real, Pilar Tornos, Concepción Arenal, Carlos María Perier, el conde de Ripalda, Fermín Caballero, Manuel Polo y Peyrolón, Eduardo Zamora y Caballero, Rafael Atard, y Antonio Guerola. En enero de 1874 La Voz de la Caridad fue declarada órgano oficial de la Sección de Señoras de la Cruz Roja de Madrid. La Sección nacional de Señoras de la Cruz Roja la dirigía desde su fundación Ángela Pérez de Barradas y Bermuy, duquesa viuda de Medinaceli, ocupando la propia Concepción Arenal la secretaría general. En el artículo «La Cruz Roja sujeta a una ruda prueba» (La Voz de la Caridad, nº 92, 1 de enero de 1874, pág. 26) se ve obligada a defender a la Cruz Roja del rastro masónico atribuido a sus fundadores ginebrinos, a los que se acusaba «de formar, con pretexto de caridad, una asociación masónica y antirreligiosa, sirviendo el socorro a los heridos de pretexto para la propaganda de malas doctrinas». Para que nada faltara, en 1876 el director de La Voz de la Caridad, Antonio Guerola, inició una sostenida campaña contra las corridas de toros, que hasta recibió un premio de una Asociación Protectora de Animales de Cádiz.

En 1871 comenzó a publicar Concepción Arenal en La Voz de la Caridad sus «Cartas a un obrero», que tanto éxito hubieron de tener entre la derecha liberal aterrorizada ante la expansión de la Asociación Internacional de Trabajadores (la Primera Internacional actuaba en Madrid desde 1868). Ese mismo año de 1871, tras la Comuna de París, el propio Lafargue, yerno de Carlos Marx se estableció en Madrid, &c. El lector se divertirá mucho más al leer el siguiente fragmento una vez sepa que el 8 de marzo de 2002, en el Ferrol, para celebrar el día de la mujer trabajadora, representantes de los sindicatos de clase UGT y CCOO, de forma conjunta y armoniosa, realizaron una ofrenda floral ante el monumento a Concepción Arenal –no nos consta si entonces entonaron La Internacional–:

«De la Internacional. Apreciable Juan: Por lo que te he dicho hasta aquí, habrás podido comprender: Que no debes recurrir a la violencia. Que está más interesado en el orden el pobre que el rico. Que el estado de pobreza es la condición de la humanidad, con raras excepciones. Que la pobreza no es un mal. Que el mal grave, terrible, el que debemos combatir con todas nuestras fuerzas, es la miseria. Que la miseria es efecto de muchas y muy complejas causas: y habiendo enumerado las principales, hemos podido persuadirnos que tienen raíces profundas, grandes ramificaciones, y que ne se combaten sino elevando el nivel moral e intelectual de la sociedad, de modo que tú, yo y todos, seamos mejores y más ilustrados; porque querer reformar las cosas sin que se reformen las personas, es, de todos los sueños, el más absurdo. Ha llegado el momento de que discutamos el sistema que te proponen como remedio de tus males, sistema reducido a trastornar completamente el orden actual, a derribar todo lo que existe, a crear una sociedad que en nada se parezca a la sociedad en que vivimos. [...]
Al empezar a tratarla, tenemos que pronunciar un nombre alarmante, terrible, que horripila, La Internacional. Este nombre despierta temores y esperanzas, iras y odios; representa crímenes y desastres, tempestades y abismos. Al tratar de La Internacional, parece que sean cosas imposibles la imparcialidad y la templanza, y diríase que es preciso que la discusión tenga lo que se llama armonía imitativa, que haya de ser apasionada y violenta, y que los argumentos todos han de tener un tinte siniestro, como el reflejo de la tea incendiaria. Nosotros no hemos de discutir así, Juan, sino tranquilamente, sin prevención de ningún género, sin negar justicia a nadie, ni perdón al que lo necesite; sin rencor para ninguno, con amor para todos; teniendo por impulso el deseo del bien, por norte la verdad; no alumbrados por vislumbres rojizos, sino por la luz clara del sol, que alumbra a grandes y a pequeños, que sale para justos y pecadores.
Yo sé que perteneces a La Internacional, pero sé también que por eso no dejas de ser mi hermano, hijo, como yo, del Padre Celeste. Porque seas de esa sociedad, no creo que seas un malvado, un monstruo, una fiera, porque no creo que cientos de miles de malvados puedan asociarse y entenderse en las naciones de Europa, civilizadas y cristianas. Creo que eres un hombre honrado, que profesas errores que deseo combatir; no me inspiras, pues, ni horror ni desprecio.» (Carta veintidós, LVC, nº 51, 15 abril 1872).

En 1875 vive en Gijón, donde su hijo Fernando García Arenal es ingeniero director de las obras del puerto. En 1876 se presenta al certamen literario convocado en Orense para conmemorar el segundo centenario del natalicio de Feijoo, pero tras consulta con el mismísimo Claustro de la Universidad de Oviedo, el premio al mejor estudio crítico sobre las obras del gran benedictino es concedido a Emilia Pardo Bazán, publicando Concepción Arenal a partir de marzo de 1877, en Revista de España, su «Juicio crítico de las obras de Feijoo», con este sumario:

Concepción Arenal, «Juicio crítico de las obras de Feijoo», 1876
Introducción.
Capítulo primero. Idea general de las obras de Feijoo
Capítulo II. Filosofía
Capítulo III. Religión
Capítulo IV. Moral
Capítulo V. Derecho penal
Capítulo VI. Derecho político. Administración. Economía social
Capítulo VII. Ciencias matemáticas, y de la naturaleza
Capítulo VIII. Enseñanza
Capítulo IX. Historia
Capítulo X. Poesía. Bellas artes
Capítulo XI. El hombre
Conclusión.

En 1880 la Editorial Vizcaína de Bilbao publica los dos volúmenes de La cuestión social, obra conformada por las cartas a un obrero y las inéditas cartas a un señor. Arenal firma en Gijón, el 4 de junio de 1880, su dedicatoria a Tomás Pérez González [fundador en 1878 de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Ávila] (los veranos los pasaba en Cabueñes, en la finca de Gumersindo Cifuentes, donde al parecer en algún momento coincidió con Gumersindo Azcárate). El inicio de la advertencia de esta obra, firmado en Madrid el 28 de marzo de 1880, no puede ser más transparente:

«Allá, por el año de 1871, cuando el pueblo, porque estaba armado, se creía fuerte; cuando fermentando en su seno pasiones y errores, tenía predisposición a abusar de la fuerza, y abusaba de ella alguna vez; cuando daba oídos a palabras engañosas que señalaban como remedio de sus males lo mismo que debía agravarlos; cuando, en fin, la cuestión social se trataba por muchos que no la comprendían o que la extraviaban de propósito, dirigiéndose a masas ignorantes, apasionadas y poco dispuestas a escuchar a los que pretendían llevarlas por buen camino, nos pusimos al lado de estos últimos, publicando en La Voz de la Caridad las Cartas a un obrero. En ellas tratamos la cuestión social dirigiéndonos solamente a los pobres, diciéndoles algunas cosas que debían saber e ignoraban, y procurando desvanecer errores y calmar pasiones entonces muy excitadas. Se concluyó la publicación de las Cartas a un obrero, y poco después concluyó también el ilusorio poder de las masas, a quienes se quitó el cetro de caña; las multitudes volvieron a guardar silencio, y no se oyeron más voces que las de mando. Entonces quise elevar la mía, aunque débil; quise considerar otra fase de la cuestión social; quise decir lo que entendía ser la verdad a los ricos, como se la había dicho a los pobres, y escribí las Cartas a un señor. Como las del obrero, debían, a mi parecer, publicarse en La Voz de la Caridad; mas no opinaron lo mismo mis compañeros de redacción, los cuales expusieron varios y graves inconvenientes que resultarían de que vieran la luz en aquella Revista. Por razones que no es del caso manifestar, creí que debía conformarme con el parecer de la mayoría, y guardó el manuscrito: de esto hace unos cinco años. Si tenía alguna oportunidad en aquella fecha, la conserva por desgracia, e imprimiéndose en forma de libro, no podrá atraer ningún anatema sobre la humilde publicación a que estaba destinado.»

En 1884 muere su hijo Ramón, militar que había estado en Cuba, y en 1889 se traslada a vivir con su hijo Fernando a Vigo, donde fallece el día 4 de febrero de 1893.

Concepción Arenal Ponte 1820-1893 Una vez fallecida comenzó muy pronto la reivindicación de su persona y lo que había significado su labor. El Ateneo de Madrid dedica ese mismo año tres sesiones a honrar su memoria; en 1894 se inaugura en Orense una estatua suya erigida por suscripción popular; ese mismo año de 1894 el librero Victoriano Suárez inicia la publicación de sus Obras completas, que ocupan 23 volúmenes, varios de los cuales conocieron sucesivas reediciones, influyendo sus escritos mucho más tras su muerte que en vida. El recuerdo de Concepción Arenal se cultiva desde distintos frentes: el 30 de diciembre de 1925, por ejemplo, el Partido socialista monárquico obrero Alfonso XIII organiza en Barcelona una velada en su honor; en 1933 uno de los Cuadernos de Cultura publicados por el anarquista Marín Civera fue dedicado a Concepción Arenal: heterodoxa, liberal, libreprensadora, hereje, firmado por el creativo masón Matías Usero Torrente; incluso la efímera y burguesa República Española dedicó en 1934 un sello de correos de quince céntimos a Concepción Arenal. En el presente es frecuente observar cómo se identifica la persona de Concepción Arenal con el nacimiento del feminismo en España, en otras variedades, del feminismo católico español, y cómo de forma ideológica, más o menos ingenua o interesada, se procura vincular el nombre de Concepción Arenal al krausismo y al institucionismo más de lo que en realidad le corresponde. De cualquier modo, en nuestros días, al menos ya no se mantiene ante Concepción Arenal la displicente actitud misógina de un Marcelino Menéndez Pelayo, y eso que él y su amigo Gumersindo Laverde se interesaron mucho por Arenal cuando la creían montañesa, ya totalmente inoculados del alucinante y reaccionario virus reivindicador regionalista sobre el que fue cuajando el delirante secesionismo identitario que sufre hoy España.

Marcelino Menéndez Pelayo y Gumersindo Laverde tratan de Concepción Arenal

«Notable me ha parecido también la oda de Concepción Arenal al príncipe de Asturias, inserta en uno de los citados números [de la Revista de Asturias].» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Madrid, 5 noviembre 1874, MPEP 1:143.)

«Me han asegurado con insistencia personas a quienes supongo bien informadas que Concepción Arenal nació en Potes, y es por tanto escritora montañesa. ¿Sabe vd. algo sobre este punto? Me he convencido plenamente de que Fr. Antonio de Guevara nos pertenece.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Santander, 16 abril 1876, MPEP 2:6.)

«Tambien yo estaba en la creencia de que D.ª Concepción Arenal era lebaniega; pero ella misma me sacó de mi error, diciéndome ser hija del Ferrol, cuando la pedí, años há, su colaboración para el Almanaque de Las dos Asturias. Será oriunda de Potes probablemente, y de ahí el suponerla natural de aquella villa.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Valladolid, 18 abril 1876, MPEP 2:7.)

«En la Revista de España ha empezado a publicar D.ª Concepción Arenal un juicio crítico de las obras del P. Feijoo, que habrá de constar de ocho o diez capítulos. A juzgar por el comienzo, será lo mejor que sobre nuestro sabio benedictino se há escrito, si bien me hacen no tenerlas todas conmigo ciertas puntas de libre-pensadora que asoma dicha literata.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Santiago, 20 marzo 1877, MPEP 2:159.)

«He leído parte del juicio acerca de Feijóo por D.ª Concepcion Arenal, admirándome del sin número de herejías y desatinos que allí hay, y de la ignorancia completa en que está de la ciencia española anterior y coetánea á Feijóo. A esa pobre Sra. la sorbieron el seso los Krausistas. Lo peor es que tiene talento, y acierta alguna vez, dando a Feijóo más importancia que la que le han concedido sus anteriores críticos. ¿Ha hablado de la parte Estética? Tentaciones me han venido de refutar casi en todas sus partes dicho estudio, pero me ha detenido la consideracion de ser mujer la autora, y no estar obligada á acertar cuando tantos ilustres varones yerran.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Santander, 21 junio 1877, MPEP 2:189.)

«No veo inconveniente en que, al contestar a Pidal y Vidart, impugne V. a Zugasti y a D.ª Concepción Arenal, tratanto a esta, en particular, con toda cortesía y dorándole la píldora con elogiar su gran talento y sus aciertos. No hé visto, hasta ahora, que diga nada de la Estética de Feijóo: acaso más adelante hable de ella.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Otero de Rey, 23 junio 1877, MPEP 2:190.)

«Muy singular me parece la tardanza de Pidal en responder a mis cartas. Tampoco Perojo ha dicho palabra en los dos últimos números de su Revista. Quisiera desocuparme un poco, para dar unos cuantos alfilerazos a Vidart, Concepción Arenal &.» (Marcelino Menéndez Pelayo a Gumersindo Laverde, Santander, 8 julio 1877, MPEP 2:200.)

«Ya ha salido a luz el Juicio de las Obras del P. Feijoo, escrito por la coruñesa Emilia Pardo Bazán y premiado por el jurado del centenario del ilustre benedictino en Orense. Cuéntase que los votos estuvieron divididos, inclinándose la mitad de los jueces (los liberales) a favor de otra memoria (que según parece es la que luego publicó en la Revista de España la ferrolana D.ª Concepcion Arenal), y que designada para dirimir el conflicto la Universidad de Oviedo, esta sentenció en pró de la Emilia, cuyo trabajo no conozco, aunque creo bien que, aparte la mayor pureza de doctrina, no cederá en valor literario al de su competidora. Dudo que ninguna comarca de España posea hoy dos polígrafas de la talla de estas gallegas.» (Gumersindo Laverde a Marcelino Menéndez Pelayo, Otero de Rey, 25 julio 1877, MPEP 3:121.)

«Otro estudio hay acerca de Feijóo, y de pésimo espíritu por cierto, publicado en la Revista de España por D.ª Concepción Arenal. Mucho habría que decir de él; pero... respetemos la filosofía con faldas.» (Marcelino Menéndez Pelayo, Historia de los Heterodoxos españoles [1882], Edición Nacional, 1948, tomo 5, pág. 96.)

Algunas otras menciones a Concepción Arenal por orden cronológico

«(...) fue una mujer de talento y condiciones verdaderamente excepcionales, como lo atestigua el hecho de que la Asociación Howard de Londres para la reforma de las prisiones, al dirigirse a ella nombrándola socio correspondiente, empieza la carta con la palabra Sir creyéndola varón: tan cierto es que sus obras no parecen fruto de un cerebro femenino. (...)» (Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana, José Espasa e Hijos, Barcelona 1909, tomo 6, pág. 27, s. v.)

«El partido socialista monárquico obrero «Alfonso XIII», delegación del distrito X, celebrará, en su local social (Clot, núm. 121, bar Bristol), el día 30, a las diez de la noche, una velada en honor y recuerdo de doña Concepción Arenal. Tomarán parte en el acto los señores Elías Miró, José Raurell y el jefe del partido don José Ferrando.» (La Vanguardia, año XLIV, nº 19.301, Barcelona, martes 29 de diciembre de 1925, pág. 9.)

«Errónea filosofía krausista es la que concretada en el «Correccionalismo penitenciario», de Roeder, el discípulo, sirvió la Escuela de Criminología. Error y exotismo mediocre, cuando sin salir de la Patria nuestra pudo hallarse la verdad. Que los nombres clásicos de Bernardino de Sandoval, de Cerdán de Tallada, de Cristóbal de Chaves, de Sor Magdalena, de San Jerónimo, y, más cerca de nuestros días, los de Montesinos y Concepción Arenal, son lo sobradamente prestigiosos para formar con ellos el arranque de una escuela penitenciarista sólidamente científica, hondamente cristiana y castizamente española.» (José Guallart y López de Goicoechea, La Escuela de Criminología, en Una poderosa fuerza secreta. La Institución Libre de Enseñanza, Editorial Española, San Sebastián 1940, pág. 205.)

«Arenal, María Concepción del. Natural de El Ferrol, casada con D. Fernando García Carrasco, natural de Mérida. Tuvo un hijo llamado Fernando Ángel Augusto Rafael, que nació el 29 de octubre de 1850 en la calle de Alcalá. Fueron sus abuelos paternos D. José, natural de Don Benito (Badajoz), y Dª Micaela Carrasco, natural de Higuera la Real, y los abuelos maternos D. Ángel, natural de Aramano (Santander) y Dª María de la Concepción Ponte, natural de El Ferrol (79 Baut. fol 78 vto.). En 7 de junio de 1851 murió una hija llamada María de la Concepción, de 28 meses de edad (45 Dif. fol 112 vto).» (Matías Fernández García, Parroquia madrileña de San Sebastián: algunos personajes de su archivo, Caparrós Editores, Madrid 1995, pág. 25.)

Bibliografía sobre Concepción Arenal Ponte

1864 Salustiano de Olózaga, De la beneficencia en Inglaterra y en España. Informe leído por el Excmo. Señor don Salustiano de Olózaga en la Academia de Ciencias Morales y Políticas, y publicado por acuerdo de la misma, Imprenta Nacional, Madrid 1864, 61 págs. (las páginas 55-61 ofrecen «El amor filial. Romance por la señora doña Concepción Arenal».)

«La Academia me ha honrado con el encargo de examinar el Manual del Visitador del pobre, escrito por la señora Doña Concepcion Arenal de García Carrasco, y como haya cierta analogía en el asunto, no en la forma, entre este interesante libro y otro titulado The Charities of London, que hace algun tiempo pasó tambien la Academia a mi exámen, diré primero algunas palabras sobre el Manual inglés, y comparándolo después con el español, más bien que un informe prolijo sobre el contenido de uno y otro libro, que acaso no lo consiente por diversos motivos la índole de ninguno de los dos, presentaré a vuestra consideración los hechos principales que deben examinarse con ánimo imparcial para conocer el verdadero estado de la Beneficencia pública en España y en Inglaterra, y más particularmente en sus respectivas capitales.» (página 3.)

1907 Francisco Mañach, Concepción Arenal, la mujer más grande del siglo XIX, Imprenta de Juan A. Alsina, Buenos Aires 1907, 268 págs.

1914 Julio Alarcón Meléndez S. J., Una celebridad desconocida. Concepción Arenal, Razón y Fe, Madrid 1914, 218 págs.

1919 Alfonso de Mas (pseudónimo de Antonia Monasterio de Alonso Martínez), Homenaje a Concepción Arenal en el año centenario de su nacimiento. Diez cartas escritas por doña Concepción Arenal a mi buen padre Jesús de Monasterio, Tipografía de Calatrava, Salamanca 1919, 49 págs.

1920 Rafael Salillas, Inspiradores de doña Concepción Arenal, Conferencia pronunciada en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, Editorial Reus, Madrid 1920, 48 págs.

1926 René Eugène Gabriel Vaillant, Concepción Arenal [en francés], Instituto de las Españas en los Estados Unidos, Columbia University Press, Nueva York 1926 [impreso en Francia], 194 págs.

1932 José María de Cossío, «Noticia de don Manuel de la Cuesta y sus versos», Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo, 1931-1932, extra 2, págs. 446-537 (Apéndice II: «Cartas de doña Concepción Arenal a Don Manuel de la Cuesta», págs. 502-505, son cinco cartas de Arenal a su tío Manuel de la Cuesta, escritas en 1839-1840).

1933 Matías Usero Torrente, Concepción Arenal: heterodoxa, liberal, libreprensadora, hereje, Cuadernos de Cultura, nº 79, Valencia 1933, 55 págs.

1936 Manuel Casas Fernández, Concepción Arenal. Su vida y su obra. Personalidad y apostolado de la ilustre pensadora. La cuestión social. Socialismo y comunismo. Intervencionismo. Caridad y justicia. Deberes de la riqueza. Pedagogía social. Patria y Religión. La guerra y el Derecho de gentes. Solidaridad social, Librería General de Victoriano Suárez, Madrid 1936, 287 págs.

1939 Clara Campoamor, El pensamiento vivo de Concepción Arenal, Losada (Biblioteca del pensamiento vivo, nº 23), Buenos Aires 1939, 228 págs.

1942 Juan Antonio Cabezas, Concepción Arenal o el sentido romántico de la justicia, Espasa Calpe (Vidas españolas e hispanoamericanas del siglo XIX, nº 59), Madrid 1942, 228 págs.

1950 Manuel Casas Fernández, Concepción Arenal y su apostolado. Ideal de una justicia humanitaria (doctrinal, moral y jurídico de la insigne pensadora), Edición patrocinada por la Excelentísima Diputación Provincial de La Coruña, Victoriano Suárez, Madrid 1950, 251 págs.

1973 María Campo Alange [María de los Reyes Laffite Pérez de Pulgar, condesa viuda de Campo-Alange], Concepción Arenal, 1820-1893. Estudio biográfico documental, Revista de Occidente, Madrid 1973, 403 págs.

2003 «La Voz de la Caridad, la revista de Concepción Arenal», en Josep Carles Clemente & Juan Francisco Polo, La prensa humanitaria en la España contemporánea (1870-1989), Editorial Fundamentos, Madrid 2003, págs. 21-52.

Bibliografía de Concepción Arenal Ponte

1861 La beneficiencia, la filantropía y la caridad (Memoria premiada por la RACMP en el concurso de 1860), Colegio de sordomundos y de ciegos, Madrid 1861, 123 págs.

1861 Apelación al público de un fallo de la Real Academia Española. Poema presentado a la misma en el último certámen extraordinario [«España en África»], Imprenta Anoz, Madrid 1861, 58 págs.

1863 Manual de 'El Visitador del Pobre', 2ª ed., Imprenta de Tejado, Madrid 1863, 308 págs.

1869 A los vencedores y a los vencidos, Imprenta Las Novedades, Madrid 1869, 35 págs.

1877 «Juicio crítico de las obras de Feijoo», Revista de España, Madrid 1877, décimo año, tomo LV (marzo-abril 1877), nº 217 (13 marzo), págs. 110-117; nº 218 (28 marzo), págs. 187-224 [numerada 226 por error]; nº 219 (13 abril), págs. 398-410; tomo LVI (mayo-junio 1877), nº 223 (13 junio), págs. 348-365; y tomo LVII (julio-agosto 1877), nº 226 (28 julio), págs. 174-201.

1877 Las colonias penales de la Australia y la pena de deportación (Memoria premiada por la RACMP), Imp. Eduardo Martínez, Madrid 1877, 101 págs.

1878 Manual de el Visitador del Pobre, Compañía de Impresores y Libreros, Madrid 1878, 308 págs.

1879 Ensayo sobre el Derecho de gentes, Introducción de Gumersindo de Azcárate, Biblioteca Jurídica de Autores Españoles, nº 4, Imprenta de la Revista de Legislación, Madrid 1879, XLIV+309 págs.

1880 Cuadros de la guerra carlista, Imprenta de La Propaganda Literaria, Ávila 1880, 228 págs.

1880 La cuestión social, Editorial Vizcaína, Bilbao 1880, 2 tomos, 461 y 380 págs. Tomo 1: Cartas a un obrero. Tomo 2: Cartas a un señor.

1881 La instrucción del pueblo, Tip. Guttenberg, Madrid 1881, 177 págs.

1894-1913 Obras completas, Librería de Victoriano Suárez, Madrid 1894-1923, 23 volúmenes. Tomo 1, 1894, 246 págs.: El visitador del pobre (1860). Dedicado a las hijas de San Vicente de Paul. Tomo 2, 1894, 244 págs.: La beneficencia, la filantropía y la caridad (1861). Tomo 3, 1894, 443 págs.: Cartas a los delincuentes (1865). Tomo 4, 1895, 290 págs.: La mujer del porvenir (1861). La mujer de su casa (1881). Tomo 5, 1895, 304 págs.: Estudios penitenciarios 1. Tomo 6, 1895, 394 págs.: Estudios penitenciarios 2. Tomo 7, 1895, 505 págs.: La cuestión social 1. Cartas a un obrero (1871). Tomo 8, 1895, 442 págs.: La cuestión social 2. Cartas a un señor (1875). Tomo 9, 1895, 540 págs.: Ensayo sobre el derecho de gentes (1879). Tomo 10, 1895, 336 págs.: Las colonias penales de la Australia y la pena de deportación (1877). A todos (1869). Examen de las bases aprobadas por las Cortes para la reforma de las prisiones (1869). La cárcel llamada Modelo (1877). Tomo 11, 1896, 370 págs.: La instrucción del pueblo (1878). Observaciones sobre la educación física, intelectual y moral de Herbert Spencer (1882). La instrucción del obrero (1892). La educación de la mujer (1892). Tomo 12, 1896, 285 págs.: El derecho de gracia ante la justicia (1880). El reo, el pueblo y el verdugo, o la ejecución pública de la pena de muerte (1867). El delito colectivo (1892). Tomo 13, 1896, 258 págs.: El visitador del preso (1891). Tomo 14, 1896, 266 págs.: Informes presentados en los congresos penitenciarios de Estocolmo (1878), Roma, San Petersburgo (1890) y Amberes. Tomos 15 y 16, 1897, 430 y 419 págs.: El pauperismo (1885). Tomo 17, 1898, 282 págs.: Memoria sobre la igualdad social y política y sus relaciones con la libertad (1862, revisado en 1876 y 1892). Tomo 18, 1900, 568 págs.: Artículos sobre beneficencia y prisiones, vol. 1. Tomo 19, 1900, 552 págs.: Artículos sobre beneficencia y prisiones, vol. 2. Tomo 20, 1900, 470 págs.: Artículos sobre beneficencia y prisiones, vol. 3. Tomo 21, 1901, 555 págs.: Artículos sobre beneficencia y prisiones, vol. 4. Tomo 22, 1901, 549 págs.: Artículos sobre beneficencia y prisiones, vol. 5. Tomo 23, 1913, 211 págs.: Cuadros de la guerra (1874).

1993 Obras completas, Estudio preliminar de Carmen Díaz Castañón, 2 vols., Biblioteca de Autores Españoles, nº 302 y 303, Atlas, Madrid 1993, CXVI+148 y 392 págs. Tomo I: El visitador del pobre, La Beneficencia, La Filantropía y la Caridad. Tomo II: Cartas a un obrero. Cartas a un señor.

Textos de Concepción Arenal Ponte en el Proyecto Filosofía en español

1857 El periodista · Lengua Universal de D. Bonifacio Sotos Ochando

1861 La beneficencia, la filantropía y la caridad

1877 Juicio crítico de las obras de Feijoo: Introducción · 1. Idea general de las obras de Feijoo · 2. Filosofía · 3. Religión · 4. Moral · 5. Derecho penal · 6. Derecho político. Administración. Economía social · 7. Ciencias matemáticas, y de la naturaleza · 8. Enseñanza · 9. Historia · 10. Poesía. Bellas artes · 11. El hombre · Conclusión.

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