Luis Büchner
 
1824-1899

Luis Büchner (1824-1899)Médico y filósofo alemán (nacido y muerto en Darmstadt, 1824-1899) que, junto con Jacobo Moleschott y Carlos Vogt, es una de las figuras más significativas del materialismo monista de la segunda mitad del siglo XIX. Sus libros conocieron una amplia difusión hasta bien entrado el siglo XX, siendo traducidos a las principales lenguas, en particular Fuerza y materia. Estudios populares de historia y filosofía naturales (1855 Kraft und Stoff). Entre sus otras obras: Naturaleza y espíritu (1857 Natur und Geist), De la naturaleza y de la ciencia (1862 Aus Natur und Wissenschaft), Seis lecciones sobre la teoría darwiniana (1868 Sechs Vorlesungen über die Darwinsche Theorie), El puesto del hombre en la naturaleza (1869 Der Mensch und seine Stellung in der Natur), La vida futura y la ciencia moderna (1889 Das künstige Leben und die moderne Wissenschaft), La teoría darwiniana (1890 Die Darwinsche Theorie), Lo ajeno y lo propio de la vida espiritual del presente (1890 Fremdes und Eignes aus dem geistigen Leben der Gegenwart), Darwinismo y socialismo (1894 Darwinismus und Sozialismus).

Llama la atención el manifiesto racismo que destila Friedrich Carl Christian Ludwig Büchner. Sirva un ejemplo de los muchos que se pueden encontrar en Fuerza y materia:

«Las diferencias corporales e intelectuales de las razas humanas entre sí, son generalmente conocidas, por lo cual hablaremos poco de ellas. ¿Quién no ha visto al natural o dibujado el cráneo de un negro, sin compararlo inmediatamente al cráneo más voluminoso de la raza caucásica? ¡Qué diferencia entre esta noble forma y aquel cráneo con la frente deprimida y estrecha, y la cabeza pequeña y semejante a la del mono! ¿Quién ignora la inferioridad intelectual de la raza etiópica y su estado infantil en comparación con la raza blanca? ¡Inferioridad que durará siempre! El cerebro del negro es mucho más pequeño que el del europeo, y, sobre todo, más semejante al de los animales.»

Luis Büchner (1824-1899)Büchner fue publicado en español ya en 1868, observándose un incremento de ediciones de Büchner en España durante la primera década del siglo XX (todavía hacia 1930 se reeditó Fuerza y Materia en Barcelona, por la anarquista Revista Blanca de Federico Urales).

La edición de Fuerza y Materia en la Biblioteca de Durán (Madrid 1868) compartía catálogo con Balzac (Fisiología del Matrimonio), Campoamor (Doloras y Cantares), Krause (Ideal de la Humanidad), Proudhon (El Principio Federativo, Filosofía Popular, Filosofía del Progreso) o Renan (Vida de Jesús).

La segunda edición de Fuerza y Materia en español (Fernando Fe [sucesor de Alfonso Durán], Madrid 1878) comparte ya catálogo con Draper (Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia)

Las reediciones de Fuerza y Materia publicadas por la editorial Sempere (Valencia, aproximadamente 1903 y 1905), en cuyas cubiertas figura esta fotografía del autor, compartían colección con Bakunin, el Barón de Holbach, Blasco Ibañez, Darwin, Diderot, Draper, Engels, Anatolio France, Gorki, Haeckel, Ibsen, Ingenieros, Kropotkin, Marx, Max Nordau, Max Stirner, Merejkowski, Nákens, Naquet, Proudhon, Reclús, Renán, Rizal, Roberto Robert, Schopenhauer, Sorel, Spencer, Tolstoi, Voltaire y Zola, entre otros.

«La angosta mentalidad filistea de los tiempos prekantianos vuelve a presentársenos, reproducida hasta la más extrema vulgaridad, en Büchner y Vogt; y hasta el propio Moleschott, que jura por Feuerbach, se pierde a cada momento, de un modo divertidísimo, entre las categorías más sencillas. Naturalmente, el envarado penco del sentido común burgués se detiene perplejo ante la zanja que separa la esencia de las cosas de sus manifestaciones, la causa, del efecto; y, si uno va a cazar con galgos en los terrenos escabrosos del pensar abstracto, no debe hacerlo a lomos de un penco.» (Federico Engels, Contribución a la crítica de la economía política, de Carlos Marx, Reseña en Das Volk, agosto 1859. Marx-Engels, Obras escogidas en dos tomos, Editorial Progreso, Moscú 1971, tomo I, pág. 352.)

«Esto es lo que sucedió en Alemania a la filosofía de la naturaleza. «El descrédito de este sistema es tal, escribe Büchner, que el nombre de filosofía de naturaleza es casi un término de menosprecio en la ciencia.» Las ciencias naturales y positivas han recogido el cetro que la filosofía idealista se ha visto obligada a ceder, y han tenido a su vez una filosofía, que no es otra, preciso es decirlo, que el más crudo materialismo. El jefe y el propagador de este nuevo movimiento ha sido M. Moleschott.
La escuela de Moleschott se da la mano evidentemente con la escuela de Feuerbach: esta ha hecho posible aquella, pero hay, no obstante, una gran diferencia entre ambas, porque proceden de orígenes distintos. La escuela de Feuerbach tiene un origen hegeliano y ha nacido de la dialéctica: lleva, sin duda alguna, al materialismo, mas lo hace por la deducción y por el encadenamiento lógico de las ideas. Es una especie de materialismo abstracto, dentro todavía del hegelianismo extremo, y que en Lassalle y sus discípulos conduce al socialismo revolucionario. La escuela de Prudhon representa bastante bien entre nosotros este género de filosofía razonadora, quimérica y violenta. El materialismo de Moleschott y sus amigos tiene enteramente otro carácter: es un materialismo fisiológico fundado en la ciencia, en los conocimientos positivos y en la experiencia, y se asemeja más bien a la escuela de Cabanis, de Broussais y de Littré. Lo que animaba a los jóvenes hegelianos, como se les llamaba entonces, era el espíritu revolucionario; lo que anima a Moleschott es el espíritu positivo, el espíritu de las ciencias: es, en una palabra, la revancha del empirismo contra el frenesí de la especulación a priori.
El primer escrito en que se encuentran expuestas las doctrinas de la nueva escuela es el libro de Moleschott titulado La circulación de la vida (Kreislauf des Lebens). Es una colección de cartas dirigidas al célebre Liebig sobre las principales cuestiones de la filosofía: el alma, la inmortalidad, la libertad, las causas finales. En este libro Moleschott formula el principio del nuevo materialismo: «Sin materia no hay fuerza: sin fuerza no hay materia.» Sostiene la idea de una circulación indefinida de la materia, que pasa sin cesar del mundo de la vida al de la muerte, y recíprocamente; y encarece lo que él denomina la omnipotencia de estas transformaciones (Allgewalt des Stoffenwechsels).
El libro de Moleschott produjo gran ruido en Alemania y sacudió el letargo filosófico de los espíritus, pero lo que determinó especialmente la explosión del debate entre el materialismo y el espiritualismo fue el discurso pronunciado en Gotinga en 1854, en una reunión de médicos y naturalistas alemanes, por M. Rodolfo Wagner, uno de los primeros fisiólogos de Alemania. En este discurso, titulado De la creación del hombre y de la sustancia del alma, Wagner examinaba esta cuestión: «¿Qué piensa hoy la fisiología, después de las investigaciones últimas, con relación a la hipótesis de una alma individual esencialmente distinta del cuerpo?» Y por lo que a él hacía, declaraba que nada, en los resultados de la fisiología, le obligaba a admitir necesariamente un alma distinta; pero que el orden moral exigía una hipótesis semejante. En otro escrito, publicado para explicar su discurso, con el título de Ciencia y Fe (Wissen und Glauben), distingue cuidadosamente estas dos esferas diciendo: «En las cosas de fe, amo la fe sencilla y cándida del carbonero; en materias científicas soy de los que se inclinan a dudar todo lo posible.»
Este llamamiento a la fe del carbonero provocó una respuesta viva y mordaz de un naturalista distinguido, discípulo de M. Agassiz, Carlos Wogt, uno de los miembros del partido radical de Alemania, que se sentaba en la extrema izquierda del parlamento de Francfort, y que, desterrado después a Génova, fue allí profesor y miembro del Consejo de Estado. Burlábase de esta doble conciencia que el sabio de Gotinga trataba de procurarse, una para la ciencia y otra para la fe, y calificaba el expediente de «teneduría de libros por partida doble.» Pero no fue solamente en este folleto accidental donde Carlos Wogt dio pruebas de su amor al materialismo; fue también en otros escritos más científicos y extensos; en sus Cuadros de la vida animal (Bilder aus dem Thierleben), en sus Cartas fisiológicas (Physiologische Briefe), y por último, en una obra reciente llena de ciencia y entusiasmo, titulada: Lecciones sobre el hombre, su lugar en la creación y en la historia de la tierra. Wogt se ha hecho célebre en esta polémica por su comentario al dicho de Cabanis: «El pensamiento es una secreción del cerebro.» Desconfiando de la inteligencia del lector se ha creído obligado a insistir sobre esta fórmula brutal, enseñando «que el cerebro segrega el pensamiento como el hígado la bilis y los riñones la orina;» proposición tan manifiestamente falsa que otro materialista, Büchner, se ha considerado en el deber de refutarla.
Büchner, sin embargo, es, a su vez, uno de los discípulos más ardientes de Moleschott, y de los partidarios más decididos de su doctrina. Su libro Fuerza y Materia (Kraft und Stoff) es, de todos los escritos de esta escuela, el que ha tenido mayor éxito. Publicado por primera vez en 1856 lleva un gran número de ediciones, ha sido traducido a muchas lenguas, y vertido a la francesa por un amigo y compatriota del autor que, para decirlo de pasada, no habría hecho mal en hacer revisar su traducción por alguien que conociera este idioma. Como quiera que sea, este libro corto y nervioso, abundante en hechos, y escrito con rapidez y claridad, cualidades enteramente nuevas en un libro alemán, puede servir para resumir todos los demás, y contiene en pocas páginas la sustancia de la doctrina: es el verdadero manual del nuevo materialismo.» (Paul Janet, El materialismo contemporáneo [1864], traducido, con una introducción, por Mariano Arés, catedrático de la Universidad de Salamanca, Biblioteca Salmantina: Filosofía, Historia, Ciencias Físicas, Literatura; Imprenta de D. Sebastián Cerezo, Salamanca 1877, págs. 18-22.)

«Esto es lo que sucedió en Alemania a la filosofía de la naturaleza. «El descrédito de dicho sistema es tal –dice Büchner– que su nombre no es más que un término de desprecio para la ciencia.» Las ciencias naturales y positivas han recobrado el cetro que la filosofía idealista se vio obligada a abandonar; ellas tienen también su filosofía que, preciso es confesarlo, no es otra que el más grosero materialismo. El jefe y propagador del nuevo movimiento ha sido M. Moleschott.
Efectivamente, la escuela del último autor se relacionaba con la de Feuerbach, la cual ha hecho posible a la primera; pero hay entre las dos una inmensa diferencia, ambas tienen un origen distinto. La última procede del hegelianismo: nacida de la dialéctica, conduce sin duda a una especie de materialismo, pero es por la deducción, por el encadenamiento lógico de las ideas: es un materialismo abstracto, es el hegelianismo extremado que con Lassalle y sus discípulos nos arrastraba al socialismo revolucionario. La escuela de Proudhon representa bastante bien entre nosotros esa filosofía habladora, violenta y quimérica. El materialismo de Moleschott y de sus amigos posee otro carácter: es un materialismo fisiológico fundado en la ciencia, en los conocimientos positivos y en la experiencia; la nueva escuela se parece más bien a la de Cabanis, Broussais y Littré. Lo que alentó a los jóvenes hegelianos, como se les llamaba entonces, fue el espíritu revolucionario; lo que anima a Moleschott es la investigación positiva, el estudio de las ciencias. En una palabra, es la revancha del empirismo contra el frenesí de la especulación racional a priori.
El primer escrito, donde se hallan expuestas las doctrinas de la nueva escuela, es el libro de Moleschott, intitulado La Circulación (Kreislauf des Lebens). Es una colección de cartas dirigidas al célebre Liebig sobre las principales materias de la filosofía: el alma, la inmortalidad, la libertad y las causas finales. En esta obra, Moleschott sienta el principio del nuevo materialismo: «No hay materia sin fuerza, no hay fuerza sin materia.» Sostiene la hipótesis de una circulación indefinida de la materia, que pasaría incesantemente del mundo de la vida al de la muerte y viceversa, y encarece lo que el llama la omnipotencia de sus trasmutaciones (Allgewalt des Stoffenwechsels).
El libro de Moleschott conmovió de una manera profunda la Alemania y sacudió el letargo filosófico de los hombres de ciencia; pero lo que promovió, sobre todo, la explosión del debate entre el materialismo y el espiritualismo, fue el discurso pronunciado en 1854 en Gættinga, ante el congreso de médicos y naturalistas alemanes, por M. Rodolfo Wagner, uno de los primeros fisiólogos de la confederación germánica. En este discurso, intitulado De la creación del hombre y de la sustancia del alma, el doctor Wagner examinaba la siguiente cuestión. «¿En qué estado se halla en la actualidad la fisiología, después de sus últimas conclusiones, con relación a la hipótesis de una alma individual esencialmente distinta del cuerpo?» Según él, los resultados obtenidos por esta ciencia, no conducen necesariamente a admitir una alma distinta, pero que el orden moral exige semejante hipótesis. En otro opúsculo publicado para explicar su discurso y al cual titula Ciencia y Fe (Wissen und Glauben), distingue con mucho cuidado estos dos puntos, y dice: «En las cuestiones de fe, yo amo la fe sencilla e ingenua del carbonero; en materia científica, me cuento entre los que desean la duda cuanto sea posible.»
Este llamamiento a la fe del carbonero provocó una contestación viva y mordaz de un naturalista distinguido, discípulo de M. Agassiz, M. Carlos Vogt, uno de los miembros del partido radical en Alemania, que ocupaba la extrema izquierda del parlamento de Francfort, desterrado después a Génova, en donde llegó a ser profesor y miembro del consejo de estado. Ridiculizaba la doble conciencia que trataba de procurarse el sabio de Gættinga, la una por la ciencia y la otra por la religión, y calificaba este expediente de «teneduría de libros en partida doble.» Pero Carlos Vogt no sólo se ocupó del materialismo en este folleto accidental, lo hizo también en escritos más científicos y más extensos: en sus Cuadros de la vida animal (Bilder aus dem Thierleben), en sus Cartas Fisiológicas (Phisiologische Briefe), y en fin en un fragmento reciente lleno de ciencia y de fantasía: Lecciones sobre el hombre, lugar que ocupa en la creación y en la historia de la tierra. M. Vogt se ha hecho célebre, especialmente en la polémica sobre el comentario que hizo de la definición de Cabanis: «El pensamiento es una secreción del cerebro.» Desconfiando aquel autor de la inteligencia de sus lectores, creyó que debía insistir sobre esta brutal fórmula, y nos enseña que «el cerebro segrega el pensamiento, como el hígado la bilis y los riñones la orina,» proposición tan notoriamente falsa, que otro materialista, el Dr. Büchner, se vio obligado a refutar.
El Dr. Büchner es uno de los discípulos más ardientes de Moleschott, y uno de los más decididos apóstoles de su sistema, de todos los escritos de esta escuela el que más éxito ha tenido es su libro Fuerza y Materia (Kraft und Stoff); publicada por vez primera en 1856, se agotaron en poco tiempo numerosas ediciones, siendo traducida a muchos idiomas, especialmente al francés. Esta obra, corta y nerviosa, llena de hechos, escrita con rapidez y claridad, cualidades nuevas en un libro alemán, reasume todas las demás, y contiene en pocas páginas la esencia de la doctrina. Es el verdadero manual del nuevo materialismo.» (Paul Janet, El materialismo contemporáneo [1864], versión española del Doctor Aguilar y Lara, Biblioteca de Filosofía Contemporánea, Valencia 1877.)

«Alemania no podrá nunca librarse por completo de este materialismo [...]; Alemania es el único país de la tierra donde el boticario no puede preparar un medicamento sin interrogarse sobre la correlación de su actividad con el conjunto del universo; esta tendencia ideal es la que, mientras la filosofía se quedaba en el atolladero, ha suscitado entre nosotros la polémica materialista [...]. En los comienzos del año 1852 trajo las Cartas fisiológicas de R. Wagner; en Abril, Moleschott firmó el prefacio de la Circulación de la vida, y en Septiembre, Vogt decía, al publicar sus Cuadros de la vida animal, que ya era tiempo de enseñar los dientes a la manía autoritaria que se consideraba como triunfante. De los dos campeones de la tendencia materialista, el uno era el heraldo de la filosofía de la naturaleza y el otro un ex regente del imperio, es decir, un idealista desesperado; estos dos hombres, que no estaban desprovistos de la pasión de las investigaciones personales, brillan sobre todo por su talento en la exposición; si Vogt es más claro y más preciso en los detalles, Moleschott concibe y compone mejor sus vistas de conjunto; Vogt se contradice con frecuencia y Moleschott es más rico en fórmulas, a las que no se puede en general atribuir sentido alguno [...]. Hemos llamado más arriba a Moleschott el heraldo de la filosofía de la naturaleza, y lo hemos hecho a sabiendas; no lo es por haber, en su juventud, estudiado a Hegel y prestado homenaje después a Feuerbach, sino porque esa tendencia es visible en su materialismo, que se tiene por tan lógico, y aun en los puntos decisivos de la metafísica; se puede decir de él lo que de Büchner, que da con frecuencia como autoridad a Feuerbach, pensador poderoso y apasionado, pero perfectamente obscuro, y que después, con sus propias aserciones, se extravía a menudo en un vago panteísmo.» (Federico Alberto Lange, Historia del materialismo [1866], tomo segundo, primera parte: La filosofía moderna, capítulo segundo: El materialismo filosófico después de Kant, «Büchner, detalles personales, es influenciado por Moleschott, obscuridades y defectos de su materialismo. Moleschott es influenciado por Hegel y Feuerbach: la teoría del conocimiento de Moleschott no es materialista.», traducción de Vicente Colorado, Daniel Jorro, Madrid 1903, tomo segundo, págs. 109-111, 121.)

«[Notas y fragmentos. Ciencias naturales y Filosofía]. Büchner. Aparición de esta tendencia. Disolución de la filosofía alemana en el materialismo –eliminación del control sobre la ciencia–, estallido de una vulgarización burdamente materialista, cuyo materialismo pretende suplir la falta de ciencia. Florece en la época de más profunda decadencia de la Alemania burguesa y de la ciencia alemana oficial, de 1850 a 1860. Vogt, Moleschott, Büchner. Seguros mutuos. –La corriente se reanima al ponerse de moda el darvinismo, al que estos señores se adhieren inmediatamente–. Cabría mandarlos al diablo y dejarlos ejercer su cometido nada deshonroso, aunque un tanto estrecho, consistente en inculcar el ateísmo, &c., al filisteo alemán, pero 1) sus insultos contra la filosofía (citar algunos pasajes), que es, a pesar de todo, la gloria de Alemania, y 2) la pretensión de aplicar a la sociedad las teorías acerca de la naturaleza y de reformar el socialismo. Esto nos obliga a tomarlos en consideración.» (Federico Engels, Dialéctica de la naturaleza [≈1873, proyecto de Anti-Büchner], primera edición en español, en traducción directa del alemán por Wenceslao Roces, Editorial Grijalbo, México 1961, pág. 171.)

«De la doctrina darvinista yo acepto la teoría de la evolución, pero no tomo el método de demostración de Darwin más que como una primera expresión, una expresión temporal e imperfecta, de un hecho que acaba de descubrirse. Antes de Darwin, precisamente los hombres que hoy sólo ven la lucha por la existencia (Vogt, Büchner, Moleschott, etc.), hacían hincapié en la acción coordinada en la naturaleza orgánica; subrayaban cómo el reino vegetal suministraba el oxígeno y los alimentos al reino animal y cómo, a la inversa, este último suministraba a aquél el ácido carbónico y los abonos, como lo recalcaba con especial fuerza Liebig. Las dos concepciones se justifican en cierta medida, hasta ciertos límites, pero la una es tan unilateral y limitada como la otra.» (Federico Engels, Carta a Piotr Lavrovich Lavrov, Londres, 12-17 de noviembre de 1875.)

«Cuatro enfants terribles del positivismo, como Buchner, Vogt, Moleschott y otros semejantes, constituyen para el Sr. Moreno Nieto las grandes autoridades de la escuela, y las exageraciones de estos escritores (antiguos materialistas no bien empapados todavía en los métodos positivistas) son para él las pruebas más fehacientes de los horrores de la nueva escuela, como si esta no tuviera más autorizados y sensatos representantes en Stuart Mill, Spencer, Bain, Lewes, Wundt, Tyndall, Helmhotz, Ribot y otros muchos que distan de los materialistas pur sang tanto cuanto dista un crítico de un dogmático.» (Manuel de la Revilla, Revista crítica, Revista Contemporánea, Madrid, 30 de enero de 1876, año II, número 4, tomo I, volumen IV, página 525.)

«Federico Carlos Cristián Luis Buchner. Biografía. Naturalista y filósofo alemán. Nacido en Darmstadt el 29 de marzo de 1824. Comenzó sus estudios en su pueblo natal, y en 1843 ingresó en la Universidad de Giessen, donde cursó Filosofía, estudiando luego Medicina en Estrasburgo, Wurtzburgo y Viena. Practicó algún tiempo la Medicina en Darmstadt, y consagrándose luego á la enseñanza, fue en Tubinga profesor particular y médico adjunto de la clínica. En 1855 publicó su famosa obra Fuerza y Materia (Francfort), que fue traducida a casi todas las lenguas europeas y de la que se han hecho muchas ediciones. Allí exponía Buchner los principios de una filosofía general en armonía con los descubrimientos modernos, y defendía la eternidad de la materia, la inmortalidad de la fuerza, la simultaneidad universal de la luz y de la vida, y el carácter infinito de las formas del ser en el tiempo y en el espacio. «Nuestra vida asombrada, decía él, no puede, por donde quiera que mire, ver más que eternidades. » Estas doctrinas hicieron perder al autor el cargo que desempeñaba en Tubinga, y entonces el filósofo regresó al pueblo de su nacimiento para ejercer la Medicina. Buchner ha desarrollado sus ideas en otras varias obras, entre las que se citan las siguientes: Naturaleza y Espíritu, ensayo de conciliación entre las escuelas materialistas disidentes (Francfort, 1859); Bosquejos fisiológicos (Leipzig 1861); Naturaleza y Ciencia (íd., 1862), colección de estudios analíticos y críticos sobre los sistemas filosóficos de los principales sabios contemporáneos; El hombre según la ciencia (1872); La idea de Dios y su importancia en el presente (1874). Además ha insertado en diversas publicaciones periódicas, muchos trabajos de Fisiología, Patología y Medicina legal.» (Diccionario enciclopédico hispano-americano, tomo 3, página 992, Montaner y Simón Editores, Barcelona 1888.)

«Luis Büchner. Naturalista alemán, hermano de los anteriores [ver Alejandro: literato, Jorge: poeta, Luisa: feminista], que nació en Darmstadt en 28 de marzo de 1824 y murió en 30 de abril de 1899. Estudió medicina en Giessen, Estrasburgo, Würzburgo y Viena, ejerciéndola por algún tiempo en su ciudad natal, y luego se graduó de Privatdocent en Tubinga. Su primera obra, Fuerza y materia (Francfort, 1855; 20ª edic. en 1902), levantó tan ardientes polémicas, que Büchner se vio precisado a renunciar a su posición académica y otra vez volvió a Darmstadt a ejercer la medicina. La actividad literaria de Büchner ha tendido a divulgar los conocimientos y la afición a las ciencias naturales y a la filosofia naturalista; la obra antes citada puede considerarse como fiel expresión y verdadero resumen del concepto materialista de la naturaleza y del espíritu; en ella, como en otros escritos posteriores, los prejuicios intransigentes del autor le llevan a menudo más lejos de lo que permiten el verdadero rigor y disciplina científicos. Publicó además: Natur und Geist (Leipzig 1876), Physiologische Bilder (Leipzig 1886), Aus Natur und Wissenschaft (Leipzig 1884), Die Darwinsche Theorie (Leipzig 1890), Der Mensch und seine Stellung in der Natur (Leipzig 1889), Der Gottesbegriff und dessen Bedeutung in der Gegemwart (Leipzig 1897), Liebe und Liebesleben in der Tierwelt (Leipzig 1885), Tatsachen und Theorien aus den naturwissenschaftlichen Leben der Gegenwart (Berlín 1887), Das künstige Leben und die moderne Wissenschaft (Leipzig 1889), Fremdes und Eigenes aus dem geistigen Leben der Gegenwart (Leipzig 1890), Das goldene Zeitalter oder das Leben in der Geschichte (Berlín 1891), Darwinismus und Sozialismus (Berlín 1894), Am Sterbelager des Jahrhunderts (Giessen 1900); además tradujo la obra de Lyell Das Alter des Menschengeschlechts (Leipzis 1873). Después de muerto, su hermano Alejandro publicó algunos trabajos escogidos, precedidos de una biografía, con el título Im Dienste der Wahrheit (Giessen 1899).» (Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana, tomo 9, página 1213, José Espasa e Hijos Editores, Barcelona 1910.)

«La Federación Internacional del Libre Pensamiento, cuyo domicilio está en Bruselas, que liga entre sí las más importantes organizaciones del Libre Pensamiento de todo el mundo, data de 1880 y fué fundada en aquella ciudad por hombres que pueden y deben ser considerados como las más puras glorias de la Humanidad, tales como César de Paepe, uno de los fundadores del partido socialista belga; Carlos Bradlaugh, que dos veces fué expulsado violentamente de la Cámara de los Comunes por negarse á prestar juramento; D. M. Benett, Luis Büchner, Guillermo Liebknecht, Moleschott, Carlos Renouvier, Clémence Royer, Giovanni Bovio, Herber Spencer, Ramón Chíes y Carlos Vogt. Desde su fundación, la Federación Internacional del Libre Pensamiento ha organizado los siguientes Congresos internacionales: de Londres, 1882; de Amsterdam, 1883; Antuerpia, 1885; Londres, 1887; París, 1889; Madrid, 1892; Bruselas, 1895; París, 1900; Ginebra, 1902; Roma, 1904; París, 1905; Buenos Aires, 1906; Praga, 1907, y Bruselas en 1910. Provocando así un extraordinario movimiento de emancipación intelectual y social va cada vez más arrancando los pueblos del dominio de los dogmas y de las iglesias, haciéndose por eso la mayor fuerza moral del mundo.» (Doctor Magalhaes Lima, Senador de la República portuguesa, Conferencia dada en el Ateneo de Madrid a invitación de la Liga Anticlerical Española, el 22 de febrero de 1912, Edición del Gr.·. Or.·. Español, Madrid 1912, págs. 18-19.)

«[Armando Palacio Valdés] después de este magnífico modelo de novela realista [La Hermana San Sulpicio 1889] sin mixtificaciones de tesis, produce La Fe (1892), novela un poco doctrinaria, un poco roman á thése, atiborrada de digresiones impertinentes y de banalidades de divulgación racionalista a lo Büchner o a lo Moleschott, pero donde, a pesar de esas elucubraciones, que sobran y pesan en el conjunto de la novela, hay tipos tan admirablemente observados como el Padre Gil y Obdulia, y episodios tan artísticos como el del viaje del confesor con su penitenta cuando ésta va a encerrarse en un convento de Lancia.» (Andrés González-Blanco, «El humorismo asturiano. Armando Palacio Valdés», Nuevo Mundo, Madrid, 15 febrero 1918, año XXV, nº 1.258, pág. 7.)

«Ludwig Feuerbach (1804-1872) [...] se opuso a que se caracterizara su filosofía de materialista, especialmente porque en los años 50-60 del siglo XIX se movían en la filosofía burguesa alemana los materialistas vulgares (Büchner, Vogt y Moleschott), para quienes el pensamiento era una suerte de sustancia segregada por el cerebro. En su propósito de disociarse de estos vulgarizadores de la filosofía materialista, Feuerbach renuncia al propio nombre de «materialismo», lo que revela inconsecuencia en la lucha contra el idealismo. Ahora bien, subraya que su doctrina descansa en la filosofía materialista anterior.» (página 378)
«Piotr Lavrov (1823-1900) [...] reconoce los méritos de los exponentes del materialismo vulgar Büchner, Vogt y Moleschott por tomar la materia como punto de partida, pero les critica el identificar la conciencia y la materia, comparar la actividad del cerebro con la del hígado, subvalorar el papel de la conciencia e introducir los conceptos de «fuerza química», «fuerza eléctrica», «fuerza pensante» que son, a su juicio, «refugios de la ignorancia» dignos de la vieja metafísica. Pero no menos erróneamente que los materialistas vulgares a quienes critica, sitúa entre esos conceptos metafísicos el concepto filosófico de la materia.» (página 445)
«Svetozar Markovic (1846-1875) [...] aprecia los escritos de los materialistas vulgares Büchner, Vogt y Moleschott contra la religión y el idealismo y llama a Büchner «luchador por la victoria de la ciencia sobre la ficción» (Obras escogidas, Moscú 1956, pág. 452). Pero no comparte el materialismo vulgar: es adversario del enfoque primitivamente metafísico y mecanicista -que es propio de sus autores- de la solución de los problemas filosóficos y sociológicos. Para Markovic, el pensamiento es una facultad del cerebro que no puede ser reducida al movimiento mecánico, físico ni a ningún otro. Markovic comprende con mucha más profundidad que los materialistas vulgares la significación de los adelantos de la ciencia para refutar la religión y el idealismo.» (página 476, de M. T. Iovchuk, T.I. Oizerman e I.Y. Schipanov, Historia de la Filosofía. Tomo 1. Historia de la filosofía premarxista. Editorial Progreso, Moscú 1978.)

«Ludwig Büchner (1824-1899), nació en Darmstadt, estudió medicina, «habilitándose» en 1854 en Tubinga. Profesó en esta ciudad, pero, a causa del escándalo causado por su profesión de fe materialista, tuvo que renunciar a la enseñanza y se consagró a la práctica médica, en Darmstadt.
Büchner se oponía vivamente a los que pretendían hablar de Dios y del alma y especular sobre la naturaleza de la realidad -y éstos abarcaban, según Büchner, prácticamente todos los filósofos-. En su obra Fuerza y materia (Kraft und Stoff, 1855), que tuvo gran resonancia, se tradujo pronto a varios idiomas y popularizó el materialismo y el monismo (materialista), Büchner insistió en que sólo la ciencia, con la observación y el experimento, puede proporcionar una concepción justa de las cosas. El progreso científico es innegable y hasta inevitable, y los descubrimientos de la ciencia llevan a eliminar todo dualismo entre el espíritu y el cuerpo y toda idea de una divinidad. Todas las cosas están constituidas de fuerza o materia o, mejor dicho, de fuerza-materia, ya que no hay diferencia entre una y otra. Son únicamente dos aspectos de la misma realidad. La fuerza es el movimiento de la materia. Puesto que el movimiento es la naturaleza de la fuerza, puede considerarse el movimiento (material) como la realidad fundamental. No hay, según Büchner, materia «muerta»; toda materia es «activa», esto es, se halla en movimiento. Esta idea ha conducido a pensar que Büchner, como otros materialistas alemanes coetáneos suyos, defendía una especie de hilozoísmo, fundado en resultados científicos. El ser o realidad fundamental que es visto a veces como materia y a veces como fuerza se halla en evolución, la cual es biológica, según la teoría de Darwin, y puede ser cultural, pero nunca deja de ser material.
Büchner estima que las leyes naturales rigen todos los fenómenos. No hay ninguna realidad que legisle el movimiento del universo. Éste está completamente determinado según las leyes «eternas». Büchner se opuso en particular a todo dualismo espíritu-cuerpo y afirmó que lo que se llama «espíritu», «mente», «alma», «conciencia», etcétera es reducible a funciones cerebrales. Un «alma» o una «conciencia» son un conjunto de tales funciones.
En ética, Büchner defendió a la vez un completo determinismo y un relativismo; según el último, no hay ninguna norma que pueda considerarse absoluta o absolutamente obligatoria.
Además de la obra citada en el texto: Natur und Geist, 1857 (Naturaleza y espíritu). - Aus Natur und Wissenschaft, 1862 (De la Naturaleza y de la ciencia). - Sechs Vorlesungen über die Darwinsche Theorie, 1868 (Seis lecciones sobre la teoría dariviniana). - Die Stellung des Menschen in der Natur, 1869 (El puesto del hombre en la Naturaleza). - Das künstige Leben und die moderne Wissenschaft, 1889 (La vida futura y la ciencia moderna). - Die Darwinsche Theorie, 1890 (La teoría darwiniana). - Fremdes und Eignes aus dem geistigen Leben der Gegenwart, 1890 (Lo ajeno y lo propio de la vida espiritual del presente). - Darwinismus und Sozialismus, 1894. - Gott und die Wissenschaft, 1897 (Dios y la ciencia). - Im Dienst der Wahrheit, 1899 (Al servicio de la verdad).» (José Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía, tomo 1, páginas 397-398, Alianza, Madrid 1979.)

Ediciones de Luis Büchner en español:

Fuerza y materia

Ciencia y naturaleza

El hombre segun la ciencia

La vida psíquica de los animales / de las bestias

El hombre y su lugar en la naturaleza

Luz y vida

La aurora del siglo

Textos sobre Luis Büchner en el Proyecto filosofía en español

1894 Odón de Buen, En honor de Büchner

Textos de Luis Büchner en el Proyecto filosofía en español

1855 Fuerza y materia. Estudios populares de historia y filosofía naturales

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