Ideólogos, teorizantes y videntes [1922]   Santiago Valentí Camp (1875-1934)

Georges Brandes

La personalidad del famoso crítico danés sólo es conocida entre nosotros de una parte de la élite intelectual. No obstante haber ejercido una indudable influencia en toda Europa este gran teorizante e historiador, su obra notabilísima apenas ha trascendido a nuestra vida literaria. Este hecho y otros muchos que podrían aducirse, ponen de manifiesto cuán alejados estamos los españoles de las corrientes que han surgido en los grandes y pequeños centros donde se elabora la cultura del espíritu. En Francia tuvo Brandes hace cinco lustros, la simpatía y el respeto de los portavoces de las principales escuelas literarias.

Entre otros trabajos en que se estudiaron la orientación y el sentido íntimo de la labor crítica de Georges Brandes, es digno de especial mención el examen que hiciera en la Revue des Revues, J. de Coussanges.

En Italia, en la Nuova Antología, el experto Nemi también contribuyó a dar a conocer los puntos de vista principales de Brandes. La Gran Bretaña es quizás el país en que la intelectualidad recibió con más efusión la ingente y trascendental labor del celebérrimo crítico escandinavo. A pesar de la prevención que existe en el mundo de las letras y, de las artes londinenses contra los escandinavos, en general, debido, acaso, a que entre estos autores está más fuertemente acusado que entre los ingleses el poder de receptividad y de comprensión, así como la movilidad psicológica, genéricamente considerada, los libros de Brandes obtuvieron una acogida por demás afectuosa y despertaron vivísimo interés, quizás porque resumían las inquietudes a que no puede sustraerse el hombre que consagra su esfuerzo [304] a la alta crítica. Brandes, en este respecto, es, indudablemente, el publicista que demostró a un tiempo mas profundidad y clarividencia, de un medio especial al estudiar lo esotérico de los movimientos, que las doctrinas filosóficas y los anhelos de mejora social, generaron en el ámbito de la producción literaria. En Alemania halló un ambiente propicio para la formación ulterior de su personalidad, y, aunque no es Brandes un temperamento sistemático a la manera tudesca, recibió el homenaje de las primeras figuras de la mentalidad germánica y sus libros y sus artículos periodísticos tuvieron un señalado éxito.

Más que por la influencia directa que haya ejercido Brandes en la cerebración consciente de las más importantes naciones de Europa, ha de valorarse su obra por la acción, en cierto modo tutelar, que en la esfera de la crítica llevaron a cabo escritores notables, que se habían educado siguiendo las inspiraciones del maestro de Copenhague. En la hora actual, Brandes y Höffding, el eminente psicólogo y moralista, son las dos figuras de más positivo valor con que cuenta la pequeña nación escandinava. Ambos profesores han extraterritorializado sus nombres gloriosos y su reputación se ha impuesto en ambos Continentes. Recientemente, los principales órganos de la Prensa inglesa, francesa y alemana, entablaron discusiones, interpretando, según su criterio, la actitud neutral que observara ante la tragedia europea el egregio crítico que hoy estudiamos.

Jorge Mauricio Cohen Brandes es originario de nuestra Península. Pertenece a una familia israelita que hubo de emigrar, no se sabe cuándo, de España, en uno de los períodos de más aguda persecución de que fueron objeto los judíos. Nació en Copenhague, en 1842, y desde muy joven dedicóse a la Filosofía y la Estética, sintiendo gran predilección por los estudios analíticos. Su primer trabajo, planeado y escrito a los 19 años, vio la luz en 1862 y se intitula La Novela Histórica. De este volumen sólo se conocen fragmentos, por no haberse vertido al inglés, ni al alemán. Poco después publicó otro libro interesante y de una gran profundidad crítica, El concepto del destino en la tragedia antigua, en el que puede decirse que se hallan ya en germen las ideas fundamentales que más tarde fue desarrollando [305] en otras obras. Hacia 1865, apareció otro de sus libros más notables: Estudios estéticos; al año siguiente, el que lleva por título Dualismen i vor nyeste Philosophi, y en 1870 Kritiker og Portraeter. Al escribir los dos últimos trabajos, la personalidad de Brandes había llegado ya a la plenitud, y en lo substancial, su concepción no se ha modificado, pues las líneas generarles de su pensamiento han triunfado y triunfan aún de las encontradas corrientes ideológicas.

Jorge Brandes, como otros de sus compatriotas y al igual que la mayoría de los intelectuales de Escandinavia, ha sido un espíritu abierto a las innumeras palpitaciones de la vida. En 1870 sintió la imperiosa necesidad de abandonar su patria, llevado del propósito de contrastar en la realidad social, las concepciones teóricas y las doctrinas filosóficas y estéticas formuladas por los críticos más prestigiosos de Europa. A este efecto, realizó un largo viaje por Francia, Italia, Suiza, Alemania, Inglaterra y Suecia.

En la vecina República buscó el trato cordial de Taine, Renan y otros hombres eminentes. En la Gran Bretaña fue asiduo contertulio de Stuart Mill, Huxley y varios de los discípulos de Carlos Darwin, engrosando después la falange de los partidarios de la doctrina del autor de El origen de las especies. Fue en Alemania donde permaneció más tiempo, pues residió en Berlín cerca de seis años, durante los cuales llegó a familiarizarse con el idioma tudesco, que escribe con singular corrección. Las revistas que gozaban entonces de mayor difusión, le abrieron sus columnas, habiendo colaborado asiduamente en el Berliner Tageblat y la Deutsche Rundschau. La estancia en Alemania permitióle a Brandes enriquecer su cultura, valiéndose del admirable instrumental de que disponen las Bibliotecas berlinesas. En Inglaterra, impresionaron tan vivamente a Brandes las ideas de Stuart Mill, que, deseoso de contribuir al triunfo de los principios de la emancipación femenina, tradujo al danés la obra de aquél autor Subjection of Woman (La esclavitud femenina), que entre nosotros tradujo al castellano, doña Emilia Pardo Bazán. También en 1871 publicó el volumen Den Franske Aesthetik i vore Dage.

En 1883 regresó Brandes a su ciudad natal, [306] reanudando sus explicaciones en la Universidad. Sabido es que el ilustre escritor ha sido considerado como una de las personalidades que más hondamente agitaron el alma del pueblo danés. Entre sus compatriotas fueron objeto de vivas y enconadísmas polémicas los principios que sustentaba, tanto en La esfera de la Literatura como en todos los órdenes de la vida colectiva. Y no sólo fueron las clases directoras las que temieron que podría acarrear trastornos al pueblo danés el triunfo del radicalismo brandesiano, sino que hasta los elementos más avanzados acogieron las soluciones preconizadas por Brandes con notoria reserva. Causó inusitada extrañeza en Dinamarca, que un partidario acérrimo de la doctrina liberal individualista, hiciera suya la concepción de Stuart Mill en pro de la emancipación femenina y era también un tanto inexplicable que, no compartiendo Brandes el credo democrático, abogara por los derechos de la mujer.

El célebre crítico comparte la tesis de Carlyle acerca de los héroes y en su teoría filosófico-política, afirma que los hombres representativos han de ser consideradores como origen y fin de la civilización. Está tan hondamente arraigado en su espíritu este sentido del valor y de la eficacia, que revisten los hombres cumbres, que ha declarado gallardamente en distintas ocasiones, que de las muchedumbres no surgió jamás una idea grande y que incumbe a unos cuantos elegidos el realizar la tarea hercúlea de impulsar la marcha de la humanidad.

La obra de Brandes, tanto la docente como la realizada en el periódico, la Revista y el libro, es, realmente, extraordinaria. Desde hace más de cuarenta años la celebridad del insigne escritor se ha extendido por el continente entero, trascendiendo también al Nuevo Mundo. Se le considera como al primer crítico de la hora actual, habiendo triunfado, más que por imposición de una corriente estética, por irradiar de sus principios teoréticos un nuevo sentido de lo que debe ser la función rectora de quienes ejercen la crítica con una gran elevación de miras y un gusto literario depurado. Es digno de singular estudio el triunfo alcanzado por Brandes, por cuanto la producción intelectual en Dinamarca carecía hasta hace pocos lustros, de originalidad, pues aquella [307] pequeña nación había, experimentado muy encontradas influencias. Conocedor Brandes de la intensa germinación que se ha venido operando en las principales naciones de Europa, acertó a descubrir, después de estudiar todos los credos estéticos, el sentido íntimo del pensamiento de su patria. Muy contados críticos de nuestros tiempos han tenido una visión tan diáfana como Brandes, de la relación y afinidad existentes entre los principales portavoces de las diversas escuelas.

Brandes ha sido y es un denodado luchador, pues ha combatido durante más de cuarenta y cinco años, sin que hiciera mella en su ánimo el tener enfrente a los elementos universitarios, a una gran parte de la Prensa y a todo el mundo oficial danés. Con su pluma acerada puso de manifiesto las errores de los románticos, primero, y más tarde, llegó a convencer a la parte más selecta de la opinión ilustrada danesa, de los perjuicios que ocasionaba a la comunidad social el predominio del pietismo. El insigne publicista, cuya cultura filosófica e histórica corre parejas con su intuición, amplió considerablemente la esfera de actuación de la crítica; y así su pensamiento vigoroso pudo invadir el campo de la religión, la pedagogía, la política y las disciplinas filosófico sociales. En este sentido la labor de Georges Brandes es admirable. Ha de reputársele como a uno de los más esforzadas portavoces de las innovaciones y tal vez, como al crítico que ha defendido con más gallardía el criterio reconstructor. La influencia ejercida por el eminente maestro de Copenhague es innegable, evidente. Ya nadie que tenga un mediano conocimiento del proceso ideológico en los países de la Europa Septentrional, en la Gran Bretaña y en Francia, puede poner en tela de juicio que a Brandes se deben los más notables estudios llevados a cabo en la órbita de la literatura comparada.

Ibsen, Bjornson y, en general, la producción literaria sueca y noruega, hallaron en la pluma de Brandes el más genuino intérprete y amplificador de las nuevas concepciones estéticas inspiradas en el simbolismo. Su obra Hovedstromninger i det XIX de Aarhundredes Literatur (Corrientes directrices de la Literatura en el siglo XIX), comenzada en 1872 y terminada en 1890, es un monumento de sabiduría, hasta ahora no igualado. [308] Los seis volúmenes de que consta, constituyen el trabajo más completo que ha visto la luz en el último tercio de la centuria pasada; es este el libro más importante que ha escrito Brandes y uno de los fundamentales porque resulta una maravillosa síntesis del valor y la trascendencia que han alcanzado en el ámbito de la poesía y la novela los hombres más eminentes. La ideología francesa del siglo XVIII, el romanticismo tudesco, la lírica británica, el movimiento renovador de Francia en el primer tercio del siglo XIX y el positivismo y el naturalismo, examinados con una profundidad asombrosa.

También sus estudios acerca de Shakespeare, Byron, Shelley y Julio Lanje, son de los que no se olvidan fácilmente. Lo mismo cabe decir de los análisis de las obras de Víctor Hugo, Lamartine y Balzac.

Pero con ser estos trabajos prodigios de crítica clarividente, les supera a todos el que consagrara a Federico Nietzsche, a quien puede decirse que descubrió; tantos son los aspectos en que examina, hasta desentrañarla, la doctrina del infortunado autor de El viajero y su sombra.

Brandes, al exponer su parecer respecto a la dramática Noruega, y especialmente, de Ibsen y Bjornson, contribuyó en gran manera al triunfo y al expansionamiento de la literatura noruega y de su sentido revolucionario. El pensamiento eslavo, y de un modo especial Dostoiewski, fueron analizados sutilmente por Brandes, quien vio en el misticismo de los rusos una de las modalidades más vigorosas de la mentalidad contemporánea.

Su semblanza del famoso Sören Kierkegaard, publicada en 1877, es, sin disputa, el más acabado estudio del autor de El Diario del Seductor, al cual tantas veces ha hecho referencia, en nuestro país, Miguel de Unamuno.

Los perfiles que dedicara Brandes a Benjamín Disraeli y a Esaías Tignor, son dos modelos en su género, así como el estudio biográfico y valorativo del gran agitador alemán Fernando Lasalle.

En Leipzig vio la luz en 1899-1900 una edición alemana de las principales obras de Brandes y poco después otra en Inglaterra. En la Deutsche Rundschau de Berlín, publicó Brandes un sinnúmero de artículos estudiando a los grandes poetas modernos. En estos [309] trabajos completa sus juicios acerca de las orientaciones que predominaban en los principales países de Europa, en lo relativo a la lírica. Citar y comentar una por una las obras de Brandes exigiría un espacio mayor del que permite un apunte biográfico.

La influencia ejercida por Brandes en la cultura danesa se manifiesta. En Noruega y en Suecia ha determinado asimismo un movimiento renovador y en Europa entera ha triunfado su concepción estética.

En 1912 se celebró en Copenhague un homenaje dedicado al gran crítico, con ocasión de cumplir los 70 años de edad. Organizáronse varios actos, a uno de los cuales asistió el Rey, que fue el primero en honrar a Brandes, pronunciando un discurso en el que enalteció la labor del anciano profesor, a quien abrazó efusivamente, al mismo tiempo que dirigiéndose a la multitud decía: «Brandes es una gloria de la nación danesa y de la humanidad.»

Georges Brandes ha sido un constante propugnador del no conformismo; su palabra elocuente y su prosa pulcra y vibrante, estuvieron siempre al servicio de las más nobles causas y de las ideas redentoras. Ha tenido en toda ocasión el valor de sus convicciones, que ha sustentado con brío y en determinados instantes impetuosamente. Ni aun en los momentos en que casi Europa entera transigía con el neoespiritualismo de Ernesto Renán, con el teísmo de Stuart Mill y con las evocaciones cristianas del conde León Tolstoi, Georges Brandes opuso a este modo de sentir una declaración explícita en favor del libre pensamiento, comparando el Evangelio con el Paganismo y mostrando su resuelta simpatía hacia este último, por considerarlo más en armonía con el sentido íntimo de la existencia humana.

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Santiago Valentí Camp Ideólogos, teorizantes y videntes
Minerva, Barcelona 1922, páginas 303-309