Ideólogos, teorizantes y videntes [1922]   Santiago Valentí Camp (1875-1934)

Josiah Royce

Aunque nos pese, hemos de reconocer que el movimiento filosófico operado durante los últimos años en los Estados Unidos es, entre nosotros, poco menos que desconocido, ya que sólo han llegado a España con notorio retraso, los ecos del éxito que alcanzara William James, uno de filósofos más esclarecidos, portavoces de la filosofía de los valores. De ideólogos tan famosos como Starbuck, Leuba, Carlos Peirce, Croce y Josíah Royce, el público ilustrado español apenas tiene ligeras referencias.

Royce es un filósofo insigne, que tuvo en la República de la Unión una influencia indudable por haber sido el más fervoroso y elocuente definidor del neo idealismo hegeliano. El ilustre teorizante yanqui aportó nuevos, interesantísimos y originales puntos de mira a la concepción de Hegel, y su criterio era, por cierto, bien distinto del que sustentaran en España Emilio Castelar y Pi y Margall y en Italia Benedetto Croce, Giovanni Gentile y Spaventa. Sólo tiene también leves puntos de contacto Royce con los neo idealistas franceses: Fouillée, Renouvier, Boutroux, Bergson y Luis Weber.

Royce nació en Grass Valley, condado de Nevada, Estado de California, en 20 de noviembre de 1855. Cursó el Bachillerato en Artes, en la Universidad de California, terminándolo en 1875. Siguió la carrera de Leyes en la Universidad de Aberdeen, doctorándose en 1900. También obtuvo la láurea en la Universidad de Johy Hopkins en 1911. Sus primeros estudios hízolos Royce bajo la dirección afectuosa de su padre. Desde 1880 a 1882 se dedicó a la enseñanza de la Literatura inglesa y de Lógica en la Universidad de California. Del [284] 82 al 85 explicó Filosofía, y del 85 al 92 fue profesor suplente, cargo en que cesó por haber obtenido la cátedra de Historia de la Filosofía, en el Harvard College.

Indudablemente, en la formación de la mentalidad de Royce influyó, quizás de un modo decisivo, su permanencia en Alemania durante tres años, de 1875 a 1878. Los autores que más profunda huella dejaron en su espíritu fueron Lotze, que le infundió su sentido respecto a la interpretación de los problemas de la mente y de la conciencia; Kant, a quien estudió a fondo en sus obras originales y a través de sus comentadores, y Arturo Schopenhauer, en quien aprendió el arte de exponer sus teorías con precisión y diafanidad.

A su regreso a Norte América, en 1878, William James y Georges H. Palmes, conocedores de los merecimientos de Royce y, sobre todo, de su gran capacidad para la didáctica, le invitaron a que aceptase el nombramiento de profesor en la Universidad de Harvard, donde, excepto una breve temporada que pasó en Oxford, para doctorarse en Ciencias, expuso sus enseñanzas durante treinta y cuatro años, de 1882 a 1916.

La concepción idealista de Royce tiende a fijar el concepto de la personalidad autónoma. Por esto algunos críticos afirmaron que el filósofo yanqui había preferido al sol fulgurante de la idea absoluta las luces oscilantes de las mónadas leibnizianas.

La labor de Royce fue considerable: un ejemplo de actividad extraordinaria. Las obras principales del egregio filósofo son: Regious aspect of Philosophy (Aspecto regio de la filosofía, 1885); History of California, publicada en la Biblioteca American Common Wealth, 1886; The Feud of Oakfield Creek (El feudo de Oakfield Creek), ensayo novelesco, 1887; The Spirit of modern Philosophy (El espíritu de la moderna filosofía, 1892), el más literario de sus estudios y el que alcanzó un mayor éxito en Europa, siendo vertido, entre otros idiomas, al italiano; The Conception of God (El concepto de Dios, en colaboración, 1897); The World and the Individual (El mundo y el individuo), en dos volúmenes (1900-1901), otra de sus obras más famosas y en la que más claramente se transparenta el alma del autor; The Conception of Inmortalitas (El concepto de la inmortalidad, 1900), libro en que el [285] ideólogo y el escritor fúndense en la síntesis suprema: el pensador amable y comprensivo; Studies of Good and Evil (Estudios acerca del bien y del mal, 1898); Outlines of Psicology (Bosquejos de Psicología, 1903); Herbert Spencer, An estimate and a Review, (Heriberto Spencer; un juicio y una revista, 1904), trabajo en el que se analiza con objetividad y espíritu profundo la personalidad del célebre sistematizador del positivismo británico; The relation of the principles of Logic to the Foundations of Geometry (Relación de los principios de la Lógica con los fundamentos da la Geometría), publicada en las Transactions American Mathematical Society en Julio de 1905; The Philosophy of Loyalty, brillantísimo análisis de los principios morales y defensa calurosa y, en cierto respecto, apasionada del valor representativo de la fidelidad; Race Questions; Provincialism and other american problems (Acerca de las razas: el provincialismo y otros problemas americanos, 1908); William James and other Essays on the Philosophy of life; estudio del fundador del pragmatismo y otros ensayos acerca de la filosofía de la vida (1911); Bross Lectures on The Sources of Religions Insight (Conferencia de Bross acerca del origen de las convicciones religiosas, 1912) y The problem of Christianity (El problema del Cristianismo, 1913), tres volúmenes.

La personalidad de Royce, que como científico y pensador fue una de las más insignes de los Estados Unidos, desde el punto de vista ético es, sin duda, la primera que ha ofrecido la cultura del espíritu en Norte América. Royce, ante la conflagración europea, no vaciló en ponerse en frente de sus compañeros que sentían simpatías hacia el pangermanismo militar y, guardando fidelidad a su concepto de la filosofía de la lealtad, reivindicó valientemente el valor espiritual de la causa que defendían los aliados. En un discurso pronunciado en 30 de Enero de 1916, señaló los deberes de los norteamericanos durante la guerra. Con palabra vigorosa y acentos de indignación, proclamaba la necesidad de hacer frente a todas las circunstancias, adoptando una actitud enérgica y decisiva contra la conducta seguida por los Imperios centrales, reclamando el apoyo moral y económico de su país, para Bélgica y sosteniendo que ante la tragedia que se desarrollaba en Europa, [286] los Estados Unidos habían de sufrir por la noble causa del honor, del deber y de la humanidad.

Royce había adquirido fama mundial. Pertenecía a la Academia Americana de Artes y Ciencias, a la Academia Nacional de Ciencias, al Instituto nacional de Artes y Letras, a la Sociedad Filosófica de América, a la Asociación Americana de Psicología y a la Asociación Filosófica Americana. Falleció a fines de diciembre de 1916 en Harvard, rodeado del respeto y de la admiración de dos generaciones de discípulos que adoraban en él a un apóstol de la sabiduría y de la bondad.

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Santiago Valentí Camp Ideólogos, teorizantes y videntes
Minerva, Barcelona 1922, páginas 283-286