Ideólogos, teorizantes y videntes [1922]   Santiago Valentí Camp (1875-1934)

Emilio Boirac

La Metafísica positiva, que en Francia ha tenido en estos últimos lustros no pocos partidarios, halló en Emilio Boirac a uno de sus cultivadores más ilustres. Con tanto entusiasmo como competencia, el doctísimo maestro dedicóse a desentrañar los fenómenos psicológicos, al mismo tiempo que se preocupaba de buscar su concordancia con la substancia misma de las cosas. Y así como su formación científica llevóle a ser un indagador del fenomenismo, su ansia de saber y de ser fiel al criterio sincrético, hizo que se preocupase de buscar una demostración de la verdad del espiritualismo.

En algunos respectos, la personalidad de Boirac tiene especial relieve. Sus estudios, desde el punto de vista analítico, son verdaderamente notables, y aunque fue un publicista que escribía sin otro propósito que el de dar a conocer el resultado de sus indagaciones y las dudas que el constante trabajo intelectual dejaban en su espíritu, era un pensador profundo que sabía exponer con claridad los problemas más complejos y substraerse en sus juicios al criterio cerrado de escuela. Por esto, en distintas ocasiones, acertó a ensamblar la analítica ultra científica con los conceptos filosóficos nuevos.

Emilio Boirac nació en Guelma (Argelia) en 1851. Terminada la enseñanza primaria, hizo sus estudios en el Liceo de Burdeos, siguiendo luego la carrera de Letras en la Facultad de la propia capital hasta obtener la licenciatura. Ya en su juventud evidenció un [280] temperamento reflexivo y una capacidad nada común para el cultivo de la especulación. En 1874 obtuvo la cátedra de Filosofía, en el Liceo de Poitiers; después fue trasladado a Rouen y más tarde ingresó en el Liceo Condorcet, de París. En 1894 obtuvo el grado de doctor en Filosofía y la tesis que presentó, titulada L'idée du phénomene, más que el trabajo de un profesor dedicado a la enseñanza de la Filosofía, es la revelación de un filósofo de altos vuelos. Por la manera de plantear los problemas, por su conocimiento de la historia del pensamiento, por su espíritu anhelante, libre y enérgico, por su curiosidad insaciable, por su amplia concepción y por el deseo de agrandar el campo de los conocimientos, conquistó rápidamente nombradía.

Boirac no se aparta nunca del rigor y de la precisión que exige la crítica científica, pero logra substraerse a las limitaciones que muchas veces llevaron a los positivistas a formular síntesis prematuras, por haber dado excesivo valor a juicios que sólo debían considerarse como soluciones provisionales. Después de señalar cuanto hay de real y demostrable en las teorías relativas al hipnotismo, el magnetismo animal, la sugestión y otros sistemas psico fisiológicos, prosiguió con ahínco sus trabajos y los resultados de sus minuciosas y concienzudas investigaciones, quedaron consignadas en dos volúmenes, titulados La psychologie inconnue y L'avenir des sciences psychiques.

El propósito de Boirac era, ante todo, contribuir con sus aportaciones a ensanchar los dominios del conocimiento, estudiando los hechos sin prejuicios de ningún género, apartándose en lo posible de las nociones preestablecidas y entregándose por completo a la indagación. Por esto cuando formula sus conclusiones procura que, científicamente, puedan ser aquilatadas. Preguntábase Boirac si los hechos psíquicos, pueden explicarse por medio de las leyes de la Psicología general y se inclinaba a afirmar que tales hechos revisten un carácter especial, sui generis, e implican la existencia y la actividad del espíritu como un principio distinto del [281] pensamiento consciente, que preside al conocimiento normal.

Al mismo tiempo que a los trabajos de creación, dedicóse Boirac a la tarea modesta de divulgar la cultura filosófica, escribiendo varios volúmenes dedicados a los alumnos de Filosofía. Algunos de estos libros, como Cours élementaire de Philosophie, Leçons de Psychologie y Recueil de morceaux choisis de philosophes anciens, modernes et contémporains, publicado este último en 1899 sirvieron de texto en varios centros docentes de Francia.

En 1898 Emilio Boirac, por los triunfos alcanzados en su fecunda labor como publicista, fue nombrado profesor de Filosofía en la Facultad de Letras de Dijon, y al año siguiente, trasladado a la Universidad de Grenoble, de la que fue rector. A su iniciativa debióse la fundación del Instituto Electrotécnico de dicha ciudad, así como el establecimiento de los cursos de verano para los alumnos extranjeros. En 1902 fue trasladado de la Universidad de Grenoble a la de Dijon, en donde organizó el Instituto Enológico y Agrícola y fundó también los cursos de verano. El «Institut» de París, en 1906, le había elegido miembro correspondiente, premiando así sus trabajos y su devoción por los estudios de alta filosofía.

En estos últimos años, dedicó principalmente su actividad intelectual a la propagación del esperanto. Su compañero, el profesor Meray, durante su permanencia en Grenoble, le convenció de las ventajas que para la ciencia podía reportar la lengua universal, y no sólo como medio de comunicación íntima entre las personalidades que cultivaban estudios poco difundidos. En 1908 fue elegido Boirac presidente del primer Congreso Esperantista celebrado en Boulogne sur Mer. Poco después se le eligió también presidente del Lingva Komitato. Posteriormente presidió la Akademio y tomó parte en los cinco Congresos que han tenido lugar en distintas ciudades, habiendo asimismo publicado varias Memorias y opúsculos en esperanto. [282]

El ilustre profesor falleció en Dijon a fines de septiembre de 1917, siendo su muerte sentidísima, porque, además de su importante y dilatada labor como pensador y como pedagogo, fue un hombre pródigo en la acción social y su inagotable bondad, su espíritu afable y tolerante, su carácter recto le granjearon las simpatías de cuantos fueron sus compañeros en los claustros de los Liceos y las Universidades. Como expositor, poseía Boirac un arte admirable. Expresaba sus ideas con esa lucidez que sólo se logra cuando se posee una convicción firme y se sienten los estímulos del entusiasmo y de la fe. De sus obras de investigación, documentos preciosos en los que podrán adoctrinarse las generaciones del porvenir, pueden considerarse como fundamentales L'idée du phénomène, Psychologie inconnue y L'avenir des sciences psychiques.

Para la Universidad francesa, significó una gran pérdida la muerte de Boirac.

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Santiago Valentí Camp Ideólogos, teorizantes y videntes
Minerva, Barcelona 1922, páginas 279-282