Ideólogos, teorizantes y videntes [1922]   Santiago Valentí Camp (1875-1934)

Max Nordau

Durante más de quince años este escritor, que alcanzó gran celebridad fue discutidísimo en los cenáculos literarios de París y de otras grandes ciudades. Max Nordau obtuvo un gran éxito de público, porque llevó a la literatura un análisis crítico aceradísimo, y con una objetividad innegable, a pesar de las exageraciones en que alguna vez incurrió, puso de relieve los elementos morbosos que informaban el substrato de varias escuelas literarias. Puede decirse que ha sido el intérprete de ese buen sentido que perdura en el alma de las muchedumbres ilustradas, no obstante las desviaciones y extravagancias, que durante los periodos de mayor florecimiento literario introducen los escritores que buscan la originalidad trastrocando el orden de cosas, exaltando determinadas cualidades y contraviniendo a los principios de la Estética.

Max Nordau, a quien se ha supuesto unas veces francés y alemán otras, es húngaro, pues nació en Budapest en 1849, siendo descendiente de una familia judía. Desde muy joven recorrió las grandes capitales de Europa y hace más de veinte años se trasladó a París, donde tiene su residencia habitual. Su profesión de médico y sus aficiones a la psicología le llevaron a estudiar los grandes problemas de fisiología cerebral y singularmente los que conciernen a la psicosis. Ha escrito un sinnúmero de artículos en periódicos y revistas de Francia, Alemania, Italia, Argentina y España; ha concurrido a los Congresos de Antropología criminal, de Psicología y otros y ha sido uno de los escritores que mayor popularidad y más sólido prestigio han alcanzado entre los elementos judaicos de todas las naciones de Europa y del [36] Norte de América. Hace aproximadamente diez años los sionistas, con motivo de reunirse en una de sus asambleas periódicas, le ofrecieron la dirección de este importantísimo movimiento, puesto que Nordau rechazó porque, aun cuando en el fondo acaso simpatice con las corrientes que representa esta secta, como hombre de ciencia ha permanecido siempre alejado de todas las comuniones religiosas.

Desde muy joven sintió el famoso polígrafo una gran simpatía por los trabajos del célebre antropólogo italiano Cesar Lombroso, de quien fue amigo entrañable y panegirista entusiasta de sus doctrinas. Max Nordau, a pesar de cuanto han pretendido negarle sus númerosos contradictores, es un crítico insigne, que ha tenido una visión certera y que sintió como pocos la necesidad de expresar sus juicios sin envolverlos en el vano ropaje de las anfibologías, sin caer en el conceptismo pseudofilosófico que tan en boga estuvo en Francia desde 1885 hasta 1900.

El eminente escritor hizo en sus libros una verdadera disección de todas las desviaciones del sentido estético, que fueron la nota predominante de casi todas las tendencias literarias desde el naturalismo hasta el simbolismo.

Puede decirse que ningún otro escritor de esta época ha aportado a la crítica un mayor caudal de datos científicos, una erudición literaria de primera mano tan considerable y un espíritu más agudo, demoledor e iconoclasta. Además, la critica para Nordau ha constituido una labor en que se ensamblan habilmente la observación perspicaz y el razonamiento riguroso. Acaso en determinadas ocasiones llevó la analítica y la inducción más allá de lo conveniente y sin duda por ello resulta un tanto paradójico y arbitrario. Sus contradictores le han achacado el defecto de hacer la síntesis con cierta precipitación, lo que no deja, en parte, de ser cierto, ya que el ilustre escritor, al remover las ideas en todos los órdenes de la actividad psicológica, ha incurrido, como no podía menos de suceder, en ciertos errores de detalle, dando a determinados datos que le ofrecía su estudio de la realidad una mayor importancia que aquella que, en definitiva, debe asignárseles. Sin embargo, pecan de injustos cuantos niegan al audaz sociólogo dotes [37] especialísimas para ampliar el radio de acción de la crítica didascálica.

Es indudable que Nordau posee un carácter firme y una inteligencia de primer orden, siendo, a la vez, uno de los indagadores más cultos e infatigables de la hora presente. Entre sus obras más importantes pueden señalarse las siguientes: Paris, Studien und Bilder; Vom Kreml zur Alhambra; Paris, unter der dritten Republik; Seifenblasen in Krieg der Millionen (drama); Die neuen Journalisten (comedia); Paradoxe; Conventionelle Lügen der Kulturmenschheit (de esta obra, que, traducida al castellano, significa Mentiras convencionales de la civilización, se habían hecho en 1902 diez y ocho ediciones; Seelenanalysen; Seelenanalysen; Seifenblasen Federzeichuungen Geschichten; Zitgcnossen; Franzossen; Der Zionismus; Morganatique, y, por fin, su celebérrima obra Entartung (Degeneración), que tanto éxito alcanzo en Alemania, siendo discutidísima, como lo fue al ser traducida al ingles, al francés, al italiano y al español.

En esta obra Max Nordau proyecta el método científico en el pasado y el presente, de las principales escuelas literarias y, tras un examen profundo de las modalidades de los géneros literarios, fustiga despiadamente el esnobismo de los ingenios literarios que, sin conocimientos adecuados, plantean y resuelven problemas complejísimos de índole científica. Valiéndose de los procedimientos que preconiza la psicofisiología, examina la génesis de las concepciones literarias, señalando con firmeza de pulso los grandes errores en que incurrieron Ibsen, Tolstoi, Zola, D'Annunzio y otros escritores de renombre universal.

Nordau sienta la afirmación de que la degeneración no es solo una tara física, sino que siempre lleva aparejada una perturbación mental. Al hacer un amplio estudio de los artistas, pintores, músicos y literatos, pone de relieve cuánto ha influido el egotismo en las concepciones de muchos de ellos, desviándolas y falseándolas. Su libro Mentiras convencionales es un brioso ataque a los prejuicios, hipocresía y absurdos, que informan en muchos aspectos la manera de ser de la sociedad actual y puede considerársele como una de las contribuciones sociológicas más hondas y bien pensadas que se escribieron en las postrimerías del siglo pasado. En Paradojas desarrolla ideas análogas, [38] señalando los obstáculos que impiden, en parte, el afianzamiento del bienestar colectivo y que no son obstáculo, sin embargo, para que se cumpla la ley del progreso, pues esta es predominantemente biológica.

La crítica que hizo Nordau de la novela contemporánea puede reputarse de magistral. Su defensa de la rectitud de propósito, que debe ser la que impulse al novelador, es asimismo acertada y demuestra el profundo conocimiento que posee el célebre escritor húngaro de la misión que incumbe a cuantos se consagran a la novela. Es cierta también la tesis que sustenta al defender los fueros del arte literario, al afirmar que el genero novelesco no debe ser mera descripción y apología de los actos, de la sexualidad; como son evidentes sus grandes dotes de filósofo al preconizar la victoria del sentido vital respecto a los hechos morbosos y excepcionales. Pero Nordau no ha predicado solo como hubiera podido hacerlo un crítico español, sin esgrimir otras armas, que la censura acre y el concepto severo; prefirió demostrar con el ejemplo su manera especial de considerar la novela. En Die Krankheit des Jahrhunderts (El mal del siglo), que apareció en 1899, patentizó sus cualidades de novelador al desarrollar, en forma sugestiva, brillante y amena, un tema tan difícil como la neurosis en sus múltiples aspectos.

Los lectores que aspiren a conocer a fondo las distintas manifestaciones que reviste el desequilibrio nervioso hallarán en este último libro un archivo de datos curiosos que enseñan más que muchas obras científicas, porque Nordau les dio vida, encarnándolos en los distintos tipos que figuran en la novela.

Recientemente ha cultivado Nordau la filosofía de la Historia, publicando un libro acerca del sentido de la misma, en el que enfoca los problemas desde un punto de vista en cierto modo nuevo y con su manera peculiar de analizar los acontecimientos más importantes discurre amablemente, sin abandonar nunca su criterio, firme y aparentemente paradójico, pero en el fondo dirigido por una gran perspicacia y dialéctica.

La característica del discutido escritor es el haber llevado el análisis psiquiátrico a las disciplinas sociales sin temores ni circunloquios. Por esto quizás se granjeó una tan alta consideración y pudo resistir las sañudas campañas que contra él llevaron a cabo los [39] críticos académicos de todos los países. Nordau, seguro de sí mismo, dueño de su pensamiento, es de los luchadores que no retroceden ante las dificultades y peligros. Con valentía inusitada defiende siempre sus puntos de mira personalísimos. Cualquiera que sea la apreciación que pueda merecer la obra filosófica y literaria de Nordau, ha de convenirse en que es un pensador original y que como escritor tiene un estilo vivo y enérgico, rico en colorido y de exuberante fantasía.

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Santiago Valentí Camp Ideólogos, teorizantes y videntes
Minerva, Barcelona 1922, páginas 29-39