Ideólogos, teorizantes y videntes [1922]   Santiago Valentí Camp (1875-1934)

William James

La personalidad de este eminente filósofo norteamericano ha sido de las que mayor prestigio han alcanzado en Europa. De entre los publicistas yanquis es el que más reputación conquistó a fines del siglo pasado y en los albores del presente después de Emerson, Baldwind y John Fiske, es el autor que consiguió extraterritorializar su obra sin recurrir a ninguno de los procedimientos de reclamo que se emplean de ordinario. James era uno de los pedagogos contemporáneos de potencia psíquica más fuerte y vigorosa y está considerado por la crítica como uno de los primeros psicólogos de nuestra época. Puede parangonársele con Th. Ribot, el patriarca del psicologismo francés; con Wundt y Münsterberg, que en Alemania contribuyeron a dar nuevas orientaciones a los métodos psicológicos, y con Guido Villa que en Italia ha ampliado la indagación referida a los problemas del espíritu. James era un espíritu superior, extraordinariamente amplio. Como Wundt, era médico y poseía una vasta cultura moderna. Sus obras asombran por el enorme laboreo mental que revelan. En todas ellas se ve a un eximio estructurador que dominaba la metodología. Su estilo era casi siempre conciso, fresco, insinuante y ameno en alto grado. Tenía el arte exquisito de exponer las doctrinas con frases claras y breves y enfocaba con prodigiosa seguridad los problemas más complejos. Su fama como conferenciante no ha sido superada. Pocos profesores igualaban a James en brillantez y elocuencia. Sus lecciones eran un prodigio de elegancia y de saber. Al decir de algunos críticos ingleses, expresábase con una maestría y una perfección sorprendentes, construyendo los [10] períodos con rotundidad y sin afectación. Sus disertaciones acerca de la psicología religiosa causaron en Inglaterra viva impresión y a sus cursos asistía un auditorio escogido que al terminar le ovacionaba calurosamente. Diez años atrás toda la alta intelectualidad inglesa desfiló por el aula en que explicaba el profesor norteamericano.

James ha sido el filósofo yanqui que más ruidoso éxito alcanzó en la Gran Bretaña, repercutiendo sus triunfos en toda Europa y en los Estados Unidos. Las principales revistas científicas y literarias dedicaron laudatorios artículos a examinar la portentosa labor de este gran hombre de ciencia, cuya personalidad es múltiple y sumamente complicada. Por sus dotes de indagador, de expositor, de crítico y, sobre todo, por su agudeza de percepción y su espíritu anhelante, puede ser considerado como uno de los más insignes filósofos contemporáneos. Tan solo Rodolfo Eucken y H. Höffding se le asemejan en fuerza constructiva y poder sugeridor, aunque James es más ameno y genial que el primero y menos profundo y científico que el segundo, que en su Historia de la filosofía contemporánea evidenció poseer una capacidad crítica sólo comparable a la de Lange en su Historia del materialismo. Los triunfos que alcanzó el filósofo yanqui débense en gran parte a su agilidad mental y a su esprit, más que a la hondura y a la originalidad.

James falleció a últimos de Agosto de 1910 en Crocorua (New-Hampshire), a la edad de 68 años. Desde muy joven mostró excepcionales aptitudes y cursando la carrera de Medicina dio muestras de gran capacidad para el cultivo de las ciencias experimentales. Al terminar sus estudios académicos, explicó Anatomía y más tarde Psicología comparada en la Universidad de Harward, introduciendo nuevos métodos en esta última disciplina. Durante toda su vida sintió una gran afición hacia los estudios filosóficos, los cuales compartió con las investigaciones y los ensayos psicofísicos.

La producción intelectual de James es copiosa. Dejó gran número de obras, entre las cuales sobresalen las siguientes:

El dilema del determinismo, Racionalidad, actividad y fe, Los grandes hombres, los grandes pensadores y el medio, [11] El sentimiento de racionalidad, Inmortalidad humana (Boston, 1898), La característica intelectual del hombre, El sentimiento del esfuerzo, Principios de Psicología (1890), Fases de la experiencia religiosa (Nueva York, 1902), Los ideales de la vida y El Pragmatismo (1907); Un universo pluralístico 1909, &c.

Puede decirse que su preocupación principal fue el restaurar en filosofía la concepción espiritualista. Siguiendo la doctrina de un filósofo norteamericano, Carlos Peirce, poco conocido en Europa, trató de presentar con nuevas fórmulas el idealismo, si bien basándolo en los resultados de la experiencia científica. En este sentido James amplió el punto de vista de Peirce, dando a la doctrina mayor desenvolvimiento, vistiéndola con fastuosidad y enriqueciéndola con una terminología abundante y aparatosa. Es indudable que el éxito fácil y rápido alcanzado por las obras de James debióse en cierto respecto a que este filósofo tuvo especial cuidado al elaborar lo fundamental y aun más lo accesorio, de ellas, seriando con maestría los datos y las observaciones recogidas para deducir de unos y otros una resultante en que basar su tan conocida pragmática.

Pero, analizando con alguna minuciosidad los argumentos aducidos en varias de sus obras, descúbrese que, aun los principios más importantes, se apoyan en nociones fragmentarias y en un número de observaciones personales que, aun siendo númerosas y habiendo sido escrupulosamente recogidas, no bastan para constituir un sistema que puede reputarse como de veras original. Quienes hayan leído con sostenida atención su libro titulado The varieties of religious experience, que es, quizás, el mejor de cuantos escribió, por la elevación del concepto y la penetración psicológica con que intenta realizar un amplio estudio acerca de la naturaleza humana, habrán advertido que James trabajó valiéndose casi siempre de los datos que le suministraron los estudios experimentales de investigadores norteamericanos como Starbuck, Leuba, Coe y otros y que, de ordinario, los juicios que formula se resienten del grave defecto de ser reflejo de una psicología esporádica y circunscrita a los habitantes de los Estados Unidos, pues si bien en ocasiones alcanza mayor extensión, su examen se reduce a los pueblos de raza anglo-sajona. [12]

Adviértese asimismo en James, como en Baldwind y Fiske, una tendencia a generalizar el resultado de sus observaciones y a sentar sus juicios con cierta precipitación y apriorismo, que le hace incurrir en exageraciones. En su libro El Pragmatismo, que, como es sabido, obtuvo un gran éxito, desarrolla, descendiendo a detalles, su concepción filosófica. En ella, a la par que se admira el ingenio de James y su ductilidad espiritual, obsérvase cuanto hay de arbitrario en la teoría pragmática, y puede afirmarse que la existencia de la misma está seriamente amenazada y que su eficiencia será muy escasa y tal vez efímera. Marchesini, el ilustre crítico italiano y contradictor de James, acaso acierte cuando señala en su libro Le finzioni dell'anima que cabe presumir que en la historia de la filosofía el pragmatismo ocupará un lugar secundario.

La idea religiosa de James, o sea el supranaturalismo, es una defensa hermosa y valiente del espiritualismo, cuyos fueros pretende reconquistar. Es un brillante alegato en pro de la vuelta a una concepción idealista del Universo y de la conciencia. James se esfuerza en dar a sus afirmaciones un valor demostrativo; pero solo en contadas ocasiones logra aportar elementos suficientes para atestiguar con hechos comprobados los principios que le sirvieron de orientación y merced a los cuales asevera solemnemente su íntima convicción de la existencia de una causa sobrenatural. El espiritualismo que flota en las doctrinas de James y de sus discípulos es un tanto endeble, toda vez que considera como experiencia religiosa lo que acaso solo sea un mero imperativo cordial para los espíritus cultos y que, en realidad, no tiene otro nombre que este: la fe, que ha sido siempre una cualidad característica de las almas sencillas.

Sería, sin embargo, injusto restar, como lo han intentado algunos críticos, a William James sus grandes cualidades de expositor claro y brillantísimo. Fue evidentemente uno de los filósofos que en nuestra época tuvieron más poder fascinador, sin duda, porque acertó a dar a su estilo la movilidad indispensable para remover las ideas y apoderarse de la atención de los lectores. Como escritor ha de convenirse que llegó a las altas cumbres y que su fantasía era extraordinaria. [13] Aun los menos competentes hallarán en la lectura de los libros de James un íntimo goce y confortamiento.

Su libro de más trascendencia, en el que revela mejor su modo especial de apreciar los problemas morales y religiosos con un método peculiar, original y subjetivísimo, es El Pragmatismo, ya citado, en el que formula su credo, definiéndolo con amplitud y sin omitir detalles. En esta obra concretó los distintos puntos de mira que había expuesto en libros anteriores, ensanchando considerablemente sus principios teóricos y aportando ejemplos inducidos de sus prácticas en el laboratorio, en la clínica y en la mesa de disección. Aunque en la concepción filosófica de James predomina, en ciertos respectos, el elemento inductivo, este queda un tanto ahogado por un teoricismo algo alambicado, debido tal vez a la excesiva sutileza del filósofo.

James, al condensar sus ideas, quizás se dejó llevar, en este libro, por lo que pudiésemos llamar el afán de constituir un sistema propio. Como doctrina, el pragmatismo ha sido muy discutido y es probable que lo siga siendo durante muchos años, porque la tesis sentada por el filósofo yanqui merece un examen circunspecto, ya que en el fondo contiene no pocos aciertos al lado de errores manifiestos. Sin embargo, no ha llegado aún el instante de formular un juicio definitivo respecto a este libro, que es el más personal de cuantos escribió. Pero, cualquiera que fuere el juicio de la posteridad, no es probable que niegue a James un lugar preeminente en la historia de la Filosofía contemporánea, pues fue, y esto es indiscutible, uno de los más tenaces renovadores del pensamiento en la época actual. Algunos de sus libros quedarán como modelos, porque flota en ellos una gran parte de las palpitaciones del espíritu de nuestra época, unas veces iconoclasta y dominada otras, por el neoespiritualismo, que trata de presentar, dentro de nuevas fórmulas, el misticismo.

Los aspectos en que James merece ser estudiado con más detenimiento, son como psicólogo y como educador. Llevó a la Pedagogía un profundo sentido de modernidad. Sus consejos a los maestros y a los alumnos, impregnados de amabilidad y ternura, evidencian un profundo conocimiento del dinamismo psíquico en los niños y en los adultos. Los ideales de la vida es un libro [14] primoroso que tiene un extraordinario valor didáctico y que contribuyó poderosamente a infundir en la enseñanza las nuevas modalidades que preconiza el experimentalismo, desterrando los viejos doctrinarismos pedagógicos, que tantos perjuicios han ocasionado en todas las naciones.

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Santiago Valentí Camp Ideólogos, teorizantes y videntes
Minerva, Barcelona 1922, páginas 9-14