Filosofía en español 
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Árbol de consideración y varia doctrina

Pedro Sánchez

Árbol de consideración y varia doctrina

[ Preliminares ]

[ Licencia del Rey - 24 julio 1583 · Nueva licencia de Felipe II - 7 marzo 1584 · Aprobación de Fray Martín Sierra, prior del monasterio agustino de san Felipe de Madrid - 29 junio 1583 · Aprobación del doctor Pedro Ruiz de la compañía de Jesús - 26 agosto 1583 · Licencia del inquisidor Andrés Hernández - 26 agosto 1583 · A la serenísima Reina de los Ángeles madre de Dios, ofrece este árbol… su humilde e indigno siervo el maestro Pedro Sánchez · Al Ilustrísimo señor don Gaspar de Quiroga, Cardenal de Santa Balbina, Arzobispo de Toledo, primado de las Españas… el maestro Pedro Sánchez racionero de la santa iglesia de Toledo · Prohemio del árbol de consideración. · El autor al benigno y piadoso lector. · Soneto. ]


portada, i recto

Árbol de consideración y varia doctrina

Plantado en el campo fertilísimo de los venerables misterios de la semana santa. Del cual se cortan siete ramos muy hermosos, que se reparten a los que van en la procesión el Domingo de Ramos, uno para cada día de esta semana. Y son siete consideraciones principales de la Pasión del Redentor. Y estos ramos están cargados de flores y frutos de otras consideraciones particulares de diversas materias agradables y provechosas para todo Cristiano en cualquier tiempo.

Una adición de los misterios de la Resurrección del Redentor. Y la Vida de Adán. Y la del Antecristo, y la de los siete durmientes, y otras cosas dignas de saber.

Compuesto por el Maestro Pedro Sánchez Racionero de la santa Iglesia de Toledo, puesto debajo de la sombra y amparo de la Madre de Dios, dedicado a ella. Y en su nombre, y como a su ministro, al Ilustrísimo señor don Gaspar de Quiroga Arzobispo meritísimo de la santa Iglesia de Toledo Cardenal de santa Balbina, &c.

Con privilegio
En Toledo en casa de Juan Rodríguez impresor y mercader de libros. Año de 1584.
Está tasado en tres maravedís cada pliego.

i vuelto

El Rey.

P

Por cuanto por parte de vos el maestro Pedro Sánchez, Racionero en la santa Iglesia de la ciudad de Toledo, nos ha sido hecha relación, que habíades compuesto un libro en romance, intitulado árbol de consideración, que trataba de los misterios de la semana santa en que había muchas consideraciones de doctrina moral, y escolástica, de que hacíades presentación, y nos pedistes y suplicastes os mandásemos dar licencia y facultad para le poder imprimir y vender, y privilegio por veinte años, para que durante ellos, otra ninguna persona le pudiese imprimir sin vuestro poder, o como la nuestra merced fuese, lo cual visto por los de nuestro consejo, y como por su mandado se hicieron las diligencias que la Pragmática por nos nuevamente hecha sobre la impresión de los libros dispone, y por os hacer bien y merced, fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra cédula en la dicha razón, y nos tuvimos lo por bien, y por la presente vos damos licencia y facultad, para que por tiempo de ocho años primeros siguientes, que corren y se cuentan desde el día de la data de ella, vos, o la persona que vuestro poder hubiere podáis imprimir el dicho libro que de suso se hace mención, y venderle, y por la presente damos licencia y facultad a cualquier impresor de estos nuestros reinos, que vos nombráredes para que por esta vez le pueda imprimir, con que después de impreso, antes que se venda, le traigáis al nuestro consejo juntamente con el original que en él se vio, que va rubricado, y firmado al cabo de Miguel de Ondarza Zavala nuestro escribano de cámara de los que en el nuestro consejo residen para que se corrija con él, y se os tase al precio que por cada volumen hubiéredes de haber, vea si la dicha impresión está conforme al original. Y traigáis fe en pública forma en cómo por Corrector por nos nombrado, se vio, y corrigió la dicha impresión por el original, y se imprimió conforme a él: y que quedan asimismo impresas las Erratas por él apuntadas, para cada un libro de los que así fueren impresos: y se os tase el precio que por cada volumen hubiereis de haber, y mandamos que durante el dicho tiempo, persona alguna sin vuestra licencia no le pueda imprimir, ni vender, so pena que el que lo imprimiere y vendiere, haya perdido y pierda todos y cualesquier libros, y moldes que de él tuviere y vendiere en estos nuestros reinos, y más incurra en pena de cincuenta mil maravedís por cada vez que lo contrario hiciere, la cual dicha pena sea la tercia parte para el juez que lo sentenciare, y la otra tercia parte para la nuestra cámara y fisco, e mandamos a los del nuestro consejo, presidentes, y oidores de las nuestras audiencias, alcaldes, alguaciles de la nuestra casa y corte, y chancillerías, y a todos los corregidores, asistentes, gobernadores, alcaldes mayores y ordinarios, y otros jueces y justicias cualesquier, de todas las ciudades, villas, y lugares de los nuestros reinos y señoríos, así a los que ahora son como a los que serán de aquí adelante, que os guarden y cumplan esta nuestra cédula, y merced, que así os hacemos, y contra el tenor y forma de ella ni de lo en ella contenido, os no vayan, ni pasen, ni consientan ir ni pasar por manera alguna, so pena de la nuestra merced, y de diez mil maravedís para la nuestra cámara. Hecha en Madrid, a veinte y cuatro días del mes de julio, de mil y quinientos y ochenta y tres años.

Yo el Rey.

Por mandado de su Majestad,
Antonio de Eraso.

ii r - ii v

[ Erratas ]

iii r

D

Don Felipe por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias , de Jerusalén, de Portugal, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorcas, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias Orientales, y Occidentales, Islas y tierra firme del mar Océano, Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, de Bravante, y Milán, Conde de Abopurg, de Flandes, y de Tirol, y de Barcelona, señor de Vizcaya, y de Molina, &c. Por cuanto por parte de vos el maestro Pedro Sánchez, racionero en la santa Iglesia de la ciudad de Toledo. Nos ha sido hecha relación diciendo que por nos se os había hecho merced el año pasado de daros licencia para imprimir un libro que habíades compuesto, llamado árbol de consideración, el cual por nuestro mandado le había examinado y aprobado el prior de san Agustín, y después acá os había parecido que era necesario para perfección del dicho libro, hacer una adición de los misterios del sábado santo, y de la vida de Adán, la cual por vos se había hecho. Y ahora de nuevo ante los del nuestro consejo hacíades presentación, y nos pedistes y suplicastes os diésemos licencia y facultad para lo poder juntar con el dicho libro, e imprimirlo todo, o que sobre ello proveyésemos como la nuestra merced fuese. Lo cual visto por los del nuestro consejo por cuanto en el dicho libro se hizo la diligencia que la pragmática por nos hecha dispone, fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra carta para vos en la dicha razón. Y nos tuvímoslo por bien. Y por presente os damos licencia y facultad para que por esta vez podáis hacer imprimir el dicho libro, que de suso se hace mención en estos nuestros Reinos, sin por ello incurrir en pena alguna, con que antes que se venda lo traigáis ante los del nuestro consejo, juntamente con el original para que se vea si la dicha impresión está conforme a él. O traigáis fee en pública forma, en cómo por el corrector nombrado por nuestro mandado se vio, y corrigió la dicha impresión por el dicho original, y se imprimió conforme a él. Y quedan así mismo impresas las erratas por él apuntadas para cada un libro de los que así fueren impresos, y se os tase el precio por que hubiéredes de vender cada volumen, so pena de caer e incurrir en las penas, contenidas en la dicha pragmática, y leyes de nuestros Reinos. Y no hagades ende al, so pena de la nuestra merced, y de veinte mil maravedís para la nuestra cámara. So la cual dicha pena mandamos a cualquier nuestro escribano os la notifique, y de ella de testimonio por que nos sepamos cómo se cumple nuestro mandado. Dada en Madrid, a siete días del mes de marzo, de mil y quinientos y ochenta y cuatro años.

El licenciado Juan Tomás. Don Pedro Puertocarrero. El licenciado Guardiola. El D. Juan Fernández Cogollo. El licenciado don Juan de Zuazo.

Yo, Miguel de Ondarza Zavala, secretario de cámara de su Majestad la hice escribir. Por su mandado con acuerdo de los del su consejo.

Registrado. Jorge de Oleal de Vergara.

Chanciller Mayor. Jorge de Oleal de Vergara.

iii v

Fray Martín Sierra prior del monasterio de san Felipe de Madrid de la orden de san Agustín. He visto este libro intitulado árbol de consideración y varia doctrina, y la adición que en este libro se contiene para los misterios de la semana santa perfectamente considerados, con la vida de Adán, que compuso el maestro Pedro Sánchez racionero de la santa Iglesia de Toledo. Y hallo que no contiene cosa alguna contraria a nuestra santa fe católica, ni a las buenas costumbres de nuestra santa madre Iglesia: Antes contiene muchas y varias cosas de doctrinas muy buenas y de mucha erudición. Y avisos para que cualquiera de los católicos se pueda aprovechar. Hecha en el sobredicho monasterio en 29 de Junio de 1583.

Fray Martín Sierra . Miguel de Ordaza Zavala.

Yo el doctor Pedro Ruiz de la compañía de Jesús por mandado del ilustre y muy Reverendo señor licenciado Andrés Hernández Inquisidor y vicario general de la ciudad de Toledo y su Arzobispado, por el Ilustrísimo señor don Gaspar de Quiroga Cardenal y Arzobispo de Toledo, &c mi señor. Digo que yo he visto y examinado por dos veces un libro intitulado árbol de consideración y varia doctrina, y una adición para añadir al dicho libro que compuso el maestro Pedro Sánchez racionero de la santa Iglesia de Toledo. El cual es muy católico, y de muy sana y provechosa doctrina. Y de mucha erudición. Y tiene mucha doctrina escolástica y moral y muy buenas, y espirituales consideraciones, y será muy útil y provechoso que se imprima. Y no hay en él falsedad ni error contra nuestra santa fe. Y por tal le apruebo. Hecha en Navalcarnero a 26 de agosto de 1583.

El doctor Pedro Ruíz
de la compañía de Jesús.

Yo el licenciado Andrés Hernández Inquisidor y vicario general en todo el arzobispado de Toledo, &c. Por el tenor de la presente doy licencia para que se imprima el libro arriba contenido. El cual está escrito en seiscientas y noventa y ocho hojas de pliego, con la tabla del dicho libro. Atento que está visto y aprobado por mi mandado. Hecho en Toledo a veintiséis días del mes de Agosto, de mil y quinientos y ochenta y tres años, va entre renglones. Por mi mandado vala.

El licenciado Andrés Hernández.

Por mandado del muy Ilustre señor Inquisidor y vicario general.
Pedro Pantoja. Notario público.

iv r

A la serenísima Reina de los Ángeles madre de Dios, ofrece este árbol y le planta debajo de su amparo, su humilde e indigno siervo el maestro Pedro Sánchez.

D

De dos cosas suelen comúnmente tener particular cuidado (Serenísima reina de los Ángeles) todos los que escriben: la una es, dirigir y dedicar sus obras (para que sean estimadas y favorecidas) a Reyes, Príncipes, Emperadores, y otras personas muy poderosas: porque aunque el estilo y la materia de que tratan sean comunes y no lo merezcan, ellos teniendo atención a la voluntad de los que se las ofrecen, las amparan y favorecen, y las reciben con benévolo y apacible ánimo: como vemos en la benevolencia con que Octaviano Augusto aceptó el libro de la arte de edificar, que le ofreció Vitrubio. Y el Emperador Antonino, un tratado de la naturaleza de los peces, que le dedicó Opiano. Y el rey Deyotaro, un libro que compuso Diofano, de cómo se habían de labrar los campos. Y todo el intento de estos autores era, defender y perpetuar sus obras, debajo del amparo de los grandes príncipes a quien las dirigían. A cuyo ejemplo, con alguna razón he yo tomado atrevimiento de volar tan alto, y tener tan generosos pensamientos, de querer plantar este mi árbol de consideración, debajo de la autoridad y amparo, de algún grande y muy poderoso príncipe: mas considerando yo, que todos los príncipes pasados ya no son, y que los presentes, y los por venir dejarán de ser. Y por consiguiente perecerá este mi árbol, pereciendo el edificio a quien estuviese arrimado: acordé de plantarle, debajo de la sombra y amparo de algún príncipe, que fuese inmortal, y que jamás hubiese de dejar de tener ser, y que tuviese poder infinito, para dar ser y perfección a este mi árbol, y darle sustento y virtud. Y como este sea sólo Dios, de quien desciende y se deriva (conforme al testimonio del Apóstol Santiago) todo bien: el cual como no tuvo principio tampoco puede tener fin {Iaco.I}. Hallándome yo falto de merecimientos para ofrecerle el cornadito de este pobre don, he tomado por última resolución, de presentar este pequeñito árbol a los pies de vuestra real alteza, y plantarle debajo de su favor y amparo, conociendo que vos señora sois aquella tierra Virgen, tierra santa, tierra bendita, en la cual el padre soberano plantó aquel árbol de vida de su unigénito hijo: para que todos fuésemos a coger del fruto de bendición y de misericordia. Porque ¿de dónde con más razón podría yo esperar favor para mi obra, para que salga muy acertada, y sea acepta y graciosa: sino de la que (por testimonio angélico) está llena de gracia? {Lucae. I.} Y por esto he tomado el consejo del Apóstol san Pablo, que está dando voces: vamos con confianza al trono de la gracia, para que hallemos misericordia, y consigamos gracia y socorro oportuno {Hebr.4}. Y pues vos soberana señora, sois el medio por donde se comunica la divina gracia, y por esto os llaman los santos gracia de cuello, y pues vos sois la tesorera a donde vuestro hijo tiene depositada la gracia, para que se comunique a los pecadores. Ea ya abogada nuestra, convertid vuestros ojos misericordiosos, sobre este árbol, que debajo de vuestra sombra se ha plantado: para que gozando él, y siendo regado con el rocío de gracia que yo espero de vuestra real alteza, pueda decir con el Salmista, yo dormiré con seguridad y con reposo: porque me has constituido en esperanza de favor. {Psal. 4} [iv v]

Lo segundo que suelen tener los escritores por costumbre, es alabar y encarecer las hazañas y grandezas de los Príncipes a quien dirigen sus obras: pero de este cuidado me relevan a mí los Ángeles del cielo, que cantan de vuestra alteza, es hermosa como la Luna, escogida como el Sol, poderosa como un ejército bien ordenado {Can. 6}. De este mismo oficio de alabanza, usa el espíritu Santo en los cantares diciendo. Toda eres hermosa amiga mía, y ninguna mancilla hay en ti. {Can. 4.} Pues ¿cómo se atreverá mi lengua de carne, mucho más tartamuda que la de Moisés, a tratar de vuestros loores y alabanzas, (Oh princesa de la vida) pues esta tan alta empresa toca a los espíritus celestiales, y el mismo Dios que obró en vos tan altas maravillas ha querido tomar la delantera para alabaros de ellas? {Exo. 4.} También me mueve a tener silencio en esto considerar, que es cosa torpe ser alabado de hombres torpes, y que no es preciosa la alabanza en boca del pecador, y merecería aquella reprehensión del Salmista. ¿De dónde te ha nacido atrevimiento para tratar mis justificaciones, y tomar mi nombre en tu boca? {Eccli. 15}. Y por temer esta justa reprehensión, quiero desistir de esta demanda: cuanto más, que ya que yo con licencia de vuestra Majestad me atreviese a entrar, en el mar Océano de vuestros loores, por mucho que dijese, quedaría corto, y podría decir con verdad la abundancia me ha hecho pobre, porque, ¿qué seguridad tendría, el que con tan pequeña navecilla como la de mi entendimiento, quisiese engolfarse en el profundo y espacioso mar de las excelencias de María? {psal. 49.} Porque tienen tan alto punto de perfección, que aunque se dijese mucho, todo lo posible sería poco. Si no le parecía al vaso de escogimiento del Apóstol san Pablo cosa lícita, tratar de los altos secretos y misterios que le fueron revelados (siendo él quien era) {2.Cor. 12} ¿cómo se atreverá un gusanillo de tierra, a tratar los altos secretos y grandezas, que puso Dios en aquel cielo sin corrupción de pecado, y lleno de estrellas muy resplandecientes de virtudes, de vuestra sacratísima ánima y de vuestro sacratísimo cuerpo? Que fue cielo muy hermoso, y templo de Dios vivo, escogido por el padre eterno, por tálamo donde se celebrasen las bodas de su unigénito hijo, con la humana naturaleza, con aquella maravillosa unión hipostática del verbo divino con la naturaleza humana, significadas por aquellas solemnes bodas del cordero del Apocalipsis {Apoc. 19}. Y si se hubiese de tomar este negocio de principio, ¿qué lengua de hombre mortal, podría encarecer el privilegio singular de vuestra concepción? Que siendo concebida de Joaquín y Ana, por vía natural, fuiste preservada por sobre natural virtud, de la culpa original: sin caer en ella, antes ni después, ni cuando vuestra benditísima ánima fue criada, e infundida en el cuerpo. Lo cual fue privilegio particular, que jamás se concedió a pura criatura, porque, aunque algunos santos fueron libres del original esto fue después de haberle contraído.

Pues si de vuestra gloriosa vida quisiésemos tratar, ¿quién podría exagerar la gran caridad, y el catálogo de virtudes, que en grado tan perfecto y heroico tuvistes? En que os aventajastes grandemente sobre todas las puras criaturas. Y si quisiésemos pasar adelante y tratar de vuestra muerte, fue tan preciosa en el acatamiento divino, que como con particular privilegio os libró Dios de aquella común sentencia. Todos pecaron en Adán: así también os libró de aquella común ignominia y pena del pecado {Genes. 3}. Polvo eres, y en polvo te has de convertir, porque no consintió, el que había escogido vuestras entrañas por tabernáculo para su morada, que padeciesen corrupción, ni convenía a la autoridad de tal [v r] hijo, que el cuerpo integérrimo, y sin corrupción de su madre, donde él se había aposentado, que fuese violado de los gusanos y corrupción: porque esa es, secuela, e ignominia del pecado. Y también es privilegio muy digno de alabanza, que el mismo Dios que os preservó de los dolores del parto, os preservó de los dolores de la muerte (aunque no de la misma muerte) porque esa regla no padecía excepción, y convenía entrar en la gloria por la puerta de la muerte, por donde había entrado vuestro hijo, porque es el paso para la bienaventuranza, pero después de haber cumplido con la deuda universal de la muerte, sin pena ni dolor, tornándose a reunir vuestra benditísima ánima con el sagrado cuerpo, fuiste subida en cuerpo y en ánima a tanta alteza de gloria, sobre todos los espíritus angélicos, que ellos estaban admirados, y decían unos a otros: ¿quién es esta que sube del desierto cargada de deleites, y reclinada sobre su amado? {Ca. 3.} Y mayormente cuando oían las voces muy suaves, con que os llamaba el Verbo divino. Ven esposa mía, escogida mía, y recibirás la corona que te está aparejada. {Ca. 3.}

Y pues vos poderosísima señora, tantos favores habéis alcanzado acerca de la Majestad de vuestro hijo, y entre los otros títulos que os dio, os hizo abogada de pecadores, de creer es de tal hijo, que concederá a tal madre todo lo que le pidiere: como lo tenemos figurado en el rey Salomón: que dijo a su madre. Pedid madre mía, lo que quisieredes, que ninguna cosa se os negará. {3. Reg. 2.} Y por tanto tengo por muy acertada mi determinación, en dedicar, ofrecer, y poner debajo de vuestra sombra y amparo, este pequeñito árbol de consideración y varia doctrina, que yo he plantado: para que alcancéis de la divina Majestad, que prenda, y fructifique también en los ánimos de los pequeñitos, que no alcanzan las letras: para quien yo le he plantado, mediante el rocío de la gracia que espero en Dios, le comunicará, por vuestros altos merecimientos, que será agradable y provechoso a los que quisieren echar mano de su fruta: pues no podrá dejar de ser muy sabrosa por ser cosa vuestra, y dedicada a vuestro servicio, y plantada debajo de vuestro amparo. Y por la misma razón, estará seguro con tal arrimo, de los vientos contrarios, y de los rabiosos bocados y mordeduras de los maldecimientos, que suelen hacer carnicería en los sudores ajenos: estándose ellos mano sobre mano sin hacer obras de que se aprovechen otros, y con que ellos expendan bien el tiempo, de que habemos de dar estrecha cuenta. Reciba pues vuestra real alteza, este pequeño árbol plantado en la confianza de su favor, y no tenga atención al pequeño servicio que le ofrezco, sino a la voluntad que yo tengo de ofrecerle mucho más (si más pudiera) pues (aunque por parte de este pobre hortelano que le ofrece, es muy pequeño este servicio) es muy grande (por parte de lo que se ofrece pues lo que yo os presento en este tratado, es el mayor de todos los holocaustos y sacrificios: porque es aquel sacrificio de justicia, y aquella ofrenda y oblación, y aquel cordero sin mancilla, que la divina escritura llama sacrificio placable, que es vuestro hijo, sacrificado en el árbol de la cruz al padre eterno, por nuestros pecados. {Exo. 29.} De cuya pasión y soberano sacrificio, hecho por gran fuerza de amor, pienso tratar, siguiendo el orden de los divinos oficios, y misterios que en esta semana santa nos representa la santa madre Iglesia: ayudándome vuestro favor, en cuya confianza, quiero comenzar a tender las velas, y aparejar los instrumentos, y plantar este pequeño árbol de consideración, confiando en vuestro ánimo misericordioso, alcanzará de su hijo, rocío de agua de gracia, con que prenda, y lleve agradable y provechoso fruto de bendición, que manará del fruto de vuestro vientre. Vale María gracia plena.

v v

Al Ilustrísimo señor don Gaspar de Quiroga, Cardenal de Santa Balbina, Arzobispo de Toledo, primado de las Españas, Canciller mayor de Castilla, Inquisidor general. Y del consejo del estado de su Majestad. &c. El maestro Pedro Sánchez racionero de la santa iglesia de Toledo.

S. P. D.

L

La Majestad de Dios nuestro señor, que tan maravilloso se muestra en sus santos, y mucho más que en todos ellos, se mostró maravilloso en la sacratísima reina de los Ángeles, escogiéndola entre todas las mujeres antes de los siglos por madre suya, y dotándola para oficio de tan maravillosa maternidad, de gracia y dones excelentes, y de aquellas prerrogativas y favores que convenían para madre de tal hijo, y habiéndola coronado de gloria, y colocado a su diestra, sobre todos los coros de los Ángeles. {Psal. 44.} Eligió esta santa iglesia de Toledo, donde particularmente se mostrase maravilloso con su madre, y la honró tanto, que tuvo por bien, que a ella bajase en cuerpo y en ánima visiblemente, y trajese de los tesoros del cielo, aquel don maravilloso de la casulla, que con sus propias manos vistió a su buen siervo, y nuestro prelado san Ildefonso, antecesor de vuestra Ilustrísima señoría, y tuvo por bien de darnos a su benditísima madre por patrona.

Pues considerando yo la grandeza del soberano beneficio que Dios ha hecho a vuestra Señoría, de haberle elegido por ministro de su benditísima madre, y por pastor de esta santa iglesia, para que continuamente la sirva en este santo templo, dedicado para su servicio, donde ella bajó personalmente. Siendo yo uno de los menores siervos y ministros, y el más indigno que ella tiene en esta su santa iglesia, y deseando servirla en algo: como siervo que su ocupación y trabajo, ha de ser para servicio y honra de su señor. Habiendo yo compuesto un libro para gloria y honra de su bendito hijo, estando en el servicio y ministerio de este su santo templo, titulado árbol de consideración y varia doctrina, se le quise ofrecer a ella, y plantarle debajo del amparo del favor de vuestra señoría, entendiendo que le amparará y favorecerá, con el celo que siempre tiene al servicio de la madre de Dios: a quien yo particularmente le he ofrecido y dedicado.

Y segundariamente y en su nombre a vuestra señoría, como a ministro suyo para que con particular cuidado, mire por él, y le favorezca como hacienda aplicada a la Virgen y madre de Dios, a quien vuestra Señoría sirve.

En lo cual yo he querido conformarme, con la costumbre muy usada y guardada de todos los autores, no menos antiguos que modernos: y así Griegos como Latinos, que es dirigir sus obras, de cualquier estilo y facultad que sean, a Príncipes y personas de gran valor y dignidad, por defenderlas de los maldicientes: cuyo particular oficio es, estando se ellos ociosos, murmurar de aquellos que procuran expender su tiempo, en el loable ejercicio de las letras: leyendo los libros provechosos que otros han escrito, y trabajando sacar de ellos alguna erudición y doctrina, con que ellos también aprovechen a otros, escribiendo, traduciendo, recopilando, y ampliando, lo que han aprendido y colegido de los [vi r] autores que han visto. A cuya imitación me ha parecido que para que el trabajo que yo he tomado en esta agricultura en plantar este árbol de consideración, en este santo tiempo de la cuaresma, con intento de coger de él, en tiempo tan aceptable, algún fruto para mi, y para los que les diere gusto, aprovecharse de él, estuviese seguro de los vientos contrarios, y de las tempestades de los murmuradores, arrimarle a la áncora sacra del favor y amparo de vuestra Señoría: como suele hacer el hortelano, cuando ha plantado un arbolico pequeño, tierno, y delicado, que le ase y arrima a otro mayor, y más firme, para que los vientos y tempestades, ni otra cosa contraria le pueda empecer, ni derribar. Y con este arrimo tan firme y seguro, espero en nuestro señor, y en su santísima madre: en cuya casa y heredad por este su indigno ministro y servidor se ha plantado, que aprobará también y crecerá tanto en reputación y buena opinión de todos que por estar debajo de tal sombra, estará muy seguro de los bocados de las malas bestias, que suelen roer y destruir los árboles, y no le osarán tocar, por estar plantado debajo del favor de vuestra señoría, y arrimado a tan buen cuento y tan firme.

Y parecióme ponerle nombre de árbol: porque así como el árbol, mientras más profundas tiene echadas las raíces en la tierra, más copia y abundancia suele llevar de fruto: así mientras más profundamente plantáremos en la tierra de nuestros corazones, los divinos misterios de la cruz, muerte, y pasión del Redentor (que es lo que aquí de principal intento se trata) y de donde sacamos posturas y púas maravillosas de otras materias diferentes, para plantarlas y enjerirlas en los ánimos cristianos y benévolos, que se quisieren aprovechar del trabajo que habemos puesto en esta nuestra agricultura, más abundancia cogeremos de fruto espiritual, y de aprovechamiento en nuestra vida y costumbres. Y también porque este árbol de consideración, tiene alguna semejanza, con aquel árbol que plantó Dios en el paraíso Terrenal (cuanto a esto) que así como en comiendo de su fruta nuestros primeros padres, dice la divina escritura, que se les abrieron los ojos, y que conocieron que estaban desnudos, y por eso se cubrieron con las hojas de un árbol {Genes.3}: así nosotros, si comemos y nos queremos aprovechar de la fruta de este árbol de la cruz, y de la consideración de la pasión del Redentor, luego caeremos en la cuenta de nuestra desnudez, y falta de merecimientos, y echaremos menos la vestidura de la gracia que habemos perdido por el pecado, y se restaurará en nosotros la misma gracia, que es la vida del alma, de manera que esta consideración, nos hará resucitar y volver de muerte a vida. Porque aquí se hallará doctrina, con que mediante la divina gracia, pueda salir el pecador de la servidumbre del pecado, y gozar de la franqueza y libertad de la gracia: de suerte, que así como que echando mano de la fruta de aquel árbol nuestros primeros padres, quedaron condenados, ellos y todos sus descendientes a la muerte: así, echando mano nosotros del fruto de este maravilloso y fructífero árbol de la cruz, de donde yo he cortado como he podido, con el boto instrumento de mi rudeza, estas mis pobres consideraciones. De que habemos de tratar, caeremos en la cuenta de nuestra desnudez, y lloraremos la pérdida: que por nuestra culpa hicimos de la divina gracia.

Reciba pues nuestra ilustrísima Señoría con apacible ánimo, el cornadito de este pequeño servicio que es las primicias de mis estudios. Pues es costumbre de Príncipes generosos, aceptar la voluntad de los que en cosas grandes los desean [vi v] servir, más que la realidad de los servicios. Como leemos en aquel común ejemplo del valeroso Príncipe Jerjes rey de Persia, que estimó en mucho, y recibió con gran contento, un poco de agua que le ofreció un pobre hombre, que no tuvo otra cosa con que le servir. Y tengo esperanza, según los muchos favores y mercedes que yo siempre he recibido de vuestra Señoría, aceptará ( si no el pequeño servicio) a lo menos la voluntad que siempre he tenido y tengo de servirle en cosas mayores, y perdonará el atrevimiento de este pequeño ofrecimiento de mis rudas consideraciones: las cuales (aunque son de mucha estima, por parte de la materia que tratan) están tan mal guisadas con mi torpe ingenio, y tan faltas de sal de sabiduría: que temo no sean desabridas, aunque tengo confianza en Dios en cuya confianza he tendido mis redes, que no lo serán con su divino favor, y con la falta de amparo de vuestra Señoría. La cual estoy muy confiado no me faltará, por ser yo suyo, y que con las migajas que caen de la mesa de su refitor me he sustentado veinticuatro años que ha que resido en esta su santa iglesia de Toledo, y saliendo bien con esta empresa, tomaré ánimo para dar fin a otra obra que al presente tengo entre manos, y echarla a volar con el favor de Dios y de vuestra Señoría: cuyo estado prospere nuestro señor en su servicio, &c.

vii r

Prohemio del árbol de consideración.

P

Proverbio fue muy antiguo y muy usado entre los Griegos, los Silenos de Alcibíades: los cuales eran unas figuras que se podían coger y descoger, y cuando estaban cogidas, representaban unos monstruos temerosos y espantables, y cuando se descogían, descubrían y mostraban otras figuras muy hermosas, con grandes y maravillosos secretos, que dentro de sí mismas tenían encerrados (aunque por defuera parecían cosa de burla y escarnio). Tomaron principio estos Silenos, de un famoso artífice, llamado Sileno, que fue el autor de ellos. Era tan estimado el artificio e invención de estos Silenos, que queriendo Alcibíades filósofo una vez alabar mucho a Sócrates (como refiere Plutarco) dijo, que era semejante a estos Silenos, y otras muchas veces usaba de este proverbio. Y por eso le pusieron por nombre, los Silenos de Alcibíades. Era este filósofo Sócrates de quien se dijo este proverbio, otro hombre muy diferente en lo interior de lo que mostraba por defuera. En la persona era pobre y despreciado, en el traje desaliñado y sucio, en la común conversación, parecía inhábil e idiota: tanto que la canalla y muchachería le daba grita, y el vulgo hacía burla y escarnio de él. Pero, oh si descogieras este Sileno tan menospreciado, y le miraras en lo interior y secreto, cierto hallaras dentro un ánimo de verdadero filósofo, menospreciador de las riquezas y de los otros bienes del mundo, y aun la misma muerte, con ser la más terrible cosa del mundo (como dice el filósofo) {Arist.} él no la temía, antes bebió con alegre semblante el tósigo ponzoñoso que le dieron. En lo exterior juzgaras que era un hombre simple: pero si le desenvolvieras bien, hallarás muy de veras debajo de aquellas muestras y apariencias de rusticidad, un entendimiento tan especulativo, que medía a palmos (como dicen) los movimientos de los cielos, los aspectos de los planetas, y los profundos y ascondidos secretos de naturaleza, y las calidades, ser, y propiedades de los elementos y elementados.

Por manera, que estas figuras contenían y encerraban dentro de sí, otras maravillas y grandezas muy mayores que en la sobre veste, y exterior apariencia demostraban: porque esta es la condición de las cosas verdaderamente buenas: que lo mejor que tienen, lo tienen tan ascondido y encerrado, que no se echa de ver, ni se parece, y lo que no es tal, eso es lo que de fuera publican y manifiestan a todos. Como vemos en el árbol, que las cortezas y las hojas que es lo menos bueno que tienen, a todos lo muestran pero la raíz en que consiste toda su virtud, muy guardada la tienen y ascondida debajo de tierra, y la virtud vegetativa con que crece, y la virtud natural con que fructifica, ni aun el corazón del mismo árbol, no hayáis muerdo que os lo muestran (tan guardado, encerrado, y ascondido lo tiene dentro de sí mismo) esto mismo podéis ver en la fruta que lleva, que lo que es bueno y de comer, muy cubierto está con la cáscara, y aun con otra sobrecáscara, y con una camisita con que naturaleza cubre la pepita (como vemos en la pepita de la almendra).

Mas por que vengamos ya a lo que quiero decir (no haciendo comparación de ello a lo que tengo dicho) sino procurando solamente sacar de ello algún provecho y doctrina, ¿qué semejanza hallaremos de estos Silenos (si queremos parar mientes) en la virtud y excelencia que tenía encerrada dentro de sí, un tan gran varón como san Juan Bautista? El cual, debajo de aquella piel de Camello de que andaba vestido, y de aquel cuerpo tan penitente, tenía encerrado un espíritu tan heroico, que mereció ser alabado por la boca de la misma verdad con estas palabras tan encarecidas. [vii v] Entre los nacidos de las mujeres, no se levantó otro mayor que san Juan Bautista. {Mat. 11.} ¿Quién dijera que debajo de aquella pobre capa, y de aquellos andrajos de que andaban vestidos los sagrados Apóstoles, estaba encerrado tanto poder y virtud: que con sola la palabra sanaban los enfermos, resucitaban los muertos, y alanzaban los demonios? Bien conocía la virtud de estos tales Silenos, el que decía que de ellos no era digno el mundo. {Hebre. 11.}

Pero dejando aparte lo mucho que a este propósito se pudiera decir (porque sería cosa prolija), ¿qué cosa puede ser más digna de admiración, y de alabar y bendecir a Dios, que estar ascondido y encerrado debajo de aquella cortina de la benditísima carne de Cristo: todo el ser, poder, sabiduría, eternidad y majestad de Dios? De tal manera, y con tan soberano artificio, que quien no mirara más que lo de fuera (por carecer de ojos de fe) con la cual descogiendo bien esta figura, se veían los grandes secretos de la sabiduría, gloria, y poder infinito, que dentro de aquella benditísima humanidad estaba encerrado no le parecía más que solamente hombre, y aun sentían muchos (como dice san Mateo, y san Lucas) {Math. 9 & Lucae. 7} que en virtud de Belzebuc, alanzaba los demonios, y aun que él mismo estaba endemoniado (como refiere san Juan, que le decían en la cara). {Ioa. 7.} Pero aquellos a quien Dios hacía merced de darles lumbre de fe: para que entendiesen lo que estaba encerrado debajo de esta figura de forma de pecador, y la rectitud de la vara que parecía serpiente (aunque no lo era) entendían muy bien que dentro de aquella carne pasible y debajo de aquellas cortinas del sagrado cuerpo, y de aquella capa de mortalidad tan despreciada y mal tratada, estaba la sabiduría del padre, y aquel abismo de infinito poder, con el cual estando en la cruz padeciendo (en cuanto hombre) gobernada todo el universo (en cuanto Dios) y era gloria de los Ángeles, y tenía todas las criaturas sujetas debajo de su Imperio. Y que de tal manera las gobernaba, y las conservaba en el ser que él mismo les había dado, que (si las quisiera soltar de la mano) todas ellas se redujeran, al prístino y antiguo estado de la nada en que solían estar antes que las criase.

Bien cayó en la cuenta de lo mucho que estaba encerrado dentro de esta figura, el que habiendo visto con sus ojos padecer y morir al verbo divino encarnado, afirmaba. {Math. 27.} Verdaderamente este era hijo de Dios, y también el que decía. {Ioa. 1.} Veis aquí el cordero de Dios, que quita los pecados del mundo, y también el que confesaba. {Math. 16.} Tú eres Cristo hijo de Dios vivo. Por manera, que (aunque los que no tenían consideración del tesoro ascondido en el campo de aquella benditísima carne, ni miraban más que lo exterior, y lo que se mostraba por defuera) no le juzgaban por más que hombre: pero los que pasaban más adelante, y penetraban con los ojos de lince de la católica fe: lo que se contenía y estaba encerrado debajo de la pobre capa de la mortalidad, llanamente se rendían y cautivaban sus entendimientos (como manda que se haga el Apóstol san Pablo, en el dulce cautiverio del obsequio, y obediencia de la fe, y le confesaban por verdadero Dios. {2. Cori. 10.}

Luego ves aquí (aplicando lo que habemos dicho a nuestro propósito) cuán necesario es para sacar gran provecho, en este santo tiempo de la semana santa de la pasión del Redentor (que es lo que con estas consideraciones pretendemos) y para coger mucho fruto del árbol de la Cruz, descoger esta figura, descortezar este árbol, y desgajarle, y cortar de él, muchos ramos floridos, y meter sus flores en la alquitara de nuestra consideración, y aplicarle gran fuego de devoción y de meditación. Porque si no descogemos [viii r] esta figura, y desmenuzamos estos divinos misterios, con la meditación y contemplación: no podremos gozar de sus frutos, ni gustar los admirables secretos, que en esta divina figura están encerrados. Porque (aunque ellos de suyo son un tesoro de infinito valor, y de gran virtud y eficacia, para dar vida al alma) pero si dejamos este tan gran tesoro ascondido en el campo de las cortezas de la letra, sin rumiar y considerar con atención los altos y profundos misterios que debajo de la letra de la historia están encerrados: no sacaremos más provecho, que saca el labrador cuando tiene el grano sembrado en el barbecho, y muy cubierto con la tierra si no llueve: porque (aunque el grano contiene virtualmente en sí la substancia del fruto) jamás será de provecho, si no es ayudado del rocío del cielo, o de los riegos de la tierra. O sería, como si uno tuviese un privilegio del rey de una gran merced, muy cerrado y sellado, y no le quisiese abrir, para aprovecharse de lo contenido en él: claro está que ninguna cosa se aprovecharía.

Esta es la razón, por que muchos sacan poco provecho de este árbol de la cruz y de la pasión del Redentor, y siendo de suyo tan salutífero, cogen poco fruto de él, y de los divinos misterios que en esta semana santa, celebra con tanta veneración la santa madre iglesia. Porque (aunque los oyen predicar, los leen, y tratan de ellos) no lo hacen con consideración, ni se quieren detener en la contemplación de ellos, ni los riegan, y tratan de ellos con lágrimas de devoción: sino con descuido, y poco más a menos, y pasan por ellos tan de corrida sin la atención y advertencia que se les debe, como si leyesen otra cualquier historia.

Gran cuidado tuvo Dios en aquella ley antigua (como consta de los libros del Levítico y Deutero) {Levi. 11; Deu. 14} que no le sacrificasen animales que no rumiasen, sino los que sabían rumiar (como son los bueyes y corderos, y las palomas, y otros semejantes) para persuadirnos con esta figura, que rumiemos y tratemos con atención, y muy de propósito, los misterios de este soberano sacrificio donde ofrecemos al padre, para satisfacción de nuestros pecados, este cordero sin mancilla (que quita los pecados del mundo) Cristo nuestro Redentor: que tanto rumió, gimió, y lloró, nuestros pecados, y al fin vino a ser crucificado por nosotros en este santo tiempo, en el árbol de la cruz. Y este nuestro rumiar ha de ser tratar con particular consideración, cada uno de los misterios contenidos en este sacrificio, de la pasión y muerte del Redentor: para que la fruta que cogiéremos de este árbol de vida, nos haga buen provecho, y se reparta con grande aprovechamiento, por todos los miembros espirituales de nuestra alma.

Y no querría que nos acaeciese en esto, lo que suele acaecer cuando las lluvias son muy arrebatadas y presurosas: las cuales, apenas han comenzado a caer, cuando ya han cesado, y así no calan, ni penetran, ni son de algún provecho: porque no hacen más que mojar la superficie de la tierra. Pero cuando el agua es temporal y reposada: hace detenimiento, cala, y penetra, y aprovecha grandemente a la tierra para que pueda llevar abundancia de fruto. Y este es el efecto principal de estas consideraciones, amollentar, ablandar, y enternecer la ánima, para que pueda llevar abundancia de fruto de devoción, y de aprovechamiento muy grande en la vida espiritual. Y danos esperanza de coger este fruto la santa madre iglesia, con el verdor de estos ramos que nos reparte el día de hoy (que es Domingo de Ramos) para que los llevemos en las manos en la procesión que hace: de los cuales, unos son de palma, con que nos persuade la victoria que alcanzaremos de nuestros [viii v] enemigos, con la consideración y devota meditación de la pasión de Cristo. Y otros son ramos de oliva, por la cual se significa la misericordia que hemos siempre de tener en las manos de nuestras obras: en las necesidades de los prójimos. Y estos ramos son verdes y no secos, porque no han de ser estériles, y faltos de virtud de devoción, y espíritu y consideración, nuestras obras. Por que no sean semejantes al sarmiento: de aquella parábola del Evangelio, que le mandó cortar el señor de la viña y echar en el fuego. {Ioan.15} Ni tampoco han de tener estos ramos el verdor solamente en las hojas, y en la apariencia exterior: sin esperanza de llevar fruto (como la higuera loca que maldijo el señor) {Math.21} de la cual parece que cortan ramos este día, los que con solas apariencias de devoción sin tener verdadera contrición de sus pecados, tratan de acompañar a Jesucristo en la procesión de su pasión: estando secos, y sin virtud de la gracia y amor de Dios. Por no estar desasidos de los pecados, y de las ocasiones de ellos, en lo cual son semejantes a los del pueblo de los Judíos: que (aunque llevaban hoy ramos en las manos, y cantaban cánticos de alabanza, y arrojaban sus vestiduras por el camino, por do había de pasar el Redentor: confesándole por rey y por salvador, desde a muy breve espacio de tiempo, trataron de crucificarle, a los cuales imitan estos de quien tratamos, volviendo luego a los pecados pasados y confesados (aun antes que salgan de la semana santa). Son también como los perros, que luego vuelven a comer lo que han acabado de vomitar: y así se les parece bien en la capa, el poco fruto que han cogido, de los santos sacramentos que han recibido, y de la cruz y pasión del Redentor, que han visto celebrar en este santo tiempo. Que es árbol verde florido, y fructuoso, que la santa madre iglesia pretende plantar, en este santo tiempo de la semana santa en nuestra consideración: para aprovechamiento nuestro. Y (porque no sea mayor la cabeza que el cuerpo de nuestra obra) quiero poner fin a este preámbulo, sometiendo (ante todas cosas) todo lo que en este tratado se dijere, a la lima y corrección de la santa católica iglesia Romana nuestra madre, y a la censura de cualquiera que mejor sintiere.

ix r

El autor al benigno y piadoso lector.

C

Considerando yo Cristianísimo lector, la verdad de aquella sentencia de Platón, que refiere Plutarco, no solamente nacimos para nosotros, sino parte para nosotros y parte para nuestros amigos. {Plutar. In vita Plato & Tulius I de officiis.} Considerando también la justa sentencia, y castigo que mereció aquel desaprovechado negociador: que ascondió y soterró el talento (con que pudiera granjear mucha hacienda y dar contento, y ganancia a su señor) me he determinado y dispuesto a hacerme labrador, y hortelano, y trabajar (como pudiere) en la viña del Señor {Math.25}: para procurar con mi sudor, y trabajo, y con la pobre azada del talento que Dios me ha dado, que de su parte es muy grande (aunque de la mía muy pequeño) plantar en la tierra bendita de esta semana santa, este árbol de consideración, y hacer un huerto, y en él un enjertal de mucha, muy buena, y muy fructuosa arboleda, tomando posturas del árbol de la cruz del Redentor del mundo, y trasplantándolas en la tierra de los piadosos y devotos corazones de los que se quisieren aprovechar de ellas, y cortar púas de este mismo árbol de vida, y enjerirlas en los almendros amargos, y en los espinos de los ánimos de los pecadores: para que comunicando estas púas la virtud del árbol, prendan muy bien, y puedan llevar, y lleven dulcísimo fruto de buenas obras. Y (aunque es muy defectuoso, boto, y mal acerado el instrumento de mi entendimiento: con que se ha de hacer la labor, y agricultura, de estas consideraciones) tengo esperanza en aquel que (como dice el Apóstol) Da el querer y el perficionar, que favorecerá, y hará prósperos mis deseos {Philip. 2}: pues he salido a sembrar su semilla (no para los sabios que a mí con justo título me pueden enseñar, sino para los pequeñitos ignorantes, que tiene necesidad de la doctrina. Y que aprobará bien la semilla, y prenderán prósperamente las posturas de estas consideraciones: lloviendo sobre ellas el rocío de la divina gracia, en cuya confianza, yo he tenido ánimo con tan pequeño caudal de semilla salir a sembrar, y a plantar las consideraciones que Dios me ha dado, y siendo tan buena y tan fructífera la tierra, y estando tan bien labrada con caridad cristiana, que es el ánimo espiritual, y devoto del piadoso lector, donde ha sido mi intento plantar este árbol, y hacer este huerto, y enjertal de consideraciones: tengo confianza en aquel, que lo que nosotros (con su favor) ponemos y plantamos lo hace crecer, y multiplicar (como afirma el apóstol san Pablo) {I. Cor. 13} que aprobará muy bien, y si te pareciere que algunas flores o frutas de las que lleva este árbol de mis consideraciones, las has visto en otros huertos, y en otros árboles, plantados por otros autores. A esto digo, que la mejor pieza de mi arnés, es haber sacado posturas, y cortado púas de los árboles fructuosos de la doctrina de gravísimos autores, así Teólogos como Filósofos, y de otras facultades: y en especial de los huertos fertilísimos de la sagrada escritura, y del derecho, y de algunas historias verdaderas y provechosas. Y de algunos sumistas, cuanto más, que como es tanto lo que está escrito, y (como dice el Eclesiastés) {Eccles. I} ninguna cosa hay nueva debajo del Sol, ni hay quien pueda con verdad decir, esto es nuevo: ninguno puede ya escribir en estos tiempos, que no haya de encontrar con materias tratadas por otros autores. Y aunque por esta razón, no pueden los modernos inventar nueva doctrina, [ix v] ni materias que tratar, que no estén tratadas, y ventiladas por otros. Pero pueden inventar nuevo estilo, & manera de decir muy diversa, y ampliar lo que otros han escrito, y aun añadir algo sobre este fundamento, y pues el intento de los antiguos en lo que nos dejaron escrito, fue aprovechar a los que después habíamos de venir, y no está abreviada (como dice Esaías) la mano del Señor, para dar doctrina a los presentes, para escribir algo, con que también ellos puedan aprovechar a los que después vinieren: como la dio a los pasados. No porque ellos hayan escrito mucho hemos nosotros de huir el trabajo, y dejar de escribir algo con el talento que Dios nos ha dado (por pequeño que sea) con que podamos aprovechar (si quiera a los hombres que carecen de letras) y a aquellos que no pretenden calumniar lo que se escribe: con celo de aprovechar a otros, ni son de aquellos que tienen costumbre de sembrar cizaña en el campo de los sudores ajenos. Harto mejor sería, que si ellos tienen más, y mejor talento de habilidad y suficiencia, se ocupasen en plantar más y mejor arboleda, en los entendimientos de los sabios. Pues lo que tenemos conocimiento de nuestra rudeza tenemos atrevimiento para salir a sembrar la semilla que podemos conforme a nuestra pobreza, para que puedan coger de ella algún fruto (si quiera los ignorantes) dejando el campo abierto a los más leídos, y que son mayores letrados: para que (pues tienen mayor caudal de doctrina, y mejores instrumentos de habilidad) desechen de sí el detestable vicio de la ociosidad, de que han de dar a Dios tan estrecha cuenta, y trabajen en la viña del Señor. Y planten mucha y muy buena arboleda, y cepas de buen viduño con la sutileza de sus entendimientos. Para que todos vamos a coger, y cojamos a manos llenas abundancia de doctrina y fruto espiritual, y de vida eterna. Vale in Christo.

Soneto

Un árbol hay con hojas y con flores,
Cargado de una fruta muy sabrosa.
Que aun al coger, se muestra deleitosa,
Y dulce sobre todos los dulzores.

Tiempla con su dulzor los amargores.
Desta vida mortal triste engañosa,
Y da una vida eterna muy sabrosa
Después, a sus leales amadores.

Venid al árbol de la cruz, mortales,
Do cogéis a Christo eterno fruto,
Labrando en estos campos celestiales,
Pues del vivir bestial, mundano, triste, y bruto,
No cogeréis si penas infernales,
Sin cabo, ni sin fin, con gran tributo.

Como el que en alta mar va navegando,
Para llegar al puerto deseado
Con vela, aguja, y carta, y gran cuidado,
La transmontana siempre va mirando.

Así el que en este mundo caminando,
No quiere ser perdido, ni emboscado,
Al Redentor Jesús crucificado,
Considere, y vaya contemplando.

Este es el claro norte que está puesto
Así como atalaya en cruz muy alta
Para guiar a todos los humanos,
Y en su nombre este libro está compuesto
Para que en él viendo nuestra falta
Hallemos aguja y carta los Cristianos.

[ Texto de las nueve hojas preliminares sin numerar. ]