Filosofía en español 
Filosofía en español

cubierta del libro

Juan Huarte de San Juan

Examen de ingenios, para las ciencias

Donde se muestra la diferencia de habilidades que hay en los hombres, y el género de letras que a cada uno responde en particular.

❡ Es obra donde el que leyere con atención hallará la manera de su ingenio, y sobre escoger la ciencia en que más ha de aprovechar: y si por ventura la hubiere ya profesado, entenderá si atinó a la que pedía su habilidad natural.

¶ Compuesta por el Doctor Juan Huarte de San Juan, natural de San Juan del Pie del Puerto.

❡ Va dirigida a la Majestad del Rey don Felipe nuestro señor Cuyo ingenio se declara, ejemplificando las reglas, y preceptos de esta doctrina.

❡ Con privilegio Real de Castilla, y de Aragón.
Con licencia impreso en Baeza, en casa de Juan Bautista de Montoya.

——


[ Tabla ]

Capítulo primero donde se prueba por un ejemplo, que si el muchacho no tiene el ingenio y habilidad que pide la ciencia que quiere estudiar, por demás es oírla de buenos maestros, tener muchos libros, ni trabajar en ellos toda la vida, fol. 9.

Capítulo segundo donde se declara, que naturaleza es la que hace al muchacho hábil para aprender, fol. 21.

Capítulo tercero donde se declara, qué parte del cuerpo ha de estar bien templada para que el muchacho tenga habilidad, fol. 32.

Capítulo cuarto donde se muestra, que el ánima vegetativa, sensitiva y racional, son sabias, sin ser enseñadas de nadie, teniendo el temperamento conveniente que piden sus obras, fol. 41.

[ Sobre esta edición ]

En el texto del Examen de ingenios, en su medio centenar de impresiones tipográficas en español y en las numerosas versiones avegetales hodiernas, han ido dejando su huella los sucesivos editores y copistas (recreando a veces la puntuación a su antojo, sembrando comas, partiendo frases e introduciendo párrafos, convirtiendo en notas al pie las anotaciones marginales, &c.). Esta versión sigue fielmente el texto tal como quedó compuesto e impreso en la edición príncipe de Baeza 1575: respeta su puntuación (coma, dos puntos, paréntesis), la letra cursiva (sin quitarla ni ponerla), los párrafos, los nombres en caja alta (“Dios”, “Dados”, “Cebada”) o baja (“naturaleza”, “ciencia”); incorpora al texto, en su lugar, las anotaciones marginales (entre paréntesis y cursiva.); deshace abreviaturas de nombres propios (“Plat”, “Aris”, “Hipp”) y ajusta la ortografía a los usos actuales de la lengua española (“nr̄o” / nuestro; “hazē” / hacen; “q̄ no sō” / que no son; “a lo de hazer” / halo de hacer, &c.), sin quitar ni añadir nada.

¶ Aprobación.

¶ He visto este libro, y su doctrina toda es católica y sana sin cosa que sea contraria a la fe de nuestra madre la santa Iglesia de Roma. Sin esto es doctrina de grande y nuevo ingenio, fundada y sacada de la mejor filosofía que puede enseñarse. Toca algunos lugares de escritura muy grave y eruditamente declarados. Su principal argumento es tan necesario de considerar, de todos los padres de familias, que si siguiesen lo que este libro advierte, la Iglesia, la República, y las familias, ternían singulares ministros y sujetos importantísimos. Esto me parece, salvo el mejor juicio.

¶ Fray Lorencio de Villavicencio

[ Baeza 1575, Aii r. ]

El Rey.

Por cuanto por parte de vos el doctor Juan Huarte de San Juan, vecino de la ciudad de Baeza, nos fue hecha relación diciendo que vos habíades compuesto un libro intitulado examen de ingenios para las ciencias, donde se muestra la diferencia de habilidades que hay en los hombres, y el género de letras que a cada uno responden en particular, suplicándonos lo mandásemos ver y examinar, y daros licencia para lo poder imprimir, y privilegio por veinte años o como la nuestra merced fuese. Lo cual visto por los del nuestro consejo, y como por su mandado se hicieron las diligencias que la premática por nos nuevamente fecha sobre la impresión de los libros dispone, y por haceros bien y merced, fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra cédula en la dicha razón, y nos tuvímoslo por bien. Y por la presente os damos licencia y facultad, para que por tiempo de diez años, que corran y se cuenten desde el día de la fecha de esta nuestra cédula, vos o la persona que vuestro poder hubiere, podáis imprimir & vender el dicho libro que de suso se hace mención. Y por la presente damos licencia y facultad a cualquier impresor de estos nuestros Reinos que vos nombraredes, para que por esta vez lo puedan imprimir, con que después de impreso antes que se venda lo traigáis al nuestro consejo juntamente con el original que en él se vio, que va rubricado y firmado al cabo de Pedro de Mármol nuestro secretario de Cámara, de los que en el nuestro Consejo residen para que se corrija con él, y se tase el precio que por cada volumen hubiéredes de haber. Y mandamos que durante el dicho tiempo persona alguna sin vuestra licencia no lo pueda imprimir ni vender, so pena que el que lo imprimiere o vendiere, haya perdido, y pierda todos y cualesquier libros, y moldes que de él tuviere o vendiere en estos nuestros Reinos, y mandamos a los del nuestro consejo Presidente & Oidores, de las nuestras Audiencias, Alcaldes, Alguaciles, de la nuestra casa, Corte y Cancillería, & a todos los Corregidores, Asistentes, Gobernadores, Alcaldes mayores, & ordinarios, & otros Jueces y Justicias cualesquier, de todas las Ciudades Villas & lugares de los nuestros Reinos & señoríos, así a los que ahora son, como a los que serán de aquí adelante, que vos guarden y cumplan esta nuestra Cédula y merced que así vos hacemos, contra el tenor y forma de ella, ni de lo en ella contenido, vos no vayan ni pasen ni consientan ir ni pasar por alguna manera, so pena de la nuestra merced, y de diez mil maravedís para la nuestra Cámara. Fecha en Madrid. A veinte y cinco días del mes de Abril, de mil & quinientos & setenta y cuatro Años.

Yo el Rey.

Por mandado de su Majestad,
Antonio de Eraso.

[ Baeza 1575, Aii v - Aiii v. ]

¶ Aprobación del consejo de Aragón.

¶ Por orden y mandado de los señores del Consejo real de la sacra Corona de Aragón, he visto y examinado el libro intitulado examen de ingenios para las ciencias, compuesto por el doctor Juan Huarte navarro, natural de San Juan del Pie del Puerto. Paréceme obra católica, en que el autor muestra singular ingenio inventivo, y ejercitado en sutil Filosofía natural. Su argumento es exquisito entre todos los que yo he visto y oído en su género. Y si se probase sería (sin duda) de importante utilidad a la república. Tengo por provechoso el haberlo reducido a tales términos, que los ingenios puedan ejercitarse, y descubrir algunos secretos naturales, de los que el autor ofrece. Paréceme que se le debe dar licencia para imprimirlo, &c. Esto me parece debajo de otro mejor juicio a que me remito. En Madrid agosto once de 1574 años.

El doctor Heredia

[ Baeza 1575, Aiiii. ]

Nos Don Felipe

por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de Hungría, de Dalmacia, de Croacia, de León, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de las Mallorcas, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las islas Indias, y tierra firme del Mar Océano. Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, de Bravante, y de Milán, Conde de Barcelona, de Flandes y de Tirol, señor de Vizcaya y Molina, Duque de Atenas, y Neopatria, Conde de Rosellón y Cerdania, Marqués de Oristan y Goceano. Por cuanto por parte de vos el Doctor Juan Huarte de San Juan, del lugar de San Juan del Pie del Puerto del dicho nuestro Reino de Navarra, Nos ha sido hecha relación diciendo que vos habíades compuesto un libro intitulado Examen de ingenios para las ciencias, el cual es de mucho provecho, y que lo deseáis imprimir y llevar a vender los impresos a los Reinos y señoríos de nuestra Corona de Aragón, suplicándonos muy humildemente, os mandásemos dar licencia para ello, por tiempo de diez años, con prohibición que ningún otro lo pueda hacer sino vos o la persona que vuestro poder hubiere. E nos teniendo respeto al fruto y provecho que del dicho libro se puede sacar: y a los gastos y costas que habéis sostenido, y se os ofrecen en hacer la dicha impresión, y que ha sido visto y reconocido, y aprobado por nuestro mandado: habemos tenido por bien condescender a vuestra suplicación por la manera infraescrita. Por ende con tenor de las presentes, de nuestra cierta ciencia, y Real autoridad damos licencia permiso y facultad, a vos el dicho doctor Juan Huarte, y a la persona o personas que vuestro poder hubieren, que podáis imprimir, o hacer imprimir, al Impresor o Impresores que quisiéredes el dicho libro arriba intitulado, en cualesquier ciudades, villas & lugares, de los dichos nuestros Reinos y señoríos de la Corona de Aragón, y vender en ellos, así los impresos fuera como los que haréis imprimir en ellos, prohibiendo según que con las presentes prohibimos, y vedamos que ninguna otra persona lo pueda imprimir, ni hacer imprimir, ni vender, ni llevar los impresos de otras partes a vender en los dichos Reinos y señoríos, sino vos o quien vuestro poder hubiere: por tiempo de los dichos diez años, que empiecen a correr desde el día de la data de las presentes en adelante, so pena de doscientos florines de Oro de Aragón: y perdimiento de moldes y libros, divididera en tres partes iguales, una a nuestros reales Cofres, otra para vos el dicho doctor Huarte, y otra al acusador. Con esto empero que los libros que hiciéredes imprimir del día presente en adelante no los podáis vender, hasta que hayáis traído a este nuestro sacro supremo, real consejo, que cabe nos reside, el libro que nos habéis presentado, y está rubricado, y a la fin de él firmado de mano de Pedro Franquesa escribano de mandamiento infra escrito, juntamente con otro de la nueva impresión, para que se vea y compruebe, si la dicha nueva impresión, estará conforme al dicho libro que se nos ha presentado, y está rubricado por el dicho Pedro Franquesa como arriba se dice. Mandando con el mismo tenor de las presentes, de la dicha nuestra cierta ciencia, y real autoridad, a cualesquier lugartenientes: Capitanes generales, Canciller, Vice canciller, Regentes, la Cancillería, Regentes el oficio y portantes veces de General, Gobernador, Alguaciles, Porteros, Vergueros, y otros cualesquier oficiales, y ministros nuestros, mayores y menores, en los dichos nuestros reinos y señoríos de la corona de Aragón, constituidos y constituideros, y a sus lugartenientes, y regentes los dichos oficios, so incorrimiento de nuestra ira & indignación, y pena de mil florines de oro de Aragón, de los bienes del que lo contrario hiciere exigideros, y a nuestros reales cofres aplicaderos que la presente nuestra licencia y prohibición, todo lo en ella contenido: os tengan guarden y observen, tener guardar y observar, hagan sin contradicción ni dar lugar ni permitir que sea hecho lo contrario en manera alguna, si nuestra gracia les es cara y demás de nuestra ira & indignación en la Pena susodicha desean no incurrir. En testimonio de lo cual mandamos despachar las presentes, con nuestro sello Real común en el dorso, selladas Dat. en la nuestra villa de Madrid, A quince días del mes de Agosto. Año del nacimiento de nuestro señor, Mil quinientos setenta y cuatro.

Yo el Rey

V. Don Bernar, vicecan. V. Comes g. V. Campi R. V. Pla. R.
Dominus Rex mandavit mihi Petro Franquesa visa per don Bernardum vice cancela. comiten gene. thesaurarum. sentis Campi terça et Pla. Regentes, cano, et talayero pro conservatores generali.
In diver. fir. x. clxix.
V. Talayer pro comisi. genera. V. sentis. R. V. Terça. R.

[ Baeza 1575, Aiiii v. ]

A la Majestad del Rey don Felipe, nuestro señor.

¶ Proemio

Para que las obras de los Artífices, tuviesen la perfección que convenía al uso de la república, me pareció (Católica Real, Majestad) que se había de establecer una ley. Que el Carpintero, no hiciese obra tocante al oficio del labrador, ni el Tejedor, del Arquitecto, ni el Jusrisperito curase, ni el Médico abogase: sino que cada uno ejercitase, sola aquel arte para la cual tenía talento natural: y dejase las demás. (Nemo aerarius simul & lignarius faver sit duas enim artes aut studia duo diligenter exercere humana natura, non potest. Pla[tón] de legibus.) Porque considerando cuán corto y limitado es el ingenio del hombre, para una cosa y no más: tuve siempre entendido que ninguno podía saber dos artes con perfección, sin que en la una faltase: y porque no errase en elegir la que a su natural estaba mejor, había de haber diputados en la República, hombres de gran prudencia y saber, que en la tierna edad descubriesen a cada uno su ingenio, haciéndole estudiar por fuerza la ciencia que le convenía; y no dejarlo a su elección. De lo cual resultaría en vuestros estados y señoríos, haber los mayores artífices del mundo, y las obras de mayor perfección; no más de por juntar el arte, con naturaleza.

Esto mismo quisiera yo que hicieran las Academias de vuestros Reinos, que pues no consienten que el estudiante pase a otra facultad, no estando en la lengua latina perito, que tuvieran también examinadores, para saber si el que quiere estudiar Dialéctica, Filosofía, Medicina, Teología o Leyes, tiene el ingenio que cada una de estas ciencias ha menester: porque si no, fuera del daño que este tal hará después en la república (usando su arte mal sabida) es lástima ver a un hombre trabajar y quebrarse la cabeza en cosa que es imposible salir con ella. (El estudiante que aprende la ciencia, que no viene bien con su ingenio: se hace esclavo de ella: y así dice Pla[tón] Non decet liberum hominem cum servitute disciplinam aliquam discere, quippe ingentes corporis labores visus cepti nihilo deterius corpus affictunt, nulla vero anima violenta disciplina, stabilis est. Diálogo de justo.) Por no hacer hoy día esta diligencia, han destruido la cristiana Religión: los que no tenían ingenio para Teología: y echan a perder la salud de los hombres, los que son inhábiles para medicina: y la jurispericia, no tiene la perfección que pudiera, por no saber a qué potencia racional pertenece el uso, y buena interpretación de las leyes. Todos los filósofos antiguos, hallaron por experiencia: que donde no hay naturaleza que disponga al hombre a saber, por demás es trabajar en las reglas del arte. Pero ninguno ha dicho con distinción ni claridad, que naturaleza es la que hace al hombre hábil, para una ciencia: y para otra incapaz: Ni cuántas diferencias de ingenio se hallan en la especie humana: ni qué artes, y ciencias, responden a cada uno en particular: ni con qué señales se había de conocer qué era lo que más importaba. Estas cuatro cosas (aunque parecen imposibles) contienen la materia sobre que se ha de tratar, fuera de otras muchas que se tocan al propósito de esta doctrina: (Patris evidenti in somnio moniti ad medicinae studium excolemdum venimus. Li Metho. cap. 4.) con intento que los padres curiosos tengan arte y manera, para descubrir el ingenio a sus hijos: y sepan aplicar a cada uno, la ciencia en que más ha de aprovechar: que es un aviso que Galeno cuenta haberle dado un demonio a su padre, al cual le aconsejó estando durmiendo, que hiciese estudiar a su hijo medicina: porque para esta ciencia tenía ingenio único y singular. (Antes que Cristo viniese al mundo, trataban los demonios con los hombres, con mucha familiaridad: y para una verdad que les decían de poca importancia: les encajaban mil mentiras.) De lo cual entenderá vuestra Majestad, cuanto importa a la república, que haya en ella esta elección y examen de ingenios para las ciencias, pues de estudiar Galeno medicina, resultó tanta salud a los enfermos de su tiempo: y para los venideros dejó tantos remedios escritos. Y si como Baldo (aquel ilustre varón en derecho) estudió medicina y la usó, pasara adelante con ella, fuera un médico vulgar (como ya realmente lo era por faltarle la diferencia de ingenio que esta ciencia ha menester) y las leyes perdieran una de las mayores habilidades de hombre, que para su declaración se podía hallar. (Baldo debió dejar la medicina, y estudiar leyes, por lo que dijo Cicerón en esta sentencia. Quid igitur naturae suae non viciosae genus consilium vivendi omne contulerit is constantiam, teneat id maxime decet nisi forte se errasse intellexerit in deligendo genere vitae. Cice. lib. 1. offi.)

Queriendo pues reducir a arte, esta nueva manera de filosofar: y probarla en algunos Ingenios, luego me ocurrió el de Vuestra Majestad, por ser más notorio: de quien todo el Mundo se admira, viendo un Príncipe de tanto saber y prudencia, del cual aquí no se puede tratar sin hacer fealdad en la obra. El penúltimo capítulo, es su conveniente lugar: donde Vuestra Majestad verá la manera de su ingenio: y el arte y letras, con que había de aprovechar la República, si como es Rey & señor nuestro por naturaleza, fuera un hombre particular.

Vale

[ Baeza 1575, hojas 1r-3v. ]

Al lector.

Segundo proemio

Cuando Platón (Timeo.) quería enseñar alguna doctrina grave, sutil, y apartada de la vulgar opinión, escogía de sus discípulos los que a él le parecían de más delicado ingenio, ya solos éstos decía su parecer: sabiendo por experiencia, que enseñar cosas delicadas a hombres de bajo entendimiento, era gastar el tiempo en vano, quebrarse la Cabeza: y echar a perder la doctrina. (La misma elección hacía Cristo, nuestro redentor entre sus discípulos cuando quería enseñarles alguna doctrina muy alta. Como pareció en la transfiguración, que eligió a san Pedro, a san Juan y a Santiago. La razón por qué a éstos y no a los otros, él lo sabe.) Lo segundo que hacía (después de la elección) era prevenirlos, con algunos presupuestos claros y verdaderos: y que no estuviesen lejos de la conclusión: porque los dichos y sentencias que de improviso se publican contra lo que el vulgo tiene persuadido, no sirven de más al principio (no haciéndose tal prevención) que alborotar el auditorio, y enojarle de manera que viene a perder la pía afección, y aborrecer la doctrina. Esta manera de proceder, quisiera yo poder guardar contigo (curioso lector) si hubiera forma para poderte primero tratar y descubrir a mis solas, el talento de tu Ingenio: porque si fuera tal cual convenía a esta doctrina apartándote de los ingenios comunes, en secreto te dijera sentencias tan nuevas y particulares, cuales jamás pensaste que podían caer en la imaginación de los hombres. Pero como no se puede hacer (habiendo de salir en público para todos esta obra) no es posible dejar de alborotarte, porque si tu ingenio es de los comunes y vulgares, bien sé que estás persuadido, que el número de las ciencias y su perfección, ha muchos días que por los antiguos está ya cumplido, movido con una vana razón: que pues ellos no hallaron más que decir, Argumento es que no hay otra novedad en las cosas: y si por ventura tienes tal opinión no pases de aquí ni leas más adelante: porque te dará pena ver probado, cuán miserable diferencia de Ingenio te cupo. Pero si eres discreto, bien compuesto y sufrido, decirte he tres conclusiones muy verdaderas, aunque por su novedad, son dignas de grande admiración. La primera es, que de muchas diferencias de ingenio que hay en la especie humana, sola una te puede (con eminencia) caber sino es que Naturaleza, como muy poderosa, al tiempo que te formó, echó todo el resto de sus fuerzas en juntar solas dos o tres, o por no poder más te dejó estulto y privado de todas. (En España no puede naturaleza juntar más que dos diferencias de ingenios, y tres en Grecia.) La segunda, que a cada diferencia de ingenio le responde (en eminencia) sola una ciencia y no más: de tal condición, que si no aciertas a elegir, la que responde a tu habilidad natural, tendrás de las otras gran remisión, aunque trabajes días y noches. La tercera, que después de haber entendido, cuál es la ciencia que a tu ingenio más le responde, te queda otra dificultad mayor por averiguar, y es: si tu habilidad es más acomodada a la práctica, que a la teórica, porque estas dos partes (en cualquier género de letras que sea) son tan opuestas entre sí, y piden tan diferentes ingenios, que la una a la otra se remiten como si fuesen verdaderos contrarios. Duras sentencias son (yo lo confieso) pero otra cosa tienen de más dificultad y aspereza, que de ellas no hay a quien apelar, ni poder decir de agravios, porque siendo Dios el autor de naturaleza, y viendo que ésta no da a cada hombre, más que una diferencia de ingenio (como atrás dije) por la oposición o dificultad que de juntarlas hay, se acomoda con ella, y de las ciencias que gratuitamente reparte entre los hombres, por maravilla da más que una, en grado eminente.

(Pab. 1 ad cori. cap. xii.) Divisiones vero gratiarum sunt, idem autem spiritus, & divisiones ministrationum sunt, idem autem dominus, & divisiones operationum sunt idem vero Deus qui operatur omnia in ómnibus: unicuique autem datur ministratio spiritus ad utilitatem: alii quidem datur per spiritum sermo sapientiae, alii autem sermo scientiae secundum eumdem spiritum; alteri fides in eodem spiritu, alii gratia sanitatum in uno spiritu, alii operatio virtutum, alii prophetia, alii discretio spirituum, alii genera linguarum, alii interpretatio sermonum. Haec autem omnia operatur unus atque idem spiritus dividens singulis pro ut vult.

Este repartimiento de ciencias, yo no dudo sino que le hace Dios teniendo cuenta con el Ingenio y natural disposición de cada uno. (Mathei. Capite, 25.) Porque los talentos que repartió por S. Mateo (dice el mismo Evangelista) que los dio. Unicuique secundum propiam virtutem. (La razón de esto es que las ciencias sobrenaturales se han de sujetar en el día: y el ánima está sujeta, al temperamento y como postura del cuerpo, Aris. liber ii de anima.) Y pensar que estas ciencias sobrenaturales no piden ciertas disposiciones en el sujeto antes que se infundan: es error muy grande.

Porque cuando Dios formó a Adán y a Eva, es cierto que primero que los llenase de sabiduría, les organizó el Cerebro, de tal manera que la pudiesen recibir con suavidad: y fuese cómodo instrumento, para con ella poder discurrir y raciocinar. Y así dice la divina escritura. Et cor dedit illis excogitandi, & disciplina intellectus, replevit illos. Y que según la diferencia de ingenio que cada uno tiene, se infunda una ciencia, y no otra, o más o menos de cada cual de ellas, (Eclesias. 17.) es cosa que se deja entender en el mismo ejemplo de nuestros primeros padres: porque llenándolos Dios a ambos de sabiduría, es conclusión averiguada que le cupo menos a Eva. (Serpens tentavit mulierem, in qua minus quam in viro rationem vigere novit, lib. ii. senten. dist. 21.) Por la cual razón dicen los teólogos que se atrevió el demonio, a engañarla: y no osó tentar al varón, temiendo su mucha sabiduría. La razón de esto es (como adelante probaremos) que la compostura natural que la mujer tiene en el Cerebro, no es capaz de mucho ingenio ni de mucha sabiduría.

En las sustancias Angélicas, hallaremos también la misma cuenta y razón, porque para dar Dios a un Ángel, más grados de gloria, y más subidos dones, le da primero más delicada naturaleza, y preguntado a los teólogos, de qué sirva esta naturaleza tan delicada, dicen, (Divus thomas. 1. par. q. lxii. ar. vi.) que el Ángel que tiene más subido entendimiento y mejor natural, se convierte con más facilidad a Dios, y usa del don con más eficacia, y que lo mismo acontece en los hombres.

De aquí se infiere claramente, que pues hay elección de ingenios para las ciencias sobrenaturales, y que no cualquiera diferencia de habilidad es cómodo instrumento para ellas, que las letras humanas con más razón la pedirán, pues las han de aprender los hombres, con las fuerzas de su ingenio.

Saber pues distinguir y conocer estas diferencias naturales del ingenio humano, y aplicar con arte a cada una, la ciencia en que más ha de aprovechar, es el intento de esta mi obra (si saliere con él como lo tengo propuesto) daremos a Dios la gloria de ello (pues de su mano viene lo bueno y acertado) y si no bien sabes (discreto lector) que es imposible inventar un Arte, y poderla perfeccionar: porque son tan largas, y espaciosas las ciencias humanas, que no basta la vida de un hombre a hallarlas: y darles la perfección que han de tener. Harto hace el primer inventor, en apuntar algunos principios notables, para que los que después sucedieren (con esta simiente) tengan ocasión de ensanchar el Arte, y ponerla en la cuenta y razón que es necesaria. Aludiendo a esto Aris[tóteles], dice, que los errores de los que primero comenzaron a filosofar, se han de tener en gran veneración: porque como sea tan dificultoso el inventar cosas nuevas: y tan fácil añadir a lo que ya está dicho y tratado, las faltas del primero, no merecen (por esta razón) ser muy reprehendidas, ni al que añade se le debe dar mucha alabanza. Yo bien confieso que esta mi obra no se puede escapar de algunos errores, por ser la materia tan delicada: y donde no había camino abierto para poderla tratar. Pero si fueren en materia donde el entendimiento tiene lugar de opinar, en tal caso te ruego (ingenioso lector) antes que des tu decreto, leas primero toda la obra, y averigües cuál es la manera de tu ingenio: y si en ella hallares alguna cosa que a tu parecer no esté bien dicha, mira con cuidado las razones que contra ella más fuerza te hacen, y si no las supieres soltar, torna a leer el undécimo capítulo, que en él hallarás la respuesta que pueden tener.

Vale

[ Baeza 1575, hojas 4r-9r. ]

❡ Laudetur Christus in aeternum.

¶ A loor, y gloria de nuestro señor Jesucristo, y de su bendita madre la virgen santa María, señora y abogada nuestra. Hace fin el presente Libro, intitulado Examen de ingenios, para las Ciencias

Acabose a veinte y tres Días del mes de Febrero, Año del nacimiento de nuestro salvador Jesucristo, de Mil & quinientos, y setenta y cinco años.

¶ Fue Impreso en la muy noble & muy leal y antigua Ciudad de Baeza. En casa de Juan Bautista de Montoya, impresor de Libros.

[ Baeza 1575, hoja 356r-356v. ]