Monita Secreta
o Instrucciones Reservadas de la Compañía de Jesús

Biblioteca Filosofía en español, Oviedo 2000
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Capítulo XII

A quiénes debe conservarse en la Sociedad.

1. Los buenos trabajadores deben ocupar el mejor puesto, y estos son: los que aumentan tanto el bien temporal como el espiritual de la Sociedad, y casi siempre son los confesores de príncipes, de grandes, de viudas y devotos ricos, predicadores y confesores, y los sabedores de estos secretos.

2. A los que faltos de fuerza y por la vejez abrumados, hubieran empleado su talento en pro de los bienes temporales de la Sociedad, se les tendrá consideración por las pasadas cosechas, y porque aún son aptos para denunciar a los superiores los defectos que observen en los nuestros, pues siempre están en casa, y no se les debe expulsar en cuanto sea posible, para que la Sociedad no adquiera por su abandono mala reputación.

3. Además deberá favorecerse a los que sobresalgan por el talento, por la nobleza y las riquezas, sobre todo si tienen parientes y amigos adeptos a la Sociedad, y poderosos, y si ellos mismos muestran por ella sincera afección. A esos hay que mandarlos a Roma, y a las más célebres Universidades a estudiar: y si hubieren hecho sus estudios en alguna provincia, es necesario que los profesores los impulsen con afecto y favor particulares. Hasta que cedan a la Sociedad sus bienes no se les debe castigar; pero cuando [312] lo hagan, se les mortificará como a los otros, aunque con más consideración.

4. Los superiores tendrán también consideraciones especiales con los que traigan a la Sociedad a algunos jóvenes escogidos, puesto que así manifiestan su afición por ella; y mientras estos no profesen, hay que tener con ellos mucha indulgencia, no sea que aquellos se los lleven.


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Fernando Garrido
¡Pobres jesuitas!
Madrid 1881, páginas 311-312