Historia de la filosofía
 
Progreso, Moscú 1978

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Historia de la filosofía marxista-leninista
y su lucha contra la filosofía burguesa · Capítulo VII

La filosofía idealista en Rusia durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX

Historia de la filosofía, Teoría marxista-leninista, Progreso, Moscú 1978, tomo 2, páginas 175-199.
 

Historia de la filosofía, Editorial Progreso, Moscú 1978 En la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, el capitalismo se desarrolla en Rusia entre considerables vestigios de régimen feudal. En el agro pervive la llamada vía prusiana de desarrollo del capitalismo a la vez que subsisten vastos latifundios y el poder de los nobles terratenientes. La mezcla íntima de las formas capitalistas y feudal de explotación conduce a la ruina generalizada de los campesinos y artesanos y multiplica las calamidades y los sufrimientos del pueblo. Esta situación se refleja en la obra de los grandes escritores y pensadores rusos Fiódor Dostoievski y León Tolstói.
En filosofía, los ideólogos de los grandes terratenientes y la burguesía, las clases dominantes, son los idealistas místicos Vladímir Soloviov, Lev Lopatin, Alexéi Kozlov, Dmitri Merezhkovski y los teóricos de la burguesía liberal contrarrevolucionaria, que recorren el camino ideológico que les lleva del «marxismo legal» a la ideología reaccionaria y la mística (Nikolái Berdiáev, Serguéi Bulgákov, Piotr Struve y otros).
La obra de Fiódor Mijáilovich Dostoievski (1821-1881) está alentada por el humanismo, por una cálida solidaridad con los «humillados y ofendidos», por la protesta contra la injusticia social. No obstante, este humanismo aparece mezclado con ideas idealistas y místicas reaccionarias que contradicen el realismo de su creación literaria. Como pensador, Dostoievski es contradictorio e inconsecuente. En ocasiones defiende la religión, otras la critica; tan pronto ataca a los materialistas y ateos como preconiza ideas ateas y niega el espiritismo; en un caso critica la doctrina socialista, en otro dice simpatizar con ella. Está dispuesto a reconocer la utilidad de las reformas sociales, pero le atemorizan y le hacen retroceder los medios revolucionarios de lucha, los rechaza por principio. Critica el ordenamiento burgués-latifundista, pero predica la mansedumbre y la humildad; defiende a los humillados y ofendidos y, a renglón seguido, sugiere la idea reaccionaria del sufrimiento. Frente a la lucha de clases entiende que es el pueblo «portador de Dios», que profesa los principios cristianos de la mansedumbre y el sufrimiento, el que debe traer la salvación a la humanidad, un futuro mejor. Ese pueblo «portador de Dios» es ante todo el pueblo ruso, cuyos rasgos nacionales «ancestrales» son la humildad, la sumisión, el ascetismo, la indulgencia. «Humíllate, orgulloso», proclama Dostoievski.

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