Tomás Lapeña
 
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Ensayo sobre la historia de la filosofía
desde el principio del mundo hasta nuestros días

tomo III · Burgos 1807 · páginas 223-224

 
Capítulo XVIII · § II
Principios generales de la Filosofía de Thomasio
 

La alma humana dice, es un ente distinto del espíritu corporal. El cuerpo del protoplasta{1} fue seguramente espiritual, vecino a la naturaleza de los cuerpos lucidos, y trasparentes; tenía su espíritu, pero no constituía la vida del hombre. Por este motivo Dios le infundió la alma vivificante. Esta alma es un rayo de la virtud divina. Su destino fue conducir al hombre, y dirigirle hacia Dios. Bajo este aspecto la alma del hombre es un deseo perpetuo de unión con Dios, a quien percibe por este medio. No es pues otra cosa, que el amor de Dios. Dios es amor. Este amor iluminaba el entendimiento del hombre, para que tuviese conocimiento de las criaturas. Debía, por decirlo así, trasformar al cuerpo del hombre, y a la alma de su cuerpo, y atraerlos a Dios. [224] Pero el hombre habiendo atendido a la inclinación de su cuerpo, y al espíritu de este cuerpo, con preferencia a su alma, se entregó a las criaturas, perdió el amor de Dios, y con él el conocimiento de las criaturas. El camino para libertarse de esta miseria, es, que el hombre procure pasar del estado de bestialidad al de humanidad, que empiece a conocerse, a compadecerse de su condición, y a desear el amor de Dios. El hombre animal no puede excitarse estas mociones, ni ir más allá de lo que él es. De aquí Thomasio pasa a establecer sus dogmas extravagantes, los cuales no pertenecen a mi asunto. Su Filosofía natural, de que voy a hablar, tiene cosas mejores.

{1} Protoplasta, de Protoplastus, que significa el primer hombre formado.


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Tomás Lapeña
Thomasio: de la Encyclopédie a Burgos
Historias de la Filosofía