Tomás Lapeña
 
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Ensayo sobre la historia de la filosofía
desde el principio del mundo hasta nuestros días

tomo III · Burgos 1807 · páginas 218-223

 
Capítulo XVIII · § I
Eclecticismo moderno. Thomasio
 

Christiano Thomasio es uno de los reformadores de la Filosofía, y fundadores del nuevo Eclecticismo, merece tener un lugar en la Historia de los conocimientos humanos por su talento, entereza, y [219] persecuciones. Nació en Leipsic el año mil seiscientos cincuenta y cinco: su padre, que era un sabio, no olvidó cosa alguna de cuantas podían contribuir a la instrucción de su hijo: él mismo se empleó en ella, asociándose en este importante trabajo a los hombres más célebres de su tiempo, como Filler, Rapporte, y Ttigio[*], los Albertos, Menekenio, Franckensteinio, Rechembergio y otros que ilustraban la Academia de Leipsic.

El Discípulo no tardó en excitar los celos de sus Maestros, cuyas ideas no fueron una regla servil a las suyas. Se aplicó a la lectura de las obras de Grocio, y este estudio le condujo al de las Leyes y del derecho. Puffendorf acababa de publicar sus obras, que le suscitaron una nube de contrarios; por lo cual Thomasio se determinó a no hacer aprecio alguno de la autoridad, tomó la firme resolución de llevarlo todo al examen de la razón, y no escuchar mas voz que la suya. Leyó los autores, conversó con los sabios, y viajó corriendo la Alemania y Holanda, en donde conoció al celebre Grevio, este le puso en correspondencia con otros eruditos, se propuso detenerle en el país que habitaba, pero Thomasio amaba su patria, y se volvió a ella. Se dedicó a la Abogacía, y confesó en lo sucesivo, que este ejercicio le había sido más útil que todas sus lecturas.

Cuando se creyó bastantemente instruido en la jurisprudencia usual, se entrego a la especulación; abrió una escuela; e interpretó a sus discípulos el tratado de el derecho de la guerra y de la paz de Grocio. El temor de la peste, que asolaba aquel país, suspendió por algún tiempo sus lecciones, pero la [220] celebridad del Maestro y la importancia de la materia no tardaron en reunir a sus discípulos esparcidos. Acabó su curso, y comparó a Grocio, Puffendorf, y sus Comentadores, subió a las fuentes, no dejó de leer punto alguno histórico, observó la influencia de las hipótesis particulares sobre las consecuencias, la unión de los principios con las conclusiones, la necesidad de alguna ley positiva y universal, que sirviese de basa al edificio, todo lo cual fue materia de un segundo curso, que emprendió a instancias de algunos que habían asistido al primero. La autoridad de su padre, que aún vivía, suspendía, el que estallase el odio que Thomasio se granjeaba cada día con su libertad de pensar, pero perdió bien pronto este apoyo, y con él su reposo. Se había contentado con enseñar como Puffendorf, que la sociabilidad del hombre era el fundamento de la moralidad de sus acciones; después hizo de esto un tratado; a esta obra siguió otra, en la cual insertó una sátira poco discreta sobre diferentes autores, por lo cual comenzaron a elevarse los clamores. Los defensores de Aristóteles, a quien despreciaba altamente, se juntaron a los Jurisconsultos, y hubiera tenido este asunto consecuencias muy serias, si Thomasio no hubiera cedido a sus enemigos. Estos le acusaban, de que despreciaba la Religión y sus Ministros, que insultaba a sus Maestros, que calumniaba a la Iglesia, y que dudaba de la existencia de Dios; pero él se defendió, cerró la boca a sus contrarios, y salió sin lesión de esta tormenta.

Héctor Godefroi Masio publicó una obra con este título: Interesse Principum circa Religionem Evangelicam. [221] Thomasio publicó sus observaciones sobre ella, que no hacían grande honor a Masio, lo cual fue motivo de varias contestaciones. Tuvo también la imprudencia de mezclarse en el asunto de los Quietistas, y de emprehender la apología de Miguel Montano, acusado de ateísta, descontentando a tantos a un tiempo, que para librarse del peligro, tuvo que marcharse a Berlín. En Hales abrió una escuela bajo la protección del Elector, a la cual hizo este, que concurriesen otros Personajes célebres siendo su Jefe Thomasio. Su genio le hizo perder la tranquilidad que gozaba, y sus disputas se multiplicaban cada día. Para animar a sus Compatriotas a sacudir el yugo de la autoridad, y adelantar la reforma de la Filosofía, después de haber publicado su obra de Prudentia cogitandi & ratiocinandi, dio un compendio histórico de las Escuelas de la Grecia, y del sistema de Descartes, exponiendo lo que había reprehensible en él, y convidando a todos a seguir el método Ecléctico.

Trató muy a lo largo, en el libro que intituló Introducción a la Filosofía racional, de la erudición en general y de su extensión, de la erudición logical, de los actos del entendimiento, de los términos técnicos de la dialéctica, de la verdad primera e indemostrable, de las demostraciones de la verdad, de lo incógnito, de lo verosímil, de los errores, de su origen, de la investigación de las verdades nuevas, y del modo de descubrirlas, manifestándose en todas ocasiones enemigo mortal del método silogístico.

Lo que acababa de ejecutar sobre la Lógica, lo emprendió sobre la Moral; expuso en su introducción [222] a la Filosofía Moral, lo que pensaba en general del bien y de el mal, de el conocimiento que de esto tiene el hombre, de la felicidad, de Dios, de la benevolencia, del amor del prójimo y de sí mismo &c.; de donde pasó a la parte práctica, tratando de la desgracia en general, de las pasiones, de las afecciones, de su naturaleza, del odio, del amor, de la moralidad de las acciones, de los temperamentos, de las virtudes, de el deleite, de la ambición, de la avaricia, de los caracteres, de la ociosidad &c.; empeñándose en un capítulo particular en demostrar, que la voluntad es una facultad ciega, sometida al entendimiento.

Había insistido particularmente sobre la naturaleza y mixtión de los temperamentos, y sus reflexiones sobre este asunto le condujeron, a tratar del modo de descubrir los pensamientos más secretos de los hombres por el comercio diario. Habiendo puesto los fundamentos de la reforma de la Lógica y de la Moral, tentó lo mismo sobre la Jurisprudencia natural, y compuso un tratado sumamente inmoral, e impío. Se hizo Teósofo, bajo cuya forma se presenta en su Pneumatología física. Hizo amistad con el célebre Médico Federico Hoffman, y tomó de él algunas lecciones sobre la Física mecánica, química, y experimental, pero se enfadó pronto de este estudio.

Tentó conciliar entre sí las ideas Mosaicas, Cabalísticas, y Cristianas; a cuyo fin compuso su Tentamem de natura, & de essentia spiritus. Finalizó su curso de Filosofía por la práctica de la Filosofía política. Es difícil exponer el sistema general de la [223] filosofía de Thomasio, porque mudó de opiniones a menudo; fue un hombre bastantemente tratable, y de talento, pero merece con justa razón el concepto de Satírico, Escéptico, y Materialista. Thomasio en sus principios generales se manifiesta Teósofo, admite la Entelequia de Aristóteles, y la alma universal de los Orientales. Después de haberse extendido en dar, según estas ideas, la definición del espacio, del movimiento, de las sensaciones, y percepciones, trata del alma humana.


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Tomás Lapeña
Thomasio: de la Encyclopédie a Burgos
Historias de la Filosofía