Tomás Lapeña
 
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Ensayo sobre la historia de la filosofía
desde el principio del mundo hasta nuestros días

tomo I · Burgos 1806 · páginas 159-162

 
Capítulo XIV · § único
Filosofía de los Etíopes
 

La historia de la filosofía de los Etíopes padece la misma incertidumbre que la de los Egipcios sus vecinos. No nos ha quedado monumento alguno fidedigno del estado de las artes y las ciencias en aquel país. Todo lo que se refiere de la Etiopía, parece haber sido imaginado por aquellos que han querido ensalzar a Apolonio de Tiana, hasta ponerle en paralelo con nuestro Salvador. Los Etíopes se suponían más antiguos que los Egipcios; porque su terreno estaba herido con más fuerza por los rayos del Sol, quien en su opinión da la vida a todos los entes; y así no estaban muy distantes de mirar a los animales como porciones desenrolladas de la tierra, puesta en fermentación por el calor del Sol; y de conjeturar por consiguiente, que las especies habían padecido una infinidad de diferentes transformaciones, antes de que tuviesen la forma bajo la cual las vemos: que en su primer origen los animales nacieron aislados: que pudieron ser al mismo tiempo machos y hembras juntamente, como se ven algunos en el día; y que la separación de los sexos acaso no es mas que un accidente, y la necesidad de juntarse un medio de engendrarse análogo a nuestra organización actual. A pesar de cuantos esfuerzos puedan hacer los Etíopes sobre su origen, no se les podrá mirar sino como a una colonia de los Egipcios. Tuvieron como estos el uso de la circuncisión, y de embalsamar; los mismos vestuarios, las mismas costumbres civiles, y religiosas; [160] los mismos Dioses, Hammon, Pan, Hércules, Isis; las mismas formas de Ídolos, el mismo jeroglífico, los mismos principios, la distinción del bien y del mal moral, la inmortalidad del alma y la metempsícosis; el mismo sacerdocio, el cetro en figura de reja de arado, &c.: en una palabra si los Etíopes no han recibido su instrucción de los Egipcios, es necesario que éstos la hayan tomado de aquellos, lo cual es absolutamente inverosímil: porque la Filosofía de los Egipcios no tiene la menor apariencia de ser extranjera: se conoce que es una producción de aquel suelo, nacida de circunstancias inalterables, y está unida con los fenómenos del clima por una infinidad de relaciones. En la Etiopía sería proles sine matre creata; y en el Egipto se ven las causas que la han producido.

Los Etíopes se hacían tan inferiores a los indios, como superiores a los Egipcios, lo cual es una prueba de que lo debían todo a éstos y nada a aquellos. Tenían sus Gimnosofistas, quienes habitaban una pequeña Colina cerca del Nilo; vestían en todo tiempo poco más o menos como los Atenienses en la primavera; en su territorio había pocos árboles, se veía únicamente un pequeño bosque, donde se juntaban para deliberar sobre el bien general de la Etiopía; veneraban al Nilo como al Dios más poderoso, y en su concepto eran una divinidad la tierra y la agua; no tenían habitaciones, vivían a la inclemencia, su autoridad era grande, a ellos se dirigían los que querían expiar sus culpas: a los homicidas les trataban con el mayor rigor: su jefe era un anciano, y tenían muchos discípulos.

A los Etíopes se les atribuye la invención de la Astronomía y Astrología, y es cierto que la continua serenidad de su cielo, la tranquilidad de su vida y la temperatura siempre igual de su clima, les debieron inclinar a este género de estudios. Los primeros fenómenos celestes que observaron, se cree, que fueron [161] las fases de la Luna, y en efecto las inconstancias de este astro son mas a propósito para inclinar a los hombres a la meditación que el espectáculo constante del Sol, siempre el mismo bajo un cielo continuamente sereno. Aunque tenemos la experiencia diaria de la vicisitud de los entes que nos rodean, parece, que nos prometemos hallarlos siempre tales como los hemos visto la primera vez, y cuando sucede lo contrario lo miramos con un movimiento de sorpresa: y así la admiración y observación han sido los primeros pasos de nuestro entendimiento, para investigar las causas. Los Etíopes encontraron la de las fases de la Luna, y conocieron que la luz que este astro despide es prestada: estudiaron también las revoluciones e irregularidades de los otros cuerpos celestes, formaron sus conjeturas sobre la naturaleza de estos entes, y de ellas hicieron unas causas físicas generales, les atribuyeron diferentes efectos, y la Astrología nació en aquella nación de sus conocimientos astronómicos. Los que han escrito de la Etiopía opinan, que estos conocimientos y preocupaciones pasaron de este país a Egipto, y que luego después penetraron en la Libia: pero lo cierto es, que los Libienses fueron instruidos por alguno de los pueblos de la más remota antigüedad, porque Atlas era de la Libia, y la existencia de este grande astrónomo se pierde en la noche de los tiempos: unos le hacen contemporáneo de Moisés, otros le confunden con Enoc, y si se adopta la tercera opinión, que explica la fábula de Atlas llevando el cielo sobre sus hombros, este personaje será aun más antiguo.

La filosofía moral de los Etíopes se reducía a ciertos puntos, que cubrían con los velos del símbolo y del enigma. Es necesario, decían, adorar los Dioses, no hacer mal a nadie, ejercitarse en la firmeza, y despreciar la muerte. La verdad nada tiene común con el terror de las artes mágicas, ni con el ostentoso adorno de sus prodigios: la templanza es la basa de la virtud; [162] los excesos despojan al hombre de su dignidad; solamente se disfrutan con placer los bienes adquiridos con trabajo; el fausto y el orgullo son señales manifiestas de pequeñez; en las visiones y sueños todo es vanidad; &c. En tiempo de Homero ya estos pueblos eran conocidos y respetadlos de los Griegos por la inocencia y simplicidad de sus costumbres; por lo que los Dioses mismos, según la expresión de este poeta, se complacían en habitar en aquel país.


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Tomás Lapeña
Historias de la Filosofía