Luis Araquistain
 
El peligro yanqui · 1921

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Luis Araquistain, El peligro yanqui, Madrid 1921, páginas 1-2

Prólogo

A fines de Octubre de 1919 llegábamos a los Estados Unidos del Norte de América. A fines de Diciembre los abandonábamos. Dos meses incompletos duró nuestra estancia. Resultado de las impresiones de ese tiempo y de lecturas y reflexiones posteriores, es este libro.

Sería redundancia declarar que se trata de un libro imperfecto. Aparte de que la perfección no es nunca asequible para un espíritu exigente, basta mirar al índice para advertir que sólo de cada sección y en ocasiones de cada capítulo se podría haber escrito un grueso volumen. La celeridad de la vida, que trae cada día nuevas obligaciones y preocupaciones, es causa de que en el tema de este libro predomine la extensión sobre la profundidad.

Sin embargo, el autor cree haber rozado, aunque no sea más, las fuerzas actuales y latentes más considerables de ese inmenso crisol humano que es la República norteamericana. Y hecho un somero balance de todas, la conclusión no puede ser más sombría: El peligro yanqui, título del libro, la condensa. ¿Peligro para quién? Para el mundo entero; incluso para los mismos Estados Unidos. Esta gran nación se nos ha antojado un trasunto de la Alemania que se embriaga en altivez y mesianismo de 1870 a 1914. Tal vez nuestra visión última de los Estados Unidos sea demasiado pesimista; tal vez la haya abultado el ejemplo demasiado próximo de la Alemania providencialista. De todos modos, no seríamos sinceros si disfrazáramos nuestro temor.

Pero que la conciencia del peligro no sirva para agravarlo con previsiones que, a su vez, parecerán provocaciones. La actitud de los Estados Unidos en materia de armamentos, sobre todo marítimos, es siniestra; pero la actitud de Inglaterra y el Japón, redoblando su defensa frente al probable enemigo, tampoco es tranquilizadora. Por lo visto se va a repetir el pugilato por la supremacía militar, la lucha de la paz armada que, durante quince o veinte años, preparó la guerra entre Alemania, Inglaterra y Francia. El mundo está amenazado de otra paz armada, que acabaría como todas en cruentísima guerra.

El peligro yanqui, además, lo es especialmente para el resto de América. El capitalismo norteamericano puede ser espuela de progreso para las Repúblicas rezagadas de América; pero tras el capital van la bandera, los ejércitos, las instituciones, la lengua, la cultura del pueblo invasor. Admiramos vivamente la cultura anglosajona; ha sido nuestro mayor sustento espiritual; pero la aborreceríamos si quisiera imponérsenos, descuajando la personalidad histórica de nuestro país. Y en cierto modo, cada país americano de lengua española es una continuación, a veces superada, del nuestro. A España no puede serle indiferente el futuro de la América de su lengua. Extinguido felizmente el imperio de la materia, queda un imperio ideal, de tipo hispánico y fines culturales entre Europa y América. Este imperio del espíritu es el que nos duele ver amenazado por el peligro yanqui. No nos dolió la pérdida de las Antillas; antes bien, nos pareció una ley del tiempo y una sanción histórica a nuestros desaciertos. Pero nos aflige que un portorriqueño, por ejemplo, hable el español como un norteamericano. Contra este peligro específico hemos de estar prevenidos españoles e hispanoamericanos.

L. A.


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