mayo 1899La España de ayer y la de hoy

Emilia Pardo Bazán

Bibliografía
 

L. Mallada.- Los males de la patria y la futura Revolución española.

No se ha publicado de este libro más que la primera parte, Los males de la patria (un tomo, Madrid, 1890). Llama la atención la claridad con que el Sr. Mallada preveía, hace nueve años, el desarrollo de los acontecimientos que España acaba de padecer. Detenidamente y con copia de datos trata el Sr. Mallada los puntos siguientes: Pobreza del suelo español.- Defectos del carácter nacional.- Malestar de la agricultura.- Atraso de la industria y del comercio.- La inmoralidad pública.- El desbarajuste administrativo.- Nuestros partidos políticos.- La idea del libro resúmela en la introducción el Sr. Mallada, escribiendo: «Queremos juzgar a la patria de hoy puestos los ojos en la patria de mañana, como la juzgaría un extranjero enteramente imparcial, o como nos juzgará la historia dentro de medio siglo. Sin más esperanza que en Dios, [92] y con escasa fe en las cosas humanas, séanos permitido impugnar fatales preocupaciones, muy arraigadas aún en el país, hijas de la fantasía nacional, y origen de crasos errores, constantemente opuestos a toda suerte de adelantos.»

E. Sellés.- La política de capa y espada.

Un matador de leyenda –y nada menos que desde hace veintitrés años, pues la notable obra de Eugenio Sellés vió la luz en 1876.– Si en España se formase el juicio por la lectura y la reflexión, y no por el impresionismo de la rutina, el libro de Sellés hubiese bastado para echar a tierra los falsos romanticismos de ese pasado, en cuyo nombre se ha querido que no tengamos porvenir. «Tememos –dice Sellés con su habitual feliz conclusión– menos a las cosas que a los nombres, y guardamos más la apariencia que la justicia.» Merece leerse La política de capa y espada, no sólo por la belleza de la forma, sino por la novedad de la filosofía histórica que encierra. Algunos de sus capítulos, como el titulado El honor castellano, son incursiones desvastadoras por los dominios donde la leyenda ha solido parecer inexpugnable.

Lapoulide.- ¡Pobre España!

Puede decirse de este libro lo que del del Sr. Mallada: [93] hay en él una previsión exacta y lúcida de las desventuras que iban a sobrevenir, bien que contrayéndose el escritor militar Sr. Lapoulide a las contingencias de una guerra.

R. Macías Picavea.- El problema nacional.

Este libro es importantísimo, y obliga a lamentar de todo corazón y a considerar verdadera desventura la muerte de su autor, ocurrida, pocos días hace, en Valladolid. Abarca el libro del Sr. Macías Picavea casi en su totalidad los diferentes aspectos de la vida nacional, en el terreno científico, geográfico, social, histórico; estudia, tomándolas desde muy atrás, las causas de nuestra decadencia, y propone extensamente sus remedios. Su crítica es vigorosa e implacable, sus puntos de vista originales y atrevidos, y en la misma severidad de sus juicios revélase un patriotismo apasionado. Es uno de los estudios más ordenados y completos, más de conjunto, que pueden consultarse para conocer el estado de España y las probabilidades de que se salve mediante una valerosa renovación.

Vital Fité.- Las desdichas de la patria.

Ofrece interés por contener una narración histórica bastante detallada de sucesos que aquí apenas han llegado a conocerse: la insurrección de Cuba, [94] la de Filipinas, el pacto de Biacnabató, el desastre de Cavite, la rendición de Manila. Estudiase también en él la cuestión de Hacienda.

Marqués de Torre-Hermosa.- ¿Nos regeneramos?

Estudio social, económico y político bastante serio y bien intencionado, que el autor dedica «sólo a los que pongan el bien de su patria antes y por encima de todo y de todos». Contiene apreciaciones muy pesimistas acerca de la administración de justicia, la hacienda, la marina y el ejército; aunque cortésmente expresadas, las censuras son en el fondo de las más severas que se han formulado aquí. No parece penetrado el autor del convencimiento de que al pueblo le corresponde también su parte de responsabilidad difusa, y al contrario, opina que sólo ha pecado de excesivamente bueno y sumiso, no rebelándose a tiempo.

José de Alcázar.- Historia de España en América (isla de Cuba).

Obra útil para conocer los antecedentes históricos de las insurrecciones en la Gran Antilla, y para ver cuán antiguo era ya este daño y peligro, al cual se debió acudir con tiempo.

Ramiro de Maeztu.- Hacia otra España.

Colección de interesantes artículos unificados, [95] más que por su asunto, por el sentimiento que en ellos domina, y que es, dice el autor, «el dolor de que mi patria sea chica y esté muerta, y el furioso anhelo de que viva y se agrande, haciendo más intensa su actividad en las faenas materiales y en las labores de la inteligencia». No puede decirse del Sr. Maeztu lo que del marqués de Torrehermosa: el sentimiento de la responsabilidad difusa, general, lo expresa con gran precisión el joven escritor. Puede contársele entre los antilegendistas más decididos, de los que no desconfían del mañana, basado en el trabajo, en la acción, en el dinero y en la fuerza (por donde aparece la filiación nietzscheista).

José Rodríguez Martínez.- Los desastres y la regeneración de España.

En este libro se juzga con bastante sereno criterio el mando del general Weyler en la isla de Cuba, y se reseña el desastre naval. Se ve que está escrito bajo una impresión de desconsuelo y de amargura, natural en quien ha presenciado el desembarco de las tropas repatriadas, y ha estudiado de cerca, por su profesión, el estado tristísimo en que llegaron a las costas patrias.

Santiago Alba.- Prólogo y notas a la obra de Edmundo Demolins.- En qué consiste la superioridad de los anglosajones. [96]

Diré de este Prólogo, que lo considero notabilísimo, por lo reposado y maduro de la crítica, por su trabazón y método, por la agudeza y tino que revelan sus observaciones y por el equilibrado espíritu que delata en su autor, tan distante del desaliento infecundo y holgazán, como del optimismo candoroso. Compara nuestro estado con el de Francia, del cual Demolins habló tan duramente, y hace ver como quisiéramos nosotros recoger las hojas que arrojan nuestros vecinos; pero a la vez indica los puntos por donde puede empezar a clarear nuestro horizonte, revivir nuestro organismo y alentar, en fin, nuestra amada moribunda España. Es obra de esperanza, de fe, de sanísimo criterio, que no sabré recomendar bastante.

A. Pérez Rioja.- La tragedia de América.- Cómo empieza y cómo acaba. (Liquidaciones coloniales.)

Compendio digno de estimación, porque da idea, con breve reseña, de cómo acabó el poderío español en toda América, y cómo nuestras posesiones en el Nuevo Continente fueron puede decirse que abandonadas y dejadas por nuestros gobernantes, en medio de una indiferencia general.

Ives Guyot.- L´evolution politique et sociale de l´Espagne. [97]

Acerca de este libro, escrito con el fin de darnos en ejemplo a Francia para que evite nuestros yerros, he dicho algo ya en la conferencia misma. A mi modo de ver, el error fundamental del libro del Sr. Guyot consiste en creer que todos los males de España se deben al catolicismo y a la influencia del clero, y en suponer que somos una nación muy devota y supeditada a los frailes, cuando somos la única nación de Europa –me lo hizo observar el Sr. Pí y Margall– donde por espacio de largos años no han podido los individuos de las órdenes monásticas vestir en la calle su hábito, y donde se realizó espantosa degollina de religiosos, con completa impunidad y sin represión del Gobierno.

Martin Hume.- Spain: its greatness and decay.

Obra escrita con imparcialidad y conocimiento de causa; no alcanza más que hasta el reinado de Carlos III.

Rafael de Altamira.- Psicología del pueblo español (artículo publicado en La España Moderna).

Miguel de Unamuno.- En torno al casticismo (artículos publicados en La España Moderna).

Joaquín Costa.- Mensaje y programa de la Cámara Agrícola del Alto Aragón.- Manifiesto de la Liga Nacional de Productores. [98]

Por no detenerme en indicar el sentido especial de cada uno de estos trabajos, sólo diré que los dos primeros, a saber, los artículos de los Sres. Altamira y Unamuno, aparte de su valor, son indicios claros de la gran importancia que adquiere en estos momentos críticos el dato del carácter nacional, el conocimiento del estado del alma española. Y en cuanto a los esfuerzos del Sr. Costa, tienen el mérito de cooperar eficazmente a que aparezcan en primer término, que es el que deben ocupar, las cuestiones del orden económico y agrícola, siempre tan descuidadas por los elementos políticos, inclinados a no ver en el pueblo sino madera electoral y contribuyente.

 

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La España de ayer y la de hoy
[Madrid 1899, páginas 91-98.]

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